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Categoría: Serbia
Serbia golea en el cine con su Mundial

Las aventuras del equipo yugoslavo en el primer Mundial de la historia son el hilo conductor de ‘Montevideo, vidimo sei’, la película récord de taquilla en Serbia y que se acaba de expandir con gran éxito a los cines de Montenegro, Macedonia, Croacia y Eslovenia. Un hermoso relato de fútbol ataviado de connotaciones sociales y políticas de la época que cuenta, además, con participación española.

Los actores Petar Strugar y Milos Bikovic interpretan a Mosha Marjanovic y Tirke, las estrellas del equipo yugoslavo en el Mundial del 30.

El aficionado serbio no podrá disfrutar este verano con los goles de su selección en Brasil, pero al menos le queda el consuelo de estar pasándolo en grande con los que anotó hace 84 años su equipo nacional en el primer Mundial de la historia. La segunda parte de un largometraje basado en las peripecias vividas por el combinado yugoslavo que participó en Uruguay 1930, donde conquistó contra todo pronóstico la tercera plaza, está arrasando en las pantallas del país balcánico desde que fuera estrenada en el Sava Centar de Belgrado, el pasado 15 de enero.

‘Montevideo, vidimo sei’ (Nos vemos en Montevideo) ha conseguido en apenas siete semanas de cartelera llevar a más de 700.000 personas al cine, cifra que supera de largo a la primera entrega de esta saga, ‘Montevideo, Bog te video‘, la ópera prima del director Dragan Bjelogrlic que obtuvo un gran éxito hace cuatro años y que narraba los complicados prolegómenos del viaje a Sudamérica de la escuadra balcánica, así como los problemas del presidente de la FIFA, Jules Rimet, para conseguir la presencia de selecciones europeas en aquel experimento que acabaría siendo el evento deportivo más seguido en el mundo, después de los Juegos Olímpicos.

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Basada en la novela del periodista Vladimir Stankovic, esta nueva súperproducción de Intermedia Network rescata del baúl de los recuerdos durante 141 minutos la epopéyica aventura de un puñado de futbolistas serbios del período de entreguerras, protagonistas de una Copa del Mundo a la que Yugoslavia acudió sin sus mejores efectivos, de nacionalidad croata, pese a lo cual conseguiría batir a Brasil y Bolivia antes de caer en semifinales con la futura campeona, Uruguay. Los ecos de su éxito han comenzado a expandirse como un reguero de pólvora por suelo balcánico, triunfando ya plenamente en las salas de Montenegro, Macedonia, Croacia y Eslovenia.

Las anécdotas e historias mínimas se agolpan en una puesta en escena que ha respetado en buena medida la obra del autor. “Sólo catorce futbolistas partieron hacia Uruguay. Tres más, profesionales que jugaban en clubes franceses, se unieron a la expedición que completaron el seleccionador Simonovic, el secretario general de la Federación, Mihailo Andrejevic, quien sería durante más de medio siglo miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA, y el directivo Kosta Hadzi“, contó el escritor y periodista a Grada360.

Escena del equipo a su llegada a Montevideo.

Stankovic desvela algunos apuntes interesantes que ayudan a comprender mejor cuan distante estaba el balompié de aquellos tiempos con respecto al actual. “Aquel equipo estaba integrado sólo por jugadores serbios pertenecientes a tres clubes de Belgrado: El BSK (actualmente OFK), el Soko y el Jugoslavia. Éste último era el mejor de todos. El viaje en barco duró casi tres semanas y cuando llegaron a Montevideo los jugadores tenían sobrepeso. Fue muy duro recuperarlos, pero lograron derrotar primero a Brasil, luego a Bolivia, y ser el único equipo europeo en llegar a semifinales”.

Un partido, aquel, de infausto recuerdo para sus compatriotas. “Sufrimos un robo descarado frente a los anfitriones, aunque el 6-1 final indique otra cosa. Ganando 0-1 le anularon un gol legal a Yugoslavia. Ellos marcaron dos en fuera de juego y el tercero llegó gracias a una ‘asistencia’ de un policía que estaba detrás de la meta serbia, devolviendo rápido el balón a la cancha. Como protesta por lo ocurrido, el doctor Andrejevic se negó a que el equipo disputara el partido por el tercer puesto”.

