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Categoría: Fútbol
Las venas abiertas de Bosnia

Un partido de fútbol entre clubes musulmanes y ortodoxos es el caldo de cultivo idóneo para comprobar las tensiones aún latentes en la tierra que fuera escenario del último gran conflicto armado del siglo XX. Si el estadio se encuentra pegadito a la frontera serbia, la localidad cuenta con mayoría de población ortodoxa y, de repente, aparece por las gradas un batallón de radicales del cuadro forastero, la atmósfera se vuelve tan densa que podría cortarse en pedacitos con un cuchillo.

Los jugadores del Radnik, todos serbo bosnios, rodean al árbitro croata después de señalar un penalti a favor del Sarajevo. FOTOS: DAVID RUIZ

La selección de Bosnia será este próximo verano la número 67 en disputar una Copa del Mundo, Brasil 2014. El combinado que dirige Safet Sušic representará en tierras sudamericanas a un fútbol que, como sucede con todo en esta nación de nuevo cuño, lleva impreso en su ADN el estigma del último gran conflicto bélico del siglo pasado.

El tratado de Dayton puso oficialmente fin en 1995 a la lucha entre las fuerzas serbias, bosniacas y croatas. Pero el nuevo mapa de esta convulsa región de Los Balcanes mantiene, en esencia, esa división abierta de modo feroz durante tres largos años por la fuerza de las armas. Dos estados dentro de uno, pueblos difícilmente reconciliables a causa de las matanzas étnicas y las deportaciones, con acerbos culturales y religiones que la guerra se encargó de enfrentar para siempre… Todo eso hace de Bosnia un país cogido con alfileres, en el que los coches de la UNPROFOR (Fuerzas de Protección de las Naciones Unidas) se dejan ver todavía por aquellas zonas donde han vuelto a convivir musulmanes, ortodoxos y católicos. Nadie se fía de nadie.

La partición de la nación en dos entidades políticas autónomas tiene al balompié como excepción a la regla desde que en el año 2002 las federaciones bosniaca y de la República Serbia decidieron crear, ante la insistencia de la UEFA, la Premijer Liga BH, única categoría del panorama futbolístico bosnio en la que miden sus fuerzas sobre el césped equipos de las tres esquinas del ring. De Segunda división hacia abajo, cada cual hace la guerra por su cuenta.

La élite del balompié en Bosnia-Herzegovina cuenta en la actualidad con siete clubes de ascendencia musulmana (Zeljeznicar, FK Sarajevo, Celik Zenica, FK Zvijezda, Olimpik, Travnik y Velez Mostar); seis de origen serbio (Borac Banja Luka, Rudar Prijedor, Mladost Velika Obarska, Radnik, Leotar Trebinje y Slavija Sarajevo) y tres croata (NK Vitez, Zrinjski y Siroki Brijeg), siendo estos dos últimos los líderes de la competición, al alimón con el Zeljeznicar.

Esa tensión que se palpa en el ambiente después de abandonar la orilla serbia del río Drina se acentúa claramente en los estadios, tal vez porque el fútbol es la única manifestación social en la que los bosnios pueden desfogar periódicamente sus fobias dentro de la legalidad establecida.

La visita del FK Sarajevo a la cancha del Radnik de Bijeljina, la ciudad fronteriza donde comenzaron los combates en abril del 92 y que ahora cuenta con mayoría de población serbia, multiplica ese caldo de cultivo beligerante en el que el aire podría cortarse perfectamente con un cuchillo.

Hinchas radicales del FK Sarajevo, enjaulados.

La más emblemática y poderosa de las escuadras de filiación musulmana, con permiso de sus vecinos del Zeljeznicar, obliga a la Federación a declarar sus partidos de alto riesgo cada vez que su autobús penetra en territorio serbo bosnio. El Gradski stadion es, además, de las plazas más calientes. Una verdadera pesadilla para árbitros, futbolistas e hinchadas rivales, si es que se atreven a poner los pies en unos graderíos donde se les considera personas non gratas.

Esa hostilidad no fue óbice para que una cincuentena de miembros de los Horde Zla (Hordas del Diablo), los temidos ultras del cuadro granate, apareciesen en escena y encendieran la mecha en el momento en el que desplegaron una pancarta con el rostro de Vedran Puljic, un mártir del Sarajevo, asesinado en 2009 tras una batalla campal con los hinchas del Siroki Brijeg.

