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Agosto de 1914, el derrumbe de una Europa feliz

2014 July 29
Agustí Calvet 'Gaziel'
“De golpe y porrazo, nuestras vidas dejaron de ser, para siempre, lo que hasta entonces habían sido. Sin que nos percatáramos, había a nuestro alrededor centenares de millones de seres humanos inocentes que quedaron condenados a muerte o a sufrir unas penalidades increíbles. Imperios y naciones iban a hundirse con estrépito. Todo el mundo había entrado en una convulsión incaculable”.  Con esta expresiva descripción arranca Agustí Calvet ‘Gaziel’ las palabras iniciales de su ‘Diario de un estudiante. París 1914’ (Ed. Diëresis) reeditado cien años después de que viera la luz en forma de serial en el diario La Vanguardia.Agustí Calvet 'Gaziel'
Tanto la reedición de su Diario como la de otras dos de sus obras, ‘En las trincheras’ (Ed. Diëresis) y ‘De París a Monastir’ (Libros del Asteroide)  supondrá para muchos lectores el feliz descubrimiento de un escritor espléndido y de un periodista excepcional. Injustamente caído en el olvido, solo a partir del 2000 comienza a publicarse de nuevo su obra y otros escritores, como  Xavier Pericay o Juan Benet, llaman la atención sobre su valor y vigencia. Gran parte de ese ostracismo se puede deber a su pertenencia a esa ‘tercera España’, que no se reconocía en ninguno de los dos bandos y al rechazo de un nacionalismo catalán que le consideraba un vendido.
El uno de agosto de 1914, todo cambió para este ampurdanés nacido en Sant Feliu de Guixols, en 1887, en el seno de una familia acomodada, que iba para notario y que en un primer desvío optó por licenciarse en Filosofía y Letras. Calvet se encontraba en una buhardilla parisiense ampliando estudios en La Sorbona, en una especie de precedente del Erasmus actual. Se alojaba en una pensión con jóvenes procedentes de multitud de países, en una convivencia cosmopolita y alegre, cuando le alcanzó la sacudida del comienzo de la contienda.
En un viaje a Barcelona, enseñó al entonces director de La Vanguardia, Miquel dels Sants Oliver las notas que había tomado vuelapluma y en catalán del primer mes de movilización en París. Oliver, hombre culto y conservador moderado, reconoció el valor periodístico y literario de los escritos y le pidió a Calvet que tradujera de inmediato las notas para poder empezar a publicarlas al día siguiente.
 El oficio de periodista no tenía un gran prestigio social y el joven Calvet decidió camuflarse en el seudónimo de Gaziel, el nombre que los árabes daban al ‘daimon’ socrático, una especie de voz de la conciencia con la que dialogamos y que impulsa a preguntarnos sin descanso. El ‘Diario de un estudiante en París’ tuvo un éxito impresionante con un gran eco popular. Unas semanas después Gaziel volvía a París convertido en corresponsal para escribir de la Gran Guerra.
Más allá de la historia oficial o de los hechos que podrían recoger las informaciones de los periódicos, Calvet nos cuenta de forma apasionada y en primera persona  el París de sus calles y de su gente. El pálpito cercano y caliente que nos hace sentir una angustia misteriosa y el vago presentimiento de la gran tormenta que se avecina y que no se sabe cuándo acabará. Pero también está la reflexión lúcida sobre una Europa culta y satisfecha que se derrumba,
Al final de la guerra, Calvet volvió a Barcelona para convertirse en una de las firmas más prestigiosas del diario La Vanguardia, del que pronto se convirtió en director. Al frente del periódico en los intensos años de la Segunda República, tuvo que huir a Francia al estallar la Guerra Civil, amenazado por los anarquistas de la FAI, que desvalijaron su casa, y por los fascistas. La segunda gran guerra le forzó a regresar a España, donde los tribunales franquistas le absolvieron de sus responsabilidades republicanas. Prácticamente expulsado de Barcelona, fijó su residencia en Madrid para dirigir la editorial Plus Ultra y escribir en catalán libros de memorias y viajes. Jubilado ya, regresó a su tierra natal para seguir escribiendo hasta que murió en 1964, a los 77 años. 
 
En ‘Diario de un estudiante’ los lectores descubrirán a una escritor espléndido y un periodista excepcional