El Diario Montañes

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Los perros madrileños quieren ser texanos
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Teresa Cobo | hace 5 horas| 0

La enfermera infectada por ébola en Dallas, con su perro.

Tener un perro y quererlo casi como a un hijo no le impidió a Teresa Romero ofrecerse voluntaria para atender a un desconocido que llegaba desde África infectado de ébola. Eso es altruismo. Y es lo que practicaba el misionero al que trató la auxiliar de enfermería. A él le costó la vida y ella lucha por la suya. Si Teresa no hubiera estado enferma y aislada habría sido la primera en plantarse delante de su casa para evitar que sacrificaran a ‘Excalibur’. ¿Quién tiene autoridad moral para reprochárselo? Como ella no pudo hacerlo, otros lo intentaron en su lugar y se les ha tachado poco menos que de “misántropos”. También el debate sobre si el animal debió ser o no sacrificado ha sido calificado de “lamentable”, “frívolo”, “desmesurado”. No estoy de acuerdo. Si Teresa se hubiera infectado en Dallas, ‘Excalibur’ estaría vivo, pero como ocurrió en Madrid, se lo han cargado. ¿Acierta España o EE UU? Que las mascotas estén incluidas en el protocolo norteamericano contra el ébola no me parece ninguna extravagancia. Creo que es un signo de progreso. Y dedicar un tiempo a pensar en ello no mata a ningún enfermo.

Los profesionales sanitarios han comenzado a protestar en la calle para exigir medidas de protección en el desempeño de su trabajo y para censurar las sandeces que el consejero de Sanidad de Madrid dijo para culpar a la auxiliar de enfermería de su contagio. La gente se manifiesta por motivos y objetivos concretos. Si otros salieron en defensa del perro antes que de su dueña fue para intentar salvarle la vida. Lo iban a liquidar. Por muchas personas que se hubieran concentrado delante del hospital Carlos III no habrían aumentado las posibilidades de Teresa Romero de curarse. Cierto que podían haberse manifestado miles de personas hace meses para exigir a los gobiernos occidentales que financiasen la lucha contra el ébola en África. No lo hicieron los defensores de los animales ni lo hicieron quienes los critican. Rara vez salimos a la calle en masa contra las masacres y catástrofes lejanas.

Entre las más de 300.000 personas que prestaron sus firmas por internet para que se pusiera a ‘Excalibur’ en cuarentena en lugar de exterminarlo están algunos de mis conocidos. Casi todos colaboran con ONG dedicadas a ayudar a las poblaciones más desesperadas del planeta. Algunas compaginan su condición de miembros de asociaciones de defensa de los animales con la de socios de organizaciones humanitarias. Son gente que apadrina niños o ayuda a financiar programas de intervención en los lugares más olvidados del mundo, incluidas las zonas en las que el ébola es epidemia. Como no son héroes, aportan una cantidad mensual para que quienes arriesgan su salud o su vida sobre el terreno tengan los medios necesarios para hacerlo. Es su granito de arena para luchar contra el ébola y contra todo lo que había antes de que nos preocupáramos por el ébola.

Matar a ‘Excalibur’, que no presentaba el menor signo de infección, no fue de gran ayuda para Teresa Romero, que necesita de todo su ánimo para enfrentarse al virus. En Dallas, también una enfermera, Nica Pham, se ha contagiado de ébola por asistir a un paciente y también ella tiene un perro, pero el animal no ha sido sacrificado, solo se le ha aislado para mantenerlo en observación. “El perro es muy importante para la paciente y queremos que esté a salvo”, ha argumentado el alcalde de esta ciudad de Texas, Mike Rawlings. En EE UU, la posibilidad de que una persona contagiada de ébola tenga una mascota está recogida en el protocolo de actuación y “hay un plan” para cuidar de esos animales siempre que no muestren síntomas de enfermedad. Alguien ha ‘perdido’ el tiempo en pensar en ello. Y, sí, ocurre en un país con pena de muerte. Eso sí que es lamentable, pero de las contradicciones humanas no tienen culpa perros y gatos.

En Texas ejecutan a los grandes criminales y no hay marcha atrás si resulta que alguno no lo era. Pero los perros españoles quieren ser texanos. En Madrid, si contraes el ébola condenan a tu perro a la pena capital. Da igual que esté sano. Que sea un bendito y que lo quieras resulta irrelevante. Teresa fue solidaria y en pago la vida le ha dado un virus y le ha quitado un amigo.

Dallas no matará a ‘Bentley’, el perro de la enfermera infectada, salvo que desarrolle la enfermedad. Para cuando se presentó este caso, EE UU ya había opinado al respecto. El precedente español tuvo un eco mundial. La CNN organizó una mesa de debate en la que el asunto central era si ‘Excalibur’ debía o no ser sacrificado. El programa lo vieron más de 20 millones de espectadores. ¿Lamentable, frívolo, desmesurado? En todo caso, significativo.

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‘Excalibur’ o ‘Damocles’
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Teresa Cobo | 09-10-2014 | 07:37| 0

 

Javier Limón, marido de Teresa Romero, con 'Excalibur', su perro, de raza mixta, ya sacrificado.

‘Excalibur’ es “uno más de la familia”. Lo dice su ‘padre’, Javier Limón. Él y su mujer, Teresa Romero, no tienen hijos y han depositado sus afectos filiales en su mascota. La Consejería de Sanidad de Madrid, avalada por el juzgado, ha decidido sacrificar al perro, porque el roce hace el cariño pero, además, contagia el ébola. ¿También de humano a can y de can a humano? No se sabe, pero las autoridades sanitarias no quieren perder tiempo y medios en averiguarlo. Ya se han alzado las voces contra quienes han levantado las suyas para tratar de rescatar a ‘Excalibur’. Son acusados de montar un pollo por un perro y les reprochan que les preocupa más la vida de un animal que las de las miles de personas condenados por el ébola en África. La demagogia facilona persigue a menudo a los defensores de la fauna salvaje o doméstica.

No es verdad que importe más la vida de ‘Excalibur’ que la de sus dueños. La diferencia es que al perro lo van a matar, y lo llaman eutanasia, aunque no se trata de evitarle ningún dolor. A su propietaria van a intentar sanarla por todos los medios, faltaría más. Si algún descerebrado hubiera propuesto sacrificar a la auxiliar de enfermería para evitar contagios no habrían ido 50 personas a la puerta de su casa. Medio país habría asaltado el Ministerio de Sanidad para impedirlo.

Tampoco es verdad que preocupe más ‘Excalibur’ que los miles de africanos que han muerto o van a morir víctimas del virus. Pero no nos engañemos, la emoción por proximidad es una vieja condición humana bien conocida. Si descarrila un tren en la India y mueren 300 personas quizá la noticia abra una página de la sección de Internacional y tenga continuidad en un breve en la prensa del día después. Si el ferrocarril vuelca en nuestra región y fallecen 30 pasajeros, le dedicaremos, como poco, medio periódico y no cejaremos con el asunto en semanas. Si nos preguntamos “¿dónde estaban los del perro cuando moría la gente en África?”, igual debemos interrogarnos sobre “¿dónde estaban los demás?”. Aquí la comparación hay que hacerla entre iguales para que no sea tramposa: parece que preocupa y ocupa mucho más un europeo o un norteamericano contagiado de ébola que 3.000 africanos muertos por la enfermedad.