Con el fin de evitar que la sangre pudiera llegar al río, al batallón de ex miembros de la Armija (ejército popular bosniaco durante la guerra) lo encerraron en una especie de jaula, con llave incluida, controlada por la policía local, que veló durante todo el encuentro de que ni un solo aficionado del Radnik se les arrime, y menos aún alguno de los componentes de los Incident, el grupo radical del cuadro serbio, que a duras penas alcanzan para armar un equipo reglamentario. “Tenemos bajas por enfermedad”, me comentó su líder, un adolescente lleno de tatuajes que cacareaba la frase “Muslims, a Sarajevo” como si se tratara del gallo Claudio.

Resultaba curioso ver cómo cada vez que un hincha del Sarajevo necesitaba ir al baño, era acompañado por un agente de las fuerzas del orden. Todo para minimizar los riesgos de que se montara el pollo padre.

La espoleta, aunque retardada, acabaría saltando a los 23 minutos cuando Ilija Zivkovic, el trencilla croata del envite, señaló un penalti muy riguroso en contra del Radnik, que por entonces ganaba 1-0, acompañado de la expulsión de Marko Jevtic por ser el último hombre. Hasta siete jugadores locales se tiraron literalmente encima del colegiado pidiéndole explicaciones por la decisión que acababa de tomar mientras la grada jaleaba indignada al grito de “árbitro, ladrón”. “Este tío está loco, no ha sido penalti”, bociferaba fuera de sus casillas Borislav Tonkovic, el director deportivo del Radnik, que está sentado en el banquillo.

El pitote se alargó más de la cuenta porque Jevtic se encaró con medio Sarajevo y no quería abandonar el césped. La megafonía puso en ese instante el toque de humor balcánico al solicitar amablemente al público que se abstuviera de llamar ladrón al trencilla, lo que provocó una estruendosa carcajada general.

La policía serbo bosnia, escoltando al Sarajevo.

Tan chistosa situación ayudó de algún modo a mitigar la carga emocional lo justo para poder pasar al siguiente acto, el lanzamiento del penalti. El numerito corrió entonces a cargo de un periodista de Radio Novi Sad quien, situado detrás de la portería, empezó a correr de un poste a otro con la intención de despistar a Travancic, el tirador grana. El árbitro, que por entonces ya sólo podía soñar con alcanzar de una pieza el final del duelo, hizo la vista gorda. La estratagema, sin embargo, no funcionó y la pelota acabó en la red.

En los instantes finales del primer período se personaron en el recinto nuevos efectivos policiales que ayudaron a calmar los ánimos contra el trío arbitral, que fue despedido del césped con una lluvia de objetos de todo tipo.

Como quiera que el Radnik venía de sufrir un cierre de su estadio por graves incidentes frente al Siroki Brijeg croata y, ante el llamamiento lacónico a la calma casi desesperado que hicieron desde megafonía durante el descanso, los decibelios descendieron notablemente en el segundo acto, y eso a pesar de que el Sarajevo logró decantar el encuentro a su favor, para mayor satisfacción de su ruidosa y provocativa guardia pretoriana.

Mientras la desencantada parroquia local se marchaba a mojar sus penas con unos tragos de rakja (el aguardiente balcánico) en las tascas aledañas, el autobús del Sarajevo abandonaba suelo comanche escoltado por un coche de policía hasta alcanzar la autopista que lleva a la capital bosnia y, por ende, a la paz.

Las tánganas entre jugadores de ambos equipos son una constante a lo largo del encuentro.

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La extraña sequía del goleador de los 60 kilos

El colombiano FREDY MONTERO ha pasado en apenas tres meses de ser la sensación del fútbol portugués a desaparecer por completo del panorama. El anuncio de su contratación en propiedad por parte del Sporting lisboeta, que le puso una cláusula de rescisión de 60 millones de euros, coincidió con la pérdida total de su olfato cara al gol, que dura ya más de 100 días. Dicha sequía le ha llevado a perder el Pichichi del campeonato, la titularidad en su club y, si no lo remedia en breve, puede que también el tren del Mundial con su selección. 

El colombiano Fredy Montero se lamenta tras fallar una clara acción de gol con el Sporting luso.

Lo que al principio parecía un trance pasajero, se ha ido alargando en el tiempo hasta el punto de convertirse en un serio contratiempo para su escuadra que ha terminado minando la confianza del protagonista de esta historia. Casualidad o no, lo cierto es que Fredy Montero, el otrora implacable @goleador17 como reza su cuenta oficial de twitter, dejó de honrar a ese apelativo desde el momento en que se filtró la posibilidad de que su actual equipo, el Sporting Club de Portugal, hiciera efectiva la compra de sus derechos al Seattle Sounders para apropiarse definitivamente de los goles del atacante colombiano, que llegara a Europa el pasado verano en calidad de cedido por la escuadra de la MLS.

