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Categoría: Mourinho
Mou-Abramovich: la guerra que no cesa

Cada pinchazo en hueso del ex técnico del Real Madrid con el Chelsea es acogido con regocijo en la zona noble de Stamford Bridge. Ni el oligarca ruso ni los caballeros de su mesa redonda tragan al luso. Sólo su largo idilio con la hinchada blue le abrió de nuevo unas puertas que su patrón aspira a cerrarle de forma definitiva caso de estrellarse al final de la presente campaña. Lo que nadie duda en el club es que el nuevo Mourinho dista mucho de ser el hombre que devolvió la gloria a la escuadra de Fulham Road a mediados de la pasada década.

Juntos, pero jamás revueltos. Y menos aún cada vez que al Chelsea se le escapa de entre los dedos un partido, como sucedió el pasado fin de semana en casa del Stoke City. Por más paradójico que resulte, cada tropiezo de José Mourinho al frente de los Blues va acompañado de una tímida sonrisa de satisfacción por parte de Roman Abramovich.

La explicación es bien sencilla: el propietario ruso del club londinense no puede ni ver al portugués. Ahora bien ustedes, como un servidor hace unas semanas en uno de esos Lounge vintage de Saint James’ Park al escuchar tal revelación a la hora del té, se harán la pregunta del millón. ¿Y por qué lo trajo de vuelta entonces?

En esencia, por el mismo motivo que despachó con cajas destempladas a Rafa Benítez: por la presión popular. Cansado de escuchar estos últimos años los coros de la hinchada blue pidiendo la vuelta del hombre que les hizo revivir la gloria a mediados de la pasada década y ante la imposibilidad de engatusar a Guardiola, Abramovich se avino a satisfacer sus demandas y atendió la llamada del representante de Mou, Jorge Mendes, quien sondeaba las principales plazas de la Premier League buscando acomodo al de Setúbal.

Entendía el oligarca ruso que poner su juguete favorito otra vez en manos de Mourinho podría ser el camino más corto para acabar con el mito del Special One en Stamford Bridge y pasar página de una vez por todas. Para ello, claro está, resulta imprescindible que el portugués firme unos números lo más cercano posibles a los cosechados durante el pasado ejercicio con el Real Madrid.

El caso es que, de momento, la jugada no le está saliendo mal a un Abramovich que ve cómo su Chelsea avanza dando bandazos parecidos a los del conjunto merengue meses atrás. Los Blues han sufrido hasta la fecha cinco derrotas, tres de ellas en la Premier (Stoke, Newcastle y Everton). Las dos restantes llegaron en la Liga de Campeones y frente al mismo enemigo, el Basilea.

Bien es verdad, rompiendo una lanza en favor del preparador lusitano, que a diferencia del año pasado por estas fechas con Di Matteo, el Chelsea tiene aún a tiro la Liga (el líder Arsenal se encuentra a 5 puntos, una distancia recuperable) y ha asegurado ya su participación en la siguiente ronda de la Champions luego de liderar su grupo.

Pero a su pertinaz resultadismo no dejan de salirle una serie de fallas que merman la efectividad de una escuadra cuyo fútbol dista mucho de tener esa energía arrolladora que caracterizó al Chelsea de su primera etapa en Stamford Bridge. Motivos más que sobrados para que la afición empiece a albergar dudas sobre la idoneidad de volver a tener en el banquillo a su entrenador fetiche.

El juego de los Blues carece de continuidad, apenas tiene ritmo y flaquea en aspectos en los que antaño era inabordable con el luso. Tácticamente el once de Mou pierde la cohesión con suma facilidad, lo que permite a sus rivales abrir brechas desde su medio campo y llegar sin demasiados esfuerzos hasta los dominios de Petr Cech. El Southampton de Pocchetino lo consiguió cuando aún no se había cumplido el primer minuto de juego. Y en el mismísimo Stamford Bridge. El egipcio Salah, del Basilea, hizo lo propio casi sobre la hora, lo que por cierto provocó el enfado monumental del técnico setubalense.

Mourinho también está naufragando en otra de sus especialidades: las acciones de estrategia. De los seis tantos encajados en sus dos últimos choques ligueros, cuatro llegaron a balón parado. Si frente al Sunderland no repercutieron en el resultado de verdadero milagro (victoria por 4-3), ante el Stoke le costaron los tres puntos (derrota por 3-2).

