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Categoría: Europa
La extraña sequía del goleador de los 60 kilos

El colombiano FREDY MONTERO ha pasado en apenas tres meses de ser la sensación del fútbol portugués a desaparecer por completo del panorama. El anuncio de su contratación en propiedad por parte del Sporting lisboeta, que le puso una cláusula de rescisión de 60 millones de euros, coincidió con la pérdida total de su olfato cara al gol, que dura ya más de 100 días. Dicha sequía le ha llevado a perder el Pichichi del campeonato, la titularidad en su club y, si no lo remedia en breve, puede que también el tren del Mundial con su selección. 

El colombiano Fredy Montero se lamenta tras fallar una clara acción de gol con el Sporting luso.

Lo que al principio parecía un trance pasajero, se ha ido alargando en el tiempo hasta el punto de convertirse en un serio contratiempo para su escuadra que ha terminado minando la confianza del protagonista de esta historia. Casualidad o no, lo cierto es que Fredy Montero, el otrora implacable @goleador17 como reza su cuenta oficial de twitter, dejó de honrar a ese apelativo desde el momento en que se filtró la posibilidad de que su actual equipo, el Sporting Club de Portugal, hiciera efectiva la compra de sus derechos al Seattle Sounders para apropiarse definitivamente de los goles del atacante colombiano, que llegara a Europa el pasado verano en calidad de cedido por la escuadra de la MLS.

El Sporting Club hizo buenos los rumores y a finales de enero compraba por una cifra próxima a los 3 millones de euros a Montero, al que colocó una cláusula de rescisión de 60 millones de la misma moneda. Pero la buena nueva no devolvió el olfato al ariete cafetero, que suma ya más de 100 días sin encontrar el camino del gol. Sus últimas dianas se remontan al 8 diciembre del pasado año, cuando batió por dos veces la meta del Gil Vicente en Barcelos, dando la victoria al cuadro leonino por 0-2.

Desde entonces, el ariete nacido en Campo de la Cruz ha sido incapaz de hacer una sola diana en las mallas enemigas. El Sporting ha disputado un total de 15 encuentros, doce de liga (Os Belenenses, Nacional, Estoril, Arouca, Académica, Benfica, Olhanense, Rio Ave, Vitoria Setúbal, Sporting Braga, Oporto y Marítimo) y tres de la Copa de la Liga (Oporto, Marítimo y Penafiel), sin que su estrella más rutilante haya dado con la tecla para romper un maleficio que cortó de raíz su espectacular comienzo de campaña, en el que convirtió 16 tantos, 13 de ellos en el campeonato doméstico, incluyendo tres dobletes (Gil Vicente, Paços Ferreira y Vitoria Setúbal) y dos hat-tricks (Arouca y Alba).

Esa pertinaz sequía que padece el ex punta de Millonarios de Bogotá no sólo le ha relegado a un segundo plano en la tabla de goleadores de la SuperLiga lusa, que ahora comanda su compatriota Jackson Martínez, del Oporto, con 15 goles, sino que además le ha llevado a perder su condición de indiscutible en el once titular de Leonardo Jardim. Harto de ver cómo el colombiano acumulaba partidos sin mojar, el técnico de los verdiblancos decidió hace un mes retirarle la confianza que había depositado en él tras aterrizar el último verano en el Alvalade aprovechando una sanción por acumulación de tarjetas. Su puesto en vanguardia fue ocupado por el argelino Islam Slimani.

Montero, celebrando un tanto.

Circunstancias al margen, la suplencia de Montero se veía venir dadas las buenas actuaciones que venía completando el jovencísimo ariete magrebí, que ya en el choque previo había logrado uno de los dos tantos que darían al Sporting el triunfo en casa del Rio Ave.

Slimani refrendó la confianza de Jardim anotando otro tanto frente al Sporting Braga, contra el que estrenó titularidad. El punta argelino tampoco faltó a su cita con el gol en dos de los tres últimos encuentros ligueros del Sporting, frente al Vitoria Setúbal (2-2) y el Oporto (1-0), enlazando así cuatro jornadas consecutivas marcando, racha que se truncó el pasado fin de semana en Funchal frente al Marítimo, justo cuando acariciaba la posibilidad de batir un récord de partidos seguidos anotando en la historia del campeonato lusitano.