Las referencias a la primera parte de la saga son constantes. Y es que es imposible no hacerlo. De hecho, el título del anterior film hace alusión al telegrama que llegó al hotel de concentración balcánica en Montevideo, el ‘Des Anglais’, poco antes de que el once de Simonovic se midiese a los anfitriones en el estadio Centenario. “Se trataba de un juego de palabras que contenía un error ortográfico intencionado para hacer una rima. En serbio sería “Jugoslavijo u Montevideu, Bog te video. Ugruvaj Urugvaj” -Yugoslavia, en Montevideo. Con la ayuda de Dios tumbaréis a Uruguay”, aclara Stankovic.

Pero el largometraje es, por encima de todo, un canto a aquel mítico equipo bautizado por los aficionados locales como los ‘Icici’, por mor de las terminaciones de sus apellidos. ‘Nos vemos en Montevideo’ rememora, al igual que el libro, las hazañas de un once legendario del que formaban parte alguno de los mejores futbolistas balcánicos de todos los tiempos.

El hilo argumental gira en torno a la figura de los cinco cracks de aquella selección. Por encima de todos, Blagoje Marjanovic. ‘Mosha’ fue un delantero centro de enorme talento que marcó 95 goles en Liga antes de la Segunda Guerra Mundial. Aleksandar Tirnanic, su socio en el BSK y el más joven de la selección, con 19 años. Excepcional atacante con una pegada endiablada, ‘Tirke’ sería más tarde seleccionador ‘plavi’ en los Juegos de Helsinki 1952.

Militin Ivkovic, ‘Milutinac’, era el lateral derecho y un auténtico atleta. Fue elegido en el once ideal del torneo. Pocos meses después del Mundial acabaría sus estudios de medicina. Ferviente militante de izquierdas y activista durante el conflicto bélico, murió fusilado por los nazis en 1943. La calle que sube hacia el estadio del Partizan lleva su nombre.

El portero, Milovan Jaksic, fue el otro serbio que entró en el once ideal de aquel Mundial. Frente a Brasil hizo el partido de su vida. La prensa local le bautizó como ‘El gran Milovan’. La afición uruguaya homenajearía sus asombrosas ‘voladas’ poniendo su nombre a una calle de Montevideo. Y por último el lateral izquierdo, Bosko Petrovic, quien aprovechó una gira por Francia de su club, el Jugoslavia, para cruzar los Pirineos y participar en la Guerra Civil Española como piloto voluntario en el bando republicano. Falleció en 1937 tras ser abatido su avión.

Por cierto, que la película, aunque de nacionalidad serbia, tiene un claro aroma español gracias a la participación de la actriz Elena Martínez, conocida por su participación en la serie televisiva ‘El Secreto de Puente Viejo’, y de la cantante Luz Casal, que pone voz a uno de los temas de la banda sonora del film, obra del grupo local Magnífico.

Formación yugoslava en el Mundial del 30 con Jaksic, Ivkovic, Mihailovic, Arsenijevic, Stefanovic, Djokic, Bek, Vujadinovic, Tirnanic, Marjanovic y Sekulic.

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CIRIC: “Guardiola volverá al Barça, es su destino”

Considerado uno de los mayores fiascos que han pisado el Camp Nou, DRAGAN CIRIC (Belgrado, 1974) se redime de la gran tragedia de su vida triunfando en el arte culinario. El ex volante del Barça regenta uno de los restaurantes más apreciados de la capital serbia en el que no faltan la paella, el jamón ibérico o la chistorra. ‘Ciro’ abrió las puertas de su templo gastronómico a Grada360 para charlar sobre fútbol, viandas y amigos. Ganó Pep. De calle.

Dragan Ciric posa sonriente en el interior de su restaurante de cocina española en el belgradense barrio de Zemun.

