El Diario Montañes

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Conexión con un oso
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Teresa Cobo | 05-06-2015 | 10:06| 0


Observar cómo ‘Aragón’ dejaba de creerse una persona y se reconocía en su especie fue todo un aprendizaje

‘Aragón’ fue el motivo por el que nació este blog y con él debería cerrarse. La primera vez que lo vi, a finales de junio de 2010, era un cachorro de seis meses, pero aparentaba menos. Raquítico, herido y traumatizado, me pareció una maravilla. Era tan pequeño cuando lo capturaron para traficar, que ya se había olvidado de que era un oso. Ajeno por completo a su aspecto, se creía un ser humano más, una personita a la que trataban de ayudar en Cabárceno. Entré en el recinto de cuarentena para sacarle unas fotos. Él, que solo quería juego y compañía, se acercó, me miró con dos ojos redondos como botones, se irguió sobre sus patas traseras y extendió las delanteras. Me incliné, le tendí las manos y, para mi asombro, me las agarró y noté que las suyas eran tiernas y frescas como las de un niño. Esperaba algo más áspero, al fin y al cabo tenía unas garritas afiladas, pero por debajo eran blandas y esa fue la parte que utilizó para presionarme los dedos. Fue una sorprendente conexión.

El osezno 'Aragón', en el recinto de cuarentena de Cabárceno en julio de 2010, con seis meses. DANI PEDRIZA

Acariciar a un osezno salvaje es una anomalía. Por eso las oportunidades de tocar a ‘Aragón’ las aproveché como extraordinarias y valiosas. El vínculo emocional con ese animal, hoy un ejemplar enorme, no se ha roto, aunque nos hayamos distanciado por una buena razón: él ya se siente oso y ha aprendido a vivir entre ellos gracias a una atinada estrategia veterinaria dirigida por Santiago Borragán. Seguir de cerca ese proceso de integración ha sido todo un aprendizaje al que debo momentos muy gratos. ‘Aragón’ ha superado miedos y obstáculos y se ha sobrepuesto a sus carencias.

Después de nueve meses en el cercado de cuarentena, ‘Aragón’ pasó a un recinto de adaptación construido para él en la periferia del área de los osos. En los fines de semana de la temporada alta del parque, le sobraban visitantes, pero en temporada baja y en días laborables se sentía muy solo. Gran parte de mi tiempo libre lo invertí en estar con él. Fue la etapa de máxima empatía. Él era muy dependiente de las personas y por entonces yo no echaba mucho de menos la compañía humana. Todos tenemos fases. Me sentaba con un libro junto a la valla y él se tumbaba allí al lado a dormitar. Solía llevarle peras maduras, su manjar favorito, que engullía con deleite. Y le hacía muchas fotos. ¡Tenía tanta gracia!

 

Cuando era un cachorro creía que era un niño y buscaba la compañía humana. T. COBO

Correr era un juego

Las primeras semanas después de su traslado a esa parcela, ‘Aragón’ sufría ataques de pánico cada vez que se acercaban osos a curiosear. Él no quería ni mirar. Les daba la espalda a esas apariciones. Venía hasta la valla con la cara descompuesta, se aplastaba contra el suelo y recuperaba un tic postraumático que arrastraba desde su destete prematuro. Se chupaba la mano izquierda a la par que ronroneaba y echaba espuma por la boca. Miraba desde abajo con ojillos angustiados y parecía preguntar: “¿Estás viendo lo mismo que yo? ¿Qué son esas cosas? ¡Que se vayan!”. Conmovía verlo tan asustado por la existencia de sus semejantes, ignorante de su propia identidad. Poco a poco, su olfato, su vista, su oído y su curiosidad le ayudaron a comprender que esos individuos tan temibles eran de los suyos, que él era uno de ellos.

Cuando su voraz apetito y su sedentarismo comenzaron a hacer de él un oso gordo, le incitaba a echar carreras de un extremo al otro del recinto. Casi siempre entraba al trapo. Corríamos en paralelo, con la valla de por medio, de aquí para allá hasta que acabábamos agotados. Hubo un tiempo en que me ponía enfrente de ‘Aragón’, agachada, movía la cabeza de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, y él me imitaba como si la verja que nos separaba fuera un espejo. Entonces me levantaba y manoteaba en el aire, hasta que conseguí qué él hiciera lo mismo. Era estupendo verlo erguido sobre sus patas traseras ahora que me superaba en altura. Pero a él ese juego dejó de divertirle. Pesaba demasiado y se volvió perezoso.

 

Con ‘Nuri’ cambió todo

El día más feliz en la vida de ‘Aragón’ fue quizá el de la entrada de ‘Nuri’ en su recinto. Después de dos años y medio de soledad, por primera vez tenía un compañero. Su entusiasmo era tal que atosigó a la osita, a la que perseguía y no dejaba ni a sol ni a sombra. Ella fue, de golpe, la depositaria de todas las ansias de juego y de contacto con un semejante que ‘Aragón’ había reprimido durante tanto tiempo. Aquella mañana despedía alegría y rebosaba de afecto hacia su pequeña congénere. Fue un espléndido espectáculo.

'Nuri' y 'Aragón' juegan en el recinto de adaptación de Cabárceno. T. COBO

La vida de ‘Nuri’ la seguí desde que abandonó la osera. Llamaba la atención porque era, con diferencia, el cachorro más pequeño entre todos los nacidos en 2011 en Cabárceno. Su madre era primeriza y menuda y tenía poca leche. Fue un año de infanticidios en el que los machos adultos mataron a varios oseznos y el equipo veterinario del parque albergaba escasas esperanzas de que sobreviviera ese “osito ruin” que pasó a ser la “osita ruin” cuando se supo que era hembra. Pero su madre lo hizo muy bien. Mantuvo a la cría alejada de los osos dominantes y de los otros oseznos que la doblaban en tamaño, la enseñó a trepar por las rocas como una lagartija y solo se aventuraba en busca de comida cuando el terreno estaba despejado. Era un alivio comprobar en cada visita que la osita ruin seguía viva. Pero cuando cumplió año y medio y llegó el momento de independizarse de su madre, sufrió algún tipo de accidente o de ataque que le dejó herida la pata delantera derecha. Sola, pequeña y coja era muy vulnerable.

'Nuri', en el territorio de los osos, encaramada en uno de sus peñascos favoritos. T. COBO

Por esas fechas, en mayo de 2012, acudí a Cabárceno a hacer un reportaje sobre la captura de osos para la extracción de semen con fines científicos. Entré al territorio de los plantígrados con el equipo de investigadores del parque y de la Universidad de León, con tanta suerte que el veterinario Santiago Borragán aprovechó la ocasión para rescatar a la osita ruin. Cuando el dardo anestésico la alcanzó, trepó por uno de sus peñascos favoritos y quedó grogui colgada de la cima. Hubo que bajarla con cuerdas y con mucho cuidado. Le curaron la pata. La recuperación fue total, pero perdió la uña central y le quedó para siempre como rasgo distintivo una mano derecha de cuatro dedos.

'Nuri', anestesiada durante la cura de su pata herida. CELEDONIO

Fue emocionante que la osezna ruin se convirtiera en compañera de ‘Aragón’ y también lo fue que me permitieran bautizarla. Puesto que siempre había sido la “ruin”, me pareció que merecía un nombre más favorable sin perder la esencia de ese apelativo y, como de la combinación de r-u-i-n salía n-u-r-i, con ‘Nuri’ se quedó. Era tan espabilada que ‘Aragón’ aprendió mucho de ella.

