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Cristina Fernández toma aire ante el final de su mandato

2015 March 3
por Miguel Salvatierra
La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, durante la inauguración de la central nuclear de Atucha II, en la localidad de Lima, provincia de Buenos Aires, el pasado 18 de febrero. EFE La presidenta argentina, Cristina Fernández, ha tomado aire en un momento en que encara el final de su mandato, con sus posibles sucesores a la greña y el futuro del proyecto kirchnerista en vilo. El juez Daniel Rafecas desestimó la imputación que el fallecido fiscal Alberto Nisman efectuó el pasado 14 de enero contra la mandataria y que el fiscal Gerardo Pollicita respaldó el 13 de febrero, dando verosimilitud a los datos aportados. Ambos fiscales entendieron que había elementos suficientes para investigar a Cristina Fernández y a su ministro de Exteriores, Héctor Timerman, así como a otras personas allegadas al Gobierno, por un supuesto encubrimiento de la autoría iraní en el atentado con coche bomba contra el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) el 18 de julio de 1994, que provocó 85 muertos y 300 heridos. [caption id="attachment_257" align="alignright" width="300" caption="La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, durante la inauguración de la central nuclear de Atucha II, en la localidad de Lima, provincia de Buenos Aires, el pasado 18 de febrero. EFE"]La presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, durante la inauguración de la central nuclear de Atucha II, en la localidad de Lima, provincia de Buenos Aires, el pasado 18 de febrero. EFE[/caption] La presidenta además se libra de la denuncia con todos los honores, al menos si atendemos al texto de la resolución del juez Rafecas. Según el magistrado, las actuaciones y actitudes de la mandataria respecto a la investigación del atentado de la AMIA, “han guardado una notable coherencia en punto a la persecución de los fines de verdad y justicia”. Rafecas, que ve solo lagunas e incoherencias en la denuncia de Nisman, considera en suma que “no hay un solo elemento de prueba” contra Cristina Fernández. Sin sucesor Esta liberación judicial de la presidenta coincide con una remodelación del Gobierno a ocho meses de las elecciones presidenciales (25 de octubre) a las que no puede presentarse Cristina Fernández, pero en las que estará en juego la pervivencia de su proyecto y de sus allegados. Entre los cambios figura el relevo del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, muy desacreditado por una nefasta gestión política, que será sustituido por Aníbal Fernández, actualmente secretario de Presidencia, cargo que ocupará Eduardo Wado de Pedro, dirigente de la organización juvenil kirchnerista La Cámpora. Otro fiel entre los fieles, Daniel Gollán, integrante del grupo intelectual kirchnerista Carta Abierta, será el nuevo ministro de Salud. La presidenta trata de recomponer sus fuerzas y adecentar su imagen ante la batalla de las presidenciales. De momento, el oficialismo no tiene ni precandidato. La supuesta figura emergente de Aníbal Fernández, el nuevo jefe de Gabinete,  cuenta tan solo con el 1,6% de la intención de voto frente a sus rivales para las primarias, según la encuestadora Fara. Los últimos sondeos dan como favorito del oficialismo al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli con un poco claro 20,6%. La incógnita se resolverá en las elecciones primarias que se celebrarán el nueve de agosto, cuando todos los partidos y alianzas designen a sus candidatos presidenciales. Tal como está el panorama político, el enemigo a batir, según la encuesta publicada por el diario Clarín y realizada por Management and Fit, sería el jefe del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, que alcanza un 27,9% de intención de voto frente al 23,6% de Scioli. El problema para Scioli es que no cuenta con las simpatías del kirchnerismo y deberá emplearse a fondo si quiere batir a otros pesos pesados del oficialismo, que ya han avanzado sus candidaturas. La Casa Rosada comienza a mover sus peones tras el superar el obstáculo de Nisman, aunque la sombra de sospecha la acompañe. La presidenta se libra de la denuncia del fallecido fiscal Nisman, aunque no de su sombra de sospecha