El Sporting Club hizo buenos los rumores y a finales de enero compraba por una cifra próxima a los 3 millones de euros a Montero, al que colocó una cláusula de rescisión de 60 millones de la misma moneda. Pero la buena nueva no devolvió el olfato al ariete cafetero, que suma ya más de 100 días sin encontrar el camino del gol. Sus últimas dianas se remontan al 8 diciembre del pasado año, cuando batió por dos veces la meta del Gil Vicente en Barcelos, dando la victoria al cuadro leonino por 0-2.

Desde entonces, el ariete nacido en Campo de la Cruz ha sido incapaz de hacer una sola diana en las mallas enemigas. El Sporting ha disputado un total de 15 encuentros, doce de liga (Os Belenenses, Nacional, Estoril, Arouca, Académica, Benfica, Olhanense, Rio Ave, Vitoria Setúbal, Sporting Braga, Oporto y Marítimo) y tres de la Copa de la Liga (Oporto, Marítimo y Penafiel), sin que su estrella más rutilante haya dado con la tecla para romper un maleficio que cortó de raíz su espectacular comienzo de campaña, en el que convirtió 16 tantos, 13 de ellos en el campeonato doméstico, incluyendo tres dobletes (Gil Vicente, Paços Ferreira y Vitoria Setúbal) y dos hat-tricks (Arouca y Alba).

Esa pertinaz sequía que padece el ex punta de Millonarios de Bogotá no sólo le ha relegado a un segundo plano en la tabla de goleadores de la SuperLiga lusa, que ahora comanda su compatriota Jackson Martínez, del Oporto, con 15 goles, sino que además le ha llevado a perder su condición de indiscutible en el once titular de Leonardo Jardim. Harto de ver cómo el colombiano acumulaba partidos sin mojar, el técnico de los verdiblancos decidió hace un mes retirarle la confianza que había depositado en él tras aterrizar el último verano en el Alvalade aprovechando una sanción por acumulación de tarjetas. Su puesto en vanguardia fue ocupado por el argelino Islam Slimani.

Montero, celebrando un tanto.

Circunstancias al margen, la suplencia de Montero se veía venir dadas las buenas actuaciones que venía completando el jovencísimo ariete magrebí, que ya en el choque previo había logrado uno de los dos tantos que darían al Sporting el triunfo en casa del Rio Ave.

Slimani refrendó la confianza de Jardim anotando otro tanto frente al Sporting Braga, contra el que estrenó titularidad. El punta argelino tampoco faltó a su cita con el gol en dos de los tres últimos encuentros ligueros del Sporting, frente al Vitoria Setúbal (2-2) y el Oporto (1-0), enlazando así cuatro jornadas consecutivas marcando, racha que se truncó el pasado fin de semana en Funchal frente al Marítimo, justo cuando acariciaba la posibilidad de batir un récord de partidos seguidos anotando en la historia del campeonato lusitano.

El internacional magrebí, apodado Super Slim por la parroquia leonina, decidió precisamente hace dos jornadas el clásico frente al Oporto con un perfecto cabezazo al poco de comenzar la segunda mitad, que sirvió para consolidar a los Leones del Alvalade en la segunda posición liguera, a siete puntos del Benfica. Su excelente momento de forma le ha permitido repetir titularidad en los tres últimos duelos, relegando al banquillo definitivamente a Montero.

La irrupción goleadora del ariete africano ha evitado que el Sporting extrañe en demasía los goles de Montero. De hecho, el Benfica ha sido el único equipo que ha sido capaz de batir en lo que va de año a los verdiblancos. Con todo y con eso, el mayor perjuicio para Montero podría producirse en el momento en el que el seleccionador de su país, el argentino José Néstor Pekerman, dé a conocer la lista de 23 convocados para el Mundial brasileño.

Su alarmante atascamiento goleador amenaza seriamente su presencia en el torneo que se disputará desde el próximo 12 de junio, y eso a pesar de que su buen momento le había abierto las puertas del combinado cafetero casi de par en par después del desgraciado percance en forma de grave lesión de Falcao.

Lo cierto es que ni Montero ni Jackson Martínez andan demasiado finos en los últimos tiempos, lo que ha abierto el abanico de candidatos para defender los colores de Colombia en una Copa del Mundo por vez primera desde Francia 98. Uno de los más firmes parece ser Adrián Ramos, que está cuajando una campaña marcada por la regularidad de cara al gol en el Hertha de Berlín, así como el sevillista Carlos Bacca.