 

El vértigo de la libertad

Después de catorce meses de convivencia con ‘Nuri’ llegó otro día determinante en la vida de ‘Aragón’. Las puertas del cercado se abrían para que ambos se adentraran en el territorio de los osos. Para ‘Nuri’ era un retorno. Para ‘Aragón’ era un salto al vacío. Nunca había ido más allá de los límites de su parcela y sintió el vértigo de la libertad o al menos de lo más parecido a ella que jamás iba a experimentar. Acostumbrado a moverse en unos cuantos metros cuadrados, cuarenta hectáreas eran para él todo un universo por explorar. ‘Nuri’ le guió para que encontrara la salida y pasaron juntos las primeras horas, pero después se separaron. Ella sabía qué terreno pisaba y él, reacio, se enfrentaba a lo desconocido.

'Aragón', en uno de sus últimos días de estancia, con 'Nuri', en el recinto de adaptación. T. COBO

Los primeros días de noviembre de 2013 ‘Aragón’ los sobrellevó temeroso y confundido. Merodeaba por el contorno de su antiguo recinto en busca de seguridad y de comida. Durante aquellas semanas, recorrí varias veces el perímetro del territorio de los osos, que tiene pronunciadas rampas de subida y de bajada. En algunas ocasiones no hallé ni rastro de ‘Aragón’, pero en otras conseguí localizarlo y, aunque era una satisfacción saludarlo, daba pena encontrarlo siempre en la periferia, marginado y tenso. ¡Qué apuros pasaba cuando aparecía otro oso! Hasta que tres meses después rocé la euforia al verlo por primera vez en la pradera central de los osos, donde los cuidadores echan la comida y donde los plantígrados se ven forzados a hacer vida social. Allí estaba, cauto, apartado y alerta, pero estaba.

 

'Aragón', en primer plano, apurado, en sus primeros días de incursión en la pradera de los osos. T. COBO

Correr era una necesidad

Al principio ‘Aragón’ daba mil rodeos, raramente lograba pillar una tajada de pollo y debía conformarse con los trozos de pan que quedaban en el suelo después de que los osos dominantes se dieran su festín. Cualquier plantígrado que se le acercaba amenazante o gruñón le hacía poner pies en polvorosa. Se pasaba el día a la carrera, hasta que comenzó a plantar cara. Poco a poco, ‘Aragón’ ha ganado en valentía y ha ascendido en la jerarquía del grupo. Cada vez son más los osos que le respetan y se apartan de su camino.

‘Aragón’ es un oso pardo balcánico y crecerá más que sus hermanos cantábricos. En Cabárceno hay otros ejemplares del Este que rondan los 400 kilos de peso, pero él, que todavía tiene cinco años, llegará a ser de los más grandes y eso le ayudará a conseguir la dominancia. ‘Nuri’, pequeña pero lista, puso su agilidad al servicio de su salvación. ‘Aragón’ era grandullón, pero inocente e inexperto. Su tamaño es una gran baza para él y ya le ha resultado de gran utilidad junto con su capacidad de observación y de adaptación. Dos supervivientes. Hubo amigables reencuentros entre ambos en la explanada que fueron dignos de contemplación.

'Aragón', en un tic postraumático característico que consiguió dejar atrás. T. COBO

Cuando veo a ‘Aragón’ entre sus ochenta semejantes del parque, pienso en el largo trayecto que ha recorrido hasta llegar ahí. Han pasado cinco años y medio. ¿Por qué me impliqué tanto? De entrada, me puse en su pellejo y le cogí un tremendo afecto. Y el reto era apasionante desde el punto de vista veterinario. Me interesaba contarlo. Pero también es cierto que en la etapa en la que ‘Aragón’ se creía humano, me sentía más a gusto entre animales. A medida que él se alejaba de las personas, yo me acercaba a ellas. Hoy me he reconciliado con mi especie y él se ha reconocido en la suya. Ambos nos esforzamos en sentirnos cada vez mejor en nuestra propia piel y entre nuestros congéneres. Un desafío estimulante y duradero. Eso sí, mi empatía con los animales es para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Un banco de sangre para osos
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Teresa Cobo | 25-05-2015 | 08:33| 0

Cabárceno aporta donantes en una transfusión sin precedentes a una osa salvaje


La emergencia para intentar salvar la vida de una hembra en Asturias revela la utilidad del parque como reserva sanitaria para asistir a osos pardos en libertad

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El equipo veterinario de Cabárceno coordinado por Santiago Borragán captura con dardo anestésico a ‘Coco’, un oso donante. T. C.

Al final de esta historia, la protagonista muere. Pero lo que da cuerpo a la trama es lo que se intentó para salvarla, toda una audacia en la práctica veterinaria con escasos o ningún precedente: una transfusión de urgencia a un oso salvaje. Conseguir sangre era la única posibilidad para evitar la muerte de la hembra que fue hallada en una cabaña de Belmonte de Miranda, en Asturias. Su estado se aproximaba al coma, con una pérdida de peso crítica y una anemia severa. El donante fue el oso dominante del grupo de Cabárceno. En cuestión de horas, litro y medio de la sangre de ‘Tempranillo’ corría por las venas de ‘Balbina’. La inyección de vida llegaba esta vez demasiado tarde, pero revelaba una nueva utilidad del parque cántabro como banco de sangre para los plantígrados.

Cada vez que se detecta un oso pardo herido o enfermo en la Cordillera Cantábrica, intervienen las administraciones y equipos técnicos de las comunidades que tienen en su territorio ejemplares en libertad de esta especie en peligro de extinción. El Parque de la Naturaleza de Cabárceno actúa como centro colaborador por dos razones. Por un lado, tiene la mayor reserva de osos pardos de Europa, unos 80 ejemplares, aunque su calidad genética es baja por efecto del mestizaje y la consanguinidad. Por otro lado, en el parque trabaja Santiago Borragán, veterinario de referencia para el oso pardo por su experiencia terapéutica e investigadora con estos plantígrados.

El mes pasado fue localizada en muy mal estado una hembra adulta que había buscado refugio en una cabaña, cerca de Somiedo. «Era un saco de piel y huesos, dado que apenas pesaba cuarenta kilos y lo normal es que rozara los cien. Estaba muy enferma. Después de semanas sin comer ni beber estaba muy deshidratada y tenía una anemia importante. Los primeros análisis indicaban un nivel de hematocrito muy bajo. Estaba en fase terminal y había que recuperar la volemia de la sangre. Propuse una transfusión, porque era lo único que se podía intentar. Que yo sepa, no se ha hecho nunca en oso pardo», explica Borragán.

La osa ‘Balbina’, atendida de urgencia en la cabaña de Belmonte (Asturias) donde se refugió. DM

Los elegidos
Para transfundir sangre a ‘Balbina’ hacían falta donantes. Como en estos casos no cabe pedir voluntarios, hay que organizar una captura con dardo anestésico. «Se me ocurrió sacar dos litros y medio a dos osos de Cabárceno. Escogimos a los mejores, los más sanos, fuertes y saludables», subraya el veterinario. Estaba claro que le iba a tocar a ‘Tempranillo’, el actual jefe del grupo, una hermosa mole animal de 370 kilos, un individuo ancho, alto y largo que ya tiene experiencia como donante habitual de semen para la investigación sobre reproducción de la especie que el parque zoológico mantiene abierta con la Universidad de León. Esta vez se le extrajo litro y medio de sangre. El otro donante fue ‘Bubu’, del que se obtuvo un litro adicional. Este robusto ejemplar de 280 kilos también se ha despertado varias veces confuso y con los bajos rasurados después de que le exprimieran su semen.