Dragan Ciric posa sonriente en el interior de su restaurante de cocina española en el belgradense barrio de Zemun. FOTOS: DAVID RUIZ

– ¿Por qué el nombre de Milagro a su restaurante?

No lo sé. Supongo que será por la influencia de mi vida en España, donde he vivido tanto tiempo. Muchos de los recuerdos de lo que pasé allí están aquí dentro. Es algo que he tenido que hacer porque la mentalidad y todo lo que he traído han sido cosas inolvidables para mí. He querido enseñar a la gente de mi país la buena vida que tenéis allí y vuestra mentalidad, que es muy parecida a la nuestra. Y por encima de todo la cocina española, que para mí es la mejor del mundo.

– ¿Fue ese descubrimiento una de las mejores cosas que le pasó en España?

Tenéis muchas cosas buenas en España, pero desde luego que la comida es de las mejores. A mí me encanta. Seguramente lo que más, junto con el deporte. Y desde hace unos pocos años me interesa todavía más, por eso he intentado transmitir a la gente la idea que tenéis allí, pero a nuestra manera.

– ¿Ha sido difícil lograr esa fusión de sabores hispano-serbios?

No demasiado porque tenemos una mentalidad parecida. El gusto es muy similar. Tanto a vosotros como a nosotros nos gustan las cosas buenas, así que la idea que propusimos encontró muy pronto aceptación de los clientes. De todos modos, en la carta hay mucha variedad. También hay cosas puramente serbias, pero yo a todo lo que hacemos lo denomino cocina mediterránea. Creo que todo el mundo la conoce porque es sencilla y natural, sobre todo.

– Casi seis años después de abrir las puertas, ¿está satisfecho de lo logrado hasta la fecha?                          

El balance siempre se hace al final de un proceso, pero si haces las cosas bien, acaba siendo positivo. Y eso es precisamente lo importante: hacerlo bien, sin ninguna presión. Si lo consigues, el éxito acaba llegando.

“Lo de Pep no me ha sorprendido. Y aún queda
por ver mucho de su talento. Es el más inteligente”

– ¿Ha contado con el asesoramiento de cocineros españoles?

Sí, claro. La gente viene de allí continuamente y nos ayuda bastante con sus ideas, consejos y trabajo en nuestra propia cocina. Luego hemos tenido que adaptarnos a los gustos de mis compatriotas, que ha sido casi lo más difícil por aquello de tener que adecuarnos a sus bolsillos a causa de la crisis, que aquí es una constante. Yo creo que vamos por el buen camino.

– Y es de suponer que este lugar se ha convertido en un punto de encuentro entre sus dos grandes pasiones: el fútbol y la comida.

Yo creo que el punto en común entre ambas es la intención o el deseo que uno tiene de ganar siempre. Como buen deportista, siempre he querido ganar. Si trabajas en algo quieres dar lo mejor, acabar siempre ganando, y eso es lo que busco en mi restaurante desde el primer día. Y al mismo tiempo disfrutar de lo que estoy haciendo.

– ¿En qué momento se planteó abrir Milagro? ¿Lo tenía en la cabeza cuando aún jugaba o fue tras colgar las botas?

En verdad, no he planeado nada. Ocurrió porque sí, sin plan alguno. Empecé porque era un mundo que me gustaba y todavía sigo aquí. Quiero decir que tal vez mañana cambie de dirección y me dedique a otras cosas, pero de momento esto me llena.

– Han pasado 8 años desde que se retiró y no ha tenido vinculación alguna con el fútbol. ¿Esa es una postura definitiva?

Es cierto que no he hecho nada dentro del fútbol. Al dejarlo me volqué en esto porque en verdad necesitaba cambiar. Estaba ya agobiado del fútbol y todo lo que le rodea, pero eso no quiere decir que en algún momento no vaya a volver a hacer lo que más amo e hice durante toda mi vida. Tengo planes en la cabeza relativos al fútbol, pero de momento me veo bien aquí.