El internacional magrebí, apodado Super Slim por la parroquia leonina, decidió precisamente hace dos jornadas el clásico frente al Oporto con un perfecto cabezazo al poco de comenzar la segunda mitad, que sirvió para consolidar a los Leones del Alvalade en la segunda posición liguera, a siete puntos del Benfica. Su excelente momento de forma le ha permitido repetir titularidad en los tres últimos duelos, relegando al banquillo definitivamente a Montero.

La irrupción goleadora del ariete africano ha evitado que el Sporting extrañe en demasía los goles de Montero. De hecho, el Benfica ha sido el único equipo que ha sido capaz de batir en lo que va de año a los verdiblancos. Con todo y con eso, el mayor perjuicio para Montero podría producirse en el momento en el que el seleccionador de su país, el argentino José Néstor Pekerman, dé a conocer la lista de 23 convocados para el Mundial brasileño.

Su alarmante atascamiento goleador amenaza seriamente su presencia en el torneo que se disputará desde el próximo 12 de junio, y eso a pesar de que su buen momento le había abierto las puertas del combinado cafetero casi de par en par después del desgraciado percance en forma de grave lesión de Falcao.

Lo cierto es que ni Montero ni Jackson Martínez andan demasiado finos en los últimos tiempos, lo que ha abierto el abanico de candidatos para defender los colores de Colombia en una Copa del Mundo por vez primera desde Francia 98. Uno de los más firmes parece ser Adrián Ramos, que está cuajando una campaña marcada por la regularidad de cara al gol en el Hertha de Berlín, así como el sevillista Carlos Bacca.

Lo que nadie termina de explicarse en el país vecino es ese profundo bajón por el que atraviesa el punta cafetero, que en el ecuador de la temporada había sido capaz de igualar su mejor registro goleador en una sola campaña con los Sounders (anotó 13 goles en Liga en 2012). No en vano, las cifras de Montero eran, de largo, las mejores firmadas por un delantero sportiguista a esas alturas de ejercicio desde Manuel Fernandes, en la 1985-86.

El atacante cafetero festeja un gol con su compañero Wilson Carvalho.

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Inglaterra descubre al otro Poyet

De casta le viene al galgo el talento y también la personalidad dentro del rectángulo de juego. DIEGO POYET no ha hecho sino desembarcar en el fútbol profesional, pero ya está dando que hablar. Al prometedor volante del Charlton se lo empiezan a rifar los grandes de la ‘City’, a sabiendas de que su contrato con los Addicks finaliza este verano. Esa lucha también podría haberse dado a nivel de selecciones de no ser porque el hijo del técnico del Sunderland, nacido es España, sólo concibe ponerse la Celeste.

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Agente 0011

371 partidos y 66 goles después, YURI CORNELISSE colgó las botas de forma prematura para iniciar una nueva carrera profesional como agente de la policía holandesa. Convertido ya en oficial de las fuerzas del orden público de su país, el antiguo extremo izquierdo del Anderlecht, RKC, NAC, Groningen y ADO Den Haag se acaba de reencontrar con su pasado abanderando a la Oranje policial en la goleada sobre Eire, que permitirá a su selección disputar el campeonato de Europa del próximo junio en la República Checa.

El ex delantero Yuri Cornelisse, con el uniforme de la policía holandesa. FOTOS: VOETBAL INTERNATIONAL

A Yuri Cornelisse (Alkmaar, 1975) aún le quedaba gasolina de sobra para seguir dando guerra a las defensas rivales con la elástica del ADO Den Haag. La rapidez y habilidad de este extremo diestro a pie cambiado para marcharse en el uno contra uno de sus marcadores le había mantenido en la élite del fútbol holandés desde su puesta de largo, allá por 1996, en las filas del Top Oss (hoy FC Oss). Pero su vida dio un vuelco radical a fines de octubre de 2010 después de aprobar el examen de ingreso a la Academia Nacional de Policía.