Si se recurrió a dos osos en lugar de a uno fue para aumentar las posibilidades de compatibilidad. A diferencia de lo que ocurre con gatos y perros, «los grupos sanguíneos de los osos no están estudiados» y tampoco había tiempo para realizar analíticas, pero sí se efectuó en destino una sencilla prueba de aglutinación que sirvió para confirmar la compatibilidad con la sangre de ‘Tempranillo’, que fue la que se utilizó. Aunque los resultados con las muestras de ambos plantígrados hubieran sido negativos, se habría intentado. «Se sabe que la primera transfusión no suele dar problemas alérgicos aunque sea de grupos distintos. La segunda sería mortal», indica el especialista.

Un veterinario de Asturias acudió a Cabárceno para recoger las bolsas que contenían la sangre y se las llevó en una nevera. «Salió a las dos y media, y a las cinco ya estaban administrándosela a la osa. No hubo reacción alérgica, todo fue bien, pero el animal estaba en fase terminal y murió treinta horas después. Estábamos ilusionados con la posibilidad de salvarla, pero no llegamos a tiempo», lamenta Santiago Borragán.

Oso de Cabárceno, tras caer dormido por efecto del dardo anestésico. T. C.

El hallazgo
Fuentes del equipo veterinario del Principado de Asturias señalan que «los parámetros que daban los análisis practicados a la osa eran incompatibles con la vida. Tenía dañados el riñón y el hígado. La transfusión era la última opción. Es algo que nunca se había hecho con osos en libertad, al menos en toda Europa occidental. Aunque la osa no se salvó, hemos aprendido y nos ha servido para darnos cuenta de algo que no es ninguna tontería: en Cabárceno tenemos un banco de sangre de oso para toda España. ¿De dónde íbamos a sacarla en una urgencia si no? Casi imposible. No se puede hacer con animales en libertad. Y hay que decir que Cantabria ha colaborado desinteresadamente. Nos ha salido gratis».

Para obtener sangre de oso, no basta con disponer de estos animales. Hay que saber capturarlos, anestesiarlos, manejarlos y despertarlos sin que corra peligro su integridad física. El equipo veterinario de Cabárceno se entrena cada año, tanto por sus programas de investigación como por la necesidad de atender los problemas de salud de sus plantígrados.

 

 

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Crímenes contra animales
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Teresa Cobo | 01-02-2015 | 20:29| 0

Yegua con grave desnutrición atendida por voluntarios tras descubrirse el abandono del establo de El Churi. CELEDONIO MARTÍNEZ

Las leyes que sancionan el maltrato son blandas y a menudo se aplican con benevolencia

Hechos similares al de El Churi se han castigado como delito o como falta según el criterio del juez

 

Siempre he imaginado que, cuando todos los que hoy habitamos el planeta nos hayamos convertido en polvo y olvido, la humanidad en su conjunto considerará bárbaro y primitivo comer animales y horripilante cazarlos como deporte. Nunca lo sabré. De la misma forma que cada vez está peor visto que nos vistamos con sus pieles, también supongo que los crímenes contra la fauna acabarán por castigarse con dureza. Quizá esto sí lleguemos a verlo. Hoy desde luego no es así. Las leyes sancionan con laxitud el maltrato animal y los jueces aún tienden a aplicarlas con benevolencia. Rara vez imponen las penas máximas. Por eso es posible que la muerte de siete animales por deshidratación y desnutrición en la ‘cuadra de los horrores’ del Alto de El Churi les salga barata a quienes los abandonaron.

“Un animal que pasa tres días sin beber está muerto”, me asegura un veterinario con mucha experiencia. Es raro que lleguen a morir de hambre porque antes los mata la sed. La deshidratación causa hemoconcentración: la sangre se espesa, el corazón es incapaz de bombearla y sobreviene el infarto. Sin comer, pueden aguantar más, según las reservas de grasa que tengan. Pero si no consiguen alimentos en siete u ocho días, entran en hipoglucemia, les invade un estado de apatía, pierden las fuerzas y no son capaces de moverse.

Por esos trances pasaron los animales que perecieron en el establo de Camargo: tres perros, una vaca, una oveja, un cerdo y un carnero. Un can yacía junto a otro al que abrazaba con una pata, como si hubieran buscado mutuo apoyo en la agonía. El tercero colgaba de una cadena con la que se ahorcó al saltar por una ventana a la desesperada. En el mismo habitáculo en el que se encontraron los cadáveres de la vaca y de la oveja había una joven yegua escuálida y débil, con el costillar en relieve bajo el pellejo. El cerdo fallecido estaba solo y los restos del carnero, los menos recientes, aparecieron en un remolque. Otra veintena de animales que estaban sueltos ha sobrevivido, pero en penosas condiciones: había ovejas, burros, caballos y un perro.

Dos de los perros que fueron encontrados muertos en la 'cuadra de los horrores'. CELEDONIO MARTÍNEZ

La Consejería de Ganadería ha abierto un expediente sancionador a Instancias del Seprona de la Guardia Civil, que intervino en el establo, y el juzgado número uno de Santander instruye diligencias de investigación tras la denuncia presentada por tres asociaciones animalistas. De momento hay un imputado. Veremos en qué queda todo.

Disparidad en la norma

Por la vía administrativa, las sanciones por conductas como las de los responsables de la cuadra de El Churi son muy dispares según la comunidad autónoma en la que tengan lugar. La Ley de Cantabria de Protección de los Animales data de 1992 y es de las más desfasadas de España pese a las modificaciones. Cataluña está en la vanguardia y es la única comunidad en la que se ha prohibido el sacrificio de animales abandonados. La propia consejera de Ganadería de Cantabria ha reconocido la necesidad de reformar la ley y ahora tendrá ocasión de demostrar su compromiso real con la causa si concede prioridad a ese cambio normativo en la mesa de trabajo contra el maltrato animal que preside y que se ha constituido en enero con el Colegio de Veterinarios, la Federación de Municipios de Cantabria y representantes de 16 asociaciones protectoras. También se ha invitado a unirse al Seprona. Uno de los objetivos es el sacrificio cero.

Entre las infracciones “muy graves” que recoge la ley de Cantabria, figura en primer lugar “maltratar o agredir físicamente a los animales o someterlos a cualquier otra práctica que les suponga sufrimiento o daños injustificados, así como no facilitarles alimentación”. Y se sanciona con multa “de 100.001 a 2.500.000 pesetas”, que convertido a euros da una horquilla de entre 600 y 10.000 (eran entre 1.000.001 y 5.000.000 de pesetas hasta la reforma de 1997).

Aunque la vía penal no es excluyente de la administrativa y viceversa y se puede recurrir a ambas en paralelo, la ley cántabra establece que “cuando una infracción revistiese carácter de delito o falta sancionable penalmente, se suspenderá la tramitación del expediente administrativo sancionador, dándose traslado de la denuncia a la autoridad judicial”.

Maltrato o abandono

Por la vía penal, los castigos por causar daño a la fauna, además de blandos, son interpretables y dependen en cierta forma del criterio del juez. El Código Penal regula el delito de maltrato animal en su artículo 337: “El que por cualquier medio o procedimiento maltrate injustificadamente a un animal doméstico o amansado, causándole la muerte o lesiones que menoscaben gravemente su salud, será castigado con la pena de tres meses a un año de prisión e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales”. A primera vista, lo ocurrido en El Churi entra dentro de los supuestos que recoge este artículo. Pero el artículo 631 dispone que “quienes abandonen a un animal doméstico en condiciones en que pueda peligrar su vida o su integridad serán castigados con la pena de multa de quince días a dos meses”. El Código Penal distingue entre maltrato y abandono, y este último lo califica como falta.

