¿Por qué es importante la ciencia?

Cuando se tiene un blog sobre ciencia, una pregunta que parece relevante es: ¿Por qué es importante la ciencia? En esta dirección de Internet http://whyscience.co.uk/ puede obtener algunas respuestas interesantes a esta pregunta.

Aunque en mi opinión la aplicación más o menos cotidiana del método científico es importante por razones de buena salud social e intelectual, tanto a nivel individual como colectivo (dar pruebas de lo que se afirma y solicitarlas a los demás), para destacar su importancia, lo más sencillo, probablemente, es argumentar sobre la base de los logros de la aplicación de este método, lo que coloquialmente se conoce como ciencia. Aunque todos nuestros conocimientos están sometidos a constante revisión, se han conseguido algunos conocimientos que podemos calificar de muy fiables. Y uno de estos es el Principio de Inducción de Faraday. Para intentar explicar la importancia de la ciencia, en este caso del Principio de Inducción de Faraday, voy a hacer un ejercicio de imaginación en el que espero me acompañen.

Supongamos que son las 4:00 am, GMT (Greenwich Mean Time) + 1, es decir, hora del meridiano de Greenwich más una hora, hora peninsular en España de un día cualquiera entre semana. Haciendo volar la imaginación, supongamos que todas las catedrales, basílicas, iglesias, ermitas, oratorios, cruceros, que imagino deshabitados a esas horas de la madrugada (por eso no he citado los conventos, de monjas o monjes, donde imagino que a esa hora la actividad es ora et labora), del país desaparecen. Literalmente. Es decir, en el solar en donde a las 3:59:59 am estaba ubicada la catedral de Burgos, a las 4:00:01 am sólo hay un solar de diez mil metros cuadrados completamente vacío. Y así con todos los inmuebles citados (sólo en España se calcula que hay 35.000 edificios de este tipo). Para ser justos, mezquitas, sinagogas, templos protestantes, templos en honor a Visnú, tibetanos, etc., ubicados en territorio nacional, también desaparecen a esa hora. La pregunta es: usted, que se encuentra durmiendo a esa hora, ¿en qué forma o manera se ve afectado por esas desapariciones? Tómese su tiempo para pensarlo.

En mi opinión, en nada en absoluto y usted sigue durmiendo como un lirón. Llegan las 7:00 am, suena su despertador y usted se levanta de la cama. ¿Hay alguna señal en el ambiente que le indique que esos edificios han desaparecido? De momento, yo creo que no. Desayuna, coge el autobús, el metro, un tren de cercanías, etc., y va a trabajar. ¿Ha notado que la catedral de su ciudad ha desaparecido? En su lugar de trabajo, todo, ordenadores, tornos, etc., funciona correctamente. Si a última hora de la tarde consulta los periódicos del día en Internet puede que allí aparezca la noticia: Miles de metros cuadrados libres de terreno urbanizable en el mismo centro de Burgos (vale, un poco cínica la noticia, sobre todo después de la crisis inmobiliaria, porque lo que es antes…). Usted vuelve a su casa, baña a sus niños, cena, ve la televisión, se acuesta, y hasta mañana, esperando tal vez que a las 4:00 am los edificios vuelvan a ocupar su sitio, pues la catedral de Burgos, con su Papamoscas y todo, ¡es tan bonita! Pero si la catedral no reaparece al día siguiente, no pasa nada. Pronto, en el solar vacío se levantará una humilde construcción que, a los efectos puramente religiosos, cumplirá las mismas altas tareas espirituales que el magnífico edificio anterior lleno de tesoros artísticos.
Ahora imagine que todas las centrales nucleares, hidroeléctricas y térmicas que proporcionan la energía eléctrica del país (incluyendo las centrales nucleares francesas que nos venden más del diez por ciento de la energía eléctrica que se consume en el país), desaparecen a las 4:00 am. Para no tener que desmantelar nada, imagine que todos los trabajadores de estas centrales olvidan a las 4:00 am que existe el Principio de Inducción de Faraday. Este importante Principio es así denominado en honor de Michael Faraday, que fue el científico que primero lo descubrió después de aplicar el método científico de la manera meticulosa e imaginativa en que sólo personas como él son capaces. Expresado en la forma de Cuarta Ecuación de Maxwell (James Clerk Maxwell, otra figura señera de la ciencia), éste Principio de Inducción es La Ecuación que Mueve el Mundo (Walter Lewin –profesor de física del Massachusetts Institute of Technology– dixit). Es decir, la ecuación en la que se basa la producción de prácticamente toda la energía eléctrica de este mundo mundial (prometo un próximo post sobre este Principio de Inducción). La cuestión es que debido a este inoportuno olvido, los que trabajan en las centrales productoras de electricidad no saben para qué sirven ni las válvulas, ni las turbinas, ni los interruptores ni nada de nada en la central. (¡Trate de imaginar las consecuencias prácticas que se tendrían si, de repente, la gente dejara de saber para qué sirve cualquier tipo de templo!) La pregunta vuelve a ser la misma: usted que se encuentra durmiendo a esa hora, ¿en qué forma se ve afectado por esta repentina ignorancia de los trabajadores de las centrales? De nuevo, tómese su tiempo para pensarlo.

