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Tener equipo o esforzarse en crearlo
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Rodrigo Errasti | 17-09-2012 | 01:11

Una persona, de esas que te marcan para siempre, me explicó un teoría sobre el deporte, el trabajo y la vida basada en muchos años habitando en distintos lugares de Europa. Este buen hombre considera que las personas se comportan en su puesto laboral del mismo modo que lo hacen cuando practican un deporte colectivo. Un par de partidos son efectivos para catalogar el tipo de trabajador.

Su modelo ideal para explicarlo es el rugby, en el que participan quince deportistas de todos las condiciones físicas, pero explica que vale cualquiera superior a cinco. Intenta desarrollar su profesión junto a ese tipo jugador que acepta con una sonrisa colocarse en varios puestos que no son el suyo por las necesidades del guión y encaja comprensivo una suplencia por el bien del grupo. Por contra, recela de los que siempre tienen puesto fijo en el terreno de juego, consideran que defender es una perdida de energía teniendo en cuenta su calidad aunque nunca sienten fatiga a la hora de protestar las actuaciones ajenas, sean del colegiado, rivales o incluso de sus compañeros. Su brillo personal, y el de sus medallas, es prioritario.

Una persona, de esas que te marcan para siempre, me explicó un teoría sobre el deporte, el trabajo y la vida basada en muchos años habitando en distintos lugares de Europa. Este buen hombre considera que las personas se comportan en su puesto laboral del mismo modo que lo hacen cuando practican un deporte colectivo. Un par de partidos son efectivos para catalogar el tipo de trabajador.

Su modelo ideal para explicarlo es el rugby, en el que participan quince deportistas de todos las condiciones físicas, pero explica que vale cualquiera superior a cinco. Intenta desarrollar su profesión junto a ese tipo jugador que acepta con una sonrisa colocarse en varios puestos que no son el suyo por las necesidades del guión y encaja comprensivo una suplencia por el bien del grupo. Por contra, recela de los que siempre tienen puesto fijo en el terreno de juego, consideran que defender es una perdida de energía teniendo en cuenta su calidad aunque nunca sienten fatiga a la hora de protestar las actuaciones ajenas, sean del colegiado, rivales o incluso de sus compañeros. Su brillo personal, y el de sus medallas, es prioritario.

Llevo viviendo en Madrid todo este siglo y desde entonces no he visto a mis vecinos rojiblancos irse a casa contentos tras un duelo con los madridistas. Estas semanas, están más felices que los segundos. Y es que, después de sufrir su segunda derrota liguera en cuatro jornadas, Mourinho soltó una frase impactante para justificar lo sucedido en Sevilla: “En estos momentos no tengo equipo”. Tras recitar todos los errores que sus jugadores cometieron en el Pizjuán, algunos de ellos en varias ocasiones, y recriminar el escaso compromiso de su grupo tuvo claro el análisis. Cómodo bajo el foco que le ilumina siempre como principal protagonista, Mourinho no siente como un lastre la etiqueta ‘The Special One’ heredada en Inglaterra. Es ahora, en su peor momento como técnico blanco, cuando debe demostrar por qué es el entrenador mejor pagado del mundo y puede disponer de fichajes con los que otros clubes de la Liga ajustan un presupuesto anual.

Necesita un reacción en la Champions y pondrá todo el empeño en lograr que el City sea el rival adecuado para sacarse los miedos del cuerpo. La última vez que vivió algo similar, un empate europeo ante el modesto Rosenborg acabó perdiendo su plaza en el banquillo. Dejó de entrenar a un Chelsea que posteriomente llegaría a una final de la Champions que él no pudo alcanzar como blue. Queda por ver si su speech ha servido de revulsivo o sólo ha avivado el sentimiento interno actual de la caseta: los triunfos tienen un solo padre y la derrota siempre las mismas caras.  Antes de volver a pisar el césped, parece que ha conseguido abrir un poco más la brecha entre los españoles y el grupo que habla portugués

“El culpable soy yo por errar con los cambios”. Las palabras son de Diego Pablo Simeone para explicar lo sucedido en los apenas seis minutos que fueron desde el 4-0 al 4-3 entre Atlético y Rayo. Desde que llegó al club, supo que tenía tarea entre manos. La afición no creía en el proyecto, tampoco unos jugadores que fueron incapaces de remontar una eliminatoria ante el Albacete pese a saber que Manzano ya no seguiría en el campo. Cholo tuvo que armar la táctica, recuperar psicológicamente al grupo, alentar a la afición para que no decayera animando a los suyos, aleccionar a los recogepelotas sobre los tempos a la hora de devolver los balones y apagar varios incendios ante la prensa. Todo lo que fuera necesario por el bien del equipo.