“La diferencia entre el Barça actual y el de Pep es su 
toque personal. Nadie sabe manejar un grupo como él”

– Pero aun así, estará al tanto de lo que pasa en la Liga española y lo que hacen sus ex equipos, Valladolid y Barça.

Sí que lo sigo porque aquellas dos temporadas fueron la mejor época de mi vida. Además, estoy enamorado de Barcelona, una ciudad que adoro y donde lo pasé muy bien. Allí dejé buenos amigos que han vivido todos estos años maravillosos, como es el caso de Guardiola o Eusebio. Me alegro mucho por ellos.

– Usted que compartió tantas horas de vestuario con Guardiola, ¿podía imaginarse entonces que iba a llegar a ser uno de los técnicos más laureados de la historia?

Sí. Ya se veía que Pep iba a llegar lejos porque era el más inteligente. Tenía algo especial, sobre todo para seguir dentro del fútbol porque era quien mandaba dentro del campo. Es casi normal que haya seguido ese camino porque lo sabía todo del fútbol, así que a mí no me han sorprendido demasiado todos esos éxitos suyos. Pero me han alegrado mucho.

Ciric, en pugna por Roberto Carlos.

– ¿Tampoco le sorprende su capacidad para superar, año tras año, el más difícil todavía, como ahora trata de hacer en el Bayern?

No, no me sorprende de verdad porque Pep es capaz de sorprender a todos. Nunca sabes cuál es su límite. Y creo que va a seguir haciéndolo.

– ¿Puede alcanzar el nivel de juego y de éxitos con el Bayern que tuvo en Barcelona?

Creo que sí. Todavía queda por ver mucho de su conocimiento en el fútbol, de su talento y capacidad para innovar. Está siempre por delante de todos los demás. Es un genio.

– ¿Qué opinión tiene del Barça del Tata Martino?

Es muy similar al de Pep, pero le falta su toque. Ese talento que tiene Guardiola para llevar el grupo, que no tiene nadie más.

“¿Por qué fracasé allí? es la gran pregunta
de mi vida. Era joven y no me adapté bien”

– Como aficionado, ¿le apenó ver a Pep irse del club de sus amores?

Creo que hizo bien porque cuando llegas a un límite, tienes que saber cuándo decir basta y marcharte. Pero estoy convencido de que va a volver, porque es su destino. Es su club, su país. Merece además estar ahí. Pero de igual modo creo que tomó la decisión acertada porque nadie puede aguantar tanta presión durante tantos años seguidos.

– Hablando de la Champions: Barça, Real Madrid, Bayern, City, PSG… ¿A quién ve como el candidato número uno para ganarla?

A mí me gusta cómo juega el Arsenal. Su estilo de juego es el mío, con el que más disfruto. Pero yo creo que el gran favorito es el Barcelona. Pienso que puede ganar este año. El Bayern también estará ahí. Es un equipazo.

– ¿Alguna vez se ha preguntado por qué fracasó en Can Barça?

Es la pregunta de mi vida. Fueron varias cosas. Mucha competencia, muy buenos futbolistas jugando en mi misma posición, era muy joven y no me adapté bien. Pero no me arrepiento de nada de lo que pasó porque fue una experiencia que cambió completamente mi vida. Fue una época muy importante de la que no cambiaría nada. Es verdad que las cosas no me fueron bien, que posiblemente lo pude hacer mejor, pero no me quejo.

“Aunque en lo deportivo me fue mal, aquellas dos
temporadas fueron la mejor época de mi vida”

– En Valladolid pasó cuatro años a otro nivel, con otra exigencia. ¿Esperaba que las cosas le salieran mejor en Pucela?

Sí, ahí sí que rendí por debajo de lo que pensaba que podía. Pero es que esos años los he olvidado ya. Miro siempre hacia el futuro, sin echar la vista atrás. Tomo los mejores momentos de esa época y sigo hacia adelante. Seguro que he podido hacerlo mucho mejor, pero no me quejo.

– ¿Le quedan muchos amigos en España?