Si es un día de verano y usted vive en el Sur, su sistema de aire acondicionado deja de funcionar a esa misma hora. En pocos minutos su cuerpo sudoroso le dirá qué algo va mal. Si es invierno y usted vive en el Norte, su sistema de calefacción se enfriará y usted se levantará tiritando a ver lo que sucede. Pero pongamos que es un día normal en Madrid. A las 7:00 su reloj despertador no ha funcionado, pues va conectado a la red eléctrica, que ha dejado de funcionar. Aunque su despertador vaya con pilas, en cuanto se levante de la cama se dará cuenta de que la luz de su cuarto no funciona. Tampoco funciona la ducha, pues el agua hay que elevarla mediante bombas eléctricas, que han dejado de funcionar. El desayuno se lo tiene usted que tomar frío, pues el microondas no funciona, aparte de que el frigorífico ha dejado de enfriar y sus alimentos se están echando a peder. Si intenta llamar por teléfono o enterarse de lo que sucede por la radio, la televisón o Internet, no conseguirá nada, pues ninguna de esas redes de comunicaciones funciona.

En la calle, después de bajar a pie las escaleras, pues el ascensor está parado, ya empieza a darse cuenta de que algo grave sucede. El tráfico se encuentra parado, probablemente desde primeras horas de la mañana, pues los semáforos están apagados y no regulan nada. Inútil intentar llegar a su trabajo en cualquier tipo de transporte público, metro o cercanías. Si finalmente consigue llegar a pie hasta su lugar de trabajo, oficina, taller, etc., lo más probable es que no consiga llevar a cabo ninguna tarea. Ordenadores, y todo tipo de dispositivos controlados por éstos no funcionan. Todo tipo de máquinas mecánicas, tornos, fresadoras, etc., estarán paradas. Tampoco hay periódicos, pues a las 4:00 am todas las rotativas se pararon. Y si ese día tenía programada un operación en un hospital, olvídese de ella. Desde el anestesista hasta el cirujano, todos utilizan aparatos que funcionan con energía eléctrica. Igualmente, cualquier actividad relacionada con el ocio que tuviera programada para la tarde de ese día, ya pude ir olvidándose. Desde ir al cine hasta asistir a un partido de fútbol, todo disfrute pasa por disponer de energía eléctrica. Usted vuelve a su casa, no puede bañar a sus niños, cena a oscuras –o a la cálida luz de unas velas–, se acuesta, y hasta mañana, esperando tal vez que a las 4:00 am los empleados de las centrales vuelvan a recordar cómo se aplica el Principio de Inducción de Faraday, pues ¡es tan buena la energía eléctrica!

Este pequeño ejercicio de imaginación –o no tan pequeño si cuando bombardean las centrales eléctricas de tu país te devuelven a la Edad Media– indica que no
tiene las mismas consecuencias prescindir de los frutos labrados en piedra de muchos siglos de espiritualidad que de un par de siglos de ciencia. Aunque demos por hecho que la energía eléctrica va a llegar a nuestras casas y a nuestros puestos de trabajo sin problemas, es bueno saber cómo se produce y qué consecuencias tendría no disponer de ella.

Ahora tome cualquier libro de física, química, biología o matemáticas, ábralo por cualquier página e imagine las consecuencias que tendría en nuestra vida cotidiana
que los conocimientos científicos que se encuentran en esa página desaparecieran. (Ahora imagine lo que sucedería si una página de El Quijote, o incluso un episodio completo, desapareciese de todas las ediciones del libro de Cervantes).

Sin pensar ya en sus aplicaciones prácticas, desde un punto de vista lúdico, se podría decir que la ciencia es mejor que los trucos de magia que tanto nos gusta ver en el teatro o la televisión, con cartas, pañuelos, espejos y gente cortada a la mitad que se recompone ante nuestros ojos. Piense en la cantidad de trucos que el conocimiento científico hace por usted a todas horas: le permite hablar con personas lejanas, casi puede estar en dos sitios a la vez, le informa de lo que sucede en las antípodas en pocos minutos, le cura las enfermedades, le multiplica los donuts y los helados, etc., trucos todos ellos que hace cien años hubiesen sido considerados casi milagros pero que hoy día son rutina (siempre que las centrales sigan produciendo electricidad).

Por favor, crea en lo que quiera, pero no deje de utilizar el Principio de Inducción de Faraday. ¡Es un truco que nunca falla!
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El Diario Montañes

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