img
Categoría: Holanda
Agente 0011

371 partidos y 66 goles después, YURI CORNELISSE colgó las botas de forma prematura para iniciar una nueva carrera profesional como agente de la policía holandesa. Convertido ya en oficial de las fuerzas del orden público de su país, el antiguo extremo izquierdo del Anderlecht, RKC, NAC, Groningen y ADO Den Haag se acaba de reencontrar con su pasado abanderando a la Oranje policial en la goleada sobre Eire, que permitirá a su selección disputar el campeonato de Europa del próximo junio en la República Checa.

El ex delantero Yuri Cornelisse, con el uniforme de la policía holandesa. FOTOS: VOETBAL INTERNATIONAL

A Yuri Cornelisse (Alkmaar, 1975) aún le quedaba gasolina de sobra para seguir dando guerra a las defensas rivales con la elástica del ADO Den Haag. La rapidez y habilidad de este extremo diestro a pie cambiado para marcharse en el uno contra uno de sus marcadores le había mantenido en la élite del fútbol holandés desde su puesta de largo, allá por 1996, en las filas del Top Oss (hoy FC Oss). Pero su vida dio un vuelco radical a fines de octubre de 2010 después de aprobar el examen de ingreso a la Academia Nacional de Policía.

Los tres años de formación a los que debía someterse para obtener los galones de oficial del principal cuerpo de seguridad del estado holandés resultaban de todo punto incompatibles con la actividad deportiva profesional, de modo que el ex delantero del Anderlecht, RKC Waalwijk, NAC Breda y FC Groningen se vio obligado a tomar la decisión más amarga de carrera: colgar las botas de forma prematura para poder dedicarse en cuerpo y alma a su nueva profesión, la de agente del orden público.

“La policía es mucho más que escribir informes o capturar ladrones. Exige un entrenamiento muy intenso y una serie de obligaciones que no se pueden combinar con el fútbol, así que no me queda otra alternativa que llegar a un acuerdo con el ADO para rescindir mi contrato y poder así empezar mi período de adiestramiento, que durará tres años, antes de convertirme en oficial de policía”, explicó Yuri el día que anunció públicamente su adiós.

La sorprendente decisión del mayor de los hermanos Cornelisse (su hermano Tim milita en el Willem II), bien conocido en la Eredivisie por sus volteretas cada vez que dejaba su sello en las redes rivales, respondía a la búsqueda de nuevos alicientes en la vida sabedor de que su carrera deportiva había entrado ya en su recta final. Atrás quedaban 371 partidos y 66 dianas a lo largo de 14 temporadas con picos altos durante su etapa en Groningen, donde compartió labores de ataque con un jovencísimo Luis Suárez.

Yuri con el ADO, su último club.

Cornelisse ingresó en la academia de Amsterdam el primero de noviembre de 2010 y prácticamente desapareció del mapa hasta fines del pasado año cuando su nombre volvió a sonar con fuerza en los medios de su país a cuenta de su primera convocatoria para integrar la selección nacional de la policía holandesa en su camino hacia el Europeo del próximo mes de junio, que se disputará en la República Checa a partir del día 23.

El seleccionador, Jochem Twisker, esperó pacientemente a que el ex futbolista profesional recibiera los galones de oficial para llamarle a filas y poner la guinda a una potentísima escuadra en la que ya destacaban otros ex profesionales como Arjen de Zeeuw (ex defensa del Wigan), Michael Lanting o Richard van Schooten.

Su estreno en Oslo, frente a Noruega, se saldó con victoria por 0-2, un resultado que permitía a la Oranje policial acceder a la segunda y última ronda clasificatoria previa que debía enfrentarles a la República de Irlanda.

El decisivo duelo se jugó el pasado 29 de enero en la localidad holandesa de Spakenburg y se saldó con un aplastante 7-0 a favor del once neerlandés. Yuri Cornelisse volvió por sus fueros y se erigió en la gran figura del choque anotando uno de los tantos y repartiendo asistencias por doquier a sus compañeros. La superioridad tulipán fue tal que el partido había quedado ya resuelto al descanso merced a un 6-0, firmado en apenas 39 minutos.