Se considere un hecho falta o delito, la sanción penal máxima a imponer es la misma sea uno o sean cien los animales muertos. “El resultado del delito no lo agrava. Si un solo acto causa varias muertes, lo normal es que sea considerado un único delito, pero es muy discutible”, señala una abogada de un prestigioso bufete. “El Derecho Penal es muy restrictivo y siempre interpreta en beneficio del autor de los hechos”, afirma la misma letrada. Sin embargo hay jueces que condenan casos como los de ‘El Churi’ como delito de maltrato.

La potra que sobrevivió a duras penas, antes de su rescate por los voluntarios. CELEDONIO MARTÍNEZ

En 2013, la Audiencia de Zaragoza ratificó la sentencia de un juzgado que condenaba por un “delito de maltrato injustificado a animales domésticos o amansados, previsto y penado en el artículo 337 del Código Penal” a dos ganaderos que habían abandonado una explotación de reses de vacuno bravas con el resultado de 24 ejemplares fallecidos “por falta de alimento” y más de 50 hallados en estado de “extrema desnutrición”. El juez apreció en ambos imputados “flagrante desprecio por la vida, la salud y el bienestar de los animales” y les impuso una pena de seis meses de prisión, suspensión del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena e inhabilitación para cualquier ocupación relacionada con la ganadería durante el plazo de dos años, “en base al prolongado sufrimiento infligido a los animales, así como a las bajas de estos”.

Pero en 2014 la Audiencia de Baleares estimó en parte un recurso presentado contra otra sentencia por hechos similares, revocó la condena dictada “por un delito de maltrato grave” del artículo 337 e impuso otra por una falta de abandono (artículo 631). En este caso, el juez había condenado al propietario de una finca ganadera en la que la Guardia Civil encontró ovejas, cerdos, terneros y tres caballos en “estado importante de desnutrición”, una oveja muerta con una pata atada al vallado del corral con múltiples heridas en el abdomen “que se causó al no poder desatarse” y tres ovejas fallecidas por “mordeduras de perros”.

El juzgado de Zaragoza impuso al imputado una pena de tres meses de prisión e inhabilitación para ejercer el derecho de sufragio pasivo durante ese tiempo. La Audiencia modificó la sentencia al entender que no había “suficiente grado de certidumbre” para excluir que la oveja se hubiera quedado enganchada por una pata a la cuerda atada a la valla de modo accidental. Y en todo caso, si alguien la hubiera amarrado, no quedaba acreditado que fuera el acusado. Sin embargo, los magistrados sí hallaron pruebas “concluyentes” sobre la desnutrición, deshidratación y falta de higiene que sufrieron las reses, por lo que determinaron que el procesado era responsable de una “falta” de abandono y, “en atención a la pluralidad de animales objeto de la acción”, decidieron “fijar la pena en la extensión máxima, que es dos meses de multa”, con una cuota diaria, en este caso, de diez euros.

No son cosas ni propiedades

La consideración de falta o delito con la actual redacción del Código Penal queda, por tanto, a criterio del juez. En los fundamentos de derecho de la sentencia dictada por el juzgado de lo Penal numero dos de Zaragoza y ratificada por la Audiencia se recoge una interesante apreciación sobre la reforma legal de 2010, en la que algo se avanzó. “Se ha suprimido pues el término ‘ensañamiento’ que figuraba en la redacción anterior del citado artículo (337) y que constituía un auténtico coladero por el que los maltratadores de animales escapaban impunes a las agresiones más brutales, habiéndose dejado de ver a los animales como cosas, como meras propiedades, reconociendo la ley que tienen entidad física y psíquica, que sienten dolor y acusan la violencia como cualquier ser vivo”. Es alentador encontrar un párrafo como este en una sentencia, quizá porque puede ser un signo prometedor de que llegarán nuevas reformas.

De todo lo ocurrido en El Churi, aunque no olvidaré imágenes como la de los dos perros ‘abrazados’ en el tránsito a la muerte, prefiero concentrarme en las escenas de los voluntarios que acudieron al rescate de la potra famélica, a la que ya no le sostenían sus patas. Se dejó caer exhausta y nunca se hubiera levantado de no ser por los esfuerzos de estas personas, entre las que había una veterinaria. Ellos trajeron correas y un tractor para levantarla y sostenerla. Ellos la han limpiado, la han acariciado, la han acompañado, le han dado agua y comida con paciencia y con conocimiento. Ellos nos han proporcionado el estimulante espectáculo de unos seres humanos que luchan por salvar una vida, aunque pertenezca a otra especie.

 

 

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¿Y si el oso no hubiera muerto?
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Teresa Cobo | 13-12-2014 | 12:40| 0

'La Güela', en el establo en el que pasó los últimos diez meses de su vida.

El rescate de un ejemplar herido en la Montaña Palentina deja en evidencia a las Administraciones, que siguen sin dotar a Cabárceno de un recinto para animales salvajes reintegrables

Las autoridades de las comunidades autónomas con presencia del oso pardo en sus territorios pusieron en marcha el viernes un dispositivo para rescatar a un plantígrado herido en Muñeca de la Peña, en plena Montaña Palentina. El animal iba a ser trasladado al Parque de la Naturaleza de Cabárceno, centro de referencia en la asistencia veterinaria a esta especie en peligro de extinción, pero falleció antes de llegar a su destino y su cuerpo fue enviado a la Universidad de León, donde se le practicará la necropsia. De haber sobrevivido a las feas heridas que presentaba, algunas muy profundas, Cabárceno se hubiera visto de nuevo en un aprieto, ya que las Administraciones siguen sin dotar al parque de un lugar apropiado para atender a osos pardos reintegrables en la naturaleza.

Cabárceno estuvo a punto de contar con un recinto exterior acondicionado para la recuperación de osos salvajes que deben ser devueltos a los bosques. Fue a finales de 2012, cuando la estancia del último ejemplar rescatado de la montaña alcanzó categoría de escándalo. Una vieja osa perteneciente a la escasa y amenazada población oriental de la cordillera cantábrica, imposibilitada ya para vivir en libertad, llevaba diez meses encerrada en una cuadra pequeña y oscura. La presión social y de las organizaciones conservacionistas consiguió que las Consejerías de Turismo y de Ganadería de Cantabria buscaran dentro del parque un terreno idóneo de 3.500 metros cuadrados y que presupuestaran la obra. La osa, conocida como ‘La Güela’, falleció, y el Gobierno regional suspendió el proyecto, pese a que la paulatina recuperación de la especie, objetivo al que se dedica mucho esfuerzo y dinero, incrementa las probabilidades de que se presenten nuevos casos entre una población que supera los 200 ejemplares.

¿Y si el oso rescatado el viernes no hubiera muerto? Estaría en Cabárceno, en un establo o en algún otro lugar indigno e inadecuado. La parcela que debió habilitarse para ‘La Güela’ está dotada de arbolado, reúne las condiciones para un vallado de seguridad compatible con un animal salvaje y está apartada del circuito de visitas, ya que es imprescindible reducir al mínimo el contacto de estos animales con personas, para que no se familiaricen con los humanos y queden incapacitados para la vida salvaje. Este plantígrado ha fallecido por la gravedad de sus lesiones, pero llegarán otros que requieran asistencia por circunstancias que ya se han dado con anterioridad: crías abandonadas o atacadas por machos adultos, osos heridos por disparos accidentales de cazadores, por caídas, por peleas con sus congéneres, ejemplares enfermos o debilitados por la vejez…

La responsabilidad de que no exista en toda la cordillera cantábrica una reserva para estancias temporales de osos pardos salvajes no es solo del Gobierno de Cantabria, aunque tuvo en sus manos la oportunidad de resolver esa carencia en Cabárceno y la desaprovechó. El proyecto y su financiación deberían asumirlo en conjunto los Gobiernos de Asturias, Castilla y León, Galicia y Cantabria, junto con el Ministerio de Medio Ambiente. Ese recinto ni siquiera tendría que estar por fuerza en Cabárceno, pero si es el centro de referencia en asistencia veterinaria a esta especie, si cada vez que se organiza un rescate participa su equipo, parece razonable que esté ahí. El parque compromete su imagen cada vez que se le envía un oso pardo cantábrico por carecer de unas instalaciones a la altura de la labor que desarrollan sus expertos.