Lo que nadie termina de explicarse en el país vecino es ese profundo bajón por el que atraviesa el punta cafetero, que en el ecuador de la temporada había sido capaz de igualar su mejor registro goleador en una sola campaña con los Sounders (anotó 13 goles en Liga en 2012). No en vano, las cifras de Montero eran, de largo, las mejores firmadas por un delantero sportiguista a esas alturas de ejercicio desde Manuel Fernandes, en la 1985-86.

El atacante cafetero festeja un gol con su compañero Wilson Carvalho.

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Inglaterra descubre al otro Poyet

De casta le viene al galgo el talento y también la personalidad dentro del rectángulo de juego. DIEGO POYET no ha hecho sino desembarcar en el fútbol profesional, pero ya está dando que hablar. Al prometedor volante del Charlton se lo empiezan a rifar los grandes de la ‘City’, a sabiendas de que su contrato con los Addicks finaliza este verano. Esa lucha también podría haberse dado a nivel de selecciones de no ser porque el hijo del técnico del Sunderland, nacido es España, sólo concibe ponerse la Celeste.

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Serbia golea en el cine con su Mundial

Las aventuras del equipo yugoslavo en el primer Mundial de la historia son el hilo conductor de ‘Montevideo, vidimo sei’, la película récord de taquilla en Serbia y que se acaba de expandir con gran éxito a los cines de Montenegro, Macedonia, Croacia y Eslovenia. Un hermoso relato de fútbol ataviado de connotaciones sociales y políticas de la época que cuenta, además, con participación española.

Los actores Petar Strugar y Milos Bikovic interpretan a Mosha Marjanovic y Tirke, las estrellas del equipo yugoslavo en el Mundial del 30.

El aficionado serbio no podrá disfrutar este verano con los goles de su selección en Brasil, pero al menos le queda el consuelo de estar pasándolo en grande con los que anotó hace 84 años su equipo nacional en el primer Mundial de la historia. La segunda parte de un largometraje basado en las peripecias vividas por el combinado yugoslavo que participó en Uruguay 1930, donde conquistó contra todo pronóstico la tercera plaza, está arrasando en las pantallas del país balcánico desde que fuera estrenada en el Sava Centar de Belgrado, el pasado 15 de enero.

‘Montevideo, vidimo sei’ (Nos vemos en Montevideo) ha conseguido en apenas siete semanas de cartelera llevar a más de 700.000 personas al cine, cifra que supera de largo a la primera entrega de esta saga, ‘Montevideo, Bog te video‘, la ópera prima del director Dragan Bjelogrlic que obtuvo un gran éxito hace cuatro años y que narraba los complicados prolegómenos del viaje a Sudamérica de la escuadra balcánica, así como los problemas del presidente de la FIFA, Jules Rimet, para conseguir la presencia de selecciones europeas en aquel experimento que acabaría siendo el evento deportivo más seguido en el mundo, después de los Juegos Olímpicos.

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Basada en la novela del periodista Vladimir Stankovic, esta nueva súperproducción de Intermedia Network rescata del baúl de los recuerdos durante 141 minutos la epopéyica aventura de un puñado de futbolistas serbios del período de entreguerras, protagonistas de una Copa del Mundo a la que Yugoslavia acudió sin sus mejores efectivos, de nacionalidad croata, pese a lo cual conseguiría batir a Brasil y Bolivia antes de caer en semifinales con la futura campeona, Uruguay. Los ecos de su éxito han comenzado a expandirse como un reguero de pólvora por suelo balcánico, triunfando ya plenamente en las salas de Montenegro, Macedonia, Croacia y Eslovenia.

Las anécdotas e historias mínimas se agolpan en una puesta en escena que ha respetado en buena medida la obra del autor. “Sólo catorce futbolistas partieron hacia Uruguay. Tres más, profesionales que jugaban en clubes franceses, se unieron a la expedición que completaron el seleccionador Simonovic, el secretario general de la Federación, Mihailo Andrejevic, quien sería durante más de medio siglo miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA, y el directivo Kosta Hadzi“, contó el escritor y periodista a Grada360.

Escena del equipo a su llegada a Montevideo.

Stankovic desvela algunos apuntes interesantes que ayudan a comprender mejor cuan distante estaba el balompié de aquellos tiempos con respecto al actual. “Aquel equipo estaba integrado sólo por jugadores serbios pertenecientes a tres clubes de Belgrado: El BSK (actualmente OFK), el Soko y el Jugoslavia. Éste último era el mejor de todos. El viaje en barco duró casi tres semanas y cuando llegaron a Montevideo los jugadores tenían sobrepeso. Fue muy duro recuperarlos, pero lograron derrotar primero a Brasil, luego a Bolivia, y ser el único equipo europeo en llegar a semifinales”.