En esta sociedad puntúa más un enfermo del primer mundo que cientos del tercero. Y no es solo una cuestión de ‘pedigrí’, que también. Al común de los mortales le duele más un muerto conocido que cientos anónimos. Si un perro llega a conmover tanto es porque le hemos puesto cara, nombre e historia. El cariño a los animales no es excluyente, y no es incompatible con el amor al género humano, más bien suele ser un sígno alentador sobre la capacidad de alguien para querer.

¿Por qué interpretar la defensa de la vida de un animal como muestra de indiferencia hacia la vida humana? Si en plena lucha contra el ébola te enteras de que han matado a tu mascota quizá decaigan un poco tus fuerzas. El perro de Javier y Teresa es uno de los inocentes de esta historia y por sí solo no puede defenderse. Ya lo dijo Gerald Durrell: “Los animales constituyen esa gran mayoría sin voz y sin voto que sólo puede sobrevivir gracias a nuestra ayuda”. Es lícito protestar por ver al pobre ‘Excalibur’ convertido en ‘Damocles’.

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El juzgado dicta orden de búsqueda y prisión contra el condenado por traficar con el osezno ‘Aragón’
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Teresa Cobo | 11-07-2014 | 10:16| 0

 

'Aragón', con un amigo, junto al estanque del recinto de los osos de Cabárceno. T. COBO

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Liviu Modoi incumplió la sentencia que le obligaba a pagar una sanción de 12.000 euros

El único condenado por traficar con el osezno ‘Aragón’ intenta ahora torear a la Justicia. El juzgado de lo penal nº2 de Zaragoza ha emitido una orden internacional de búsqueda e ingreso en prisión contra Liviu Modoi por haber incumplido la sentencia que le obligaba a saldar una sanción de casi 12.000 euros. Junto con este ciudadano rumano estaba imputado por los mismos hechos su compatriota Silviu Marian Schitea, pero no pudo ser juzgado por encontrarse en paradero desconocido. Sobre él pesa también una requisitoria judicial. El animal que fue introducido de forma ilegal en España, procedente de los Balcanes, está hoy integrado en el área de los osos del Parque de la Naturaleza de Cabárceno después de un complicado y costoso proceso que ha durado más de tres años.

En la vista celebrada el pasado mes de enero en Zaragoza, ciudad en la que fue decomisado el cachorro, Modoi se conformó con los cargos que se le imputaban por tráfico de especies protegidas a cambio de que se le rebajara la pena. El fiscal y la acusación particular, ejercida por el Fondo en Asturias para la Protección de Animales Salvajes (Fapas), solicitaban dos años de prisión. El acusado fue condenado a pagar una multa de 2.880 euros por el delito cometido y una indemnización de 9.031 euros al Gobierno de Aragón por los gastos que había generado la permanencia en depósito del osezno en un centro de recuperación de fauna durante 14 días. El Gobierno de Cantabria no reclamó el coste de manutención y cuidado del animal, que ingresó en Cabárceno el 17 de junio de 2010 con síntomas severos de desnutrición y con una impronta derivada del trato con personas que le hacía sentirse humano y lo incapacitaba para la vida en libertad.

'Aragón', con seis meses, recién rescatado por la Guardia Civil de Tráfico y entregado al Seprona. DM

La conformidad de Modoi con los cargos impidió que el juicio siguiera adelante y el letrado que representaba al Fapas no pudo formular preguntas. El abogado José Manuel Marraco quería averiguar “adónde iba de verdad destinado ese oso”, ya que restaba toda credibilidad a la versión dada por el acusado de que se lo llevaba a su novia española como mascota. Pese a pactar la pena, el condenado no ha afrontado las responsabilidades impuestas en la sentencia, por lo que el juzgado ha dictado una orden de búsqueda internacional para su encarcelamiento. Modoi podría encontrarse en Rumanía, su país de origen.

La pena impuesta a Modoi por traficar con una especie protegida fue leve, sobre todo si se tiene en cuenta el sufrimiento infligido al osezno con su destete traumático, con una pésima alimentación y sometido a un larguísimo viaje, medio asfixiado en un maletero con intenso olor a combustible. Pero, en opinión de Marraco, lo importante no fue “la pena en sí, sino la condena por este tipo de delito. Crea un precedente sobre el tráfico de especies protegidas, que mueve miles de millones de euros. En ese aspecto es un hito”, afirmó.

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‘Cristina’ y ‘Jumar’ aprenden a ser elefantes
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Teresa Cobo | 20-05-2014 | 10:03| 0

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La manada de Cabárceno afronta un interesante proceso de integración de dos ejemplares marginados

Funciona como matriarcado y las hembras con puestos más bajos en la jerarquía están obligadas a cuidar de las crías

Es la familia más grande de Cantabria, no porque tenga 14 miembros, sino porque la integran elefantes. Duermen en cuadras y tienen garantizada la comida, pero, por lo demás, cuando salen a la pradera de Cabárceno, de 25 hectáreas, siguen pautas de comportamiento similares a las de sus parientes que viven en libertad en África. Funcionan como matriarcado y las hembras con posiciones más bajas en la jerarquía deben ocuparse de cuidar a las dos crías, unos auténticos trastos con mucha gracia. La manada afronta ahora un interesante proceso de integración de dos ejemplares: ‘Cristina’, una elefanta que tuvo que ser criada a biberón y se humanizó, y ‘Jumar’, un macho que nunca ha vivido en grupo y que llegó de un zoo obligado a cerrar por la crisis.

‘Cristina’ es el patito feo de la manada y la niña bonita de los cuidadores. Cumplirá 8 años en junio. Cuando nació, no podía levantarse y, en las maniobras de su madre y de su abuela para intentar incorporarla, la cría quedó ciega de un ojo y perdió un trozo de oreja, hasta que renunciaron a ocuparse de ella. Con ayuda del equipo técnico del parque, salió adelante y se las arregla muy bien, pero siempre ha sido más delicada que los demás.

'Martín' y 'África', los dos bebés, con una de las 'tías' que cuidan de ellos. T. C.

‘Jumar’, de 17 años, llegó a Cabárceno hace tres, procedente del Safari Park Verger de Alicante, que se vio abocado a cerrar por aprietos económicos. Por ser un desconocido para los demás elefantes, no podía incorporarse al grupo sin riesgo para su vida, así que pasó a convivir en un recinto aparte con ‘Cristina’, que no vio una amenaza en él y aceptó bien, por primera vez, la compañía de un congénere. Desde hace casi medio año, ambos están inmersos en un complejo y lento proceso de integración en la manada.

