img
La vida sigue igual
img
victoriocalero | 15-10-2012 | 07:11

Habrá gente, quizá los más mayores, que relacionen este titular con Julio Iglesias y su eterno ‘siempre hay por quien vivir y a quien amar’. Otros más pesimistas verán en él una descripción de la caótica situación económica del país que parece no mejorar nunca. En cambio, los que pertenecemos a esa pequeña (cada vez mayor) burbuja de amantes del tenis, vemos que, tras una semana en la que parecía que Nishikori y Raonic inyectaban un soplo de aire fresco al circuito, los cuatro primeros cabezas de serie han vuelto a jugar las semifinales del Masters 1.000 de Shangai, título de que se llevó el serbio.

Es decir, más de lo mismo. No es una crítica, es una simple reflexión. Porque una vez más, y ya van unas cuantas, desaparecieron las sorpresas en un deporte que, especialmente en las citas importantes, es Novak Dkokovic, Roger Federer, Andy Murray y Rafael Nadal (cambie Nadal por Berdych, cuarto favorito en este torneo, y la ecuación sale). Sin desmerecer al resto, sin que esta dictadura de los grandes reste espectacularidad a un gran trofeo como el que se ha vivido en Shangai –se demostró en la final, uno de los mejores partidos de los últimos meses-, bien es cierto que de vez en cuando se echa de menos que aparezca algún ‘outsider’ del tipo Nalbandián, Safin, Baghdatis… Será cosa mía.

El caso es que Djokovic volvió a demostrar por enésima vez su capacidad de levantar situaciones imposibles. Un partido donde se plasmó que un punto, un simple momento, como sucedió en la final de la Copa Davis entre Del Potro y Nadal, pueden cambiar el rumbo de un partido. En esta ocasión, un ‘willy’, uno de esos chispazos de genialidad que aparecen con cuentagotas en el circuito, aupó al serbio y desestabilizó a Murray.

Así ganó Djokovic, tras levantar cinco bolas de partido, destrozar una raqueta contra el suelo y completar un hermoso choque. Así perdió Murray, después de dejarse remontar una vez más un choque que tenía ganado, mostrar el gran nivel que lleva desplegando desde Wimbledon y tras completar un partido precioso para los espectadores. Y así sigue el circuito, donde rara es la semana que no nos deja un gran duelo que guardar en la videoteca del tenis gracias a un grupo de tenistas que siguen haciendo las delicias de los que nos gusta este deporte –les echaremos de menos cuando se retiren-. Al menos, como dice el señor Iglesias, “al final las obras quedan, las gentes se van”.

 

PD: Este lunes, un tal Roger Federer, cumple 300 semanas como número uno del mundo. Casi nada.