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Categoría: Atticus Lane-Dupre
Campo de sueños

Atticus Dupre-Lane es felicitado por sus compañeros tras lograr el gol de la victoria ante los Timbers de Portland. FOTOS: MLS

Los Portland Timbers retaron a los benjamines de los Green Machine en un duelo sin precedentes en la historia del balompié para rendir tributo al pequeño ATTICUS LANE-DUPRE. Un aprendiz de ariete que a sus 8 años ya ha ganado el encuentro más duro de toda su vida: superar un cáncer de riñón. En un infinito ejercicio de cariño y solidaridad, el conjunto de la MLS regaló a la estrella de las Máquinas Verdes una jornada memorable en su vuelta a los terrenos de juego.

Después de perderse el tramo final de la pasada campaña por culpa de un duro y agresivo tratamiento contra el cáncer, Atticus Lane-Dupre, un delantero de bolsillo con cintura de trapito y apenas 8 años, resucitó a la vida con el mejor regalo que podía hacerle la divina providencia: volver a pisar un terreno de juego al lado de sus amiguitos, los Green Machine, frente a un enemigo de enjundia: los Portland Timbers de la MLS.

Como si de un duelo en el lejano Oeste se tratara, pistola en mano, la escuadra emelesera retó al mejor equipo benjamín de Oregón para saber quién ‘desenfundaba’ más rápido en todo el Estado. Amén de la originalidad del evento, ‘los cedros’ de Portland no pudieron encontrar mejor manera de rendir tributo a un mocoso que se había debatido durante los 6 últimos meses en esa delgada línea roja que separa la vida y la muerte.

Así lo entendieron los más de 3.000 aficionados que se dieron cita en las gradas del Jeld-Wen Field stadium para dar su aliento al risueño de Atticus y su banda de irreductibles peloteros. El resultado final, como toda la iniciativa en sí, resultó ser de leyenda. ¡10-9! para las ‘Máquinas Verdes’ con el tanto decisivo firmado por el heroe de la fiesta en el último minuto al resolver un barullo en el área de los Timbers, tras el saque de un córner.

El delirio y alguna que otra lagrimilla de emoción se apoderaron de las tribunas cuando, en medio de la algarabía de chavales comiéndose a abrazos al goleador por partida cuádrupe, apareció corriendo Caleb Porter. El técnico habitual de los de Portland, que en un día tan señalado se cambió la chaqueta para poner orden en el ejército de renacuajos, se colgó sobre los hombros el liviano cuerpecito de Atticus para darle una emotiva vuelta al ruedo.

Acaso por lucir los mismos colores que su escuadra, hasta los fanáticos del Timbers acudieron en masa al estadio y se dejaron las gargantas alentando a ese grupito de pequeños gigantes con su repertorio de cánticos que, por una vez y sin que sirviera de precedente, reprobó cada tanto que anotaban los suyos, vestidos de blanco y rojo para la ocasión. “La estrategia salió tal y como la habíamos preparado”, acertó a decir entre risas Porter a la conclusión del singular duelo de titanes, mientras un emocionado Atticus apenas pudo esbozar una sonrisa de oreja a oreja y reconocer que “me he divertido un montón. Soy el niño más feliz del mundo”.

“Me he divertido un montón.
Soy el niño más feliz del mundo”

La desinteresada implicación de los Timbers en el homenaje al pequeño Atticus dignifica el concepto de ‘fair-play’ y de solidaridad que la FIFA y los órganos rectores del balompié no se cansan de pregonar a los cuatro vientos. El club emelesero se desvivió para que el astro de los Green Machine convirtiera en realidad esos sueños que tenía cuando permanecía postrado en la cama de un hospital sin saber si vería la luz al día siguiente: puso a la venta bufandas conmemorativas del evento, cedió su vestuario a los chavales e incluso les sorprendió regalándoles una nueva equipación que se encontraron colgada de las perchas en los ‘lockers’. Todas las camisetas estaban personalizadas, con el nombre y el número del jugador, así como sus propios asientos.

Tracey Lam, portavoz de los Timbers, explicó que tan original idea surgió del propio homenajeado. “Atticus quería implicar en la fiesta a todo su equipo para agradecerles el apoyo que le dieron a lo largo de su enfermedad. Su petición nos tocó la fibra, así que nos pusimos manos a la obra para hacer de este día un momento mágico para él y sus compañeros”.

UN BALONAZO ALERTÓ DEL CÁNCER La pelota, fiel compañera de Atticus desde que dio sus primeros pasos, fue precisamente la que encendió las alarmas del terrible mal que el pequeño aprendiz de futbolista llevaba en sus entrañas. Un balonazo en el estómago durante un recreo en el colegio dio pábulo a unos terribles dolores que no cesaban con el paso de los días. Asustados, sus padres decidieron llevarlo al médico y unas pruebas revelaron la existencia de un tumor canceroso en los riñones del niño.

Después de que el riñón afectado le fuera estirpado, Atticus se vio obligado a someterse a varias fases de tratamiento de quimioterapia. El chaval soportó todo el proceso con una entereza impropia de su edad, salvo cuando llegaba el día en el que los Green Machine saltaban al césped. “Atticus estaba tan agradecido a sus amigos por lo bien que se portaron con él que sólo pensaba en celebrarlo de manera especial con ellos”, cuenta su mamá, Jennifer Lane.

Las principales estrellas de ‘los cedros’ (Frederic Piquionne, Ryan Miller, Rodney Wallace, Darlington Nagbe, Diego Valeri, Ryan Johnson, Jack Jewsbury, Mikael Silvestre…) aportaron su granito de arena sobre el manto verde haciendo disfrutar a los niños y alucinando con ellos al mismo tiempo por la conmovedora ternura con la que cerraban filas en torno a su camarada. “Cuando un equipo como los Green Machine viene a presionarte, es realmente complicado que no te quiten el balón”, explicaba entre risas Jewsbury.

A la conclusión del choque, Will Johnson, a la sazón capitán de los Timbers, intercambió su elástica con la de Atticus. Mientras mostraba orgulloso la camiseta-llavero con el número 1 y los apellidos Lane-Dupre a la espalda, hizo una singular revelación. “Es la primera y la última vez que le cambio la camiseta a alguien en mi carrera. Nunca lo he hecho y creo que después de hoy, ya no tendría sentido volver a hacerlo. Ponerme la camiseta de Atticus ha sido algo realmente especial”.

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