‘Cristina’ ya sale cada día a la pradera con los demás, pero se mantiene apartada de ellos. “Es un problema más de ella que de los otros elefantes. Ninguno se tira a pegarla, pero le dan miedo. Tiene un problema psíquico. Al haberla criado nosotros, no se siente elefante, a pesar de que siempre la hemos tenido en la cuadra con los demás, se han comunicado y ha visto cómo se comportan”, relata Santiago Borragán, coordinador de los servicios veterinarios de Cabárceno. Y, sin embargo, algo empieza a cambiar. “Ayer, por primera vez, cuando se han abierto las puertas para que regresen a la cuadra por la noche, en vez de esperar a que entren todos para entrar ella la última, ha bajado de su sitio, se ha mezclado con los demás y ha entrado con ellos. Es una muy buena noticia”.

'Cristina' ya planta cara a los búfalos de agua, pero aún no se atreve con los elefantes. T. C.

Los bebés tirarán de ella

“La evolución lógica es que los dos bebés que tenemos se vayan aproximando a ella, que vea que no son agresivos, que son de menor tamaño, que los vaya aceptando y que ellos poco a poco la atraigan hacia la manada”, explica el veterinario. Las dos crías son ‘África’, de dos años y medio, y ‘Martín’, que cumplirá dos en mayo. Son curiosos y juguetones y, como todavía caben entre los barrotes, se cuelan en los establos antes de que se abran las puertas para birlarles la comida a los mayores. No son las madres, ‘Kira’ y ‘Hilda’, las que se encargan del cuidado de estos dos revoltosos. Esa tarea corresponde a las ‘tías’, las hembras que están a la cola en la jerarquía de la manada, en este caso ‘Kenia’ y ‘Brisa’. Pero hay una excepción: en este grupo la ‘tía’ por antonomasia es ‘Laura’, que ha asumido ese papel de manera voluntaria por su poderoso instinto maternal. Cuando ‘Hilda’ quedó huérfana, con dos años, también la adoptó, a pesar de que tenía que amamantar a su propia cría.

Hoy son las hembras más jóvenes las que se acercan a ‘Cristina’ y lo hacen con insistencia y en son de paz. Ella se pone muy nerviosa y les da la espalda. “Hace lo correcto. Dar el culo es una actitud de sumisión: no hay nada peor que mirar a los ojos a un superior. Y a la vez es una forma de protección: un colmillazo contra la cabeza es grave, pero contra la grupa, no”, instruye Borragán. ‘Cristina’ suele encontrarse con ‘Coco’, ya que, por ser un macho adulto, en este caso el dominante, es un animal periférico que se mueve al margen del grupo de las hembras. Ambos acaban por coincidir y él no muestra ninguna agresividad hacia ella.

Los 14 elefantes de Cabárceno disponen de una parcela de 25 hectáreas con laguna. T. C.

‘Jumar’ nunca sale a la pradera a la vez que ‘Coco’. Y a ‘Cristina’ nunca la sacan con ‘Zambi’, la más agresiva. El veterinario teme que la grande ataque a la pequeña. De hecho, ‘Zambi’ siempre se mide con ‘Jumar’ y, aunque no deja de ser un incordio para él, le ha ayudado a espabilarse. ‘Jumar’ llegó flaco de Alicante, pero ha ganado en porte y es un vistoso ejemplar de tamaño similar a ‘Coco’. “Nunca los sacamos juntos porque ‘Coco’ es un macho muy agresivo y nos da miedo que agreda a ‘Jumar’, que lo es muy poquito. Procuramos que salga más días ‘Coco’, por su papel de semental. No estamos seguros de que ‘Jumar’ llegue a montar a las hembras. Los animales como él suelen ser malos reproductores”. ‘Coco’ tiene afinidades familiares con hembras del grupo, por lo que será enviado a otro zoológico para evitar cruces entre individuos consanguíneos, pero no antes de que Cabárceno reciba un macho probado como reproductor.

‘Cristina’ está a punto de alcanzar la edad fértil. “Cuando salga en celo, confío en que se integrará más en el grupo, eso la unirá a las otras hembras, aunque la edad buena para que la cubran es a partir de los 9 años, para que llegue a parir con 10 u 11 años”, dice Santiago Borragán. De momento, bastante tiene la pobre con intentar controlar los esfínteres cuando se le acercan las elefantas, por muy buenas que sean las intenciones que traigan.

El grupo de hembras de la manada se desplaza por la pradera con una de las dos crías en cabeza. T. C.

LA MANADA

Hembras

Penny. La matriarca. 33 años. Madre de Kira. Llegó de Inglaterra.

Zambi. 32 años. Madre de Kenia e Infinita. Llegó de Alemania.

Laura. 30 años. Madre de Coco y Yambo. Llegó de Málaga.

Kira. 20 años. Madre de Cristina y de África. Nacida en Cabárceno.

Hilda. 13 años. Madre de Martín. Nacida en Cabárceno.

Kenia. 12 años. Nacida en Cabárceno.

Brisa. 11 años. Nacida en Cabárceno.

Infinita. 9 años. Nacida en Cabárceno.

Cristina. 7 años. Nacida en Cabárceno.

África. 2 años y 6 meses. Nacida en Cabárceno.

 

Machos

Jumar. 17 años. Llegó de Alicante.

Coco. Macho dominante. 14 años. Nacido en Cabárceno.

Yambo. 10 años. Nacido en Cabárceno.

Martín. 2 años. Nacido en Cabárceno.

 

 

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Deja paralítica a una gata doméstica de un perdigonazo
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Teresa Cobo | 10-04-2014 | 08:26| 17

'Cuchi' no puede mover la mitad posterior de su cuerpo. T. C.

La Guardia Civil busca al vecino de La Concha de Villaescusa que ha disparado dos veces contra el animal

Era ágil, juguetona y exploradora y ahora tiene que arrastrarse como un gusano para llegar hasta el cuenco de la comida. Un perdigonazo le ha dejado la mitad posterior del cuerpo paralizada. Era muy limpia, como acostumbran a ser los felinos, y ahora se lo hace todo encima porque ha perdido el control sobre sus esfínteres. ‘Cuchi’ es una gata de cuatro años a la que ha dejado impedida el disparo de un desconocido, “posiblemente un vecino”, según sospechan sus propietarios, que viven en un chalé de La Concha de Villaescusa. Es el segundo proyectil de las mismas características que queda alojado en el cuerpo de este animal, ya que hace unos meses le dispararon por primera vez y lo dejaron cojo de una pata delantera. La Guardia Civil busca al culpable.

‘Cuchi’ “nació en casa”. Es una hermosa gata europea de raza común cartujana, con una mezcla que le ha dado un suave pelo gris y blanco. Tiene los ojos de color melocotón y unas fuertes y mullidas patas. Es “la pasión” de María Ángeles Laso. Ella y su marido, Javier Santamaría, tienen otros tres gatos, una perrita y una hurona. Quieren a los animales y no entienden a quienes los hieren por placer. “Esto te rompe. ¿Qué necesidad hay de hacerle daño a un bicho que no molestaba a nadie?”, se pregunta Javier. Esta familia ha denunciado en el puesto de la Guardia Civil de Astillero las dos agresiones sufridas por el animal, uno de los suyos.

