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La madurez de un superclase
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victoriocalero | 21-08-2012 | 15:46

Calor, calor y más calor. Esto es España ahora mismo, o desde luego buena parte de ella. Esas altas temperaturas están azotando a los héroes que están ahora mismo jugando el Challenger del Espinar. Digo héroes porque estos tenistas se están batiendo en unas condiciones infernales en unos de los mejores torneos de esta categoría, vivero de grandes figuras del tenis mundial. Y apuesto lo que sea a que seguro que todos ellos firmarían con los ojos cerrados llegar a lograr lo que ha conseguido el protagonista de este texto: Nico Almagro, que cumple hoy 21 de agosto 27 años.

Aquel joven que había sido campeón de España en categoría infantil y cadete irrumpió en el panorama tenístico internacional en el 2006. Gracias al Abierto de la Comunidad Valenciana, cuando se jugaba sobre tierra batida y no sobre el majestuoso escenario de ahora (eso sí, estructura tipo la Caja Mágica: se utiliza 10 días al año), Almagro se hizo un hombre tenísticamente hablando. Y desde ese momento, el murciano ha evolucionado una barbaridad tanto a nivel técnico y, sobre todo, mental.

Atrás queda aquel tenista capaz delo mejor un día y de lo peor al siguiente. Aquel jugador que gritaba en exceso entre punto y punto, que se quejaba demasiado. Ahora la sensatez ha llegado su juego (también llamado madurez). Y a pesar de esa gran mejoría después de pasar por las manos de Antonio González (su entrenador de toda la vida), de Josep Perlas y de Samuel López, su actual técnico, soy de los que piensa que tiene potencial para estar aún más arriba.

Me explico. Si analizamos uno por uno sus golpes, nos encontramos que muchos de ellos están entre los mejores del mundo. Si empezamos por el cañón que tiene como servicio, aquí no hay ninguna duda. Temporada tras temporada, Nico termina en un puesto destacado en la lista de jugadores con más saques directos en el año. Pero es que si pasamos a la derecha tenemos uno de los golpes más demoledores del circuito. Habrá gente que piense que me he vuelto loco, pero la aceleración que imprime, la velocidad, la potencia y la efectividad de ese golpe, especialmente cuando tiene el día,  no tiene prácticamente parangón en el circuito.

Y luego está su revés. Hay pocos golpes más estéticos en el circuito. Es uno de esos movivimientos (y en general todo el tenis de Almagro) por el que merece pagar una entrada y deleitarse con el espectáculo. Por delante tiene el reto de hacer un buen US Open y demostrar que en pista dura también puede rendir a un gran nivel como en tierra batida. Si buscamos en la RAE la definición de ‘superclase’ nos encontramos lo siguiente: “Deportista de cualidades extraordinarias”. Vamos, lo que es Nicolás Almagro.