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El nuevo nirvana de Myanmar
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tocoymevoy | 05-09-2013 | 07:11

El lento aterrizaje de la democracia en la vieja BIRMANIA ha reabierto las puertas al mayor deporte de masas del planeta. El fútbol ha penetrado con la fuerza de un tsunami en uno de los grandes baluartes del budismo en el sudeste asiático. Una nación eminentemente religiosa en la que los propios monjes han relajado su vida asceta para difundir el mensaje de la pelota e inocular su nueva pasión a más de 50 millones de fieles.

Un grupo de monjes budistas, en plena disputa de un partido a las puertas de un templo, en Kalaw. FOTO: YOLANDA ETXAURI

En la antigua Birmania (hoy día Myanmar) han tardado algo más de un siglo en dar la razón a Mahatma Gandhi, quien llegó a afirmar que dar unas pataditas a un balón todos los días le venía mejor al ‘karma’ que la propia meditación.

El aún incipiente proceso de apertura político-económico de una de las grandes cunas del budismo en el planeta (el 89% de sus 60 millones de habitantes profesan dicha religión) incluye la recuperación de una vieja pasión popular, heredada de los antiguos colonos británicos, y que fue extirpada casi de raíz por los diferentes regímenes militares comunistas que han gobernado el país del sudeste asiático durante las cinco últimas décadas.

El final del largo aislamiento internacional tras las elecciones democráticas de 2011 no sólo está atrayendo al rico suelo birmano las inversiones de numerosas multinacionales como la Coca-Cola, que desde el año pasado se puede consumir ya legalmente. El fútbol vuelve a recuperar su pretérito papel preponderante como deporte de masas en una sociedad que descubre la existencia de internet y las nuevas tecnologías de comunicación al mismo tiempo que a Messi, Cristiano Ronaldo o Gareth Bale.

Considerada una de las grandes potencias continentales en los años 60 y 70, en los que conquistó dos Copas de Asia, cinco títulos del sudeste asiático y llegó a participar en los Juegos Olímpicos de Munich 72, Birmania está protagonizando un paulatino retorno a la normalidad en busca de sus esencias futbolísticas.

La potenciación de la hasta hace muy poquito insignificante Myanmar National League (MNL), formada por 12 escuadras, la contratación del surcoreano Park Sung-Hwa como seleccionador nacional, o la existencia de sitios webs como el soccermyanmar.com, con cinco millones de pinchazos únicos al día, reflejan con meridiana claridad el decidido empeño que existe en las altas esferas por devolver al pueblo un viejo y querido opio.

FOTO: YOLANDA ETXAURI

Ese impulso social que está recibiendo el balompié tiene como uno de sus principales valedores, si no el que más, a la religión. Seguidores de la rama ‘Theravada’ del budismo (la más austera y ascética de todas las existentes), los líderes espirituales del movimiento fundado por Siddarta Gotama ven con buenos ojos que el balón tenga su espacio en la vida monacal, como lo empiezan a ocupar también los smartphones de última generación, las redes sociales o la señal wifi en sus monasterios y pagodas, donde por cierto ya es posible incluso sacar dinero en los cajeros automáticos que existen a cada entrada.

No hace falta deambular mucho por las calles de Yangon (la antigua capital), Mandalay, Bagan, Kalaw o Piyn para comprobar el grado de fascinación que ejerce la redonda en el más de medio millón de monjes que pueblan la geografía birmana. A pesar de lo estricto de su programa diario, los ‘samanera’, o monjes novicios de entre 10 y 20 años, sacan siempre un ratito poco después del amanecer, tras sus primeras oraciones, para improvisar una canchita con cuatro palos de madera y practicar su nuevo hobbie a las puertas del templo o a orillas del caudaloso Irawaddy.

Con sus tradicionales togas color burdeos arremangadas y en ocasiones sin sus inseparables havaianas ‘made in Phuket’, cientos de miles de aspirantes a integrar el estamento más respetado y venerado por sus devotos compatriotas liberan sus mentes gracias a esta suerte de nirvana moderno tratando de emular con una mísera pelota de plástico a CR7, GB11 u ÖZ10, a quienes idolatran casi tanto como a Messi, su ‘Dalai Lama’ indiscutible en materia futbolística.

FÚTBOL, MÓVILES Y CINTAS DE VÍDEO

Los jóvenes budistas no viven sólo de la religión. Hasta que se ordenan como ‘hpongyi’ (monje con hábitos vitalicios), disfrutan de ciertos placeres mundanos, entre los que se cuentan los vídeo juegos, chatear con el móvil, abrirse una cuenta en facebook, salir a divertirse con los amigos o ver la televisión.

Media hora después de seguir los sabios consejos de quien fuera el gran icono del siglo XX contra las desigualdades sociales y la discriminación racial, los ‘samanera’ recogen sus cuencos a la carrera y enfilan la calle en busca de esa ración de arroz, fruto de la caridad, que les permita llenar la barriga antes de meterse de lleno con sus quehaceres espirituales.

Kyaw Ko Ko, la joven estrella local.

La Liga española es la predilecta de los monjes birmanos y, por ende, de los millones de aficionados que tiene el deporte rey. Real Madrid y Barcelona, tanto monta, se llevan la palma también en un país que durante varias décadas se vio forzado por la dictadura a olvidar el magnetismo popular que ejercía Suk Bahadur, su gran estrella en los 60, cuando Birmania lideraba el ránking de los países del sudeste asiático. Hoy día no pasa del puesto 165 en la clasificación mundial que elabora mensualmente la FIFA.

El lento despegue del fútbol profesional local y el efecto fagocitador de los grandes cracks mundiales hacen inviable, al menos a corto plazo, que chavales talentosos como Kyaw Ko Ko, delantero de 19 años del Yangon United que hace poco más de un año estuvo muy cerca de probar fortuna en el Nuremberg germano, gocen del estatus de figura nacional, por más que su imagen empiece a dejarse ver en algunas campañas publicitarias.

Recién aterrizada en los mercadillos birmanos, la globalización ha traído consigo el boyante negocio de las camisetas de fútbol, en un ‘territorio comanche’ para las marcas registradas. Los precios aquí distan tres galaxias de los noventa y pico euros que cuesta a los madridistas la blanca con el 11 de Bale a la espalda, no tanto la calidad.

El género, procedente de países vecinos como Vietnam, Camboya o Tailandia, es en no pocos casos similar a ese del que se surten las grandes multinacionales del ramo. No en vano, la mayoría confeccionan una parte nada desdeñable de su producción en este rincón del planeta en el que la fiebre por el balompié es un valor en alza permanente.

Un niño, con el uniforme del Real Madrid y ‘thanaka’ en el rostro, junto a sus amigos en Bagan. FOTO: DAVID RUIZ