El pasado 27 de noviembre alguien disparó contra ‘Cuchi’ “con una escopeta de balines, pero con perdigones de calibre superior al normal”. El proyectil le ocasionó una doble fractura de hueso en la pata delantera izquierda y quedó alojado dentro. No fue necesario operar y la gata se recuperó bien, aunque arrastraba una ligera cojera. El 19 de marzo, el mismo individuo sin identificar eligió a ‘Cuchi’ de nuevo como diana. Fue María Ángeles la que la encontró. Salió a buscarla, preocupada porque no volvía a casa, y la encontró ya de noche. Estaba en la huerta, tendida en el suelo y aterida por la helada. Un perdigón igual que el anterior le entró por el hombro izquierdo y quedó incrustado cerca de la columna vertebral. En el parte veterinario, se indica una posible lesión medular.

“No hay ninguna garantía de que mejore con cirugía, así que la están tratando con inyecciones de corticoides e intentamos hacer rehabilitación en casa”. María Ángeles levanta las patas traseras de la gata y la lleva “como un carretillo”, para que ejercite las delanteras. Ella se encarga de lavarla cada vez que se hace pis o caca, porque ha perdido el control sobre sus deposiciones. “Es un dolor verla así, pero no queremos sacrificarla. Es posible que no esté afectada la columna vertebral y quizá mejore”, confía Javier. ‘Cuchi’ era una habilidosa cazadora que solía regresar a casa, orgullosa, con alguna minúscula presa. Ahora solo puede reptar.

La gata común cartujana ya recibió un disparo en noviembre y el mes pasado, el segundo. T. C.

Cuando Javier denunció el primer disparo, la Guardia Civil no llegó a presentarse en su casa. Esta vez, aunque se han tomado su tiempo, sí han acudido los agentes “y han realizado una inspección ocular, han examinado la trayectoria de disparo y han recogido un perdigón, igual a los que tiene ‘Cuchi’ dentro, en la puerta del garaje de un vecino en la que también impactaron”, explica Javier Santamaría. Él ya había recuperado munición que llevó al cuartel. Por la línea que siguieron los proyectiles y por la reincidencia, Javier cree que los disparos se realizaron desde uno de los chalés de su misma urbanización, La Concha, en el barrio Las Cuevas número 15 de La Concha de Villaescusa. La Guardia Civil investiga la autoría.

El vecino de Javier y María Ángeles que juega a francotirador desde su ventana o balcón ha incurrido en un delito contra animales domésticos recogido en el Código Penal. “El que por cualquier medio o procedimiento maltrate injustificadamente a un animal doméstico o amansado, causándole la muerte o lesiones que menoscaben gravemente su salud, será castigado con la pena de tres meses a un año de prisión e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales”. La ley no es muy dura con quienes arruinan la vida a los animales y nada va a compensar a ‘Cuchi’ y a sus dueños por el daño recibido, pero, si la Guardia Civil da con el de gatillo fácil, quizá la familia pueda recuperar los casi 600 euros que lleva gastados en veterinario y, sobre todo, evitará que haya nuevas víctimas.

 

9 de abril de 2014

La Guardia Civil localiza al autor del disparo que dejó paralítica a la gata

Es un menor, de 17 años, al que se ha retirado la escopeta y cuyos padres se han ofrecido a asumir los gastos de veterinario

La Guardia Civil de Astillero ha localizado al autor del perdigonazo que ha dejado paralítica a una gata doméstica de La Concha de Villaescusa. Se trata de un menor, de 17 años, que vive en uno de los chalés de la misma urbanización de las que son vecinos los propietarios del animal, Javier Santamaría y María Ángeles Laso. Tras las pesquisas de los agentes, ha aparecido la escopeta con la que se disparó contra ‘Cuchi’ en dos ocasiones, una en noviembre de 2013, y otra el pasado 19 de marzo. El primer perdigón, de grueso calibre, la dejó coja de una pata delantera y el segundo le ha dejado paralizada la mitad posterior del cuerpo.

Los dueños de la gata que ha quedado impedida afirman que los padres del chico que disparó se han puesto en contacto con ellos y se han ofrecido a correr con todos los gastos derivados de las lesiones de ‘Cuchi’, que ya se aproximan a los 600 euros. El menor acudirá a prestar declaración ante la Guardia Civil acompañado por sus familiares.

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Los animales valiosos no tienen precio
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Teresa Cobo | 05-04-2014 | 08:23| 0

 

‘Moja’ llegó a Cabárceno cedida por el Zoo de Praga a petición del EEP de gorila de llanura. Ha tenido una hija que será enviada a otro zoo al alcanzar la edad fértil. T. COBO

Los zoológicos ya no compran ni venden ejemplares, solo los intercambian de forma gratuita

Los programas europeos de cría de especies amenazadas deciden los traslados por criterios de sostenibilidad de las poblaciones cautivas

Rara es ya la ocasión en que un zoológico compra o vende un animal. Rige entre ellos un acuerdo tácito para intercambiar ejemplares sin compensación económica. Si el Parque de la Naturaleza de Cabárceno quiere una gorila o el Zoo de Santillana necesita una orangután, no tendrán que pagar por ellas. Pero, por tratarse de especies amenazadas, son los programas europeos de reproducción en cautividad conocidos por las siglas EEP los que gestionan esos envíos, los que siempre podrán disponer de esos individuos y los que decidirán cuándo y adónde trasladar a las crías que nazcan. Los animales no cuestan dinero, pero hay que abonar sus viajes, que resultan caros, porque requieren de vehículos especiales y de personal cualificado.

Los EEP o programas de cría de especies en peligro de extinción están coordinados por la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), de la que forman parte los de Santillana del Mar y Cabárceno, que pagan una cuota. «La EAZA es bastante estricta en cuanto a las características de sus integrantes. De los 40 zoos que son miembros de la AIZA (Asociación Ibérica de Zoos y Acuarios), apenas 10 están en la EAZA», advierte Santiago Borragán, coordinador de los servicios veterinarios de Cabárceno.

'Zola' llegó a Cabárceno desde el Zoo Givskud de Dinamarca y aquí ha tenido una cría, un macho, hijo de 'Sagán'. El pequeño tendrá que irse a otro parque cuando alcance la edad fértil. T. COBO

Los intercambios de fauna no siempre fueron gratuitos. Ha habido una toma de conciencia progresiva. La EAZA intervino «cuando las cosas se desmadraron. La competencia era feroz con los animales valiosos y no iban a parar al sitio donde estaban los cuidadores más experimentados y las instalaciones más adecuadas. Si un millonario quería montar un zoo particular, los mejores animales acababan allí y eso era una desgracia para las especies en peligro de extinción», asevera Borragán. La EAZA acordó que los ejemplares que estaban dentro de EEP fueran cedidos a esos programas y que ellos gestionasen los traslados sin dinero de por medio.

