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El kirchnerismo cumple diez años con síntomas de agotamiento

2013 May 27
Cristina Fernández, tras recibir el bastón presidencial de su marido, Néstor Kirchner, durante la ceremonia celebrada en la sede del Parlamento en 2007. EFE

Hace diez años, el 25 de mayo de 2003, un semidesconocido Néstor Kirchner asumía la presidencia argentina con un magro 22% de los votos.  Unos comienzos  presidenciales modestos para un mandatario procedente de la remota provincia patagónica de Santa Cruz, donde había sido gobernador durante doce años.

Cristina Fernández, tras recibir el bastón presidencial de su marido, Néstor Kirchner, durante la ceremonia celebrada en la sede del Parlamento en 2007. EFE

Cristina Fernández, tras recibir el bastón presidencial de su marido, Néstor Kirchner, durante la ceremonia celebrada en la sede del Parlamento en 2007. EFE

Nadie se atrevía entonces a vaticinar que el kirchnerismo, primero con Néstor y luego a través  de la presidencia de su mujer, Cristina Fernández, marcaría un tiempo récord de permanencia en el poder. Cuando la actual presidenta complete su segundo mandato, a finales de 2015, el kirchnerismo superará a los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón (1945-1955) y a los de Carlos Saúl Menem (1989-1999). Solo un mandatario argentino, Julio Argentino Roca, fue presidente durante doce años, aunque en períodos no consecutivos.

Un aniversario digno de celebrar si no fuera por el mal momento que atraviesa no solo el kirchnerismo, envuelto estos días en un escándalo de lavado de dinero en torno al secretario del expresidente, sino también la mandataria, con su popularidad  en el punto más bajo de desde 2008, cuando se produjo la crisis del campo. En esta ocasión la impopularidad no se debe a un enfrentamiento puntual como entonces, sino por una amplia gama de factores adversos económicos, políticos y sociales. La encuesta Ipsos y Araujo refleja un 49% de opiniones en contra y 48% a favor, mientras que la consultora Management & Fit ofrece un 59,6% de desaprobación y un 29,4 de partidarios.

Todos los logros y méritos iniciales se han ido desvaneciendo y hoy solo se percibe un horizonte de conflictos y malos augurios. El aumento de los precios de las materias primas y en particular de la soja, que pasó de los 200 dólares en 2002 a los casi 600 de hoy, reportó al país millones de dólares y le imprimió un crecimiento medio del 7%. Sin embargo hoy, el FMI considera que Argentina y Venezuela serán los dos países que crecerán menos en 2013. El PIB argentino aumentará un 2,8% mientras las economías de América Latina crecerán un promedio de 4,6%.

En el terreno social, la polarización es palpable y un clima de áspera confrontación política se puede detectar en cualquier debate político, tanto en la calle como en los medios de comunicación. Odios y pasiones que recuerdan a los suscitados en el pasado por Juan Domingo y Eva Perón.  La personalidad populista y arrogante de la presidenta no ha sido precisamente el mejor aliciente para el diálogo y el entendimiento.

La confrontación ha sido múltiple y variada: con la oposición, con el FMI, con los grupos de comunicación no afines (el grupo Clarín), con los sindicatos incómodos, contra los jueces, contra el Gobierno español por el tema de Repsol-YPF … Un poder inclemente con cualquier signo de crítica que ha ido dando forma a un autoritarismo contradictorio con el Ejecutivo que se atrevió a hacer justicia con los crímenes de la dictadura, que impulsó políticas activas contra la pobreza y que permitió el matrimonio gay.

Habrá que ver el legado que entregará Cristina Fernández a su sucesor en 2015, pero, diez años después, el sueño de Néstor Kirchner del 25 de mayo de 2003 –“quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero que seamos un país serio. Pero, además, quiero un país más justo”— sigue siendo un sueño.

La popularidad de Cristina Fernández se encuentra en su momento más bajo desde la crisis del campo de 2008