“Ha salido todo perfecto. He disfrutado mucho y estoy contento de poder ayudar a mis compañeros. Poder disputar un campeonato de Europa con el equipo de la policía me hace muchísima ilusión ya que nunca tuve la oportunidad de debutar con la Oranje. Es algo que no me esperaba cuando decidí colgar las botas, así que lo estoy disfrutando como si fuera un chaval”, comentó el ex extremo natural de Alkmaar, que al poco de concluído el choque recibía los parabienes de su último club, el ADO, a través de las redes sociales. “Felicitamos a Yuri Cornelisse por el 7-0 sobre Irlanda en el último partido de clasificación para el Campeonato de Europa de la Policía. Yuri ha jugado los 90 minutos y ¡marcó un gol!”

Su retirada profesional de los terrenos de juego no supuso, ni por asomo, que el veterano extremo izquierdo del combinado policial tulipán abandonase la actividad deportiva. Más de uno se llevó de hecho una sorpresa al comprobar su excelente condición física frente a los británicos, a los que desbordaba en velocidad con una facilidad pasmosa.

Yuri explicó tras el encuentro el secreto de su espectacular estado de forma. “Mi carrera como futbolista está aún cerca, así que algo queda. Todavía entreno tres veces a la semana siguiendo el programa de trabajo que me dio Jurgen Seegers -recuperador del ADO Den Haag-. También voy mucho al gimnasio y a veces hago natación. Me encanta practicar deporte, lo que ocurre es que durante los tres años en la academia he estado ocupadísimo entre estudios, servicios, guardias, la familia, etc. Ahora tengo un poco más de tiempo”.

Cornelisse rescató también del baúl de los recuerdos su famosa voltereta después de firmar el cuarto tanto de la Oranje ante los irlandeses. Otro motivo de alegría y de nostalgia de épocas pretéritas. “La gente me sigue preguntando por qué me dio por hacerlas cuando marcaba. La verdad es que fue algo espontáneo. Nunca lo preparé ni lo entrené. Ya la hice en mi primer gol con el AFC’34. Fue algo natural. Una diversión extra. Me gustó y al público también, así que lo convertí en parte de la liturgia de mis goles”.

A pesar de este inesperado y feliz reencuentro con su anterior vida, el ahora oficial de policía no se arrepiente del paso que decidió dar hace más de tres años. “En absoluto. Pero eso no quiere decir que cuando echo la vista atrás no me produzca placer y alegría recordar todo lo que viví dentro de los terrenos de juego. Al contrario. Tuve una carrera hermosa, apenas sí estuve lesionado y jugué en equipos diferentes donde siempre me sentí muy bien tratado”.

De poner un pero a lo vivido durante 14 largas temporadas, sería a su breve etapa en el extranjero, concretamente en Bélgica. “Tal vez mi único lunar fue el Anderlecht. Cuando me lesioné estaba preseleccionado para ir al Europeo y luego cuando pude volver a jugar, la temporada estaba casi finalizada y habían despedido a Arie Haan, que fue quien me fichó. Yo tenía un contrato por tres años, era muy joven y sólo pensaba en jugar. Así que tomé la decisión de salir. Y no me arrepiento. Creo que hice lo correcto”, asegura.

Al hablar de sus antiguos camaradas, la gran estrella del once policial holandés se queda con cuatro nombres. “En el Anderlecht jugué con Enzo Scifo y Pär Zetterberg. Dos futbolistas de una calidad extraordinaria. En el RKC Waalwijk tuve de compañero a Zeljko Petrovic, un jugador con una personalidad arrolladora, y en Groningen disfruté muchísimo compartiendo ataque con Luis Suárez. No me sorprende nada en lo que se ha convertido. Ya entonces era un delantero diferente. Y un buen chico”, concluye.

Yuri Cornelisse -el segundo por la derecha en la fila inferior- junto al resto de compañeros de la selección policial antes de medirse a Irlanda.

