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Irak reaviva a los ‘halcones’ de EE UU

2014 July 7
por Miguel Salvatierra
Dick Cheney, a la derecha de la imagen, junto a George W. Bush, en la toma de posesión de Obama en enero de 2009. AFP La ofensiva de los yihadistas del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) ha servido para resucitar un doble debate en EE UU. Por un lado, si la invasión de Bush hijo en 2002 sirvió para algo positivo o solo provocó un vacío de poder que hoy amenazan con llenar los rebeldes fundamentalistas.  En segundo término, si Estados Unidos debe volver a estar presente con tropas en Irak para frenar que la unidad del país salte por los aires y nazca un nuevo núcleo islamista como en su día fue el Afganistán de los talibanes. [caption id="attachment_190" align="alignleft" width="197" caption="Dick Cheney, a la derecha de la imagen, junto a George W. Bush, en la toma de posesión de Obama en enero de 2009. AFP"]Dick Cheney, a la derecha de la imagen, junto a George W. Bush, en la toma de posesión de Obama en enero de 2009. AFP[/caption]   En ambos casos, la discusión ha resucitado a viejos halcones y ha reavivado los argumentos a favor de que Washington utilice su poder militar en contra de la actual política de repliegue del presidente Obama. Nombres que suenan a otra época como el del exvicepresidente Dick Cheney, el ex asesor de Bush Elliot Abrams o el pope necon William Kristol. Todos ellos han saltado a la arena para aprovechar la baja popularidad de Obama y sus dificultades no solo con Irak, sino también con el conflicto de Ucrania. La voz más potente ha sido la de Cheney, que con 73 años no parece haber perdido energía tras el trasplante de corazón al que fue sometido en 2012. Un año antes publicó un libro de memorias, ‘En mi tiempo’, en el que defendía punto por punto la intervención en Irak e incluso iba más allá. Consideraba probado que Sadam Hussein buscó uranio en Níger y que el centro de detención de Guantánamo era una instalación “modélica” y “digna”. En un artículo en The Wall Street Journal, Cheney ha vuelto a arremeter contra Obama para defender que la invasión fue una acción justa y necesaria y que el único culpable del caos actual en Irak es el presidente por retirar las tropas. No le han faltado réplicas, como la del expresidente Clinton, en las que se le ha recordado cómo el país nunca ha tenido estabilidad desde entonces y cómo la falla abierta allí amenaza hoy con unirse al seísmo de Siria. Los hechos son tozudos y demuestran que el Ejército de EE UU nunca fue visto como liberador, tal como la propaganda de los estrategas e ideólogos de la Administración Bush, trataron de vender la invasión. En cuanto a la reconstrucción tras la guerra, pese a los discursos que anunciaban el nacimiento de una nueva democracia en Oriente Próximo, modélica y próspera gracias al flujo del petróleo, fue un desastre desde el principio. Entre las ocurrencias de ese periodo destaca la decisión del flamante procónsul estadounidense, Paul Bremer, de licenciar a los 300.000 militares del Ejército de Sadam Husein provocado un caos de seguridad que hoy subsiste. Son solo algunas evidencias que hacen muy poco creíbles las palabras de Cheney y sus corifeos, excepto para la industria de armamento con la que el exvicepresidente siempre fue muy cariñoso. [caption id="attachment_191" align="alignright" width="203" caption="El ex vicepresidente Cheney, durante un acto en la Biblioteca George W. Bush, en 2013. AFP"]El ex vicepresidente Cheney, durante un acto en la Biblioteca George W. Bush, en 2013. AFP[/caption]
El avance integrista y la nueva escalada bélica hacer emerger de nuevo el debate sobre un acción armada