Los tres años de formación a los que debía someterse para obtener los galones de oficial del principal cuerpo de seguridad del estado holandés resultaban de todo punto incompatibles con la actividad deportiva profesional, de modo que el ex delantero del Anderlecht, RKC Waalwijk, NAC Breda y FC Groningen se vio obligado a tomar la decisión más amarga de carrera: colgar las botas de forma prematura para poder dedicarse en cuerpo y alma a su nueva profesión, la de agente del orden público.

“La policía es mucho más que escribir informes o capturar ladrones. Exige un entrenamiento muy intenso y una serie de obligaciones que no se pueden combinar con el fútbol, así que no me queda otra alternativa que llegar a un acuerdo con el ADO para rescindir mi contrato y poder así empezar mi período de adiestramiento, que durará tres años, antes de convertirme en oficial de policía”, explicó Yuri el día que anunció públicamente su adiós.

La sorprendente decisión del mayor de los hermanos Cornelisse (su hermano Tim milita en el Willem II), bien conocido en la Eredivisie por sus volteretas cada vez que dejaba su sello en las redes rivales, respondía a la búsqueda de nuevos alicientes en la vida sabedor de que su carrera deportiva había entrado ya en su recta final. Atrás quedaban 371 partidos y 66 dianas a lo largo de 14 temporadas con picos altos durante su etapa en Groningen, donde compartió labores de ataque con un jovencísimo Luis Suárez.

Yuri con el ADO, su último club.

Cornelisse ingresó en la academia de Amsterdam el primero de noviembre de 2010 y prácticamente desapareció del mapa hasta fines del pasado año cuando su nombre volvió a sonar con fuerza en los medios de su país a cuenta de su primera convocatoria para integrar la selección nacional de la policía holandesa en su camino hacia el Europeo del próximo mes de junio, que se disputará en la República Checa a partir del día 23.

El seleccionador, Jochem Twisker, esperó pacientemente a que el ex futbolista profesional recibiera los galones de oficial para llamarle a filas y poner la guinda a una potentísima escuadra en la que ya destacaban otros ex profesionales como Arjen de Zeeuw (ex defensa del Wigan), Michael Lanting o Richard van Schooten.

Su estreno en Oslo, frente a Noruega, se saldó con victoria por 0-2, un resultado que permitía a la Oranje policial acceder a la segunda y última ronda clasificatoria previa que debía enfrentarles a la República de Irlanda.

El decisivo duelo se jugó el pasado 29 de enero en la localidad holandesa de Spakenburg y se saldó con un aplastante 7-0 a favor del once neerlandés. Yuri Cornelisse volvió por sus fueros y se erigió en la gran figura del choque anotando uno de los tantos y repartiendo asistencias por doquier a sus compañeros. La superioridad tulipán fue tal que el partido había quedado ya resuelto al descanso merced a un 6-0, firmado en apenas 39 minutos.

“Ha salido todo perfecto. He disfrutado mucho y estoy contento de poder ayudar a mis compañeros. Poder disputar un campeonato de Europa con el equipo de la policía me hace muchísima ilusión ya que nunca tuve la oportunidad de debutar con la Oranje. Es algo que no me esperaba cuando decidí colgar las botas, así que lo estoy disfrutando como si fuera un chaval”, comentó el ex extremo natural de Alkmaar, que al poco de concluído el choque recibía los parabienes de su último club, el ADO, a través de las redes sociales. “Felicitamos a Yuri Cornelisse por el 7-0 sobre Irlanda en el último partido de clasificación para el Campeonato de Europa de la Policía. Yuri ha jugado los 90 minutos y ¡marcó un gol!”

Su retirada profesional de los terrenos de juego no supuso, ni por asomo, que el veterano extremo izquierdo del combinado policial tulipán abandonase la actividad deportiva. Más de uno se llevó de hecho una sorpresa al comprobar su excelente condición física frente a los británicos, a los que desbordaba en velocidad con una facilidad pasmosa.

Yuri explicó tras el encuentro el secreto de su espectacular estado de forma. “Mi carrera como futbolista está aún cerca, así que algo queda. Todavía entreno tres veces a la semana siguiendo el programa de trabajo que me dio Jurgen Seegers -recuperador del ADO Den Haag-. También voy mucho al gimnasio y a veces hago natación. Me encanta practicar deporte, lo que ocurre es que durante los tres años en la academia he estado ocupadísimo entre estudios, servicios, guardias, la familia, etc. Ahora tengo un poco más de tiempo”.