Cuando Cabárceno se planteó por primera vez traer gorilas, Cantur localizó un grupo de machos en un zoo británico que pedía tres millones de euros. Descartada esa compra, se gestionó conseguir una pareja a través del EEP de gorila de llanura. El proceso culminó con la llegada de ‘Nicky’ y ‘Nadia’ en 2007, cedidos por el Zoo de Madrid. Para acogerlos fue necesario construir en tiempo récord un recinto con criterios de calidad supervisados por el EEP, en el que hoy viven seis primates. «Ningún zoológico tiene a los gorilas en las condiciones en que están aquí», asegura el veterinario, con independencia de que la obra sea objeto de litigio en los tribunales por haberse acometido sin licencia municipal.

Las tigresas blancas del Zoo de Santillana del Mar, 'Agra' y 'Pandora', traídas desde Francia. T. COBO

Incluso con los animales que están fuera de los EEP, «los intercambios se realizan sin compensación monetaria», explica Andrea González, conservadora del Zoo de Santillana. Funciona la filosofía del hoy por ti y mañana por mí. Una de las necesidades más acuciantes de los zoos suele ser «colocar los excedentes», aclara la bióloga. Si las crías de una especie crecen, se generan conflictos de convivencia entre machos y, sobre todo, problemas de espacio. «Hay que sacarlas sí o sí» y es preciso encontrar un centro receptor al que le vengan bien esos ejemplares.

La primera cebra de Grévy nacida en España, con su madre, 'Nairobi', en uno de los establos de Cabárceno. T. COBO

Espacio y consanguinidad

«El espacio es el factor más determinante para los traslados, pero ese problema no existe en Cabárceno. En una institución normal, si las cebras Grévy paren, tienen que deshacerse de animales. Nosotros, en cambio, podemos organizarlas en grupos porque hay mucho sitio», indica Borragán. El parque ya separó a una manada de hembras solteras de esta especie, la más amenazada entre las cebras, de otro núcleo reproductor con un macho y dos hembras.

El pasado agosto nació en Cabárceno la primera cría de Grévy de España y, pese a que podría convivir con las solteras cuando crezca, lo más probable es que tenga que irse a otro zoológico. «Cuando interviene el EEP, es soberano y sus recomendaciones son de obligado cumplimiento», afirma Borragán. Las dos crías de gorila de Cabárceno y la de rinoceronte blanco tampoco se quedarán cuando alcancen la edad fértil. La sostenibilidad de la población cautiva es el otro factor de peso para los traslados. Hay que evitar cópulas entre parientes que acarrearían problemas de consanguinidad en su descendencia y buscar los cruces más convenientes para mantener la calidad genética. Las decisiones las toman el coordinador del EEP de cada especie y el comité de expertos que le asesora.

La orangután de Sumatra ‘Tuah’ y su hijo ‘Dahulu’ llegaron al Zoo de Santillana cedidos por el de Zúrich. Ella venía preñada y aquí parió a su hija ‘Nuba’ (en la foto). T. COBO

Reintroducción en libertad

Andrea González señala que mantener una población estable y sana en cautividad persigue el fin último de que en el futuro «pueda servir para recuperar la especie» en libertad, y pone dos ejemplos de reintroducción exitosa: el bisonte europeo y el caballo de Przewalski. De bisonte «quedaban poquísimos ejemplares en una reserva en Polonia y hoy están en cinco reservas naturales». El caballo salvaje mongol «se dio por extinto, pero se reintrodujo en su país de origen y hoy hay una gran presencia».

El Zoo de Santillana participa en 27 EEP, entre otros, los de bisonte europeo, caballo de Przewalski, orangután de Sumatra (acoge la única familia de España, de seis miembros), león asiático, leopardo de Sri Lanka, pantera de las nieves o visón europeo. Un buen número de sus programas de cría es de lemures, titíes y otros pequeños primates. Cabárceno desarrolla 15 EEP, entre los que destacan los de elefante africano (un referente en Europa), rinoceronte blanco, gorila de llanura, cebra Grévy o asno somalí. «Nuestros recintos son muy extensos y tenemos que traer animales de cierto porte para que disfruten de ese terreno y para que la gente pueda verlos», indica Borragán.

La leona asiática 'Asha' llegó de Chester para formar pareja con 'Lord', el macho de esta especie que tiene el Zoo de Santillana y que fue traído desde Polonia. T. COBO

Pese a que los animales son cedidos de forma gratuita, es preciso costear su envío. Todos los gastos deben correr a cargo del zoo de destino, pero a veces se reparten.

Cuando la orangután de Sumatra ‘Tuah’ y su hijo ‘Dahulu’ llegaron a Cantabria en 2010, el Zoo de Zúrich asumió el coste de los controles sanitarios, las analíticas y los trámites burocráticos, y el Zoo de Santillana pagó el traslado y la estancia del cuidador que vino con los dos primates. Lo habitual es que estos animales viajen con una persona que les resulta familiar para reducir el estrés en tránsito y para ayudarles a aclimatarse los primeros días. «El idioma, por ejemplo, es muy importante. Entienden palabras y para ellos es un choque oír hablar en otra lengua», explica Andrea González.

‘Tuah’ venía preñada y parió a su hija ‘Nuba’ en Santillana. El Zoo tenía un macho de orangután, ‘Budi’, con dos hijas: ‘Victoria’ y ‘Juliana’, criadas a biberón porque su madre no supo amamantarlas en su día. El nuevo objetivo del EEP es triple: que ‘Juliana’ y ‘Victoria’ aprendan a ser madres al observar a ‘Tuah’; que ambas formen un núcleo reproductor con ‘Dahulu’; y que ‘Budi’ y ‘Tuah’ convivan, aparte, como pareja.

En 2012 Cabárceno buscaba un nuevo macho de hipopótamo y se encontró con que el Zoo de Colonia tenía «la necesidad imperiosa» de sacar a ‘Kavango’ de allí por falta de espacio. El centro de origen se ofreció a organizar y pagar el transporte. Por razones muy distintas, el traslado de la gorila ‘Moja’ desde Praga en 2011 salió gratis. En la República Checa no tenían ninguna prisa por deshacerse de ella. Fue el primer gorila nacido en aquel país, donde goza de enorme popularidad. Alcanzada la madurez sexual, el EEP decidió mandarla a Cabárceno, y los checos fletaron un avión completo en el que, además de ‘Moja’, viajaron el director del Zoo de Praga, un veterinario, un cuidador, un conservador, una relaciones públicas y más de una decena de periodistas.

Elefante transportado por Tusker Trans.