Cuando se destapó la lamentable situación de ‘La Güela’, el Grupo de Trabajo del Oso Pardo Cantábrico y Pirenaico, del que forman parte técnicos del Gobierno central y de las siete comunidades con presencia de la especie en sus territorios (a las cuatro cantábricas se suman Navarra, Aragón y Cataluña), elevó a las Administraciones una recomendación para que se construyera con urgencia un cercado al aire libre y el animal pudiera llevar una vida digna en Cabárceno. ¿Necesitan otro escándalo para acometer la obra?

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Matarlos no era una opción
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Teresa Cobo | 14-12-2014 | 18:28| 0

Uno de los lobos de la manada exterminada en Cabárceno. T. C.

«Cabárceno no puede mancharse las manos con una matanza de lobos que daña el prestigio ganado durante años por profesionales que han convertido el parque en un referente»

El parque zoológico que ha matado a ocho lobos, toda su manada de adultos, porque se habían convertido en un problema es el mismo que gastó miles de euros de dinero público y dedicó años de trabajo a salvar a un solo osezno. Aquel plantígrado, que también era un problema, es hoy uno más entre los ochenta del recinto, donde raro es el año en que no muere alguna cría por el infanticidio que practican los machos adultos, igual que en la vida salvaje. ¿Por qué era importante entonces invertir en aquel osezno? Porque se supone que Cabárceno, centro de referencia en la reproducción en cautividad de especies en peligro de extinción, debe ser también modélico en la gestión de sus colonias de animales y en la formación de conciencia cívica en defensa de la fauna. Porque aquel cachorro de oso pardo de origen balcánico fue víctima del tráfico ilegal y el Gobierno de Aragón confió su custodia al que consideraba el mejor centro de España en la atención a esta especie.
Si a cualquier zoológico la sociedad y la ley le exigen que vele por los derechos de los animales que exhibe –muchos de ellos, como el lobo ibérico, cedidos por programas europeos de cría en cautividad–, con mayor celo debe responsabilizarse de ellos un zoológico de gestión pública. Cabárceno no puede mancharse las manos con una matanza de lobos, y el Gobierno del que depende el parque no puede despachar el asunto con una nota en la que alega que se procedió así con el «objetivo de garantizar la viabilidad de esta especie y conseguir la reproducción y pervivencia de la misma». Decisiones políticas o de gestión equivocadas y reprobables hacen daño a una reputación ganada durante años con el trabajo de profesionales que han hecho del parque un centro europeo de excelencia en la cría en cautividad del elefante africano, un referente en investigación sobre el oso pardo o que han conseguido notables éxitos en la reproducción de otras especies en peligro de extinción como el gorila de llanura, el rinoceronte blanco, el asno somalí o la cebra de Grévy.

Cinco miembros de la manada aniquilada.

 ‘Aragón’, el oso decomisado por el Seprona a dos traficantes en 2010, se convirtió en un símbolo para el parque de la naturaleza cántabro. El plan para integrar a este animal con sus congéneres revalorizó la marca Cabárceno y prestigió la política de recuperación de fauna salvaje del parque. Ni siquiera la inversión de dinero público en la causa puede ser cuestionada, puesto que acabó por ser rentable, al revelarse ‘Aragón’ como un potente reclamo para visitantes. Matar a tiros a los lobos, a todos los lobos adultos, perjudica la marca Cabárceno, igual que la deterioró en 2012 tener encerrada durante diez meses en una cuadra a una vieja osa que había vivido siempre en libertad en la cordillera cantábrica y que ya no estaba en condiciones de seguir en los montes. Sólo cuando el asunto se hizo público las Administraciones se decidieron a invertir en habilitar un recinto en el parque adecuado para atender estos casos. Pero ‘La Güela’ murió enclaustrada antes de que se acometiera la obra y se suspendió el proyecto.

Dos de los ocho ejemplares adultos sacrificados en el parque el 23 de noviembre. T. C.

La gestión de manadas de felinos, cánidos y otros carnívoros que en libertad son territoriales y solitarios o que se organizan en grupos muy jerarquizados es muy compleja y requiere de alta cualificación y dilatada experiencia. Obliga, según los casos y los tiempos, a criar camadas simultáneas, a separar grupos por edad o por sexo, a aislar a animales en época de celo, a duplicar recintos, a intercambiar individuos con otros zoológicos. Aun así siempre existe la posibilidad de que acaben por matarse entre ellos, como ha ocurrido ya en Cabárceno con dos manadas de tigres. En el caso de los grandes felinos se puede esterilizar a algunos ejemplares o administrarles anovulatorios. No se toman esas medidas con los cánidos porque el macho y la hembra alfa, que son los que se reproducen, sufren todo tipo de desarreglos y pierden la dominancia cuando se les trata con anticonceptivos. El método al que se recurre en caso de superpoblación es la eutanasia aplicada a los cachorros en cuanto nacen. Feo, pero aceptado en la práctica zoológica.
Puede entenderse el sacrificio de un animal que se ha vuelto agresivo y liquida a sus semejantes o que representa un peligro para los cuidadores. Pero cuesta asimilar que no quepa otra salida que matar a toda una manada sana y adulta. Y a tiros, incluso en el hipotético caso de que se les hubiera sedado previamente. Sacrificar animales ha de ser siempre la última opción para un zoológico y, si hay razones objetivas para eliminarlos, hay que elegir la mejor forma para que ellos ni se enteren ni sufran. Precisamente porque sacrificar ejemplares debe ser la excepción, no cabe escatimar gastos en el trance.
Tampoco es admisible que en un lugar como Cabárceno, con la filosofía que lo distingue, se recluya en jaulones, por mucho que se les quiera llamar reservas, a los individuos que dejan de ser compatibles con el resto del grupo. Recintos como el de los elefantes, el de los hipopótamos, el de los osos, entre otros, son ejemplos creíbles de vida en semilibertad, espacios en los que los animales, salvando las distancias, pueden desarrollar pautas de comportamiento similares a las que los caracterizan en la vida salvaje. Pero los lobos, jaguares o tigres que no pueden convivir con el resto quedan recluidos y desarrollan movimientos estereotipados, propios de su confinamiento en espacios a todas luces reducidos. Si la dicotomía es invertir o matar, la última opción sigue siendo matar.

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Blue no sabe que va a morir
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Teresa Cobo | 14-12-2014 | 18:35| 0

Lo que más me fascina de Blue, aparte de su perfección física, son sus cualidades humanas. ¿Humanas? Tendemos a tomar por propias y exclusivas capacidades que compartimos con muchos otros animales. De mi gato me admira su inagotable curiosidad, su permanente disposición al juego y su maestría para el chantaje emocional. Me importa más el género humano que la especie felina, pero quiero a este animal más que a muchas personas. Él me hace reír y eso es bastante más de lo que puedo esperar de algunos de mis semejantes, sea por sosos, agrios, amargos, fríos, empalagosos o demasiado picantes. Incluso en esas mañanas en que maldita la gracia que me hace levantarme, en esos días que alguno o alguna se empeña en arruinarme y hasta en esos otros que yo misma echo a perder, me río con mi gato. Es ocurrente, osado y tiene el mérito de sorprenderme.

