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Putin, el imperio continúa

2013 December 18
El presidente Vladímir Putin durante el discurso del estado de la nación. REUTERS El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha cerrado un año en el que las apuestas internacionales le han salido especialmente bien. Con la crisis de Ucrania todavía pendiente de definirse, el dirigente del Kremlin ha visto como en Siria ha evitado que caiga su aliado Baschar el Asad, frenando con su iniciativa diplomática el anunciado ataque de EE UU, y se ha erigido en uno de los garantes y artífices del acuerdo con Irán sobre energía nuclear. Incluso se ha permitido el lujo de humillar al archirrival estadounidense concediendo asilo político al ex analista informático de la CIA y la NSA, Edward Snowden, que reveló documentos clasificados de alto secreto. No es extraño que con ese balance, Putin hiciese el pasado jueves una exhibición del poder de Rusia en su discurso anual sobre el estado de la nación. Aunque declaró que no aspira a una hegemonía mundial tampoco admitirá una superioridad militar ajena. “Nunca lo toleraremos, Rusia sabrá responder a todos estos desafíos, políticos y tecnológicos. Tenemos el potencial necesario para ello”, afirmó Putin. La ostentación de musculo militar incluyó un renovado rechazo del plan estadounidense de defensa antimisiles y la advertencia de que si otros países siguen reforzando los sistemas convencionales estratégicos de alta precisión podría conllevar la anulación de los acuerdos vigentes sobre armas estratégicas. En cualquier caso Rusia no va a quedarse con los brazos cruzados y el Kremlin ya ha anunciado el reforzamiento de su ‘triada nuclear’ como nuevos sistemas de misiles estratégicos, la consolidación de su flota de submarinos nucleares y el desarrollo de un nuevo bombardero. Además del poder militar, esta renovada vocación imperial en la mejor tradición de la Rusia zarista tiene su expresión territorial en la Unión Aduanera que está promoviendo con Bielorrusia y Kazajistán. Putin también aspira a incorporar a Ucrania y aunque en su discurso dijo que Moscú no obliga a Kiev a que ingrese y negó la existencia de presiones, resulta evidente que va a hacer todo lo posible para evitar que este país clave de su zona de influencia se incline por una mayor relación con la Unión Europea.  Hace unos años, Rusia cortó en gas a Ucrania en pleno invierno y en la actualidad ha frenado las importaciones ucranias. Otro elemento de este resurgir imperial lo constituye la creciente coincidencia con los planteamientos de la Iglesia ortodoxa rusa. En esta dirección hay que inscribir su compromiso con la defensa de los valores de la familia tradicional, a los que consideró como los fundamentos  de la grandeza de Rusia. Aunque en el discurso del jueves apenas mencionó la ley contra la propaganda gay impulsada por su gobierno, estuvo implícita en todas sus críticas a la “llamada tolerancia, sin género y estéril” y en su orgullo de mantener una “posición conservadora”. Putin se siente fuerte al frente de una Rusia que quiere modelar según los patrones de su pasado imperial. Estas ambiciones van a añadir complicaciones al ya de por sí arduo diálogo de la Unión Europea y Rusia. De cómo se resuelva el conflicto de Ucrania va a depender mucho el curso de las futuras relaciones entre ambas partes.  
El presidente reafirma la potencia militar de Rusia y defiende la vigencia de los valores tradicionales