Transportar a los más grandes de la tierra

Manolo López, veterinario y ex director técnico del Zoo de Madrid y de Terra Natura de Benidorm, gestiona dos compañías de transporte de fauna salvaje: Tusker Trans, dedicada en exclusiva a elefantes, y Zoo Trans, para el resto de especies. Trabaja para zoos de toda España, incluidos los de Santillana y Cabárceno. El último ejemplar que han traído, desde Suecia, es un elefante de más de 7.000 kilos para el que se utilizó un contenedor de diseño específico que pesa siete toneladas. Los vehículos están climatizados y en la cabina hay un termómetro que indica la temperatura del interior del remolque y pantallas que permiten observar al animal que va dentro por un circuito cerrado de televisión.

Las jirafas, que viajan sueltas, son una de las especies de más difícil manejo. Sus remolques miden cuatro metros de alto y el techo puede elevarse hasta los cinco con un sistema hidráulico. Son animales sensibles al frío y, con sus largas patas, están muy expuestos a lesiones y caídas. «Es fundamental que las personas a cargo de la expedición tengan gran experiencia y sean muy precavidas con los preparativos y con la conducción. Hay que tener mucho cuidado con las arrancadas, las frenadas y las curvas», subraya el transportista y veterinario.

Joven jirafa, en uno de los remolques utilizados por Zoo Trans.

Aunque «por ley no hay obligación de que viaje un veterinario en estos transportes, nosotros casi siempre lo incluimos, porque da más seguridad y confianza a los zoos», afirma López. Por su tamaño y peso, «los animales más complicados de mover son los elefantes, jirafas, rinos, hipos, etc., pero hay otros que pueden ser también muy delicados, como los grandes primates». Para evitarles el estrés, «en muchas ocasiones utilizamos tranquilizantes, neurolépticos y otras drogas».

El transporte de elefantes es el más caro, porque requiere de camiones especiales. El coste es de 3 o 4 euros por kilómetro, variable en función de si hay que coger ferris, pagar peajes o llevar el contenedor al zoo días antes, con el fin de que el paquidermo sea entrenado para entrar y salir. El resto de tarifas oscila entre 0,8 y 1,8 euros por kilómetro. Con relativa frecuencia, según Manolo López, se aprovechan los viajes combinados de ida y vuelta para recoger y entregar diferentes especímenes, y los gastos se repartan entre varios zoos.

 

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Visita con derecho a roce
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Teresa Cobo | 23-03-2014 | 12:53| 0


La ruta salvaje por Cabárceno resulta cara, pero hay sensaciones que no tienen precio

Acariciar a un rinoceronte, desplazarse entre ochenta osos, dar de comer a las jirafas o recoger una rapaz en vuelo no ocurre todos los días

Cabárceno ofrece la posibilidad de visitar a sus animales más impresionantes de una manera privilegiada: con derecho a roce. Cierto que la ruta “salvaje” resulta cara y no está al alcance de las masas, pero hay sensaciones que no tienen precio y, si se les pone alguno, siempre es alto, por el bien de los individuos a los que resulta tan emocionante conocer de cerca. Acariciar la piel de Sagán, un rinoceronte blanco de 3.000 kilos de peso; dar de comer a jirafas de cinco metros de altura sin valla de por medio; tocar la trompa de la elefanta Cristina, criada a biberón tras ser rechazada por su madre; recoger en tu puño a un águila en vuelo; observar a un oso de 400 kilos a un palmo de distancia desde un todoterreno. Sobran alicientes, aunque a veces falte el dinero.

La Visita Salvaje al Parque de la Naturaleza de Cabárceno, que dura cinco horas, está reservada a un mínimo de dos personas y un máximo de cuatro. El precio por cabeza es de 200 euros si se trata de una pareja, de 180 euros para un grupo de tres y de 160 si los integrantes son cuatro. Incluye la comida, un diploma acreditativo de la contribución a la conservación de la naturaleza y un guía que acompaña a los aventureros en todo momento, salvo en el almuerzo.

Los cuidadores de los animales que forman parte de la Visita Salvaje reciben a quienes la han contratado como si fuera la primera vez que explican lo que tantas veces les han preguntado. Velan por el bienestar de la fauna que está a su cargo y están muy pendientes de que el ejemplar exhibido no se estrese. Esta forma especial de visitar el parque depara oportunidades como meter la mano en la ingle de Sagán, el imponente macho de la manada de rinocerontes blancos, y descubrir lo suave y cálida que es su piel en esta zona, tan diferente a su áspero y rugoso lomo. La aproximación es posible durante la sesión diaria de entrenamiento clínico con el animal, que también se programa con elefantes, hipopótamos y otras especies. Son ejercicios repetidos e imprescindibles para que, en caso de necesidad, estos paquidermos puedan ser atendidos de una lesión, una enfermedad o para extraerles sangre y realizar analíticas. Es en la oreja donde afloran mejor las venas para tomar muestras.

Sagán, un macho de más de 3.000 kilos de peso, tolera que le acaricies cuando está tranquilo. Si le das alfalfa, puedes dejar que sus morros blandos te engullan la mano sin peligro alguno. Quizás impresiona un poco la fuerza con la que te apresa los dedos, inherente a su tamaño, pero sus muelas están lejos, al fondo, y tu extremidad sale ilesa de tan singular vivencia. También el hijo de Sagán, una cría de apenas seis meses, se deja tocar, vigilado de cerca por su madre.

Comer de la mano

A Cristina le encantan las manzanas, y para ella es como para ti comer pipas. Las liquida una tras otra antes de que le dé tiempo a pestañear. Es un lujo proporcionárselas mientras aprovechas para frotar su trompa. Esta elefanta de siete años acepta muy bien la presencia humana, porque su madre no supo cuidarla y tuvo que ser criada a biberón. El resto de la manada, de 15 miembros, dos de ellos crías nacidas en el parque, pasta cerca.

Una buena bolsa de zanahorias es el mejor reclamo para conseguir que las jirafas de Cabárceno se acerquen a un promontorio desde el que se les da de comer con facilidad, porque apenas tienen que inclinar sus cuellos para que sus cabezas, por lo común a cinco metros del suelo, queden a la altura de las manos que les brindan este alimento tan codiciado por ellas. Palparles el hocico con delicadeza mientras te arrebatan la jugosa hortaliza con su larga lengua es un motivo más de disfrute del itinerario ‘salvaje’.

La entrada en el recinto de los osos, el más grande del parque con más de 35 hectáreas, es todo un espectáculo. Alrededor de 80 plantígrados conviven en este terreno y, en cuanto ven la camioneta de reparto de la comida, la mayoría se aproxima, por lo que pronto te ves rodeado de individuos de todos los tamaños y de todas las gamas del color pardo. Hay ejemplares muy voluminosos, que rondan los 400 kilos de peso, y, en primavera, asoman los cachorros que acaban de abandonar las oseras con sus madres.

Además de observar al resto de los animales del parque, como la familia de gorilas de llanura, incluidas las dos crías del grupo, la Visita Salvaje ofrece también contacto directo con las rapaces, extraordinarias aves entrenadas para participar en la exhibición de vuelo y tácticas de caza, una de las mejores de Europa. Tener en la mano o recoger en vuelo a un búho real siberiano, a un águila real, un águila calva o un águila escudada es una sensación muy grata, que implica muchas horas de dedicación y altas dosis de paciencia por parte de los halconeros.