Un partido, aquel, de infausto recuerdo para sus compatriotas. “Sufrimos un robo descarado frente a los anfitriones, aunque el 6-1 final indique otra cosa. Ganando 0-1 le anularon un gol legal a Yugoslavia. Ellos marcaron dos en fuera de juego y el tercero llegó gracias a una ‘asistencia’ de un policía que estaba detrás de la meta serbia, devolviendo rápido el balón a la cancha. Como protesta por lo ocurrido, el doctor Andrejevic se negó a que el equipo disputara el partido por el tercer puesto”.

Las referencias a la primera parte de la saga son constantes. Y es que es imposible no hacerlo. De hecho, el título del anterior film hace alusión al telegrama que llegó al hotel de concentración balcánica en Montevideo, el ‘Des Anglais’, poco antes de que el once de Simonovic se midiese a los anfitriones en el estadio Centenario. “Se trataba de un juego de palabras que contenía un error ortográfico intencionado para hacer una rima. En serbio sería “Jugoslavijo u Montevideu, Bog te video. Ugruvaj Urugvaj” -Yugoslavia, en Montevideo. Con la ayuda de Dios tumbaréis a Uruguay”, aclara Stankovic.

Pero el largometraje es, por encima de todo, un canto a aquel mítico equipo bautizado por los aficionados locales como los ‘Icici’, por mor de las terminaciones de sus apellidos. ‘Nos vemos en Montevideo’ rememora, al igual que el libro, las hazañas de un once legendario del que formaban parte alguno de los mejores futbolistas balcánicos de todos los tiempos.

El hilo argumental gira en torno a la figura de los cinco cracks de aquella selección. Por encima de todos, Blagoje Marjanovic. ‘Mosha’ fue un delantero centro de enorme talento que marcó 95 goles en Liga antes de la Segunda Guerra Mundial. Aleksandar Tirnanic, su socio en el BSK y el más joven de la selección, con 19 años. Excepcional atacante con una pegada endiablada, ‘Tirke’ sería más tarde seleccionador ‘plavi’ en los Juegos de Helsinki 1952.

Militin Ivkovic, ‘Milutinac’, era el lateral derecho y un auténtico atleta. Fue elegido en el once ideal del torneo. Pocos meses después del Mundial acabaría sus estudios de medicina. Ferviente militante de izquierdas y activista durante el conflicto bélico, murió fusilado por los nazis en 1943. La calle que sube hacia el estadio del Partizan lleva su nombre.

El portero, Milovan Jaksic, fue el otro serbio que entró en el once ideal de aquel Mundial. Frente a Brasil hizo el partido de su vida. La prensa local le bautizó como ‘El gran Milovan’. La afición uruguaya homenajearía sus asombrosas ‘voladas’ poniendo su nombre a una calle de Montevideo. Y por último el lateral izquierdo, Bosko Petrovic, quien aprovechó una gira por Francia de su club, el Jugoslavia, para cruzar los Pirineos y participar en la Guerra Civil Española como piloto voluntario en el bando republicano. Falleció en 1937 tras ser abatido su avión.

Por cierto, que la película, aunque de nacionalidad serbia, tiene un claro aroma español gracias a la participación de la actriz Elena Martínez, conocida por su participación en la serie televisiva ‘El Secreto de Puente Viejo’, y de la cantante Luz Casal, que pone voz a uno de los temas de la banda sonora del film, obra del grupo local Magnífico.

Formación yugoslava en el Mundial del 30 con Jaksic, Ivkovic, Mihailovic, Arsenijevic, Stefanovic, Djokic, Bek, Vujadinovic, Tirnanic, Marjanovic y Sekulic.

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Agente 0011

371 partidos y 66 goles después, YURI CORNELISSE colgó las botas de forma prematura para iniciar una nueva carrera profesional como agente de la policía holandesa. Convertido ya en oficial de las fuerzas del orden público de su país, el antiguo extremo izquierdo del Anderlecht, RKC, NAC, Groningen y ADO Den Haag se acaba de reencontrar con su pasado abanderando a la Oranje policial en la goleada sobre Eire, que permitirá a su selección disputar el campeonato de Europa del próximo junio en la República Checa.

El ex delantero Yuri Cornelisse, con el uniforme de la policía holandesa. FOTOS: VOETBAL INTERNATIONAL

A Yuri Cornelisse (Alkmaar, 1975) aún le quedaba gasolina de sobra para seguir dando guerra a las defensas rivales con la elástica del ADO Den Haag. La rapidez y habilidad de este extremo diestro a pie cambiado para marcharse en el uno contra uno de sus marcadores le había mantenido en la élite del fútbol holandés desde su puesta de largo, allá por 1996, en las filas del Top Oss (hoy FC Oss). Pero su vida dio un vuelco radical a fines de octubre de 2010 después de aprobar el examen de ingreso a la Academia Nacional de Policía.

