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Fiebre antigay sin fronteras

2014 March 20
por Miguel Salvatierra
Resulta llamativo que los avances registrados por la comunidad gay en su aceptación social, en particular por el reconocimiento del matrimonio homosexual en varios países europeos y estados de EE UU, haya exacerbado su rechazo en otras partes del mundo. El hecho de que esta aceptación se produzca en Europa y Estados Unidos ha servido además para que en el mundo islámico se la asimile a las ‘perversiones importadas de occidente’. [caption id="attachment_158" align="alignleft" width="300" caption="El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, firma, el pasado 24 de febrero, la ley que castiga a los actos homosexuales con la cadena perpetua.EFE"]El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, firma, el pasado 24 de febrero, la ley que castiga a los actos homosexuales con la cadena perpetua.EFE[/caption]   El presidente Vladímir Putin impuso en Rusia una legislación homófoba con la excusa de proteger a los niños, la familia y la maternidad. Este respaldo legal ha hecho que muchas agresiones y vejaciones a personas homosexuales queden impunes. El caso llama mucho la atención por la consideración de que Rusia forma parte de Europa, pese a sus peculiaridades, y se le tenga por un país desarrollado, con todo lo que debía conllevar la palabra. La crisis de Crimea ha corroborado que esta apreciación requiere muchas matizaciones.   En otras áreas, como el continente africano, el panorama es abrumadoramente discriminatorio. De 54 países, 38 consideran delito la homosexualidad. En varios de ellos, como Mauritania, sur de Somalia y norte de Nigeria, los homosexuales pueden ser condenados a muerte por mantener relaciones. El último en destacar en esta legislación vergonzante ha sido el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, quien acaba de firmar  la ley que castiga con cadena perpetua los actos homosexuales "con agravantes". El mandatario pospuso su entrada en vigor hasta conocer los resultados de un estudio encargado a un grupo de científicos. Estos expertos concluyeron que la homosexualidad "no es genética", sino una opción derivada de una conducta social "anormal". Como es habitual, la persecución legal ha abierto la espita del linchamiento mediático  y físico con la publicación de los datos de personas consideradas homosexuales y de aquellas que sin serlo han defendido sus derechos. Ya se han producido  palizas y vejaciones a personas gais. En 2011, la publicación de este tipo de datos por diarios locales bajo el titular ‘Hay que colgarlos’ provocó el asesinato a golpes en su propia casa del activista ugandés David Kato. En el continente africano, solo Sudáfrica permite los matrimonios entre personas del mismo sexo. El último episodio en torno a la discriminación de los gais se ha producido en Arizona, donde la gobernadora Jan Brewer decidió finalmente vetar la ley que permitía que los dueños de negocios pudieran discriminar a los clientes siempre y cuando entendiesen que hacerlo violaba sus creencias religiosas. La ley estaba lista para ser firmada, pero las presiones de las grandes empresas como Appel y American Airlines y, sobre todo, la amenaza de que la final de fútbol americano, la Super Bowl, no se celebrase allí el año próximo, han pesado de forma decisiva en el veto de la gobernadora. En el fondo de la controversia está la resistencia de los sectores ultraconservadores e integristas religiosos al reconocimiento del matrimonio homosexual. El debate en Estados Unidos ha dado un gran giro desde 2001 cuando el 57% se oponía frente a un 35% favorable. Hoy, según una encuesta Gallup, un 52% apoya el matrimonio homosexual y  17 de los 50 estados de EE UU, además de la capital, Washington, ya han legalizado este tipo de uniones entre personas el mismo sexo. Resulta lamentable observar cómo, pese a los avances culturales, económicos o tecnológicos, los integrismos religiosos –cristiano o musulmán- o viejos atavismos culturales o sociales sigan interponiéndose en lo que a todas luces resulta ser un reconocimiento de los derechos humanos. Algo tan básico como reconocer el derecho de una persona a querer y tener relaciones con otra, aunque sea de su mismo sexo.
El reconocimiento de la unión de personas del mismo sexo  en algunos países europeos y estados de EE UU sufre su contrapartida en las persecuciones de Rusia y Uganda