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Categoría: MLS
Kaká competirá con Mickey en Disney World

El ex madridista será la piedra angular sobre la que girará el ambicioso proyecto del ORLANDO CITY, la último franquicia admitida por la MLS y que iniciará su andadura en la Liga profesional yanqui en 2015. Las ingentes posibilidades de negocio de una urbe diseñada para la diversión y el entretenimiento, unido a la creciente pasión por el balompié en el país de las barras y estrellas convierten a la escuadra propiedad de un magnate brasileño en la bandera llamada a liderar el asalto definitivo del soccer al pedestal más alto en las preferencias del pueblo que más deporte espectáculo consume en el planeta. 

Kaká estrecha la mano del presidente del Orlando City, Phil Rawlins, durante su visita al club el pasado verano.

El paulatino renacer del ex astro madridista en Milán, de donde tal vez no debió salir nunca, es la mejor de las noticias posibles para el Orlando City Soccer Club, la flamante nueva franquicia de la Major League Soccer (MLS) que entrará en liza dentro de un año y medio.

Porque Kaká es la piedra angular sobre la que se asienta un ambicioso proyecto que, como ya sucediera con Beckham en su día, pretende dar otro empujón significativo al fútbol en los Estados Unidos, el mercado con mayor consumo deportivo como espectáculo de masas de todo el planeta.

No es casualidad que los mentores del soccer hayan acelerado los trámites de incorporación a la competición del club sito en el afamado condado de Orange hasta hacerla coincidir con la puesta de largo del New York City. Como tampoco lo es que el propietario de esta escuadra fundada hace tres años y que ya ha ganado en dos ocasiones el USL Pro (una suerte de Tercera división yanqui sin ascensos ni descensos) sea el brasileño Flavio Augusto da Silva, un joven y audaz empresario cuyas ideas casan a la perfección con la política expansionista de la tercera Liga más importante del país en términos de seguimiento popular.

Además, Da Silva es amigo personal del ex Balón de Oro, quien curiosamente ha sido la imagen en los dos últimos años de su principal activo, Wise Up, una empresa dedicada a la enseñanza del inglés y que hoy cuenta con más de 76.000 alumnos y tiene institutos educativos en Brasil, Argentina, China, Colombia, EE.UU. y México. El ex volante merengue y su familia llevan dos veranos seguidos disfrutando de la interminable oferta de ocio de esta especie de ‘El Dorado’ contemporáneo, invitado por el patrón del City, club que por supuesto el internacional canarinho ya conoce al dedillo entre bastidores.

“A cualquier equipo del mundo le gustaría tener a Kaká en su nómina. No hemos firmado a nadie todavía, pero nuestro plan es tener a una estrella brasileña, que sea un jugador de renombre internacional. Esa es nuestra prioridad”, comentó el primer inversor sudamericano en la historia de la MLS el día que dieron luz verde a la incorporación de su club como vigésimo primera franquicia de la liga profesional yanqui. A buen entendedor…

El potencial negocio que supone contar con una franquicia competitiva en semejante punto cardinal del estado de Florida y el reclamo del ‘jogo bonito’ de la mano de una estrella de las dimensiones de Kaká promete ser un cóctel irresistible con el que la Major League Soccer espera lanzar una OPA hostil en toda regla a la MLB y a la NBA, los dos campeonatos que aún miran por encima del hombro al soccer a nivel profesional.

Así será su nuevo terreno de juego.

Para empezar, no existe ningún lugar en la geografía norteamericana más apropiado para abrir las puertas al espectáculo del balompié. Orlando es actualmente uno de los destinos turísticos más relevantes en el mundo, con más de 57 millones de visitantes al año. Y todo gracias al Disney World, un gigantesco complejo turístico de 122 kilómetros cuadrados que alberga cuatro parques temáticos (Magic Kingdom, Epcot, Animal Kingdom y DisneyLand).

La ciudad es también el décimonoveno mercado más grande en los EE.UU. y cuenta con una comunidad joven y muy diversa. Además, la población hispana de la zona se ha duplicado desde el año 2000, convirtiéndose en el cuarto mercado latino de más rápido crecimiento en el país.

UN ESTADIO NUEVO EN MITAD DEL MEOLLO

El propio Orlando City puede dar fe de ello puesto que su hinchada, mayoritariamente hispano parlante, se volcó literalmente con el cuadro violeta durante la última campaña en el USL Pro. Hasta 21.000 personas apoyaron al equipo en la final disputada el pasado 8 de septiembre en el Citrus Bowl frente a los Charlotte Eagles, lo que supuso un récord histórico que supera cualquier registro de asistencia de público en las divisiones menores del fútbol estadounidense.