 

 

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Pasión de madre las 24 horas
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Teresa Cobo | 14-03-2014 | 21:07| 2

Chelewa abraza a su hijo, de cuatro meses. T. COBO

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 Después del parto, las gorilas viven durante meses con las crías pegadas a su cuerpo

Las dos madres de Cabárceno son jóvenes y juguetonas, lo que garantiza la estimulación precoz de sus hijos

La entrega con la que las madres gorilas cuidan de sus hijos fascina no solo a quienes observan esa relación por primera vez, sino también a las personas que, por motivos de trabajo o por pura afición, están acostumbradas a ver esos vínculos. Ninguna madre humana soportaría ese apego de 24 horas al día que necesitan estas crías para sobrevivir. Moja y Chelewa, las dos gorilas jóvenes del grupo de primates del Parque de la Natruraleza de Cabárceno, tienen sendos bebés y de su contemplación se aprende, entre otras muchas cosas, que el carácter de la madre determinará en gran medida la forma de ser de su prole.

Los gorilas de llanura de Cabárceno tienen fieles seguidores que acuden cada semana a observarlos, fotografiarlos y grabarlos. Uno de los habituales del recinto es Manolo Gutiérrez, fundador de la página web ‘Amigos de los Gorilas’, que tiene casi 1.400 seguidores, y experto en terapia con animales. Quizá lo que más le llama la atención es “esa dedicación constante de las gorilas con sus crías que sería imposible para una mujer, porque no lo aguantaría, aunque hay etnias en las que las vemos con sus bebés sujetos a su cuerpo por un trapo anudado incluso cuando están cavando la tierra. Pero quizá a las gorilas la naturaleza las ha preparado para ello, ya que, si no tuvieran esa dedicación permanente, las crías no saldrían adelante. Son muy vulnerables, por eso en la vida salvaje la mortalidad es tan alta”, señala este ingeniero.

La hija de Moja, que aún no ha sido bautizada, es igual que su madre: curiosa, juguetona, osada, incansable. Mini-Moja (de algún provisional modo hay que llamarla) tiene once meses y una gran vocación de independencia. El hijo de Chelewa (Mini-Nicky hasta nueva orden) solo tiene cuatro meses, por lo que aún es pronto para hablar de sus cualidades. Pero su desarrollo no es tan rápido como el de su hermana de padre, porque Chelewa es muy protectora y lo ata en corto.

Chelewa, a la izquierda y Moja, descansan juntas con sus respectivos hijos. T. COBO

Las dos madres de la manada son muy jóvenes. Moja ha cumplido 9 años y Chelewa, 8. Moja procede del Zoo de Praga, donde vivía con sus padres y sus hermanos. Allí era una gorila mimada y famosa, ya que fue el primer ejemplar de la especie nacido en la República Checa. Es alegre y traviesa. Chelewa llegó del Zoo de Basilea con su madre, que falleció meses después por una enfermedad parasitaria contraída en Suiza. Chelewa, que tenía 4 años, pasó un primer duelo. El segundo lo afrontó con 6 años, cuando perdió a su cría, el primer bebé gorila que nacía en Cabárceno. Once días después del parto, Chelewa perdió el equilibrio y en la caída aplastó a su hija. Los cuidadores tardaron horas en poder apartarla del cadáver. Se aferraba a su bebé muerto y trataba de reanimarlo. Un año después, cuando nació la hija de Moja, la miraba nostálgica, hasta que, pasados siete meses, ella también dio a luz y afrontó su maternidad con entusiasmo y con un celo extremo. Chelewa es más prudente y pacífica que Moja, pero ambas son muy juguetonas.

La juventud de las madres ha implicado una estimulación precoz de los hijos. “Están todo el rato jugando con sus bebés como si fueran otros gorilas, lo que hace que las crías se estimulen más y aprendan más rápido. Moja, para que su hija empezara a andar, la dejaba en un sitio y se alejaba unos metros para obligarla a ir hacia ella. Sabía que iba a seguirla y así la enseñó. Comenzó a andar muy pronto”, explica Lucía Gandarillas, capataz de los cuidadores de gorilas en el argot minero heredado de la anterior actividad de Cabárceno.

Moja, sesteante, limpia la nariz a su hija, de once meses. T. COBO

Miradas que hablan

Es muy bonito ver cómo las crías, desde muy pequeñas, abren los ojos como platos y buscan la mirada de sus madres. “Eso es porque las miradas, para los gorilas, son palabras. Tiene un lenguaje muy visual y gestual. Los gorilas son animales culturales, como los humanos. Lo aprenden todo de la madre, por eso la miran constantemente. Ante cualquier situación, la observan para ver cómo reacciona y para reaccionar igual que ella”, aclara la cuidadora y bióloga.

Desde el punto de vista genético, Mini-Moja y Mini-Nicky tienen un gran valor, ya que son hijos del último macho procedente de la vida salvaje en África que vive en cautividad, después de haber sido víctima del contrabando cuando era un bebé. Son los machos los que transmiten con mayor rapidez los genes, de manera que la contribución de Nicky, un hermoso ‘espalda plateada’ de 27 años, a la diversificación y rejuvenecimiento del ADN de la población cautiva es muy importante. El gorila de llanura es una especie en riesgo crítico de extinción, por lo que el programa europeo de reproducción en cautividad ha seguido con expectación los nacimientos en Cabárceno.

Cuando las crías cumplan 6, 8, a lo sumo 10 años, deberán irse a otros centros zoológicos, como les ocurrió a Moja y a Chelewa, para evitar problemas de consanguinidad y poder formar nuevos núcleos familiares. Hasta entonces, el público podrá disfrutar de ellos en Cabárceno, donde disponen de unas instalaciones cuya calidad ha sido elogiada por expertos de toda Europa, al margen de la controversia política por las posibles irregularidades urbanísticas y contractuales cometidas durante su construcción. Los gorilas pueden elegir entre el confortable recinto interior y un amplio jardín exterior, al que la única que no sale es la sexta integrante del grupo, Nadia, de 33 años, que llegó del Zoo de Madrid con Nicky y sufre de agorafobia o terror a los espacios abiertos.

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‘Aragón’, lesionado
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Teresa Cobo | 10-03-2014 | 14:29| 1


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Cojea de una pata trasera, pero, de momento, no será necesario sacarlo del recinto de los osos

‘Aragón’ está apurado. Apenas se mueve. Cuando camina, lo hace a tres patas y mantiene una de ellas, la trasera izquierda, encogida y en el aire. Ha debido de lesionarse en alguna pelea o durante una huida. Se tumba en la pradera de los osos. A su alrededor hay ejemplares enormes, auténticos mastodontes de pelo oscuro y tupido que han vuelto a la explanada después de la hibernación. Cuando pasan cerca de él, ‘Aragón’ no echa a correr, y seguro que ganas no le faltan. Tiene fuertes molestias en la pata. ‘Nuri’ se queda al lado de su amigo. Son colegas y vuelven a estar juntos.