Cornelisse rescató también del baúl de los recuerdos su famosa voltereta después de firmar el cuarto tanto de la Oranje ante los irlandeses. Otro motivo de alegría y de nostalgia de épocas pretéritas. “La gente me sigue preguntando por qué me dio por hacerlas cuando marcaba. La verdad es que fue algo espontáneo. Nunca lo preparé ni lo entrené. Ya la hice en mi primer gol con el AFC’34. Fue algo natural. Una diversión extra. Me gustó y al público también, así que lo convertí en parte de la liturgia de mis goles”.

A pesar de este inesperado y feliz reencuentro con su anterior vida, el ahora oficial de policía no se arrepiente del paso que decidió dar hace más de tres años. “En absoluto. Pero eso no quiere decir que cuando echo la vista atrás no me produzca placer y alegría recordar todo lo que viví dentro de los terrenos de juego. Al contrario. Tuve una carrera hermosa, apenas sí estuve lesionado y jugué en equipos diferentes donde siempre me sentí muy bien tratado”.

De poner un pero a lo vivido durante 14 largas temporadas, sería a su breve etapa en el extranjero, concretamente en Bélgica. “Tal vez mi único lunar fue el Anderlecht. Cuando me lesioné estaba preseleccionado para ir al Europeo y luego cuando pude volver a jugar, la temporada estaba casi finalizada y habían despedido a Arie Haan, que fue quien me fichó. Yo tenía un contrato por tres años, era muy joven y sólo pensaba en jugar. Así que tomé la decisión de salir. Y no me arrepiento. Creo que hice lo correcto”, asegura.

Al hablar de sus antiguos camaradas, la gran estrella del once policial holandés se queda con cuatro nombres. “En el Anderlecht jugué con Enzo Scifo y Pär Zetterberg. Dos futbolistas de una calidad extraordinaria. En el RKC Waalwijk tuve de compañero a Zeljko Petrovic, un jugador con una personalidad arrolladora, y en Groningen disfruté muchísimo compartiendo ataque con Luis Suárez. No me sorprende nada en lo que se ha convertido. Ya entonces era un delantero diferente. Y un buen chico”, concluye.

Yuri Cornelisse -el segundo por la derecha en la fila inferior- junto al resto de compañeros de la selección policial antes de medirse a Irlanda.

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La 'roca' del Sochaux será el chollo del verano

Llegó a Francia en enero para reflotar al equipo con más solera de la Ligue 1 y es ya su nuevo estandarte. Stoppila SUNZU es, a sus 24 años, una madura réplica de Marcel Desailly. Al igual que el mítico ex de Milan y Chelsea, el imponente zaguero zambiano ha explotado después de retrasar su posición en el césped. Si el Sochaux se acabara yendo a pique, habrá cola en el Auguste Bonal para pujar por sus servicios.

El central zambiano Stoppila Sunzu, luciendo la camiseta de su nuevo club, el Sochaux francés.

Hasta hace mes y medio era un auténtico desconocido, salvo para aquellas secretarías técnicas habituadas a hacer sus deberes en la Copa de África. Pero siete partidos han bastado para que el nombre de Felix Stoppila Sunzu (Chingola, 1989) aparezca marcado en rojo en la lista de la compra de un buen puñado de clubes europeos, entre ellos varios españoles.

La entrada en escena de este poderoso defensa central nacido en Zambia hace 24 años ha sido tan repentina como espectacular. El Sochaux francés decidió pagar un millón de euros al TP Mazembe el pasado 6 de enero para liberar a Sunzu de las ligaduras que le ataban al poderoso club congoleño y dar gusto de paso a su entrenador, Herve Renard, que llevaba pidiendo su fichaje desde que en octubre pasado aterrizara en el Auguste Bonal para tomar el relevo del destituido Éric Hély.

Renard, a la sazón ex seleccionador de Zambia, sabía muy bien lo que hacía al reclamar los servicios de esta réplica bien madura de Marcel Desailly que, como en el caso del ex internacional galo, empezó a destacarse como volante defensivo para acabar dando un paso atrás y consolidarse como uno de los zagueros más completos del fútbol africano.