Blue siente una irresistible atracción por los escondrijos. ¡Cómo le entiendo! No puede ver una caja o una bolsa sin intentar meterse dentro. Una de sus mayores ilusiones es que le traiga una de esas bolsas de papel resistente que nos dan con las compras en boutiques y zapaterías. La recibe con el mismo entusiasmo que despertaba en mí el Exin Castillos o el mecano. Dejo la bolsa tumbada en el suelo y él entra como una bala de espaldas a las asas. Su único afán es que le asedie con una mano por todos los flancos. Él debe adivinar a ciegas por dónde llega el ‘enemigo’ y hacia allí se lanza en cuanto percibe el menor roce en el papel. Pero jamás se pone de uñas. Nunca le he visto sacárselas a nadie.

Los gatos no tienen patas delanteras. Tienen manos. Con ellas se limpian detrás de las orejas, con ellas cogen, agarran, tocan, con ellas abren puertas o cajones con una facilidad que pasma. Desde sus refugios domésticos, Blue acecha por diversión, pero también busca rincones para saborear su soledad cuando se cansa de los achuchones o para sestear al sol o al fresco. A nada ni a nadie he visto dormir con tanto abandono, con semejante entrega y confianza como a un gato. Envidio ese reposo que les lleva a desmadejarse por completo.

Pero a veces Blue emerge de sus sueños con desasosiego, como si le urgiera resituarse en el mundo. Lo noto porque deja escapar un lastimero aullido y corre a chocar su nariz contra la mía, una, dos o hasta tres veces, según su necesidad emocional. Yo aprovecho para estrujarlo y eso lo agobia con tanta rapidez que se esfuman todos sus miedos. En segundos, como nuevo.

Mi gato alterna sus momentos de retiro con arrebatos afectivos. Hay amaneceres en los que viene derecho hasta la almohada, encaja su cabeza debajo de la mía, me echa las manos al cuello como una personilla y se queda ahí metido, como una bola de peluche suave y palpitante que además huele muy bien. Lleva a rajatabla su aseo. Para el autolavado es minucioso y constante.

Blue tolera mal el hambre. Si quiere su comida, maúlla como un llorica hasta que se la pongo. Si quiere de la mía, no dice ni mu. Se planta delante, muy digno, muy callado. Me mira fijamente con sus ojazos verdes bien abiertos, inclina la cabeza hacia un lado y pone cara de tremendo interés. Un profesional, pero cómico. Alguien menos blando podría sustraerse a esa mirada de codicia infantil. Yo caigo como una prima y le doy lo que tenga entre manos: cachitos de pollo, de bonito, de anchoa, de queso o de jamón. Pero si estuviera contando billetes de 500 euros (alma cándida) me los sacaría igual.

Un profundo conocedor de la mente me hizo caer en la cuenta de que Blue no sabe que va a morir ni sabe que yo voy a morir, que cuando me entristezco al pensar en su finitud no sufro por él, sino por mí. Él es ajeno a estas aflicciones, estas sí exclusivamente humanas. Cuando mi mente parece decir ‘pobre Blue, qué pocos años va a vivir’, en realidad lo que dice es ‘pobre de mí, qué poco me va a durar mi pequeño amigo atigrado naranja’. Me compadezco, me anticipo a mi duelo. Y eso es malgastar el tiempo y castigar el ánimo. Mejor empecinarme en agradecer el día en el que mi compañero de trabajo Jesús lo encontró desvalido en la calle, cuando era un cachorro, y me lo ofreció. Es evidente que la pérdida de Blue me dolerá más que la ausencia de algunas personas, pero, si eso es pecado, ‘ego me absolvo’. Él comparte mi tiempo y me hace reír. Con ganas.

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Los perros madrileños quieren ser texanos
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Teresa Cobo | 24-10-2014 | 17:48| 0

La enfermera infectada por ébola en Dallas, con su perro.

Tener un perro y quererlo casi como a un hijo no le impidió a Teresa Romero ofrecerse voluntaria para atender a un desconocido que llegaba desde África infectado de ébola. Eso es altruismo. Y es lo que practicaba el misionero al que trató la auxiliar de enfermería. A él le costó la vida y ella lucha por la suya. Si Teresa no hubiera estado enferma y aislada habría sido la primera en plantarse delante de su casa para evitar que sacrificaran a ‘Excalibur’. ¿Quién tiene autoridad moral para reprochárselo? Como ella no pudo hacerlo, otros lo intentaron en su lugar y se les ha tachado poco menos que de “misántropos”. También el debate sobre si el animal debió ser o no sacrificado ha sido calificado de “lamentable”, “frívolo”, “desmesurado”. No estoy de acuerdo. Si Teresa se hubiera infectado en Dallas, ‘Excalibur’ estaría vivo, pero como ocurrió en Madrid, se lo han cargado. ¿Acierta España o EE UU? Que las mascotas estén incluidas en el protocolo norteamericano contra el ébola no me parece ninguna extravagancia. Creo que es un signo de progreso. Y dedicar un tiempo a pensar en ello no mata a ningún enfermo.

Los profesionales sanitarios han comenzado a protestar en la calle para exigir medidas de protección en el desempeño de su trabajo y para censurar las sandeces que el consejero de Sanidad de Madrid dijo para culpar a la auxiliar de enfermería de su contagio. La gente se manifiesta por motivos y objetivos concretos. Si otros salieron en defensa del perro antes que de su dueña fue para intentar salvarle la vida. Lo iban a liquidar. Por muchas personas que se hubieran concentrado delante del hospital Carlos III no habrían aumentado las posibilidades de Teresa Romero de curarse. Cierto que podían haberse manifestado miles de personas hace meses para exigir a los gobiernos occidentales que financiasen la lucha contra el ébola en África. No lo hicieron los defensores de los animales ni lo hicieron quienes los critican. Rara vez salimos a la calle en masa contra las masacres y catástrofes lejanas.

Entre las más de 300.000 personas que prestaron sus firmas por internet para que se pusiera a ‘Excalibur’ en cuarentena en lugar de exterminarlo están algunos de mis conocidos. Casi todos colaboran con ONG dedicadas a ayudar a las poblaciones más desesperadas del planeta. Algunas compaginan su condición de miembros de asociaciones de defensa de los animales con la de socios de organizaciones humanitarias. Son gente que apadrina niños o ayuda a financiar programas de intervención en los lugares más olvidados del mundo, incluidas las zonas en las que el ébola es epidemia. Como no son héroes, aportan una cantidad mensual para que quienes arriesgan su salud o su vida sobre el terreno tengan los medios necesarios para hacerlo. Es su granito de arena para luchar contra el ébola y contra todo lo que había antes de que nos preocupáramos por el ébola.

Matar a ‘Excalibur’, que no presentaba el menor signo de infección, no fue de gran ayuda para Teresa Romero, que necesita de todo su ánimo para enfrentarse al virus. En Dallas, también una enfermera, Nica Pham, se ha contagiado de ébola por asistir a un paciente y también ella tiene un perro, pero el animal no ha sido sacrificado, solo se le ha aislado para mantenerlo en observación. “El perro es muy importante para la paciente y queremos que esté a salvo”, ha argumentado el alcalde de esta ciudad de Texas, Mike Rawlings. En EE UU, la posibilidad de que una persona contagiada de ébola tenga una mascota está recogida en el protocolo de actuación y “hay un plan” para cuidar de esos animales siempre que no muestren síntomas de enfermedad. Alguien ha ‘perdido’ el tiempo en pensar en ello. Y, sí, ocurre en un país con pena de muerte. Eso sí que es lamentable, pero de las contradicciones humanas no tienen culpa perros y gatos.

