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Trenes que no vuelven a pasar
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victoriocalero | 22-01-2013 | 10:17

Jugar el partido de tu vida. O mejor dicho, los dos primeros sets y medio de más nivel de tu carrera -hasta el 5-4 de la tercera manga concretamente-. Y palmar. Así se podría simplificar el partido de Nico Almagro ante David Ferrer en los cuartos de final del Open de Australia. Pero sería muy simplista contar solamente eso. Habría que decir que Almagro jugó a la perfección la mitad del partido, demostrando que tiene madera para ser como mínimo ‘Top ten’.  Tampoco deberíamos olvidar que redujo a Ferrer durante ese tiempo. Lo hizo vulnerable y desplegó un tenis excelso, agresivo y vistoso. Vamos, lo que uno quiere ver en una pista de tenis.

Es más, sería bueno explicar que ese gran nivel le llevó a una situación que difícilmente se volverá a repetir en su carrera: sacar para meterse por primera vez en unas semifinales de un ‘Grand Slam’. Eso lo vivió en tres ocasiones. Su revés fluía como nunca – tiene la fortuna de que además de efectivo, es estéticamente perfecto-.  Y sonaban tambores de guerra mientras el murciano levitaba sobre la pista y Ferrer se mostraba frágil.

Jugar el partido de tu vida. O mejor dicho, los dos primeros sets y medio de más nivel de tu carrera -hasta el 5-4 de la tercera manga concretamente-. Y palmar. Así se podría simplificar el partido de Nico Almagro ante David Ferrer en los cuartos de final del Open de Australia. Pero sería muy simplista contar solamente eso. Habría que decir que Almagro jugó a la perfección la mitad del partido, demostrando que tiene madera para ser como mínimo ‘Top ten’.  Tampoco deberíamos olvidar que redujo a Ferrer durante ese tiempo. Lo hizo vulnerable y desplegó un tenis excelso, agresivo y vistoso. Vamos, lo que uno quiere ver en una pista de tenis.

Es más, sería bueno explicar que ese gran nivel le llevó a una situación que difícilmente se volverá a repetir en su carrera: sacar para meterse por primera vez en unas semifinales de un ‘Grand Slam’. Eso lo vivió en tres ocasiones. Su revés fluía como nunca – tiene la fortuna de que además de efectivo, es estéticamente perfecto-.  Y sonaban tambores de guerra mientras el murciano levitaba sobre la pista y Ferrer se mostraba frágil.

Pero  cuando había que dar el último paso, cuando tuvo que cruzar la línea que separa un buen partido de una gesta, no rindió como se esperaba. Hay muchos eufemismos para explicarlo: le tembló la mano, se le hizo la pista pequeñita, se empequeñeció, Ferrer fue demasiado para Almagro, apareció el duendecito que te agarrota el brazo… Hay muchos más. Elija el que prefiera. El caso es que no cerró el partido y lo acabó pagando.

Desaprovechó una oportunidad de oro para seguir creciendo. No significa que llegar a cuartos de final del primer Grande del año sea un fracaso. Pero de un buen resultado habría pasado a una hazaña difícilmente repetible. Se habría metido entre los cuatro mejores en un ‘Grand Slam’, algo que cuando regrese Nadal a las pistas será una utopía. Ferrer es mucho Ferrer. Sin embargo,  Almagro perdió uno de esos trenes que no vuelven a pasar.

Pero  cuando había que dar el último paso, cuando tuvo que cruzar la línea que separa un buen partido de una gesta, no rindió como se esperaba. Hay muchos eufemismos para explicarlo: le tembló la mano, se le hizo la pista pequeñita, se empequeñeció, Ferrer fue demasiado para Almagro, apareció el duendecito que te agarrota el brazo… Hay muchos más. Elija el que prefiera. El caso es que no cerró el partido y lo acabó pagando.

Desaprovechó una oportunidad de oro para seguir creciendo. No significa que llegar a cuartos de final del primer Grande del año sea un fracaso. Pero de un buen resultado habría pasado a una hazaña difícilmente repetible. Se habría metido entre los cuatro mejores en un ‘Grand Slam’, algo que cuando regrese Nadal a las pistas será una utopía. Ferrer es mucho Ferrer. Sin embargo,  Almagro perdió uno de esos trenes que no vuelven a pasar.