Sunzu llegó a Montbéliard con el encargo de apuntalar una retaguardia que hacía aguas por todas partes, un detalle fundamental para tratar de sacar del pozo de la clasificación al club con mayor antigüedad en la Primera división francesa. El autor del penalti que dio el título de campeones de África a los Chipolopolo en 2012 se puso manos a la obra y en apenas mes y medio no sólo se ha hecho con los mandos del entramado defensivo del Sochaux, al que ha suturado muchas de las costuras que lo habían convertido en un chollo para los ataques rivales, sino que además ya ha dejado muestras de su tremenda eficacia en las acciones a balón parado.

Sunzu, celebrando un gol con el equipo galo.

Dos cabezazos suyos, frente al Nantes y al Guingamp, sirvieron para que los de Renard se embolsaran seis puntos que han vuelto a meter en la pomada de la salvación a una escuadra literalmente defenestrada antes del parón navideño.

Sunzu, que llegó a Francia acompañado de su compatriota y compañero en el Mazembe Nathan Sinkala, es ya el futbolista clave del Sochaux y uno de los más valorados por la prensa especializada en el país vecino. Mientras que su propio club le elegía mejor jugador del mes de enero, el diario L’Equipe le nominaba en el once ideal, con el segundo puntaje más alto. Sólo Ibrahimovic, que esta temporada anda como a un par de niveles del resto de los mortales en la Ligue 1, superó al defensor zambiano, que hasta el momento sólo se ha perdido el último encuentro de su equipo, el que les enfrentó al Valenciennes el pasado sábado, por culpa de una sobrecarga en los adductores.

El excelso rendimiento que está ofreciendo en esta su segunda aventura europea (hace seis años tuvo una fugaz e insignificante aparición en el Chateauroux, a donde llegó cedido por el Zanaco Lusaka de su país) es la mejor forma que Sunzu tiene de agradecer a Renard el haber sido el técnico que disparó su trayectoria deportiva al reconvertirle a una posición, la de zaguero, que curiosamente le gusta más bien poco.

El ex seleccionador de los Chipolopolo tomó esa decisión en los albores de la CAN disputada hace dos años en Guinea Ecuatorial y Gabón a causa del overbooking de futbolistas que tenía en la medular y por su deseo de contar con un defensa que tuviera vocación de hombre libre para sacar la pelota jugada desde el fondo. El experimento no sólo le salió redondo, sino que Sunzu se erigió en figura decisiva para la consecución del título continental al transformar la última pena máxima en la tanda de penaltis que dirimió la finalísima que les midió a la Costa de Marfil de Yaya Touré y Drogba.

Su nombre, sin embargo, ya había sonado con fuerza dos años atrás en el torneo disputado en Angola, aunque en aquella ocasión Sunzu se exhibió actuando incrustado como barredor por delante de los dos centrales. Su inteligencia táctica, más que aceptable técnica y gran resistencia física fueron las virtudes que le permitirían fichar por el conjunto con mayor potencial económico y deportivo del África subsahariana, el Mazembe.

El idilio entre el todopoderoso club de Lubumbashi y el zaguero de Chingola se torcería desde el momento en que Moses Katumbi, su controvertido presidente, se dedicó a torpedear las ofertas procedentes de Inglaterra que el agente del jugador le puso sobre la mesa.

La negativa de este Florentino Pérez a la africana a negociar con Arsenal y Sunderland tensó hasta tal extremo las relaciones entre ambos que Sunzu decidió tirar por la calle de enmedio y marcharse en diciembre de 2012 a las Islas Británicas para someterse a una prueba con el Reading luego de asegurar a los Royals que su relación contractual con el Mazembe expiraba a fines de año.

El zaguero zambiano convenció sobradamente al cuerpo técnico del Reading de sus cualidades y cuando desde las oficinas del Madejski Stadium solicitaron el transfer internacional a los congoleños para formalizar su permiso de trabajo, se encontraron con la sorpresa de que a Sunzu le quedaban aún tres años de contrato con el cuatro veces campeón de África. Katumbi exigió a los ingleses seis millones de euros por su pase y la operación se fue al traste.