Pero aún hay más. Según los datos oficiales, Orlando es el principal destino turístico del 35% de los brasileños que visitan cada año los Estados Unidos. Por tal motivo, el club decidió lanzar en Facebook la página del Orlando City en portugués. La respuesta del público ‘brazuca’ ha sido espectacular, puesto que ya cuenta con más de 214.000 seguidores. Y eso que aún falta poco más de un año para que el genio paulista aterrice con su propio parque temático y empiece a comerle el terreno a Mickey Mouse, Pluto y demás estrellas del show business creado por Walt Disney en la pasada centuria.

“Las redes sociales demuestran que los brasileños están muy interesados en el fútbol de Norteamérica y han descubierto que la MLS es una gran Liga. Y el Orlando City va a ser su club aquí”, expuso da Silva, mientras afirmaba que buscarán posicionar su marca más allá de EE.UU. y Brasil.

Tampoco tendrán que menear mucho el trasero para ir desde los parques temáticos hasta el coliseo de la redonda porque Da Silva y el presidente del club, el inglés Phil Rawlins, dotarán al OCSC de su propio anfiteatro, cuyas obras arrancarán la próxima primavera. El nuevo estadio estará localizado en la calle Church Street, en pleno corazón del área de entretenimiento de la tercera ciudad en importancia de Florida, por detrás de Miami y Tampa Bay. Se espera que el recinto esté listo para su utilización en el verano de 2015, con lo que sus primeros partidos de la Major League Soccer se disputarán en el Citrus Bowl Stadium.

Tanto la MLS como los accionistas del Orlando City tienen ahora un año por delante para ajustar detalles (el primero y más importante, llevar a un papel el compromiso de palabra alcanzado con Kaká, cuya relación contractual con el Milan expira en el verano de 2015) y encajar con precisión todas las piezas de un proyecto ilusionante que constituye a su vez un reto mayúsculo para el comisionado Don Garber y su consejo de cabezas pensantes: lograr que a la tercera vaya la vencida y plantar al fin bandera en Florida tras los estrepitosos fracasos del Miami Fusion y el Tampa Bay Mutiny.

Los jugadores del Orlando City reciben el trofeo como campeones de la última edición del USL Pro.

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Campo de sueños

Atticus Dupre-Lane es felicitado por sus compañeros tras lograr el gol de la victoria ante los Timbers de Portland. FOTOS: MLS

Los Portland Timbers retaron a los benjamines de los Green Machine en un duelo sin precedentes en la historia del balompié para rendir tributo al pequeño ATTICUS LANE-DUPRE. Un aprendiz de ariete que a sus 8 años ya ha ganado el encuentro más duro de toda su vida: superar un cáncer de riñón. En un infinito ejercicio de cariño y solidaridad, el conjunto de la MLS regaló a la estrella de las Máquinas Verdes una jornada memorable en su vuelta a los terrenos de juego.

Después de perderse el tramo final de la pasada campaña por culpa de un duro y agresivo tratamiento contra el cáncer, Atticus Lane-Dupre, un delantero de bolsillo con cintura de trapito y apenas 8 años, resucitó a la vida con el mejor regalo que podía hacerle la divina providencia: volver a pisar un terreno de juego al lado de sus amiguitos, los Green Machine, frente a un enemigo de enjundia: los Portland Timbers de la MLS.

Como si de un duelo en el lejano Oeste se tratara, pistola en mano, la escuadra emelesera retó al mejor equipo benjamín de Oregón para saber quién ‘desenfundaba’ más rápido en todo el Estado. Amén de la originalidad del evento, ‘los cedros’ de Portland no pudieron encontrar mejor manera de rendir tributo a un mocoso que se había debatido durante los 6 últimos meses en esa delgada línea roja que separa la vida y la muerte.

Así lo entendieron los más de 3.000 aficionados que se dieron cita en las gradas del Jeld-Wen Field stadium para dar su aliento al risueño de Atticus y su banda de irreductibles peloteros. El resultado final, como toda la iniciativa en sí, resultó ser de leyenda. ¡10-9! para las ‘Máquinas Verdes’ con el tanto decisivo firmado por el heroe de la fiesta en el último minuto al resolver un barullo en el área de los Timbers, tras el saque de un córner.