Los tres años de formación a los que debía someterse para obtener los galones de oficial del principal cuerpo de seguridad del estado holandés resultaban de todo punto incompatibles con la actividad deportiva profesional, de modo que el ex delantero del Anderlecht, RKC Waalwijk, NAC Breda y FC Groningen se vio obligado a tomar la decisión más amarga de carrera: colgar las botas de forma prematura para poder dedicarse en cuerpo y alma a su nueva profesión, la de agente del orden público.

“La policía es mucho más que escribir informes o capturar ladrones. Exige un entrenamiento muy intenso y una serie de obligaciones que no se pueden combinar con el fútbol, así que no me queda otra alternativa que llegar a un acuerdo con el ADO para rescindir mi contrato y poder así empezar mi período de adiestramiento, que durará tres años, antes de convertirme en oficial de policía”, explicó Yuri el día que anunció públicamente su adiós.

La sorprendente decisión del mayor de los hermanos Cornelisse (su hermano Tim milita en el Willem II), bien conocido en la Eredivisie por sus volteretas cada vez que dejaba su sello en las redes rivales, respondía a la búsqueda de nuevos alicientes en la vida sabedor de que su carrera deportiva había entrado ya en su recta final. Atrás quedaban 371 partidos y 66 dianas a lo largo de 14 temporadas con picos altos durante su etapa en Groningen, donde compartió labores de ataque con un jovencísimo Luis Suárez.

Yuri con el ADO, su último club.

Cornelisse ingresó en la academia de Amsterdam el primero de noviembre de 2010 y prácticamente desapareció del mapa hasta fines del pasado año cuando su nombre volvió a sonar con fuerza en los medios de su país a cuenta de su primera convocatoria para integrar la selección nacional de la policía holandesa en su camino hacia el Europeo del próximo mes de junio, que se disputará en la República Checa a partir del día 23.

El seleccionador, Jochem Twisker, esperó pacientemente a que el ex futbolista profesional recibiera los galones de oficial para llamarle a filas y poner la guinda a una potentísima escuadra en la que ya destacaban otros ex profesionales como Arjen de Zeeuw (ex defensa del Wigan), Michael Lanting o Richard van Schooten.

Su estreno en Oslo, frente a Noruega, se saldó con victoria por 0-2, un resultado que permitía a la Oranje policial acceder a la segunda y última ronda clasificatoria previa que debía enfrentarles a la República de Irlanda.

El decisivo duelo se jugó el pasado 29 de enero en la localidad holandesa de Spakenburg y se saldó con un aplastante 7-0 a favor del once neerlandés. Yuri Cornelisse volvió por sus fueros y se erigió en la gran figura del choque anotando uno de los tantos y repartiendo asistencias por doquier a sus compañeros. La superioridad tulipán fue tal que el partido había quedado ya resuelto al descanso merced a un 6-0, firmado en apenas 39 minutos.

“Ha salido todo perfecto. He disfrutado mucho y estoy contento de poder ayudar a mis compañeros. Poder disputar un campeonato de Europa con el equipo de la policía me hace muchísima ilusión ya que nunca tuve la oportunidad de debutar con la Oranje. Es algo que no me esperaba cuando decidí colgar las botas, así que lo estoy disfrutando como si fuera un chaval”, comentó el ex extremo natural de Alkmaar, que al poco de concluído el choque recibía los parabienes de su último club, el ADO, a través de las redes sociales. “Felicitamos a Yuri Cornelisse por el 7-0 sobre Irlanda en el último partido de clasificación para el Campeonato de Europa de la Policía. Yuri ha jugado los 90 minutos y ¡marcó un gol!”

Su retirada profesional de los terrenos de juego no supuso, ni por asomo, que el veterano extremo izquierdo del combinado policial tulipán abandonase la actividad deportiva. Más de uno se llevó de hecho una sorpresa al comprobar su excelente condición física frente a los británicos, a los que desbordaba en velocidad con una facilidad pasmosa.

Yuri explicó tras el encuentro el secreto de su espectacular estado de forma. “Mi carrera como futbolista está aún cerca, así que algo queda. Todavía entreno tres veces a la semana siguiendo el programa de trabajo que me dio Jurgen Seegers -recuperador del ADO Den Haag-. También voy mucho al gimnasio y a veces hago natación. Me encanta practicar deporte, lo que ocurre es que durante los tres años en la academia he estado ocupadísimo entre estudios, servicios, guardias, la familia, etc. Ahora tengo un poco más de tiempo”.