Con el futbolista literalmente en rebeldía, el Mazembe se negó hace unos meses a cederle a su selección, lo que provocó un conflicto entre club y federación que salpicó a sus compatriotas Nathan Sinkala y Rainford Kalaba, también jugadores del equipo congoleño. El incidente trascendió los lindes deportivos y el gobierno de Zambia confiscó los pasaportes a sus tres internacionales, prohibiéndoles la salida del país hasta que Katumbi accediera a permitir a Sunzu ponerse la elástica de los Chipolopolo.

Liberado al fin del yugo del Mazembe y de vuelta a su mejor versión, el futuro de Sunzu en el Sochaux pende de su continuidad en la máxima categoría del fútbol francés. Con contrato en vigor hasta 2017, si los de Montbéliard se fueran a pique se verían obligados a traspasar a su mejor activo a la baja. Pretendientes, desde luego, no le van a faltar.

Sunzu se lleva una pelota ante el delantero senegalés del Ajaccio Aboubakar Camara.

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Özil agota la paciencia de Wenger

El tiempo parece dar la razón a Ancelotti respecto a su polémica decisión de autorizar el traspaso del internacional alemán al Arsenal. La creciente apatía que el ex madridista viene mostrando sobre el césped desde hace varias semanas alcanzó su cénit en Anfield ‘regalando’ un par de goles al Liverpool. Harto de su falta de compromiso con el equipo, su técnico medita castigarle con el banquillo a las puertas de la visita del Bayern a Londres.

Arsène Wenger ignora a un contrariado Mesut Özil después de sustituirle en Anfield el sábado pasado.

Los días de vino y rosas entre Arsène Wenger y Mesut Özil parecen quedar ya muy lejos. Tanto que hasta el más acérrimo admirador del virtuoso mediocampista alemán se tiene que frotar los ojos en repetidas ocasiones para convencerse de que el futbolista que porta el 11 de los ‘Cañoneros‘ es el mismo que hacía encaje de bolillos con cada pelota que tocaba en sus primeras semanas bajo el techo del Emirates.

Las interminables loas y alabanzas del entrenador de Estrasburgo hacia su nuevo jugador franquicia se han tornado cuatro meses después en miradas inquisitivas y enfados contenidos. El caso es que Wenger empieza ahora a entender la controvertida decisión que Carlo Ancelotti tomó poniendo en la rampa de lanzamiento del Bernabéu al internacional teutón en lugar de a Di María cuando Florentino Pérez le comunicó que tenía que renunciar a uno de los dos para hacer hueco en el vestuario merengue a Gareth Bale.

El técnico italiano del Real Madrid apeló al mayor espíritu de equipo del argentino y a una supuesta falta de compromiso del alemán como argumento en el que fundamentar el traspaso de Özil a los Gunners. Y el tiempo parece jugar ahora en favor de un Carletto que supo intuir unas señales que Wenger percibe desde hace algunas semanas y que, por desgracia para los intereses de su equipo, van in crescendo.

El punto de inflexión entre el Özil enchufado y genial y su versión pusilánime y pasota podría situarse a mediados de diciembre con motivo del sonrojante 6-3 encajado en el feudo del Manchester City. Aquella noche, el volante de origen turco puso la guinda a una actuación calamitosa enfilando los vestuarios tras el pitido final mientras sus compañeros se dirigían a la grada donde estaban sus seguidores para agradecer su apoyo y pedir de paso disculpas por el traje a medida que les habían hecho los de Pellegrini.

Su compatriota y ese día capitán del Arsenal, Per Mertesacker, se fue directo a por él y le recriminó tan feo gesto, a la sazón el primero de una lista de actitudes reprobables que no ha dejado de crecer desde que Mesut retornó a la actividad tras superar unos problemas en un hombro, que le obligaron a perderse los dos primeros encuentros del nuevo año (ante Newcastle y Cardiff City).

Su apatía sobre el césped y escasa solidaridad con sus compañeros, puesta ya de manifiesto con meridiana claridad el día de la visita al campo del Southampton (su compañero Flamini pagó con una tarjeta roja sus plácidos paseos por el St. Mary’s), se disparó el pasado fin de semana en Anfield ante el Liverpool, que arrasó al hasta ese momento líder de la Premier League con la inestimable colaboración del ex 10 del Real Madrid.