Ver Post >
El humilde socio holandés del Real Madrid

El sorprendente líder de la Eredivisie tulipán disfruta del momento más dulce en sus 103 años de existencia. Su fulgurante arranque liguero es el resultado de una profunda reconversión en los despachos y sobre el césped que en menos de tres años ha llevado a este modestísimo equipo ‘ascensor’ de provincias a codearse con la élite del balompié neerlandés y hasta emparentarse mediante un acuerdo de cooperación internacional con el trasatlántico que gobierna Florentino Pérez.

En Zwolle cuentan al fin con motivos para presumir de equipo. Eso sí, han tenido que pasar 103 años para que los 100.000 moradores de este hermoso reducto a orillas del río Ijssel vean al Prins Hendrik Ende Desespereert Nimmer Combinatie, es decir, su querido PEC, en la cúspide de la pirámide de la Eredivisie, por encima de Ajax, PSV, Feyenoord, Twente o AZ Alkmaar.

El delantero ghanés Fred Benson es felicitado por sus compañeros tras un gol del PEC.

Su inesperado liderato en solitario del fútbol holandés tras seis jornadas de Liga pasa por ser, de largo, el mayor hito en la movidita historia de una entidad que hasta la fecha apenas había asomado la cabeza por haber sido el club de Primera con el nombre más largo del mundo (distinción que le sería arrebatada por sus vecinos del NAC Breda), perder dos finales de Copa (1928 y 1977) y por ser el último rival al que se enfrentó Johan Cruyff antes de colgar definitivamente las botas vistiendo los colores del Feyenoord, en 1984.

Más allá de esos minúsculos picos de ‘fama’, la existencia de los ‘Blauwvingers‘ (dedos azules) ha transcurrido en el más absoluto anonimato entre fusiones varias (primero entre el Prins Hendrik y el Ende Desespereert Nimmer, a los que se sumarían en 1969 los Zwolsche Boys), cambios de nombres (PEC, PEC Zwolle, PEC Zwolle 82, FC Zwolle y de nuevo PEC Zwolle desde el año pasado), un par de quiebras económicas y hasta su desaparición en 1993 tras un período surrealista de bonanza bajo la influencia del magnate inmobiliario Marten Eibrink.

De su mano llegarían al viejo Oosterenkstadion figuras legendarias como el guardameta Piet Schrijvers, Cees van Kooten o el gran Johnny Rep. La fama de excéntrico de este acaudalado hombre de negocios de la región le llevó, entre otras cosas, a rebautizar una tribuna del estadio con el nombre de Cruyff, como homenaje a aquel último encuentro del genio tulipán, que curiosamente no se disputó en Zwolle, sino en el mítico De Kuip.

Con apenas 13 campañas en su haber codeándose con la elite del balompié tulipán (la primera en 1978) y el presupuesto más bajo de los 18 equipos que conforman la Eredivisie (9 millones de euros), el PEC empieza a recoger los frutos de la reestructuración termidoriana que viene teniendo desde que Adriaan Visser se hizo cargo de la entidad, a mediados de 2009.

Al abrigo de la inauguración del IJsseldelta Stadion, un coqueto coliseo de césped artificial con capacidad para 12.500 personas, el actual presidente sentó las bases de su proyecto en una organización interna de vanguardia (para lo que involucró a las instituciones municipales) con el objetivo de aprovechar todos los recursos a su alcance, y en una estructura deportiva ‘made in Ajax’, apoyada en su cantera y en el 4-3-3 como filosofía de juego innegociable.

ABONOS ANUALES POR SÓLO 100 EUROS

El crecimiento institucional ha sacado al PEC de un entorno casi rural para expandir su imagen por toda la provincia, donde siempre vivió a la sombra de su eterno rival, el Go Ahead Eagles de Deventer, con el que por cierto, volverá a jugarse las castañas en un Ijssel-derby de Primera tras 26 largos años de espera.

El IJsseldelta Stadion, nuevo feudo del PEC Zwolle.