En Texas ejecutan a los grandes criminales y no hay marcha atrás si resulta que alguno no lo era. Pero los perros españoles quieren ser texanos. En Madrid, si contraes el ébola condenan a tu perro a la pena capital. Da igual que esté sano. Que sea un bendito y que lo quieras resulta irrelevante. Teresa fue solidaria y en pago la vida le ha dado un virus y le ha quitado un amigo.

Dallas no matará a ‘Bentley’, el perro de la enfermera infectada, salvo que desarrolle la enfermedad. Para cuando se presentó este caso, EE UU ya había opinado al respecto. El precedente español tuvo un eco mundial. La CNN organizó una mesa de debate en la que el asunto central era si ‘Excalibur’ debía o no ser sacrificado. El programa lo vieron más de 20 millones de espectadores. ¿Lamentable, frívolo, desmesurado? En todo caso, significativo.

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‘Excalibur’ o ‘Damocles’
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Teresa Cobo | 03-02-2015 | 09:22| 0

 

Javier Limón, marido de Teresa Romero, con 'Excalibur', su perro, de raza mixta, ya sacrificado.

‘Excalibur’ es “uno más de la familia”. Lo dice su ‘padre’, Javier Limón. Él y su mujer, Teresa Romero, no tienen hijos y han depositado sus afectos filiales en su mascota. La Consejería de Sanidad de Madrid, avalada por el juzgado, ha decidido sacrificar al perro, porque el roce hace el cariño pero, además, contagia el ébola. ¿También de humano a can y de can a humano? No se sabe, pero las autoridades sanitarias no quieren perder tiempo y medios en averiguarlo. Ya se han alzado las voces contra quienes han levantado las suyas para tratar de rescatar a ‘Excalibur’. Son acusados de montar un pollo por un perro y les reprochan que les preocupa más la vida de un animal que las de las miles de personas condenados por el ébola en África. La demagogia facilona persigue a menudo a los defensores de la fauna salvaje o doméstica.

No es verdad que importe más la vida de ‘Excalibur’ que la de sus dueños. La diferencia es que al perro lo van a matar, y lo llaman eutanasia, aunque no se trata de evitarle ningún dolor. A su propietaria van a intentar sanarla por todos los medios, faltaría más. Si algún descerebrado hubiera propuesto sacrificar a la auxiliar de enfermería para evitar contagios no habrían ido 50 personas a la puerta de su casa. Medio país habría asaltado el Ministerio de Sanidad para impedirlo.

Tampoco es verdad que preocupe más ‘Excalibur’ que los miles de africanos que han muerto o van a morir víctimas del virus. Pero no nos engañemos, la emoción por proximidad es una vieja condición humana bien conocida. Si descarrila un tren en la India y mueren 300 personas quizá la noticia abra una página de la sección de Internacional y tenga continuidad en un breve en la prensa del día después. Si el ferrocarril vuelca en nuestra región y fallecen 30 pasajeros, le dedicaremos, como poco, medio periódico y no cejaremos con el asunto en semanas. Si nos preguntamos “¿dónde estaban los del perro cuando moría la gente en África?”, igual debemos interrogarnos sobre “¿dónde estaban los demás?”. Aquí la comparación hay que hacerla entre iguales para que no sea tramposa: parece que preocupa y ocupa mucho más un europeo o un norteamericano contagiado de ébola que 3.000 africanos muertos por la enfermedad.

En esta sociedad puntúa más un enfermo del primer mundo que cientos del tercero. Y no es solo una cuestión de ‘pedigrí’, que también. Al común de los mortales le duele más un muerto conocido que cientos anónimos. Si un perro llega a conmover tanto es porque le hemos puesto cara, nombre e historia. El cariño a los animales no es excluyente, y no es incompatible con el amor al género humano, más bien suele ser un signo alentador sobre la capacidad de alguien para querer.

¿Por qué interpretar la defensa de la vida de un animal como muestra de indiferencia hacia la vida humana? Si en plena lucha contra el ébola te enteras de que han matado a tu mascota quizá decaigan un poco tus fuerzas. El perro de Javier y Teresa es uno de los inocentes de esta historia y por sí solo no puede defenderse. Ya lo dijo Gerald Durrell: “Los animales constituyen esa gran mayoría sin voz y sin voto que sólo puede sobrevivir gracias a nuestra ayuda”. Es lícito protestar por ver al pobre ‘Excalibur’ convertido en ‘Damocles’.

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El juzgado dicta orden de búsqueda y prisión contra el condenado por traficar con el osezno ‘Aragón’
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Teresa Cobo | 11-07-2014 | 10:16| 0

 

'Aragón', con un amigo, junto al estanque del recinto de los osos de Cabárceno. T. COBO

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Liviu Modoi incumplió la sentencia que le obligaba a pagar una sanción de 12.000 euros

El único condenado por traficar con el osezno ‘Aragón’ intenta ahora torear a la Justicia. El juzgado de lo penal nº2 de Zaragoza ha emitido una orden internacional de búsqueda e ingreso en prisión contra Liviu Modoi por haber incumplido la sentencia que le obligaba a saldar una sanción de casi 12.000 euros. Junto con este ciudadano rumano estaba imputado por los mismos hechos su compatriota Silviu Marian Schitea, pero no pudo ser juzgado por encontrarse en paradero desconocido. Sobre él pesa también una requisitoria judicial. El animal que fue introducido de forma ilegal en España, procedente de los Balcanes, está hoy integrado en el área de los osos del Parque de la Naturaleza de Cabárceno después de un complicado y costoso proceso que ha durado más de tres años.

En la vista celebrada el pasado mes de enero en Zaragoza, ciudad en la que fue decomisado el cachorro, Modoi se conformó con los cargos que se le imputaban por tráfico de especies protegidas a cambio de que se le rebajara la pena. El fiscal y la acusación particular, ejercida por el Fondo en Asturias para la Protección de Animales Salvajes (Fapas), solicitaban dos años de prisión. El acusado fue condenado a pagar una multa de 2.880 euros por el delito cometido y una indemnización de 9.031 euros al Gobierno de Aragón por los gastos que había generado la permanencia en depósito del osezno en un centro de recuperación de fauna durante 14 días. El Gobierno de Cantabria no reclamó el coste de manutención y cuidado del animal, que ingresó en Cabárceno el 17 de junio de 2010 con síntomas severos de desnutrición y con una impronta derivada del trato con personas que le hacía sentirse humano y lo incapacitaba para la vida en libertad.

'Aragón', con seis meses, recién rescatado por la Guardia Civil de Tráfico y entregado al Seprona. DM

La conformidad de Modoi con los cargos impidió que el juicio siguiera adelante y el letrado que representaba al Fapas no pudo formular preguntas. El abogado José Manuel Marraco quería averiguar “adónde iba de verdad destinado ese oso”, ya que restaba toda credibilidad a la versión dada por el acusado de que se lo llevaba a su novia española como mascota. Pese a pactar la pena, el condenado no ha afrontado las responsabilidades impuestas en la sentencia, por lo que el juzgado ha dictado una orden de búsqueda internacional para su encarcelamiento. Modoi podría encontrarse en Rumanía, su país de origen.

La pena impuesta a Modoi por traficar con una especie protegida fue leve, sobre todo si se tiene en cuenta el sufrimiento infligido al osezno con su destete traumático, con una pésima alimentación y sometido a un larguísimo viaje, medio asfixiado en un maletero con intenso olor a combustible. Pero, en opinión de Marraco, lo importante no fue “la pena en sí, sino la condena por este tipo de delito. Crea un precedente sobre el tráfico de especies protegidas, que mueve miles de millones de euros. En ese aspecto es un hito”, afirmó.

