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Tea Party, este muerto está muy vivo

2014 June 16
por Miguel Salvatierra
El líder de la mayoría republicana, Eric Cantor, en el momento de hacer pública su renuncia. EFE Cuando parecía que el movimiento ultraconservador Tea Party perdía fuerza y se encaminaba a convertirse en una facción pintoresca y gritona, la sorprendente victoria en las primarias de Virginia de un desconocido,  David Brat, sobre el número dos del partido republicano, Eric Cantor, le ha devuelto su capacidad desestabilizadora e intimidatoria. La pieza mayor de Cantor y el impacto mediático obtenido ha sido de tal calibre que ha provocado un auténtico seísmo en el partido republicano y en sus estrategias electorales. [caption id="attachment_179" align="alignright" width="300" caption="El líder de la mayoría republicana, Eric Cantor, en el momento de hacer pública su renuncia. EFE"]El líder de la mayoría republicana, Eric Cantor, en el momento de hacer pública su renuncia. EFE[/caption] Cantor no albergaba apenas dudas de la victoria dado su envergadura política, solo superada en la Cámara de Representantes por el presidente, John Boehner-- a quien aspiraba a suceder-- , y el respaldo de un presupuesto electoral de cinco millones de dólares, 25 veces más que el de su oponente, un modesto profesor de economía. Con trece años de carrera política en Washington, sus credenciales conservadoras, aparentemente, tampoco ofrecían sospechas. Fue hace tres años uno de los protagonistas del aterrizaje del Tea Party en el Capitolio y siempre se manifestó   opuesto al control de armas, al matrimonio gay y al aborto. En las encarnizadas peleas presupuestarias  con la Administración Obama se destacó en la defensa de  las posturas más conservadoras. Pero el Tea Party no se conforma con medias tintas. A Cantor se le considera una figura integrante del detestado ‘establishment’ de Washington, con nocivas conexiones con el mundo de los negocios y Wall Street. Además dio dos muestras de tibieza inadmisibles para el movimiento ultraconservadores. Primero fue votar este año a favor de elevar el techo de deuda. Pero el elemento central de su derrota ha sido su postura en la controvertida reforma migratoria integral. Cantor nunca apoyó el proyecto de la Administración, pero sí se había mostrado favorable a legalizar la situación de los inmigrantes que llegaron con sus padres a Estados Unidos siendo niños. Un detalle más que suficiente para desatar la ira de destacados líderes del Tea Party, que activaron la maquinaria del movimiento y a sus militantes favor de un candidato más genuino y radical. Puede que a esta elección se le haya dado demasiada trascendencia. Al fin y al cabo en las primarias del distrito 7 de Virginia solo votaron 65.000 personas de una circunscripción de 481.540 registradas en el censo. Pero las elecciones legislativas de noviembre están ya en el horizonte y muchos cargos republicanos se tientan la ropa y calibran la onda expansiva de la caída de Cantor. El bando moderado republicano se encontraría de nuevo en equilibrio inestable y bajo el riesgo de que muchos de sus candidatos radicalicen sus posturas acobardados por la influencia del Tea Party. El otro gran peligro es volver a perder el apoyo de una minoría con tanto peso para la elección presidencial como los hispanos.  Alejarse del centro y deslizarse en exceso hacia la derecha en sinónimo de derrota. Los republicanos ya han comprobado con amargura lo que es la pérdida de apoyo entre potentes sectores de voto como los emigrantes, mujeres, jóvenes y homosexuales. El tiempo y las legislativas de noviembre dirán si realmente las primarias de Virginia fueron flor de un día o el aviso de un nuevo vendaval del Tea Party.
 La derrota de líder de la mayoría republicana en unas primarias ante un desconocido de la facción ultraconservadora provoca un terremoto político