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¿Quién se comió la ballena?
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Aser Falagán | 16-04-2015 | 10:54

Una ballena ha aparecido esta madrugada, entre dos aguas, en la bahía de Santoña. El enorme cetáceo mide quince metros de largo y cuatro y medio de perímetro, y su peso es aproximadamente de 5.000 kilos. Se supone que fue herida por una mina o por una bomba de aviación, y que, sin fuerzas para nadar, fue arrastrada por las aguas hacia esta costa. Fue vista, desde la pequeña embarcación que tripulaban, por el muchacho de quince años Miguel Casal, y el pescador Octavio Valle, que se dirigieron al lugar donde estaba, consiguiendo rematarla y hacerla llegar a la playa”.

Así narraba El Diario Montañés en su edición del 20 de noviembre de 1943 la llegada a la costa de Santoña de la ballena más conocida de Cantabria, cuya fama supera más allá del muro, en concreto al norte del Escudo, la de Moby Dick. A partir de ahí nacen infinidad de leyendas, cada cual más disparatada y alguna de ellas con un poso de verdad, pero siempre con el mismo trasunto: ¿Quién se comió la ballena? para degenerar una historia real en leyenda urbana. Probablemente, en la más y mejor documentada de Cantabria.

La fabulación más extendida reconstruye incluso la llegada del animal. Según la tradición oral, la ballena quedó varada sin que mediara intervención humana. Sencillamente habría aparecido allí para morir víctima de su propio peso. Al final, una pequeña adaptación desvirtuada y poco reconocible; algo así como las versiones de Pitingo. Pero aquí es donde la trama se complica. De acuerdo con  el relato, a la mañana siguiente ya solo quedaban huesos, y el pique atávico entre las dos ciudades hizo el resto. Una de las expresiones más demoledoras es la que decía que “la ballena se la comieron los de Laredo, que son unos muertos de hambre”, que se contestaba al otro lado de la bahía con otra no menos contundente: “Los de Santoña, que son unos tiñosos, se hicieron peines con los huesos”.

Ni siquiera se ponen de acuerdo en las dos villas sobre la fecha de llegada del animalico, puesto que existe una versión que la sitúa en Santoña el 3 de noviembre de 1942, a pesar de que la prensa lo consigna el citado 30 de octubre de 1943, con lo que la ballena había sido atrapada el día 29.

Quizá para contribuir más a la confusión, otra versión asegura que no fueron ni unos ni otros, sino los presos del penal de El Dueso quienes dieron buena cuenta de la carne. Al parecer, y en colaboración con los propios vigilantes, habrían hecho una descubierta para despiezarla. En plena época del hambre, la historia podría resultar incluso creíble de no ser porque también eran los tiempos de la postguerra y la represión, lo que unido al hecho de que en la prisión cumplía condena un buen número de presos políticos y de guerra hace poco verosímil que se les permitiera salir de excursión gastronómica.

Todo obedece al histórico pique entre ambas ciudades, porque en realidad la carne fue subastada en lonja. Una parte fue adjudicada a conserveros santoñeses, un camión viajó a Laredo y otro, a Balmaseda. Sin embargo, la mayor parte se envió al acuartelamiento del Ejército en Burgos para alimentar a la tropa, mientras que el aceite se tuvo como destino Barcelona, donde se aprovechó para la industria cosmética.

En definitiva, preguntar quién se comió la ballena es como abrir la caja de Pandora. Para contribuir a la confusión, a respuesta no es sencilla, puesto que fueron todos y no fue ninguno. Pero lo mejor del asunto es que cada cual tiene su historia, y todas ellas con una pincelada de verdad para hacerla más verosímil.

Sobre el autor Aser Falagán
Aser Falagán (Santander, 1978). Tengo un papel que dice que soy periodista. Me lo dieron en la UPV-EHU. Redactor de El Diario Montañés y editor del magazine cultural Dartes. En 2013 publiqué ‘Cien anécdotas del Racing’. Aquí les presento la Cara B del periodismo, dedicada a leyendas urbanas, mitos contemporáneos e historias de la Cantabria más oculta. Aquello que pudo ocurrir. Que incluso mereció ocurrir. Pero que nunca ocurrió.