'Aragón' avanza con la pata trasera izquierda en el aire. Está lesionado. T. COBO

El estado de ‘Aragón’ parece preocupante. Es sábado. El equipo de guardia acude al recinto de los osos para averiguar qué le ocurre. Dos cuidadores entran con la camioneta de la comida, respaldados por un vigilante. Al ver el vehículo de reparto, los plantígrados se alteran, como siempre. Son animales voraces. Es preciso proporcionarles alimento antes de llegar hasta ‘Aragón’, el único que permanece rezagado y al margen del tumulto. El coche de asistencia se dirige hacia el lesionado, que, con la tensión del momento y con la pitanza de por medio, espabila y se aguanta los dolores. Comienza a apoyar en el suelo la pata dañada e incluso corretea para apartarse de sus congéneres.

Cuando la colonia de osos se tranquiliza y se forman los habituales corrillos en torno al pan que queda sobre el terreno, la camioneta se aproxima a ‘Aragón’. Ahora que los competidores están distraídos, los cuidadores le facilitan comida individualizada. Se hace con ella encantado. Le viene muy bien porque ha adelgazado. ‘Nuri’ también ha pillado cacho. Es muy avispada. No parece que la lesión de ‘Aragón’ sea tan grave y tampoco le impide defenderse. Los cuidadores comunican sus observaciones al equipo veterinario, que decide mantener bajo vigilancia a ‘Aragón’ y medicarle con la aplicación en los alimentos de antiinflamatorio y antibiótico. Parece suficiente. Si no lo fuera, lo dormirían con dardo anestésico y lo sacarían del recinto para examinar y curar la pata.

'Nuri', cariñosa con su amigo el cojo. Hoy está solidaria con 'Aragón'. T. COBO

El domingo ‘Aragón’ se encuentra mejor. Aunque aún se resiente algo de la pata, la posa y camina sin muestras de dolor. Da gusto ver lo rápido que aprende. Se incorporó al área de los osos el pasado 15 de noviembre. Ya hay semejantes que lo respetan y algunos incluso lo temen. Cada vez se acerca más a los grandes, lo justo y necesario, y anda más listo para hacerse con la comida, al margen de que ahora tenga ‘enchufe’ por estar convaleciente. Cuando se acaba el reparto de carne y fruta y quedan las barras de pan sobre el terreno, hace como otros: arrambla con todas las que le caben entre las fauces y sale de allí por patas, aunque una todavía le moleste.

'Aragón' se aparta con un buen manojo de barras de pan en la boca. T. COBO

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Llueven crías de foca en Cantabria
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Teresa Cobo | 17-03-2014 | 11:52| 0

 

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Seis de estos mamíferos han llegado exhaustos y desnutridos en apenas tres semanas, arrastrados por los temporales

La reciente sucesión de temporales ha convertido a Cantabria en territorio de focas. A lo largo de un año suelen acabar en el litoral entre uno y tres ejemplares que se pierden o se despistan en sus migraciones. Este mes han aparecido seis de golpe, todas crías destetadas que han llegado exhaustas y desnutridas y han necesitado asistencia. Las culpables de esta excepcional afluencia han sido Okka, Petra, Qmaira, Ruth, Stephanie, Tini y Ulla, que, aunque secuestren mamíferos marinos y causen cuantiosos daños materiales, no son una banda europea de vándalas, sino la cadena de borrascas que han castigado la costa cantábrica en febrero.

Cinco de las foquitas grises que han venido arrastradas por las marejadas han ingresado en el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Cantabria (CRFSC), dependiente de la Dirección General de Montes, donde ya solo quedan dos, tras la devolución al mar de las otras tres. Quizá una de ellas sea la que se dejó ver el viernes por la Segunda de El Sardinero.

En el hospital de animales del CRFSC, ubicado en Cabárceno, han tenido alojadas a cuatro de estas focas a la vez, una situación insólita que ha obligado a desdoblarse al personal. Uno de los pequeños mamíferos marinos, también liberado esta semana, ha estado a cargo del Museo Marítimo de Santander. Y hay un séptimo al que trajo la mar en enero que ronda todavía por las playas de Santoña, ya que, por su buen estado, no ha requerido internamiento y se ha alimentado de mules y otros peces por su cuenta. El mes pasado también recaló otra cría por Liencres.

Manena Fayos, veterinaria del CRFSC, señala que los animales atendidos en el hospital son crías de foca gris de entre uno y tres meses de vida, que se han independizado de sus madres. Proceden del Golfo de Vizcaya, de colonias asentadas en el sur de Inglaterra y en Francia. «En esta especie el destete es drástico. Con tres semanas, quedan solas y tienen que buscarse la vida. Intentan aprenden a pescar. Son muy exploradoras, y a veces se pierden en sus rutas migratorias, sobre todo si son crías inexpertas a las que sorprende el oleaje».

Una de las dos crías de foca gris que siguen en el Centro de Recuperación de Fauna. T. COBO

Peso  de recién nacidas

Las pequeñas focas han llegado muy delgadas. La veterinaria explica que es normal una merma de peso después de que la madre deje de amamantarlas, pero no tan radical. «Cuando se destetan, las crías han alcanzado los 45 o 50 kilos, y aquí las hemos recogido con 10 o 19 kilos, casi el peso de recién nacidas». En el Centro de Recuperación tienen que alimentarlas con sonda durante la primera semana en la que solo les dan papilla de pescado y vitaminas especiales. Cuando están algo más fuertes, comen pescado sólido, y los últimos días antes de la suelta les facilitan peces vivos para que se acostumbren.

El personal que atiende a estos simpáticos e inteligentes animales pone mucho esmero en que no se humanicen y en que no identifiquen a las personas con una fuente de comida. «Solo tenemos contacto directo en la semana de papillas, porque es imprescindible manipularlas, pero hay que meterles la sonda y no se llevan buen recuerdo de ti», aclara Manena Fayos.

La veterinaria advierte de que las focas que se acercan a las playas «a veces solo necesitan dormir y descansar porque están agotadas». Estos mamíferos pasan gran parte de su vida en tierra. A menudo la gente relaciona esa imagen de la foca sobre la arena con la de los cetáceos que quedan varados y se empeña en devolverla al agua, lo que la obliga a nadar de nuevo hasta la orilla. Esta operación de equivocado rescate es reiterada y, lejos de un favor, es una faena para el pobre animal, porque lo debilita aún más.

Aunque las crías de foca «son como cachorros de perro, con un carácter y un cerebro parecidos», tienen unos respetables colmillos y, si se sienten amenazadas, se tiran a morder, por lo que no es recomendable molestarlas. Es muy perjudicial para ellas recibir comida de la mano humana, ya que, si se vuelven dependientes de las personas o tienden a buscarlas para alimentarse, pierden la autonomía necesaria para sobrevivir.

Dos de los pequeños mamíferos marinos ingresados este mes en el hospital de animales. CRFSC

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