El delirio y alguna que otra lagrimilla de emoción se apoderaron de las tribunas cuando, en medio de la algarabía de chavales comiéndose a abrazos al goleador por partida cuádrupe, apareció corriendo Caleb Porter. El técnico habitual de los de Portland, que en un día tan señalado se cambió la chaqueta para poner orden en el ejército de renacuajos, se colgó sobre los hombros el liviano cuerpecito de Atticus para darle una emotiva vuelta al ruedo.

Acaso por lucir los mismos colores que su escuadra, hasta los fanáticos del Timbers acudieron en masa al estadio y se dejaron las gargantas alentando a ese grupito de pequeños gigantes con su repertorio de cánticos que, por una vez y sin que sirviera de precedente, reprobó cada tanto que anotaban los suyos, vestidos de blanco y rojo para la ocasión. “La estrategia salió tal y como la habíamos preparado”, acertó a decir entre risas Porter a la conclusión del singular duelo de titanes, mientras un emocionado Atticus apenas pudo esbozar una sonrisa de oreja a oreja y reconocer que “me he divertido un montón. Soy el niño más feliz del mundo”.

“Me he divertido un montón.
Soy el niño más feliz del mundo”

La desinteresada implicación de los Timbers en el homenaje al pequeño Atticus dignifica el concepto de ‘fair-play’ y de solidaridad que la FIFA y los órganos rectores del balompié no se cansan de pregonar a los cuatro vientos. El club emelesero se desvivió para que el astro de los Green Machine convirtiera en realidad esos sueños que tenía cuando permanecía postrado en la cama de un hospital sin saber si vería la luz al día siguiente: puso a la venta bufandas conmemorativas del evento, cedió su vestuario a los chavales e incluso les sorprendió regalándoles una nueva equipación que se encontraron colgada de las perchas en los ‘lockers’. Todas las camisetas estaban personalizadas, con el nombre y el número del jugador, así como sus propios asientos.

Tracey Lam, portavoz de los Timbers, explicó que tan original idea surgió del propio homenajeado. “Atticus quería implicar en la fiesta a todo su equipo para agradecerles el apoyo que le dieron a lo largo de su enfermedad. Su petición nos tocó la fibra, así que nos pusimos manos a la obra para hacer de este día un momento mágico para él y sus compañeros”.

UN BALONAZO ALERTÓ DEL CÁNCER La pelota, fiel compañera de Atticus desde que dio sus primeros pasos, fue precisamente la que encendió las alarmas del terrible mal que el pequeño aprendiz de futbolista llevaba en sus entrañas. Un balonazo en el estómago durante un recreo en el colegio dio pábulo a unos terribles dolores que no cesaban con el paso de los días. Asustados, sus padres decidieron llevarlo al médico y unas pruebas revelaron la existencia de un tumor canceroso en los riñones del niño.

Después de que el riñón afectado le fuera estirpado, Atticus se vio obligado a someterse a varias fases de tratamiento de quimioterapia. El chaval soportó todo el proceso con una entereza impropia de su edad, salvo cuando llegaba el día en el que los Green Machine saltaban al césped. “Atticus estaba tan agradecido a sus amigos por lo bien que se portaron con él que sólo pensaba en celebrarlo de manera especial con ellos”, cuenta su mamá, Jennifer Lane.

Las principales estrellas de ‘los cedros’ (Frederic Piquionne, Ryan Miller, Rodney Wallace, Darlington Nagbe, Diego Valeri, Ryan Johnson, Jack Jewsbury, Mikael Silvestre…) aportaron su granito de arena sobre el manto verde haciendo disfrutar a los niños y alucinando con ellos al mismo tiempo por la conmovedora ternura con la que cerraban filas en torno a su camarada. “Cuando un equipo como los Green Machine viene a presionarte, es realmente complicado que no te quiten el balón”, explicaba entre risas Jewsbury.

A la conclusión del choque, Will Johnson, a la sazón capitán de los Timbers, intercambió su elástica con la de Atticus. Mientras mostraba orgulloso la camiseta-llavero con el número 1 y los apellidos Lane-Dupre a la espalda, hizo una singular revelación. “Es la primera y la última vez que le cambio la camiseta a alguien en mi carrera. Nunca lo he hecho y creo que después de hoy, ya no tendría sentido volver a hacerlo. Ponerme la camiseta de Atticus ha sido algo realmente especial”.

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