Mucho han tenido que ver en tan ardua tarea el soporte financiero de sus diez patrocinadores y la excelente respuesta de una hinchada que disfruta de los abonos más económicos del fútbol neerlandés. Los precios oscilan entre los 103 euros (a razón de 6 por choque) y los 250 (14 euros cada partido) por temporada. Cifras ciertamente irrisorias si las comparamos con las que se barajan en los clubes de la Liga española o en la Premier League inglesa.

La transformación sobre el césped tuvo como principal actor a quien fue el alma máter del último ascenso de los ‘Blauwvingers’: Art Langeler. El actual responsable de la academia del PSV Eindhoven aterrizó en Zwolle en 2008 para hacerse cargo del sector juvenil. Un año y medio más tarde recibía del presidente Visser el encargo de tomar las riendas del primer equipo con unos objetivos bien definidos: cerrar el círculo en cuanto al estilo de juego que ya se practicaba en el fútbol base e intentar devolver al equipo a la máxima categoría.

Langeler necesitó un par de campañas para llevar a buen puerto el proyecto deportivo de su visionario presidente e incluso le sacó brillo durante el pasado ejercicio manteniendo al equipo con holgura en su anhelado retorno a la Eredivisie (acabó en undécima posición).

Ron Jans, ex jugador del club y otrora responsable de la academia blanquiazul, se está encargando ahora de poner la guinda al colosal trabajo de Langeler. Con la base del equipo de su predecesor, sólo cuatro extranjeros y tres refuerzos de garantías (el meta belga Begois, el volante sudafricano Mokotjo y el ariete Guyon Fernandez), el Zwolle arrancó la temporada como un ciclón imparable sorprendiendo al Feyenoord (2-1), Heracles (1-3), NEC Nimega (1-5) y Cambuur (2-0).

El Utrecht fue el primer rival que lograba arañarle un punto antes de que el Ajax pusiera fin la pasada semana a su condición de invicto en un partido en el que la mala suerte se alió contra un líder que, pese a la derrota, jugó de tú a tú al vigente campeón tulipán en el Amsterdam ArenA e incluso le superó en varias fases del mismo.

La disciplina táctica, su fervor ofensivo y los automatismos aprendidos en la era Langeler han tornado en casi imperceptibles las ausencias de Younes Mokhtar y el sueco Denni Avdic, sus dos mejores elementos la pasada campaña, ahora en las filas del FC Twente y el AZ, respectivamente.

CONVENIOS CON CUATRO CLUBES EXTRANJEROS

El mejor ejemplo de este progresivo lavado de cara del Zwolle lo demuestra el ambicioso programa de colaboraciones que el modesto equipo holandés puso en funcionamiento dos años atrás. Los acuerdos con las entidades aficionadas locales tienen un carácter estrictamente deportivo (cesión de jugadores, disputa de amistosos, etc) y en ellos participa activamente la Concejalía de Deportes y Juventud de la provincia de Overijssel.

El PEC cuenta ya con 20 clubes satélite amateurs (Alcides, FC Meppel, VV Staphorst, Go Ahead Kampen, VV Nunspeet, HZVV, D.O.S. Kampen, V.V. d’Olde Veste 54, SV Lelystad 67, Rohda Raalte, VVOG, HTC, CSV 28, WVF, vv Berkum, Be Quick 28, Zwolsche Boys, SVI, ZAC y SV Zwolle).

La cooperación internacional con equipos profesionales, en cambio, abarca otros campos, como el intercambio de conocimientos en cuestiones de logística, organización de departamentos, estructuras deportivas, metodología de entrenamientos…

El director deportivo, Gerard Nijkamp, es el gran culpable de que los ‘Blauwvingers’ trabajen en la actualidad codo a codo con cuatro clubes del máximo nivel: el Real Madrid, el Supersport United sudafricano y los alemanes del Werder Bremen y Wolfsburgo.

El convenio con los de Concha Espina se firmó hace año y medio. El PEC puede, en virtud del cual, enviar desde administrativos hasta directivos, pasando por técnicos de su academia a Madrid para que conozcan de primera mano el funcionamiento de la maquinaria blanca y tomen buena nota.

