Cómo distinguir un huevo cocido de otro crudo

Aunque hay varias formas de distinguir un huevo crudo de uno cocido (sin romperlo), por ejemplo, agitándolo cerca del oído (el que suena es el crudo) o poniéndolo entre una luz intensa y los ojos (el que deja pasar algo de luz es el crudo), hay algunos métodos basados en la Mecánica que resultan interesantes de considerar en una sobremesa. Para hacer estos experimentos se necesita un huevo cocido, uno crudo (ambos con la cáscara) y un plato plano amplio (para evitar accidentes).
El primer experimento consiste en hacer girar los huevos, previamente colocados en reposo (sobre la parte más oblonga de los mismos) sobre el plato. Cogiéndolo entre el pulgar y el dedo corazón de la mano o bien ayudándose de dedos de las dos manos, se intenta hacer girar el huevo. Con un poco de práctica, lo que se observa es que uno de los huevos tiene cierta resistencia a girar mientras que el otro huevo girará con cierta facilidad. El primero es el huevo crudo, en el que la parte líquida de su interior, inicialmente en reposo, no sigue el movimiento de la cáscara y se opone a su movimiento, de acuerdo con la Primera Ley de Newton o Ley de la Inercia (del reposo, en este caso). En el huevo cocido, una vez puesto en movimiento gira como un todo sólido, sin resistencias internas.
Fig. 1 Huevo cocido (a) girando (b) detenido durante un instante y (c) detenido definitivamente.
Una vez se ha aprendido a poner los huevos en rotación, se puede llevar a cabo el segundo experimento, complementario del anterior. Si una vez el huevo se encuentra girando, con la ayuda de la yema de un dedo se le para suavemente y, muy rápido, se vuelve a retirar el dedo, se observará que hay un huevo que después de haber sido detenido sigue girando al levantar el dedo (Fig. 2), mientras que el otro, una vez detenido, se mantendrá en reposo (Fig. 1). El primero es el crudo, en el que la parte líquida sigue girando aunque se detenga la cáscara, de acuerdo de nuevo con el Principio de Inercia (inercia del movimiento en este caso), mientras que el otro es el cocido que, al igual que una peonza, una vez detenido así se mantiene.
Fig. 2 Huevo crudo (a) girando, (b) detenido un instante y (c) que vuelve a girar
Finalmente, si se ha aprendido a poner los huevos a girar con rapidez, se podrá observar un nuevo fenómeno. Los huevos cocidos pueden llegar a girar rápidamente y, en la mayoría de los casos, el huevo se puede poner vertical y girar sobre uno de sus polos y no sobre su barriga. Esto nunca sucederá con un huevo crudo. Al elevar su centro de gravedad, algo muy poco habitual, el huevo cocido en vertical girará más lentamente que cuando giraba en horizontal (Fig. 3).
Fig. 3 Huevo cocido (a) que al girar con rapidez, se eleva (b)
Este comportamiento del huevo cocido está relacionado con la tendencia de los objetos sólidos a girar alrededor de un eje de simetría (es decir, la rotación es estable cuando se realiza alrededor de un eje de simetría del objeto).
Fig. 4 Peonza de madera. Si se la detiene, se para.
Fig. 5 Peonza Tip-top. Apoyada en el suelo y girando invertida
Estos comportamientos de huevos crudos y cocidos se pueden reproducir con la ayuda de varias peonzas. Una peonza normal (Fig. 4) sería como un huevo cocido: si se encuentra girando, una vez detenida ya no volverá a girar. Otra peonza, conocida como tip-top (Fig.5), consta de una esfera a la que se le ha cortado un casquete esférico y se le ha colocado un vástago. Esta peonza tip-top (que se puede adquirir en tiendas tipo Imaginarium) comienza a girar sobre la parte esférica, pero, al igual que el huevo cocido, consigue darse la vuelta y girar sobre el vástago. Una peonza con un depósito de líquido en su interior (que se puede conseguir en museos de ciencia) sirve para entender el comportamiento de un huevo crudo. La peonza, que lleva una cremallera para ayudarse a girarla, se pone en movimiento con dificultad, pero una vez en movimiento se la puede parar apretando dos dedos contra la carcasa exterior, mientras se observa cómo el líquido sigue girando en su interior (Fig. 6). Al quitar los dedos, la peonza seguirá girando, pues el líquido rotante en su interior vuelve a transmitir movimiento a la carcasa exterior.
Fig. 6 Peonza con una carcasa exterior y depósito con líquido en su interior
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El Diario Montañes

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