Sí, bastantes. Eso es lo mejor que he tenido. Una buena experiencia, conocer gente extraordinaria. Eso es lo que queda. Y dos niños allí, uno en Barcelona y otro en Valladolid. Así que no es sólo el restaurante lo que me une todavía a España.

– Una curiosidad: el día que decida volver al fútbol, ¿en calidad de qué piensa hacerlo?

Como entrenador.

El ex mediocampista del Barça, junto a un póster taurino en el que figura su nombre.

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Las cuatro guerras del Partizan

El primer derbi de Belgrado del presente ejercicio volvió a poner de manifiesto una realidad tan alarmante como ya habitual en el clásico más caliente de Europa del Este: el protagonismo estelar de los seguidores radicales de Estrella Roja y Partizan. Armados hasta las cejas de todo tipo de artilugios pirotécnicos que cuelan como Pedro por su casa en el estadio, estuvieron al borde de forzar la suspensión de un choque que en esta ocasión fue además el campo de batalla entre los ultras visitantes, sumidos desde hace meses en una lucha fratricida que ya se ha cobrado varias vidas.

La hinchada del Estrella Roja agasaja a su equipo con un impresionante despliegue pirotécnico antes de que arranque el derbi ante el Partizan. FOTOS: DAVID RUIZ

Se juega como se vive, suele decir Eduardo Galeano. Yo añadiría a tan acertada aseveración que también se apoya de igual modo a tu escuadra del alma. Por eso asistir in situ a un Estrella Roja-Partizan, como el del pasado fin de semana en el Pequeño Marakana de Belgrado, ayuda a comprender mejor la convulsa historia reciente en los Balcanes a través del belicoso comportamiento de sus respectivas aficiones.

Es su seña de identidad y no tienen la más mínima intención de reprimirla. Porque los Delije (La élite) y los Grobari (los enterradores) llevan la violencia adherida en los genes y la exhiben con arrogante desfachatez tanto dentro como fuera del estadio.

Su perfecta organización de corte castrense (no pocos son antiguos paramilitares curtidos en mil batallas durante la Guerra de Bosnia) hizo posible que tuvieran en jaque durante más de cuatro horas a los 5.000 efectivos policiales desplegados por todos y cada uno de los puntos cardinales de la capital serbia.

El humo y el fuego volvieron a ser, como cada vez que el calendario hace coincidir en el mismo recinto deportivo a los dos gigantes de la Jelen Super Ligalas estrellas principales de un clásico, el 145 de la saga, que pasará a la historia por el nuevo frente abierto en el seno de la propia hinchada del Partizan.

Como si no fuera suficiente ‘trabajo’ litigar a bengala o bombazo limpio con los ultras rojiblancos, las fuerzas de seguridad que rodeaban su ‘posición’ en la tribuna sur y los bomberos, encargados de sofocar en primera línea sus reiteradas tentativas de reducir a cenizas el estadio más grande de la extinta Yugoslavia, los Grobari las tuvieron tiesas también con una de sus facciones, los llamados Zabranjeni (los prohibidos), decidida desde hace un tiempo a hacer la guerra por su cuenta, ignorando la escala de mando (a cuya cabeza está el grupo llamado Alcatraz) de esta especie de ejército de mercenarios al servicio del mejor postor con capacidad para detener y obligar a la propia UEFA a suspender un encuentro de clasificación de la Euro, cosa que sucedió hace tres años en Génova con un Italia-Serbia.

Guerra de bengalas entre hinchas del Partizan.

El resultado de su escisión ha sido el estallido de una guerra civil interna que ya se ha cobrado varias vidas. La última, a principios de la semana pasada cuando Vlado Zivkovic (30 años), uno de los radicales alineados con el nuevo grupo, fue asesinado de una cuchillada en el barrio de Karaburna.

Precisamente, el momento en el que el millar de miembros de los Zabranjeni desplegó una pancarta recordando lo sucedido dio pábulo a la primera escaramuza seria del derbi con el intercambio de bengalas entre seguidores del Partizan, separados por un tramo de 50 metros de grada y dos cordones de antidisturbios, que asistieron impertérritos al fratricidio pirotécnico previo al pitido inicial.