Özil no se conformó con estar ‘ausente’ dentro de la cancha, sino que cometió dos errores de bulto que acabaron en sendos tantos de los Reds, haciendo imposible cualquier posibilidad de remontada para su equipo. Su actuación fue tan lamentable que Arsène Wenger no tuvo más remedio que mandarle a la ducha a media hora del final para evitar que el rival siguiese jugando con uno más, aunque con distinta elástica.

Obligado a sustituirlo en casi todos los encuentros de 2014 en circunstancias parecidas, el técnico galo del Arsenal tiró de diplomacia tras la ‘manita’ en Anfield criticando al bloque por su pobre desempeño y falta de actitud defensiva, evitando personalizar dicha reprimenda en un Özil que no ve puerta desde el pasado 8 de diciembre y que hace ya bastantes semanas dejó varadas en ocho sus asistencias de gol en la Premier.

La paciencia del preparador francés con su otrora ojito derecho está bajo mínimos. Pocos se creyeron la forzada defensa que Wenger hizo del germano en la rueda de prensa de este martes previa al choque ante el United. Y aunque se mostró más entonado frente a Mata, Van Persie y compañía, a nadie extrañaría por Holloway Road y alrededores que el próximo domingo le castigara con un banquillazo en el duelo copero frente al Liverpool. Todo sea con tal de recuperar al jugador desequilibrante de los dos primeros meses de competición justo a las puertas de la inminente visita del Bayern de Guardiola al norte de Londres.

Özil, sentándose en el banquillo, una estampa ya habitual en los partidos del Arsenal.

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Big Brothers

Son amigos íntimos y residentes en París. Antes lo fueron en Amsterdam, Milán y Barcelona. Pocas veces el fútbol sirvió de nexo de unión entre dos personas tan dispares y antagónicas de carácter como Zlatan IBRAHIMOVIC y MAXWELL Scherrer Cabellino Andrade. Pero el tiempo ha jugado en favor de dos futbolistas que ya no conciben sus carreras deportivas y sus vidas sin estar el uno cerca del otro.

Zlatan Ibrahimovic y Maxwell Scherrer, juntos durante un partido del PSG de la actual temporada.

“Estaba nervioso mientras hacía las maletas y me disponía a viajar. El Ajax de Amsterdam era algo completamente nuevo para mí. Me acuerdo muy bien del vuelo, del aterrizaje en Schiphol y de la mujer del club que me vino a buscar. Se llamaba Priscilla Janssens y era Team Manager del Ajax. También conocí ese día a una persona que venía con ella. Era un chico de mi edad que parecía tímido, pero que hablaba bastante bien inglés. Era de Brasil y también era nuevo en el Ajax, como yo. Tenía un nombre largo que no entendí bien, pero me dijo que le podía llamar Maxwell. Intercambiamos los números de teléfono y después Priscilla me llevó en su Saab Cabriolet a la casa que el club me había alquilado en Diemen, un pueblo lejos de la ciudad. Allí estaba yo sentado en una cama Hästens, con un televisor de 60 pulgadas y nada más. Me puse a jugar a la Play-Station y me preguntaba cómo me irían las cosas”.

Aquella tarde de verano de 2001, que Ibrahimovic relata en las primeras páginas de su autobiografía (Yo, Zlatan), marcó el inicio de una de las amistades más estrechas y al mismo tiempo paradójicas en la historia del balompié.

La relación personal entre el genial atacante sueco y su inseparable camarada brasileño, a la sazón dos individuos completamente antitéticos en sus respectivas formas de ser y de vivir la vida, se fue agigantando a medida que el destino los volvía a unir allá donde dieran con sus huesos para continuar su carrera profesional.

Ajax, Inter de Milán, Barcelona y PSG pueden atestiguar las buenas vibraciones entre Ibra y Maxwell, o tal vez sea mejor mentarlos del revés, por aquello de que siempre fue el internacional canarinho el encargado de ‘inspeccionar’ el terreno antes de que se produjese el desembarco del controvertido delantero de origen bosnio.