El Real Madrid gozaría de un derecho preferencial sobre cualquier futbolista que pertenezca a la disciplina de un Zwolle que tratará de mantener una semana más hinflada la burbuja de la ilusión en el difícil terreno del Vitesse. Para ello, Jans (quien antes de llegar a la élite como entrenador se ganaba la vida dando clases de alemán) contará con el olfato de Fred Benson, un ‘nueve’ ghanés muy poco ortodoxo capaz de hacer goles a lo Ibra y de fallarlos al más puro estilo Julio Salinas.

Johan Cruyff observa la jugada, con Rep a su espalda, en un Feyenoord-Zwolle de 1984, su último partido oficial antes de retirarse.

Ver Post >
Searching for Stefan Kovács

La enorme expectación que desató el estreno oficial del Tata Martino en Can Barça guarda no pocos paralelismos con el que protagonizó hace más de cuatro décadas el entonces desconocido técnico rumano al frente del mítico Ajax que conquistó Europa tres años de forma consecutiva. Su enigmática personalidad y las pocas ganas de exhibirse en público tras su jubilación relegaron al olvido al único entrenador que precedió a Guardiola ganando todos los títulos en disputa durante una misma temporada.

Foto: AFC AJAX / Kovacs, junto a su inseparable bicicleta, fue despedido en loor de multitud en su último partido en De Meer

La inesperada al tiempo que sorprendente elección de Gerardo Martino como técnico del Barça y su incontestable puesta de largo oficial a los mandos del mejor equipo del globo terráqueo sirven de excusa perfecta para rescatar del baúl de los recuerdos a una de las figuras más enigmáticas y a la vez brillantes en el tempestuoso mundo de los banquillos.

Tanto que hasta el mismísimo Steven Spielberg, a la sazón creador de ET o La Guerra de las Galaxias, se desplazó hasta Transilvania con la intención de entrevistar al “misterioso señor Kovacs”. Porque, en verdad, la vida y milagros del hombre que logró cautivar al planeta fútbol llevando la batuta del invencible y magistral Ajax a principios de los 70 está aún hoy plagada de interrogantes.

La conmoción generalizada por la contratación del Tata para sustituir a Tito Vilanova en el banquillo del Camp Nou fue un mero temblor sísmico comparado con el tsunami que provocó en Amsterdam la elección del entrenador que debía tomar las riendas de la mejor escuadra del momento después de que Rinus Michels, el padre de la criatura, anunciara su marcha al Barcelona.

“Un desconocido viene de un país en el que sólo el nombre de Drácula te dice algo para hacerse cargo del Ajax”, publicaban en junio de 1971 los medios holandeses con un claro deje de menosprecio en referencia al rumano Stefan Cováci, ‘Pisti’ (plomo) para los más allegados, de nacimiento István Kovács por mor de su ascendencia magiar paterna, o Stephane Kovax, como lo rebautizaron en Francia dos años más tarde después de aceptar el reto de recomponer el maltrecho balompié del país vecino desde los cimientos.

Foto: AFC AJAX

Los aceptables méritos contraídos por el preparador nacido en Timisoara al frente del Steaua durante los cuatro años precedentes (una liga y tres Copas de Rumanía) para llegar al viejo De Meer fueron una carta de presentación poco creíble a ojos de un país que por vez primera asomaba orgulloso la cabeza en el panorama futbolístico de la mano de una generación irrepetible de cracks, con Johan Cruyff a la cabeza.

Aunque nunca se supo a ciencia cierta qué fue lo que movió a los mentores del Ajax a decantarse por Stefan Kovács, la rumorología apunta a dos factores: ser el más barato en la lista de 15 técnicos que manejaban y su origen judio (sus abuelos fueron deportados a Auschwitz, donde perecieron víctimas del Holocausto), un detalle no menor en una entidad fundada y regida por miembros de la comunidad hebrea amsterdanesa.

