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Rousseff-Silva, el pulso electoral de dos herederas de Lula

2014 September 30
por Miguel Salvatierra
Marina Silva, a la izquierda, y la presidenta Dilma Rousseff, durante el debate televisado celebrado el pasado 19 de septiembre.EFE   [caption id="attachment_201" align="alignleft" width="300" caption="Marina Silva, a la izquierda, y la presidenta Dilma Rousseff, durante el debate televisado celebrado el pasado 19 de septiembre.EFE"]Marina Silva, a la izquierda, y la presidenta Dilma Rousseff, durante el debate televisado celebrado el pasado 19 de septiembre.EFE[/caption] Tres mujeres coincidirán el próximo mes a la cabeza del poder en tres de los países de mayor peso de continente iberoamericano. Cristina Fernández se encuentra en la recta final de su segundo mandato en Argentina, Michelle Bachelet se impuso el pasado 15 diciembre en las elecciones de Chile --precisamente a otra mujer, Evelyn Matthei-- y en Brasil a partir del 26 de octubre se conocerá a la nueva mandataria que resulte vencedora de una segunda vuelta que tendrá como más que probables contendientes a la actual presidenta Dilma Rousseff  y a la aspirante Marina Silva. Además de una buena noticia para la igualdad de género, el pulso electoral en Brasil está cobrando una intensidad de alto voltaje. La última encuesta publicada el pasado viernes 26 por A folha de Sao Paulo provocó una verdadera conmoción, ya que la presidenta daba la vuelta a las encuestas y se colocaba en cabeza. Además con una sustancial ventaja de de 13 puntos.  Tras un anterior sondeo de hace una semana que daba un virtual empate técnico, esta nueva consulta confirma la recuperación y ascenso firme de Rousseff, mientras la candidatura de Silva da clara muestras de desinflarse. El panorama electoral ha dado un giro de 180 grados y hay ya quien apunta incluso una victoria de la actual mandataria en primera vuelta. Las previsiones de hoy son muy distintas a cuando irrumpió Marina Silva. Su designación como nueva candidata del Partido Socialista de Brasil (PSB) en sustitución de Eduardo Campos, fallecido en un accidente aéreo el pasado 13 de agosto, trastocó las previsiones que hace poco más de un año daban por segura la reelección de Dilma Rousseff y del PT.  Las sorprendentes protestas de 2013 que culminaron en los disturbios del Mundial de fútbol y un inesperado frenazo económico marcaron una fuerte caída en la popularidad de la actual presidenta. Las dos fueron ministras de los gobiernos del expresidente Lula da Silva y militaron en el Partido de los Trabajadores (PT), partido fundado por él. La diferencia es que Rousseff entró en el PT después de su fundación, mientras que Silva lo abandonó después de 26 años. Ambas se declaran herederas del ‘lulismo’, pero la aspirante cree que el partido se ha desviado de sus orígenes fundacionales y que es necesario enderezar el rumbo político. No es extraño que la irrupción de Marina Silva provocara un gran impacto. Aunque no era ninguna desconocida, saltó a la primera línea informativa su vida de novela. Nació y se crió en la miseria, trabajó en las seringas (plantación de caucho) de la Amazonía, donde contrajo una enfermedad seria, militó contra los hacendados, decidió ser monja y luego desistió, aprendió a escribir a los 16 años y a los 25 obtuvo su título universitario. Esta trayectoria arma su candidatura con una fuerte emotividad pese a que Dilma Rousseff haya tenido una peripecia vital también su parte dramática como exguerrillera torturada bajo la dictadura. El duelo ha sido y está siendo muy duro entre las dos candidatas. La presidenta se ha empleado a fondo en los últimos días para atacar el flanco social de la aspirante. Sus reiteradas críticas de que su victoria pondría en peligro los avances y ayudas para los más desfavorecidos parecen haber comenzado a surtir efecto. Pese al frenazo económico y que Brasil haya entrado en recesión técnica a un año de las elecciones, un informe de la FAO del pasado 20 de septiembre reveló un fuerte descenso de la desnutrición, la pobreza extrema y del analfabetismo. La desnutrición afectaba en el 2000 al 10,7% de la población brasileña. Hoy está por debajo del 5%. A comienzos del milenio, el 14% de los ciudadanos eran pobres extremos; en la actualidad, son apenas el 3,5%. Desde 2011 y hasta hoy, 22 millones de brasileños abandonaron esa situación de miseria. Hace diez años la gente que no sabía leer y escribir era un 13,5% y hoy es un 8,5%.  Son datos importantes y expresivos, pero el problema es que Brasil arranca de muy atrás tiene aún un camino muy largo por recorrer. Está situado en el lugar 79 del ranking del PNUD y todavía sigue lejos de los países con un alto nivel de desarrollo humano, donde ya están Chile y Argentina.      A partir del próximo día cinco, los brasileños tendrán la oportunidad de decidir si validan la gestión del PT y da por buenas esas cifras o creen que son insuficientes y es necesaria una nueva dirección para acelerar el progreso social.
La presidenta da la vuelta a las encuestas a una semana de la primera vuelta electoral