Lo que en principio resultó ser fruto del azar y la casualidad, terminó siendo prácticamente un plan preconcebido para volver a reunirse. El propio Zlatan reconoce en una de sus numerosas referencias a Maxwell del libro que cuando éste fichó por el PSG, en enero de 2012, le dijo a modo de sorna al enterarse: “Lleva mis botas a ese vestuario que en breve te sigo”.

Seis meses después Ibra aterrizó con fanfarrias en el Parque de los Príncipes, no sin antes reconocer que cambiaba Milán por París siguiendo los consejos de su ‘hermano’ brasileño. “Me dijo cosas muy positivas sobre cómo estaba creciendo el club. Es un muy buen amigo. Parece que nos seguimos por todas partes porque este es el cuarto club en el que coincidimos”.

Max e Ibra ganaron la Liga con el Ajax.

El histórico club holandés fue la primera de las cuatro etapas que ambos jugadores han compartido en sus particulares hojas de ruta y la que sirvió para fijar los cimientos de una amistad más producto de las circunstancias que de compartir realmente lugares comunes.

COMO EL DÍA Y LA NOCHE

El sueco procedía de un barrio conflictivo de Malmoe, a donde habían llegado sus padres huyendo del fantasma de la guerra en Los Balcanes. De familia acomodada, el brasileño era un chico sumamente tranquilo, educado, con un nivel cultural superior a la media que se relacionaba sobre todo con la conexión latina del vestuario ajacied. Ibra, un auténtico torbellino emocional al que le fascinaba ejercer de ‘bad boy’ a la mínima ocasión, encontró muy pronto en el egipcio Mido el socio ideal para sus andanzas.

Empero, el irreverente Zlatan nunca dejó de respetar y tener en una alta estima a la persona que más le había ayudado en esa primera aventura lejos de casa. “No tenía dinero ni para comer porque el primer salario nos lo pagaban a fin de mes, así que llamé a Maxwell. Le dije que tenía problemas, que no tenía qué comer y le pedí ayuda. Me dijo OK, vente a mi casa. Puso un colchón en el suelo y me quedé con él dos semanas. Íbamos a entrenar en su coche, comíamos en su casa… Max es el mejor tipo del mundo. Si usted piensa en un osito de peluche, sin duda sería como él”, afirma en su autobiografía, best seller en Suecia y Holanda.

“Maxwell es el mejor tipo del mundo.
Si piensas en un osito de peluche,
todos querríamos que fuese como él

Dicen quienes les conocen que la creciente ascendencia de Maxwell sobre el fenómeno sueco ha sido decisiva para amainar su agresivo carácter. Lo cierto es que el grado de compenetración de ambos es tal que desde su etapa interista (segundo cruce de caminos) han hecho todo lo posible para permanecer en el mismo vestuario.

Mientras que el brasileño movió sus hilos durante su primer semestre en la Ciudad Condal para conseguir que Joan Laporta forzara un trueque Eto’o-Ibra con el Inter, el sueco le devolvió la moneda dos años después convenciendo a Galliani de que su amigo era el hombre perfecto para reforzar la banda izquierda milanista. El Barça, sin embargo, no aceptó la oferta de los italianos.

Pero como si de dos amantes latentes se tratara, a Ibrahimovic y Maxwell les aguardaba la Ciudad de la Luz al final del túnel. Y es que París ha terminado de cincelar una relación personal que ya se extiende a representante (Mino Raiola lleva los asuntos de los dos jugadores), esposas e hijos de ambos.

“Zlatan es como un hermano para mí. Estamos realmente muy unidos. Hemos crecido juntos y compartido grandes momentos. Nuestra amistad ha ido a más con el paso de los años y a medida que volvíamos a coincidir en otro equipo. Es mucho más que un amigo y me alegra un montón que estemos juntos también en Francia”, explicaba hace escasos días Maxwell en el canal de televisión del PSG. Y es que, con tal de compartir coche para ir a entrenar, estos hermanos forjados con el cuero de la redonda son ya hasta vecinos.

“Zlatan es como un hermano para mí.
Hemos crecido juntos y compartido
grandes momentos. Estamos muy unidos”

Ambos futbolistas, defendiendo la camisola del Inter de Milán.

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