Sea como fuere, ese don nadie, que a fines de los años 30 emigró a Bélgica para jugar en el Charleroi y poder pagarse los estudios de ingeniería textil, ‘hermano de’ Nicolae Covaci, uno de los cinco únicos futbolistas que tomó parte en los tres Mundiales de entreguerras, y apenas considerado por sus compatriotas el cuarto mejor entrenador de todos los tiempos por detrás de Mircea Lucescu, Anghel Iordanescu y Laszlo Bölöni, ingresó en los anales de la historia del deporte rey arramblando durante el par de campañas que guió a los tulipanes con todas las competiciones que disputó, excepción hecha de la Copa de 1973, de la que su invencible ejército de apóstoles del llamado ‘Totaal voetbal’ fue apeado a las primeras de cambio por el NAC Breda.

Su bautismo de fuego, que tuvo lugar un 15 de agosto de 1971 ante el FC Twente, despertó idéntica expectación a la de Martino frente al Levante. Si bien el triunfo de su Ajax fue mucho más discreto que el logrado por las huestes del técnico rosarino (0-2 en Enschede), puso la primera piedra a una temporada memorable y jamás vista hasta el día que Pep Guardiola se puso el mundo por montera conquistando todos los títulos en juego en un solo año.

Sin embargo, el de Santpedor no puede presumir de haber acumulado en su caja de caudales los éxitos de Kovács en sus dos primeras campañas dirigiendo la nave culé. Y no sólo en lo que se refiere a títulos (dos Copas de Europa, dos Ligas, dos Supercopas de Europa, una Intercontinental y una Copa de Holanda). Bajo su batuta, el Ajax se impuso en sus 46 partidos como local; anotó 206 goles en Liga, por apenas 38 en contra y obtuvo un 85% de victorias en los 123 choques que estuvo al mando, con un promedio de 3’3 goles por encuentro.

DIO LUSTRE AL 4-3-3 DE MICHELS
Covaci II, como era conocido en Rumanía hasta hacerse con el timón del Ajax, no se limitó a ser un mero continuador del atrevido estilo engendrado por Michels, sino que lo perfeccionó y encumbró metiéndolo en una coctelera con algunos preceptos técnicos rescatados de la gran Hungría de Puskas, Kocsis o Higdekuti (toques en corto y el uso de la pared como recurso ofensivo), tácticos (la presión asfixiante en el propio área rival y una sincronía casi infalible al hacer el fuera de juego) y humanos.

Y es que ‘Pisti’ poseía la mano izquierda que nunca llegó a tener el ‘General’ Michels a lo largo de su longeva carrera como entrenador. Kovács se metió en el bolsillo en un abrir y cerrar de ojos a un vestuario plagado de genios, encorsetados sin embargo por el rigor espartano del 4-3-3 de su predecesor.

Foto: AFC AJAX

El rumano apeló a sus raíces magiares para dotar de musicalidad a ese rodillo que trituraba a sus enemigos a partir de una descomunal potencia física. No bastaba con ganar por acoso y derribo. También debía haber espacio para la estética, la diversión y el espectáculo.

En aras de su particular ideario balompédico, sentó en el banquillo a Velibor Vasovic, toda una institución en el club, para dar entrada a Hors Blankenburg, con mejor salida de balón que el serbio. Del mismo modo, animó a Wim Suurbier y Ruud Krol a surcar con mayor audacia las bandas, lo que implicaba que Neeskens, Haan y Mühren hubieran de multiplicarse en labores defensivas.

Nadie supo exprimir el talento y la imaginación de los Cruyff, Neeskens, Swaart o Keizer como este hombre afable, sencillo, divertido, contemporizador y sumamente ocurrente que permitió durante su mandato la presencia de las esposas de los jugadores en las concentraciones o que se fumaran un ‘pitillo’ de vez en cuando, acaso porque él mismo se pasaba los partidos colgado de un cigarrillo en la boca.

Esa ‘democratización’ futbolística procedente del este de Europa, donde paradójicamente gobernaba el comunista Ceaucescu, se dejó sentir desde el día que Kovács plantó bandera en el campo de entrenamiento ajacied. Neeskens inquirió al nuevo técnico si les obligaría a cortarse la melena para poder jugar, como sucedía con el estricto Michels, a lo que el rumano respondió: “Soy tu entrenador, no tu peluquero. Si a tu mujer le parece bien, a mí también. Por lo único que voy a juzgarte es por el número de goles que marques al acabar la temporada”.

