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El compromiso de Raúl
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tocoymevoy | 16-01-2014 | 03:00

Raúl González Blanco acaba de cumplir año y medio en Qatar, pero por su impronta pareciera que lleva ya una década. Su implicación en la labor de desarrollo y crecimiento del balompié en el país que organizará el Mundial en 2022 va mucho más allá de vestirse de corto y lucir los galones de capitán del Al Sadd, su actual equipo. El ex madridista trabaja de sol a sol en las instalaciones de Aspire, bien como asesor y analista, bien como profesor en la cancha de los más pequeños, su debilidad.  

Raúl González, junto a Bora Milutinovic y Pep Guardiola en las instalaciones de Aspire. FOTO: DAVID RUIZ

Es uno más en la oficina. Acostumbra a recorrer los alargados pasillos de la academia Aspire desde primerísima hora de la mañana. No en vano, Raúl González ‘ficha’ cada día a las 8.30, apenas cinco minutos después de dejar a su tropa en el colegio. Ataviado con vaqueros y camisa de algodón, el gran icono madridista, camino ya de las 37 primaveras, jamás pudo imaginar un retiro más dorado que el que está disfrutando en Qatar desde hace año y medio.

Insaciable hasta los tuétanos, para no variar en su costumbre, el aún máximo artillero en la historia de la Liga de Campeones dedica al menos un tercio de la jornada al deporte que le ha dado fama y también dinero, ya sea dejándose la piel como el primer novato en los entrenamientos de su actual club, el Al Sadd, o bien compartiendo sus conocimientos y larga experiencia en la joya de la corona del país que albergará el Mundial en 2022.

Tal vez porque viste de blanco, como el equipo del que sigue siendo santo y seña, tal vez por la calidez y el cariño con que le han acogido en Doha, o acaso por el hecho de que el centro de alto rendimiento más sofisticado del planeta está plagado de hijos de la madre patria, el caso es que Raúl se siente en la capital de este acuadalado emirato de bolsillo anclado en el corazón de Oriente como si fuera, en el fondo, una pata más del extrarradio de la Villa y Corte.

El fútbol para el ex capitán merengue es mucho más que un trabajo. Es también una responsabilidad que le obliga a dejar un legado mucho mayor que los goles y los títulos que pueda lograr con la elástica de Al Sadd mientras defienda sus colores. Es por eso que cada mañana se presenta libreta en mano en el despacho de Roberto Olabe, director deportivo de Aspire, para pegarse como una lapa al ex portero vitoriano. Al mismo tiempo que ejerce de hombre-esponja, colabora en tareas de asesoramiento a la hora de planificar las diferentes actividades en las que participan los equipos que conforman la academia.

Su impronta se deja sentir tanto en la organización de unos triangulares en los que participan los distintos conjuntos de la academia, como en la evaluación de sus jugadores. Y es que el 7 de Al Sadd procura ver en acción a todos los equipos de Aspire para luego poder juzgar con criterio.

Esta semana esa función de ‘scouter’ se ha visto multiplicada con la disputa precisamente en los campos exteriores de Aspire del Al Kass International Cup, el prestigioso torneo sub 17 que apadrina el citado canal de televisión qatarí y en el que participan, además de los anfitriones y la sucursal africana que tienen en Senegal, Real Madrid, Barcelona, Milan, PSG, Manchester City, Oporto, Fluminense, Auxerre, Kashiwa Reysol y Chicago Fire.

Pero Raúl no se contenta con ser un mero consultor o analista al uso. El ex madridista es, ante todo, un hombre de acción, por eso trata de compartir su experiencia y ese sexto sentido desarrollado durante tantos años sobre el verde con los técnicos del centro deportivo y, muy especialmente, con los nuevos talentos del fútbol local.

El máximo goleador de todos los tiempos en el Real Madrid participa activamente en un programa de entrenamientos individuales que dirige el portugués Joao Pereira. Las sesiones, con grupos reducidos de chavales, se realizan por posición específica y en ellas se puede ver a un Raúl haciendo sus primeros pinitos como míster trabajando intensamente con sus pupilos, a los que trata de revelar todos los secretos del oficio de delantero y de paso les inocula ese gen hambriento tan suyo. Ni que decir tiene que desde el primero hasta el último entrenador de la academia están encantados con la aportación de la actual bandera del balompié qatarí.

Las continuas visitas a este sofisticado rincón del Oriente Medio de equipos o deportistas de nuestro país permiten, además, al ex 7 madridista ejercer de perfecto anfitrión. Sucedió hace un año, cuando hizo las veces de cicerone de la selección española con motivo de su amistoso con Uruguay, o recientemente con su Real Madrid, al que acompañó hasta en el propio autobús del club durante su viaje relámpago a Doha para medirse al PSG de Ibrahimovic.

La semana pasada convenció a otro de sus grandes colegas, Pep Guardiola, concentrado con su Bayern en tierras qataríes para realizar una mini pretemporada aprovechando el parón invernal de la Bundesliga, para que permitiera que los técnicos de la casa grabaran sus entrenamientos para su posterior análisis y estudio.

El primer fin de semana del nuevo año se congratuló de ver ganar el Open de Doha en la pista central del complejo tenístico del Qatar Sports Club a su buen amigo Rafa Nadal, madridista acérrimo como él, al que lió para que pasara una mañana haciendo las delicias de los jóvenes deportistas en Aspire, su segunda casa.

La primera, la que ocupa con su esposa Mamen y sus cinco vástagos, está a sólo cinco minutos de la ‘oficina’, que sólo abandona para ir a recoger a sus peques del colegio.

Tras el almuerzo, acompaña a sus cuatro chavales a la academia y, si no tiene programada una sesión de trabajo con Al Sadd, acaba echando la tarde empapándose de la metodología de esa especie de ONU que es el staff técnico de Aspire. Porque Raúl no quiere perder ni un segundo en allanar el terreno de la próxima etapa de su vida que, como sucedió con Guardiola, ha comenzado ya a orillas del Golfo Pérsico.

“Raúl es un verdadero ejemplo de profesionalidad en toda su extensión. Nunca hasta ahora había visto a un futbolista en activo tan implicado en otras actividades al margen de lo que es entrenar y jugar partidos con su equipo. Se esfuerza al máximo por aprender todos los días cosas nuevas, del mismo modo que aporta también muchísimo a la academia  gracias a todo lo que ha vivido en los casi 20 años que lleva dedicados al fútbol. Su sola presencia en la cancha es toda una fuente de inspiración para los chicos, a los que trata de contagiar su espíritu ganador, pero también su humildad y la satisfacción que produce el darlo todo por el equipo”.

El sincero y emotivo apunte de Bora Milutinovic, embajador del fútbol qatarí y del propio Aspire por las cuatro esquinas del planeta, pero por encima de todo maestro entre maestros, es la mejor tarjeta de presentación posible para un hombre acostumbrado a dejar huella allá por donde pasa.