Cornelisse rescató también del baúl de los recuerdos su famosa voltereta después de firmar el cuarto tanto de la Oranje ante los irlandeses. Otro motivo de alegría y de nostalgia de épocas pretéritas. “La gente me sigue preguntando por qué me dio por hacerlas cuando marcaba. La verdad es que fue algo espontáneo. Nunca lo preparé ni lo entrené. Ya la hice en mi primer gol con el AFC’34. Fue algo natural. Una diversión extra. Me gustó y al público también, así que lo convertí en parte de la liturgia de mis goles”.

A pesar de este inesperado y feliz reencuentro con su anterior vida, el ahora oficial de policía no se arrepiente del paso que decidió dar hace más de tres años. “En absoluto. Pero eso no quiere decir que cuando echo la vista atrás no me produzca placer y alegría recordar todo lo que viví dentro de los terrenos de juego. Al contrario. Tuve una carrera hermosa, apenas sí estuve lesionado y jugué en equipos diferentes donde siempre me sentí muy bien tratado”.

De poner un pero a lo vivido durante 14 largas temporadas, sería a su breve etapa en el extranjero, concretamente en Bélgica. “Tal vez mi único lunar fue el Anderlecht. Cuando me lesioné estaba preseleccionado para ir al Europeo y luego cuando pude volver a jugar, la temporada estaba casi finalizada y habían despedido a Arie Haan, que fue quien me fichó. Yo tenía un contrato por tres años, era muy joven y sólo pensaba en jugar. Así que tomé la decisión de salir. Y no me arrepiento. Creo que hice lo correcto”, asegura.

Al hablar de sus antiguos camaradas, la gran estrella del once policial holandés se queda con cuatro nombres. “En el Anderlecht jugué con Enzo Scifo y Pär Zetterberg. Dos futbolistas de una calidad extraordinaria. En el RKC Waalwijk tuve de compañero a Zeljko Petrovic, un jugador con una personalidad arrolladora, y en Groningen disfruté muchísimo compartiendo ataque con Luis Suárez. No me sorprende nada en lo que se ha convertido. Ya entonces era un delantero diferente. Y un buen chico”, concluye.

Yuri Cornelisse -el segundo por la derecha en la fila inferior- junto al resto de compañeros de la selección policial antes de medirse a Irlanda.

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La 'roca' del Sochaux será el chollo del verano

Llegó a Francia en enero para reflotar al equipo con más solera de la Ligue 1 y es ya su nuevo estandarte. Stoppila SUNZU es, a sus 24 años, una madura réplica de Marcel Desailly. Al igual que el mítico ex de Milan y Chelsea, el imponente zaguero zambiano ha explotado después de retrasar su posición en el césped. Si el Sochaux se acabara yendo a pique, habrá cola en el Auguste Bonal para pujar por sus servicios.

El central zambiano Stoppila Sunzu, luciendo la camiseta de su nuevo club, el Sochaux francés.

Hasta hace mes y medio era un auténtico desconocido, salvo para aquellas secretarías técnicas habituadas a hacer sus deberes en la Copa de África. Pero siete partidos han bastado para que el nombre de Felix Stoppila Sunzu (Chingola, 1989) aparezca marcado en rojo en la lista de la compra de un buen puñado de clubes europeos, entre ellos varios españoles.

La entrada en escena de este poderoso defensa central nacido en Zambia hace 24 años ha sido tan repentina como espectacular. El Sochaux francés decidió pagar un millón de euros al TP Mazembe el pasado 6 de enero para liberar a Sunzu de las ligaduras que le ataban al poderoso club congoleño y dar gusto de paso a su entrenador, Herve Renard, que llevaba pidiendo su fichaje desde que en octubre pasado aterrizara en el Auguste Bonal para tomar el relevo del destituido Éric Hély.

Renard, a la sazón ex seleccionador de Zambia, sabía muy bien lo que hacía al reclamar los servicios de esta réplica bien madura de Marcel Desailly que, como en el caso del ex internacional galo, empezó a destacarse como volante defensivo para acabar dando un paso atrás y consolidarse como uno de los zagueros más completos del fútbol africano.

Sunzu llegó a Montbéliard con el encargo de apuntalar una retaguardia que hacía aguas por todas partes, un detalle fundamental para tratar de sacar del pozo de la clasificación al club con mayor antigüedad en la Primera división francesa. El autor del penalti que dio el título de campeones de África a los Chipolopolo en 2012 se puso manos a la obra y en apenas mes y medio no sólo se ha hecho con los mandos del entramado defensivo del Sochaux, al que ha suturado muchas de las costuras que lo habían convertido en un chollo para los ataques rivales, sino que además ya ha dejado muestras de su tremenda eficacia en las acciones a balón parado.