Pero bajo esa condescendencia suya, que para algunos jugadores, caso Gerrie Muhren, supuso el principio del fin de una escuadra mítica, subyacía una recia personalidad que afloraba cuando era necesario. “Los resultados demuestran que fichar a Kovács fue la decisión correcta”, dijo en su día Cruyff. “Como técnico, era un estratega brillante. Como persona, era muy amable, con un gran sentido del humor. Su metodología nos ayudó a crecer y subir un escalón más”, asegura Johnny Rep, autor del gol que dio al Ajax su tercera Copa de Europa consecutiva en Belgrado, ante la Juventus.

IBA A ENTRENAR EN BICICLETA
La pertinaz sencillez y modestia de la que siempre hacía gala cautivó no sólo a sus pupilos, sino a toda Holanda. Hasta el punto de que la reina Beatriz llegó a ofrecer a Ceaucescu un regalo durante su visita al país de los tulipanes en agradecimiento por haberles ‘cedido’ a un Kovács que aparecía cada mañana en De Meer montado en su inseparable bicicleta.

Como no pocos aspectos de su vida, la decisión de abandonar la escuadra del guerrero aqueo en su máximo apogeo estuvo envuelta en un halo de misterio. La versión más aceptada es que el preparador rumano, como gran visionario que era, intuyó la desintegración de su Ajax tras el adiós de Cruyff al Barcelona y optó por seguir los pasos del timonel.

Hay quien vio en su inesperada renuncia la mano negra de Ceaucescu y su tenebrosa ‘Securitate’, que habría amenazado a Kovács con ensañarse con su entorno familiar si no regresaba de inmediato a Rumanía para hacerse cargo del combinado nacional.

Kovács, junto a Michel Hidalgo.

Esta teoría cobraría fuerza después de conocerse muy recientemente que el ministerio de Deportes francés contactó con el propio dictador del país de Los Cárpatos para que les cediera a su entonces entrenador más reputado a cambio de una cantidad fija de francos mensuales y determinados favores comerciales. El órdago galo resultó de lo más convincente porque ‘Pisti’ aceptó el reto de liderar la revolución del fútbol francés desde el puesto de seleccionador.

Su afán por abrir paso a las nuevas camadas posibilitó el desembarco en la ‘Tricolor’ de Michel Platini y Alain Giresse, entre otros. Bajo el liderazgo de semejante par de artistas del cuero y la dirección técnica de quien fuera su ayudante de campo, Michel Hidalgo, Francia alcanzaría nueve años más tarde su primer gran logro con la Eurocopa de 1984. Un hecho que el rumano predijo nada más aterrizar en París. Sea como fuere, su mayor legado en el país vecino fue sentar las bases de lo que más tarde sería el centro de formación de Clairefontaine.

Sus últimas aventuras en los banquillos (selección rumana, Panathinaikos y Mónaco) estuvieron marcadas por el fracaso, lo que acabaría sumiendo a Kovács en un deseado olvido que le permitió retirarse en 1987 a uno de los tres apartamentos que adquirió con las primas ganadas con el Ajax en Cluj-Napoca, la hermosa localidad transilvana en la que arrancó su carrera como técnico y donde, según llegó a reconocer, “alcancé la felicidad plena”.

Un cáncer de pulmón sesgaría su colosal existencia 12 días antes de que su amado Ajax añadiera la cuarta estrella a su gloriosa elástica mientras disfrutaba de una partida de cartas con sus viejos camaradas del Universitatea. Un millar de personas le tributó un merecido adiós en su funeral, al que no faltó la columna vertebral de aquel equipo con el que cambió para siempre la historia del fútbol moderno. Ese grupo de jugadores que el día que se despidió de la afición ajacied en De Meer con un 12-1 al Vitesse, le regaló un coche para que aparcara de una vez por todas su vieja bicicleta. Nunca lo lograron.

Ver Post >