Si por algo se caracteriza un choque que pasa por ser el más caliente de Europa del Este, es justamente por ese inagotable despliegue de bombas, petardos, bengalas y cohetes que en nada tiene que envidiar al día grande de Las Fallas valencianas. Mientras que en Inglaterra las hinchadas revientan los decibelios del estadio entonando ‘a capella’ de manera solemne la canción-himno de su equipo, en Belgrado lo iluminan literalmente con un formidable zafarrancho multicolor de fuegos de artificio cuya procedencia es, sin duda, el gran misterio de esta batalla cíclica entre Delijes y Grobaris.

Nunca comprenderé cómo son capaces de colar kilos y kilos de ‘munición’ después de verse sometidos a dos cacheos exhaustivos en los aledaños del estadio. Resulta que a un servidor le miraron hasta en el monedero para ver si llevaba TNT camuflado en forma de Bonobus, mientras varios miles de individuos accedían a sus puestos de ‘combate’ armados hasta los dientes. O eso, o los habían escondido el día antes en el propio recinto, lo cual resulta bastante plausible, visto el alto grado de enquistamiento de los ultras en sendas instituciones deportivas.

AL BORDE DE LA SUSPENSIÓN
Bien es cierto que el efecto lumínico que provocan por unos instantes en sus graderíos es impresionante. Empero, el festival pirotécnico suele ser el preludio de los enfrentamientos a gran escala entre todas las fuerzas desplegadas en el interior del estadio. Como si de una partida de ajedrez se tratara, uno de los contendientes mueve ficha en espera de la reacción de sus rivales. Esta vez, fue el grueso de las ‘fuerzas’ del Partizan quien llevó la voz cantante iniciando en el minuto 48 de partido una ofensiva en toda regla que arrancó con el lanzamiento de al menos 100 bengalas, siguió con un bombazo que se escuchó en todo Belgrado y finalizó con la quema compulsiva de banderas que acabó provocando varios incendios a la vez en su propia tribuna.

El esfuerzo titánico de los bomberos por controlar el desaguisado en forma de llamas resulta insuficiente y el juez de la contienda decide parar el juego puesto que la atmósfera comienza a ser irrespirable por mor de las inmensas columnas de humo que invaden el césped. El mensaje del árbitro es claro: si no se apagan los diferentes focos de fuego, suspende el clásico. En la tribuna de prensa, a rebosar de un sinfín de personajes que tenían de profesional de la información lo que yo de barítono, se sospechaba que el ataque desencadenado por la parroquia forastera perseguía romper el ritmo de un Estrella Roja dominador que pasaba por sus mejores minutos de fútbol.

El juego se reanudó 10 minutos más tarde sin que una de las fogatas, la más grande, estuviese aún dominada. ¿La causa? Una bandera enorme que los Grobari desplegaron a modo de protección de las llamaradas, dificultando que el agua de los camiones cisterna alcanzara el corazón del fuego.

Fogatas múltiples en la tribuna de los Grobari.

Aplacadas las llamas tras 20 minutos de lucha con el líquido elemento, los incondicionales del Estrella Roja dedican una ovación cerrada al equipo de bomberos, que repliegan líneas para tomarse un pequeño respiro, que será ya definitivo puesto que a esas alturas sendas hinchadas se han pulido ya el quintal métrico de material que colaron esa tarde en el Marakana balcánico.

El triunfo final por la mínima de los locales sirve para suturar la herida provocada por el flojo inicio de campaña y devolver un rayo de esperanza a sus tropas luego de seis años consecutivos viendo cómo el máximo enemigo conquistaba la liga.

La celebración, tanto en el césped como en la grada, tiene sabor a título. Y mientras los Delije despiden a los duros ‘guerreros’ ataviados de negro a la voz de “Grobari, que os den por el…”, estos obligan a sus futbolistas a repasar junto a su grada durante media horita, a modo de castigo, el CD completo de su repertorio. Y es que en el derbi de Belgrado, la ley se escribe con U de ultra.

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