Sunzu, celebrando un gol con el equipo galo.

Dos cabezazos suyos, frente al Nantes y al Guingamp, sirvieron para que los de Renard se embolsaran seis puntos que han vuelto a meter en la pomada de la salvación a una escuadra literalmente defenestrada antes del parón navideño.

Sunzu, que llegó a Francia acompañado de su compatriota y compañero en el Mazembe Nathan Sinkala, es ya el futbolista clave del Sochaux y uno de los más valorados por la prensa especializada en el país vecino. Mientras que su propio club le elegía mejor jugador del mes de enero, el diario L’Equipe le nominaba en el once ideal, con el segundo puntaje más alto. Sólo Ibrahimovic, que esta temporada anda como a un par de niveles del resto de los mortales en la Ligue 1, superó al defensor zambiano, que hasta el momento sólo se ha perdido el último encuentro de su equipo, el que les enfrentó al Valenciennes el pasado sábado, por culpa de una sobrecarga en los adductores.

El excelso rendimiento que está ofreciendo en esta su segunda aventura europea (hace seis años tuvo una fugaz e insignificante aparición en el Chateauroux, a donde llegó cedido por el Zanaco Lusaka de su país) es la mejor forma que Sunzu tiene de agradecer a Renard el haber sido el técnico que disparó su trayectoria deportiva al reconvertirle a una posición, la de zaguero, que curiosamente le gusta más bien poco.

El ex seleccionador de los Chipolopolo tomó esa decisión en los albores de la CAN disputada hace dos años en Guinea Ecuatorial y Gabón a causa del overbooking de futbolistas que tenía en la medular y por su deseo de contar con un defensa que tuviera vocación de hombre libre para sacar la pelota jugada desde el fondo. El experimento no sólo le salió redondo, sino que Sunzu se erigió en figura decisiva para la consecución del título continental al transformar la última pena máxima en la tanda de penaltis que dirimió la finalísima que les midió a la Costa de Marfil de Yaya Touré y Drogba.

Su nombre, sin embargo, ya había sonado con fuerza dos años atrás en el torneo disputado en Angola, aunque en aquella ocasión Sunzu se exhibió actuando incrustado como barredor por delante de los dos centrales. Su inteligencia táctica, más que aceptable técnica y gran resistencia física fueron las virtudes que le permitirían fichar por el conjunto con mayor potencial económico y deportivo del África subsahariana, el Mazembe.

El idilio entre el todopoderoso club de Lubumbashi y el zaguero de Chingola se torcería desde el momento en que Moses Katumbi, su controvertido presidente, se dedicó a torpedear las ofertas procedentes de Inglaterra que el agente del jugador le puso sobre la mesa.

La negativa de este Florentino Pérez a la africana a negociar con Arsenal y Sunderland tensó hasta tal extremo las relaciones entre ambos que Sunzu decidió tirar por la calle de enmedio y marcharse en diciembre de 2012 a las Islas Británicas para someterse a una prueba con el Reading luego de asegurar a los Royals que su relación contractual con el Mazembe expiraba a fines de año.

El zaguero zambiano convenció sobradamente al cuerpo técnico del Reading de sus cualidades y cuando desde las oficinas del Madejski Stadium solicitaron el transfer internacional a los congoleños para formalizar su permiso de trabajo, se encontraron con la sorpresa de que a Sunzu le quedaban aún tres años de contrato con el cuatro veces campeón de África. Katumbi exigió a los ingleses seis millones de euros por su pase y la operación se fue al traste.

Con el futbolista literalmente en rebeldía, el Mazembe se negó hace unos meses a cederle a su selección, lo que provocó un conflicto entre club y federación que salpicó a sus compatriotas Nathan Sinkala y Rainford Kalaba, también jugadores del equipo congoleño. El incidente trascendió los lindes deportivos y el gobierno de Zambia confiscó los pasaportes a sus tres internacionales, prohibiéndoles la salida del país hasta que Katumbi accediera a permitir a Sunzu ponerse la elástica de los Chipolopolo.

Liberado al fin del yugo del Mazembe y de vuelta a su mejor versión, el futuro de Sunzu en el Sochaux pende de su continuidad en la máxima categoría del fútbol francés. Con contrato en vigor hasta 2017, si los de Montbéliard se fueran a pique se verían obligados a traspasar a su mejor activo a la baja. Pretendientes, desde luego, no le van a faltar.

Sunzu se lleva una pelota ante el delantero senegalés del Ajaccio Aboubakar Camara.

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