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La alegría de Costa y el ejemplo de Puyol
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Rodrigo Errasti | 09-06-2014 | 20:25

No hay nada más grande que levantar la Copa del Mundo en Maracaná. Es el sueño de todo futbolista. Aunque en la selección española todos han ganado mucho, incluido el más joven y último en debutar como es David de Gea, se percibe que tienen ganas de más. Al grupo se le ve convencido, igual que cuando viajó a Sudáfrica hace cuatro años para demostrar que la Eurocopa no había sido un golpe de suerte e inspiración. En estas dos semanas de concentración hemos podido ver al grupo disfrutando en las sesiones de entrenamiento y también sudando la gota gorda. Lejos de Las Rozas, y a excepción de una sesión a puerta abierta en el RFK de Washington, los ensayos han sido casi privados. Gracias a ello, hemos podido ver gestos de complicidad entre los internacionales y su manera de comunicarse en el campo. Sus motes, sus arengas…

Nadie ha levitado, todos mantienen los pies en el suelo y se muestran unidos. Llamativa es la relación entre Ramos y Costa. El central ha sido casi su cicerone, provocándole sonrisas para que olvidara las decepción y ya en Brasil, quiere estar más pendiente que nunca de su delantero. Habrá que ver como encaja el futuro jugador del Chelsea ese ambiente hostil que se respira contra él en el país del que aún se siente ciudadano. Ahora, cuando había recuperado la alegría tras volver a jugar y superar la maldita lesión en el bíceps femoral, le viene la persecución en el lugar en el que nació. Nada más pisar suelo brasileño ya vimos lo que le espera a España y especialmente a Diego Costa. No será fácil de encajar, mentalmente debe estar preparado para ello. Y para las críticas que le llegarán de España, que seguro que las habrá cuando la pelota no entre. Puede que se produzcan incluso antes, por aquellos que desean un amor a unos colores que se antojan forzados y de cara a la galería.

A Washington se acercó a ver a sus ex compañeros Marcos Senna, el anterior futbolista no nacido en tierras españolas que vistió la elástica roja. Su compromiso cuando tuvo que defenderla, su felicidad al volver a ver a sus excompañeros de caseta, los abrazos que se llevó de todos los que se cruzaron con él y la ilusión seguir viendo por los triunfos de una selección de leyenda vale más que los mil besos a un escudo o una bandera. Uno ya está harto de ver gestos de cara a la galería a los deportistas cuando aterrizan en un club. No recuerdo a nadie que haya defendido mejor la camiseta de su equipo, ya fuera la selección o su club, que Carles Puyol. La honraba cada día que saltaba al campo. Y sólo una vez, cuando llevaba más de 10 años de profesional lo hizo con el club donde se pasó toda su carrera. Más Puyoles y menos vendehumos que besan escudos y banderas.

Sobre el autor Rodrigo Errasti
Periodista especializado con 15 años de experiencia en medios deportivos nacionales e internacionales como Marca o Eurosport antes de llegar al Grupo Vocento, donde ha sido director de Grada360 y ahora es redactor jefe de deportes de la Agencia Colpisa. Ha trabajado en todos los soportes (internet, prensa, radio y televisión) siendo referencia en el sector de las redes sociales. Ha cubierto información de todos los equipos españoles de fútbol en competición continental, selección española, finales europeas entre otros grandes acontecimientos. Si bien se ha centrado en información de fútbol es un apasionado de todos los deportes, aunque siente una pasión especial por el ciclismo.

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