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‘Cristina’ y ‘Jumar’ aprenden a ser elefantes
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Teresa Cobo | 20-05-2014 | 10:03| 0

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La manada de Cabárceno afronta un interesante proceso de integración de dos ejemplares marginados

Funciona como matriarcado y las hembras con puestos más bajos en la jerarquía están obligadas a cuidar de las crías

Es la familia más grande de Cantabria, no porque tenga 14 miembros, sino porque la integran elefantes. Duermen en cuadras y tienen garantizada la comida, pero, por lo demás, cuando salen a la pradera de Cabárceno, de 25 hectáreas, siguen pautas de comportamiento similares a las de sus parientes que viven en libertad en África. Funcionan como matriarcado y las hembras con posiciones más bajas en la jerarquía deben ocuparse de cuidar a las dos crías, unos auténticos trastos con mucha gracia. La manada afronta ahora un interesante proceso de integración de dos ejemplares: ‘Cristina’, una elefanta que tuvo que ser criada a biberón y se humanizó, y ‘Jumar’, un macho que nunca ha vivido en grupo y que llegó de un zoo obligado a cerrar por la crisis.

‘Cristina’ es el patito feo de la manada y la niña bonita de los cuidadores. Cumplirá 8 años en junio. Cuando nació, no podía levantarse y, en las maniobras de su madre y de su abuela para intentar incorporarla, la cría quedó ciega de un ojo y perdió un trozo de oreja, hasta que renunciaron a ocuparse de ella. Con ayuda del equipo técnico del parque, salió adelante y se las arregla muy bien, pero siempre ha sido más delicada que los demás.

'Martín' y 'África', los dos bebés, con una de las 'tías' que cuidan de ellos. T. C.

‘Jumar’, de 17 años, llegó a Cabárceno hace tres, procedente del Safari Park Verger de Alicante, que se vio abocado a cerrar por aprietos económicos. Por ser un desconocido para los demás elefantes, no podía incorporarse al grupo sin riesgo para su vida, así que pasó a convivir en un recinto aparte con ‘Cristina’, que no vio una amenaza en él y aceptó bien, por primera vez, la compañía de un congénere. Desde hace casi medio año, ambos están inmersos en un complejo y lento proceso de integración en la manada.

‘Cristina’ ya sale cada día a la pradera con los demás, pero se mantiene apartada de ellos. “Es un problema más de ella que de los otros elefantes. Ninguno se tira a pegarla, pero le dan miedo. Tiene un problema psíquico. Al haberla criado nosotros, no se siente elefante, a pesar de que siempre la hemos tenido en la cuadra con los demás, se han comunicado y ha visto cómo se comportan”, relata Santiago Borragán, coordinador de los servicios veterinarios de Cabárceno. Y, sin embargo, algo empieza a cambiar. “Ayer, por primera vez, cuando se han abierto las puertas para que regresen a la cuadra por la noche, en vez de esperar a que entren todos para entrar ella la última, ha bajado de su sitio, se ha mezclado con los demás y ha entrado con ellos. Es una muy buena noticia”.

'Cristina' ya planta cara a los búfalos de agua, pero aún no se atreve con los elefantes. T. C.

Los bebés tirarán de ella

“La evolución lógica es que los dos bebés que tenemos se vayan aproximando a ella, que vea que no son agresivos, que son de menor tamaño, que los vaya aceptando y que ellos poco a poco la atraigan hacia la manada”, explica el veterinario. Las dos crías son ‘África’, de dos años y medio, y ‘Martín’, que cumplirá dos en mayo. Son curiosos y juguetones y, como todavía caben entre los barrotes, se cuelan en los establos antes de que se abran las puertas para birlarles la comida a los mayores. No son las madres, ‘Kira’ y ‘Hilda’, las que se encargan del cuidado de estos dos revoltosos. Esa tarea corresponde a las ‘tías’, las hembras que están a la cola en la jerarquía de la manada, en este caso ‘Kenia’ y ‘Brisa’. Pero hay una excepción: en este grupo la ‘tía’ por antonomasia es ‘Laura’, que ha asumido ese papel de manera voluntaria por su poderoso instinto maternal. Cuando ‘Hilda’ quedó huérfana, con dos años, también la adoptó, a pesar de que tenía que amamantar a su propia cría.

Hoy son las hembras más jóvenes las que se acercan a ‘Cristina’ y lo hacen con insistencia y en son de paz. Ella se pone muy nerviosa y les da la espalda. “Hace lo correcto. Dar el culo es una actitud de sumisión: no hay nada peor que mirar a los ojos a un superior. Y a la vez es una forma de protección: un colmillazo contra la cabeza es grave, pero contra la grupa, no”, instruye Borragán. ‘Cristina’ suele encontrarse con ‘Coco’, ya que, por ser un macho adulto, en este caso el dominante, es un animal periférico que se mueve al margen del grupo de las hembras. Ambos acaban por coincidir y él no muestra ninguna agresividad hacia ella.

Los 14 elefantes de Cabárceno disponen de una parcela de 25 hectáreas con laguna. T. C.

‘Jumar’ nunca sale a la pradera a la vez que ‘Coco’. Y a ‘Cristina’ nunca la sacan con ‘Zambi’, la más agresiva. El veterinario teme que la grande ataque a la pequeña. De hecho, ‘Zambi’ siempre se mide con ‘Jumar’ y, aunque no deja de ser un incordio para él, le ha ayudado a espabilarse. ‘Jumar’ llegó flaco de Alicante, pero ha ganado en porte y es un vistoso ejemplar de tamaño similar a ‘Coco’. “Nunca los sacamos juntos porque ‘Coco’ es un macho muy agresivo y nos da miedo que agreda a ‘Jumar’, que lo es muy poquito. Procuramos que salga más días ‘Coco’, por su papel de semental. No estamos seguros de que ‘Jumar’ llegue a montar a las hembras. Los animales como él suelen ser malos reproductores”. ‘Coco’ tiene afinidades familiares con hembras del grupo, por lo que será enviado a otro zoológico para evitar cruces entre individuos consanguíneos, pero no antes de que Cabárceno reciba un macho probado como reproductor.

‘Cristina’ está a punto de alcanzar la edad fértil. “Cuando salga en celo, confío en que se integrará más en el grupo, eso la unirá a las otras hembras, aunque la edad buena para que la cubran es a partir de los 9 años, para que llegue a parir con 10 u 11 años”, dice Santiago Borragán. De momento, bastante tiene la pobre con intentar controlar los esfínteres cuando se le acercan las elefantas, por muy buenas que sean las intenciones que traigan.

El grupo de hembras de la manada se desplaza por la pradera con una de las dos crías en cabeza. T. C.

LA MANADA

Hembras

Penny. La matriarca. 33 años. Madre de Kira. Llegó de Inglaterra.

Zambi. 32 años. Madre de Kenia e Infinita. Llegó de Alemania.

Laura. 30 años. Madre de Coco y Yambo. Llegó de Málaga.

Kira. 20 años. Madre de Cristina y de África. Nacida en Cabárceno.

Hilda. 13 años. Madre de Martín. Nacida en Cabárceno.

Kenia. 12 años. Nacida en Cabárceno.

Brisa. 11 años. Nacida en Cabárceno.

Infinita. 9 años. Nacida en Cabárceno.

Cristina. 7 años. Nacida en Cabárceno.

África. 2 años y 6 meses. Nacida en Cabárceno.

 

Machos

Jumar. 17 años. Llegó de Alicante.

Coco. Macho dominante. 14 años. Nacido en Cabárceno.

Yambo. 10 años. Nacido en Cabárceno.

Martín. 2 años. Nacido en Cabárceno.

 

 

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