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Centroáfrica, el nuevo corazón de las tinieblas

2014 February 11
Grupo de refugiados en el aeropuerto de Bangui. Efe Mientras el foco informativo sobre los conflictos internacionales está centrado en Siria y Ucrania, está pasando casi desapercibida la grave situación de la República Centroafricana (RCA). Puede que haya una explicación plausible para los medios que atiendan más aquello que tiene o puede tener una mayor repercusión o que les resulta más cercano, pero hay poca justificación para la ONU y otras agencias de ayuda humanitaria. [caption id="attachment_151" align="alignright" width="300" caption="Grupo de refugiados en el aeropuerto de Bangui. Efe"]Grupo de refugiados en el aeropuerto de Bangui. Efe[/caption]   Según datos de Médicos Sin Fronteras (MSF), en la penúltima semana de enero, más de 200 heridos, víctimas de actos violentos, ingresaron en dos centros gestionados por la ONG en Bangui, la capital de la RCA. “Nuestros equipos son testigos del uso de una violencia extrema:   los heridos por bala, las mutilaciones por arma blanca o los linchamientos son ahora realidades cotidianas en Bangui”, cuenta Sylvain Groulx, coordinador general de MSF para este país africano. Los combates y violencias entre los grupos enfrentados han expulsado de sus hogares a 900.000 personas, según estimaciones de la ONU, en torno a un 20%de la población total del país. Muchas de ellas buscan la protección de los bosques y la selva, pese a que incluso así son objeto de persecución, sin acceso a ningún tipo de servicios médico, fuentes de alimentación o agua adecuadas. El caos existente ha provocado que miles de personas acudan a la capital bajo el cobijo de seguridad del contingente de las tropas francesas, la expotencia colonial. En el aeropuerto se hacinan ya 100.000 personas que no cuentan con la ayuda humanitaria indispensable para mantener sus necesidades básicas.  La lentitud de la llegada de ayuda está siendo paliada por ONG como MSF, la Cruz Roja y Acción contra el Hambre que han construido letrinas, distribuido agua y productos de primera necesidad. Los índices de malaria, endémica en el país, se han disparado por el fuerte deterioro de las condiciones de vida.   La RCA es uno de los países más pobres e inestables del mundo. Desde 1960 ha tenido ocho golpes de Estado. El último protagonizado el pasado mes de marzo por los rebelde de Seleka ha disparado la actual escalada de violencia en la que el componente religioso, minoría musulmana y mayoría cristiana, ha cobrado un mayor relieve. Los líderes religiosos de ambas comunidades se han esforzado en mediar en los enfrentamientos, convirtiendo mezquitas e iglesias en lugares de refugio. El despliegue de fuerzas francesas y de la Unión Africana ha impuesto seguridad a la capital, pero resulta insuficiente para un país de una extensión casi como Francia, con una población de algo más de cinco millones y muy dispersa.  A estos efectivos se unirán en breve 600 soldados cuyo envío ha aprobado la ONU esta pasada semana. Aunque el precedente de Ruanda surge en la memoria, los testimonios de las ONG sobre el terreno descartan la posibilidad de un genocidio y no sitúan al elemento religioso o étnico como la clave determinante de la situación actual que definen como muy compleja y en el que los intereses regionales, además de los de Francia,  juegan un importante papel. A juicio del personal sanitario sobre el terreno y ante la magnitud de las necesidades, urge acelerar la ayuda y poner en acción una operación de envergadura que aporte a la población desplazada los materiales indispensables de supervivencia y la seguridad necesaria para facilitar el despliegue de las ONG y agencias humanitarias.
El recuerdo de Ruanda no agiliza las medidas para frenar la violencia extrema, los desplazamientos masivos de población y una insuficiente ayuda humanitaria