Sus mosqueos post partido están a la orden del día, no siempre con el mismo destinatario. Una veces carga contra el árbitro de turno y otras contra sus pupilos, por más que tras la debacle del Britannia Stadium se empeñara en afirmar que nunca señalará al jugador que ha fallado.

Lo que no pudo seguir obviando después de llevarse su quinto disgusto gordo de la temporada son los males que están impidiendo el despegue de su Chelsea. “Estamos en problemas. No marcamos suficientes goles y cometemos errores defensivos. Tenemos fallos individuales. Esto tiene que parar ya porque concedemos goles y perdemos puntos. No organizo mis equipos para esto”.

UN FANTASMA DEL QUE FUE

En la zona noble de Stamford Bridge tienen serias dudas de que Mourinho sea capaz de taponar las no pocas goteras que frenan el crecimiento lineal del equipo sobre el manto verde. Consideran que el luso ha perdido buena parte de su carisma y de esa chispa que le hacía irresistible a los ojos de sus pupilos durante su primera estancia en Fulham Road. Ya no es el que era, vamos.

En opinión de los mentores del club nos encontramos delante de otro entrenador, de un profesional que se mueve en unos parámetros muy distintos a los del Mou de hace siete años. Ahora se refugia en su ‘guardia pretoriana’ (Lampard, Essien, Ashley Cole y Terry) y al resto les atiza un día lo mismo que les alaba al siguiente.

Al club no le hizo ninguna gracia que antes de llegar les pidiera como condición indispensable la renovación de un Lampard al que ya habían hecho saber que no continuaría más allá de junio. La estrategia de los Blues era iniciar el rejuvenecimiento de la plantilla colocando en la rampa de salida a los veteranos, justo lo contrario de lo que ha hecho Mourinho.

Tampoco ven con buenos ojos el calvario por el que está pasando Juan Mata, su mejor activo en las dos últimas campañas. No entienden que el internacional español haya pasado de ser la pieza clave en el engranaje ofensivo blue a jugar un día sí y otro no e incluso a quedarse fuera de las convocatorias. Creen que bajo esas decisiones poco comprensibles incluso para su propia afición subyace el hecho de que el burgalés llegara a Stamford Bridge de la mano del ‘traidor’ Villas-Boas.

Otro asunto que evidencia la paupérrima relación entre la jefatura de la entidad y su mánager es lo acontecido con David Luiz. El director deportivo del club, Michael Emenalo, desoyó en verano las dos ofertas que hizo el Barça (la última de 40 kilos) por el central brasileño porque Mou quería darle un voto de confianza. Pero el ex del Benfica no ha respondido a sus expectativas y ha dado vía libre para que lo traspasen en enero.

Si Emenalo, a la sazón hombre de confianza de Abramovich y quien tiene la última palabra en materia de traspasos, consigue una oferta por Luiz este invierno, parece claro que será sensiblemente inferior a la que presentaron los azulgrana meses atrás. Incluso aunque proceda de Can Barça, como se ha especulado en las últimas horas.

Al ex técnico del Real Madrid no le quita el sueño esta falta de sintonía con las altas esferas de su actual club. Suele escudarse en el hecho de que ha firmado un contrato de amplia duración (cuatro años), lo que sobre el papel le garantiza desarrollar un proyecto a largo plazo con el que poder construir un equipo ganador.

Aunque su meta siempre es la de lograr títulos, Mou estima que su futuro en el Chelsea no va a depender de que este año gane la Premier, la Champions o la FA Cup. Sin embargo, haría bien en recordar que sus antecesores sólo salvaron el puesto después de llevar algún trofeo de los importantes a las vitrinas del Bridge (Benítez ni con eso), perdiendo en cambio el favor de Abramovich cuando el viento cambió de dirección.

Y es que en la casa de los Blues, mal que le pese a Mourinho, las reglas del juego se escriben en ruso. No en portugués.

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La nefasta gestión de Mourinho al frente del Real Madrid durante el último ejercicio y la ausencia de títulos han jugado en su contra a la hora de buscar acomodo en un grande del balompié continental. Sólo Abramovich le ha abierto las puertas del Chelsea, aunque con ciertas condiciones. City, United y PSG simplemente no han contemplado tirar de sus servicios.

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