Su objetivo era devolver la gloria al Atlético y se esforzó en encontrar aliados para completar la misión. Los encontró y los atléticos tocaron el cielo en Bucarest y hace solo unos días en MónacoDurante su etapa de jugador, determinados comportamientos afearon la carrera de un futbolista de esos que todo el mundo prefería tener a su lado a verlo en la escuadra contraria. Ahora como técnico ha logrado aplacar esa parte visceral que le hacía perder puntos como futbolista.

La pregunta es: ¿A quién se llevarían ustedes de los dos… para su trabajo? Mi amigo, el que siente la pasión por el rugby, lo tiene claro: Cholo.

PD: Pese a todo lo explicado y, aunque el viernes me encontré con él por Madrid, no hablo de Viggo Mortensen.

Llevo viviendo en Madrid todo este siglo y desde entonces no he visto a mis vecinos rojiblancos irse a casa contentos tras un duelo con los madridistas. Estas semanas, están más felices que los segundos. Y es que, después de sufrir su segunda derrota liguera en cuatro jornadas, Mourinho soltó una frase impactante para justificar lo sucedido en Sevilla: “En estos momentos no tengo equipo”. Tras recitar todos los errores que sus jugadores cometieron en el Pizjuán, algunos de ellos en varias ocasiones, y recriminar el escaso compromiso de su grupo tuvo claro el análisis. Cómodo bajo el foco que le ilumina siempre como principal protagonista, Mourinho no siente como un lastre la etiqueta ‘The Special One’ heredada en Inglaterra. Es ahora, en su peor momento como técnico blanco, cuando debe demostrar por qué es el entrenador mejor pagado del mundo y puede disponer de fichajes con los que otros clubes de la Liga ajustan un presupuesto anual.

Necesita un reacción en la Champions y pondrá todo el empeño en lograr que el City sea el rival adecuado para sacarse los miedos del cuerpo. La última vez que vivió algo similar, un empate europeo ante el modesto Rosenborg acabó perdiendo su plaza en el banquillo. Dejó de entrenar a un Chelsea que posteriomente llegaría a una final de la Champions que él no pudo alcanzar como blue. Queda por ver si su speech ha servido de revulsivo o sólo ha avivado el sentimiento interno actual de la caseta: los triunfos tienen un solo padre y la derrota siempre las mismas caras.  Antes de volver a pisar el césped, parece que ha conseguido abrir un poco más la brecha entre los españoles y el grupo que habla portugués

“El culpable soy yo por errar con los cambios”. Las palabras son de Diego Pablo Simeone para explicar lo sucedido en los apenas seis minutos que fueron desde el 4-0 al 4-3 entre Atlético y Rayo. Desde que llegó al club, supo que tenía tarea entre manos. La afición no creía en el proyecto, tampoco unos jugadores que fueron incapaces de remontar una eliminatoria ante el Albacete pese a saber que Manzano ya no seguiría en el campo. Cholo tuvo que armar la táctica, recuperar psicológicamente al grupo, alentar a la afición para que no decayera animando a los suyos, aleccionar a los recogepelotas sobre los tempos a la hora de devolver los balones y apagar varios incendios ante la prensa. Todo lo que fuera necesario por el bien del equipo.

Su objetivo era devolver la gloria al Atlético y se esforzó en encontrar aliados para completar la misión. Los encontró y los atléticos tocaron el cielo en Bucarest y hace solo unos días en MónacoDurante su etapa de jugador, determinados comportamientos afearon la carrera de un futbolista de esos que todo el mundo prefería tener a su lado a verlo en la escuadra contraria. Ahora como técnico ha logrado aplacar esa parte visceral que le hacía perder puntos como futbolista.

La pregunta es: ¿A quién se llevarían ustedes de los dos… para su trabajo? Mi amigo, el que siente la pasión por el rugby, lo tiene claro: Cholo.

PD: Pese a todo lo explicado y, aunque el viernes me encontré con él por Madrid, no hablo de Viggo Mortensen.

Sobre el autor Rodrigo Errasti
Periodista especializado con 15 años de experiencia en medios deportivos nacionales e internacionales como Marca o Eurosport antes de llegar al Grupo Vocento, donde ha sido director de Grada360 y ahora es redactor jefe de deportes de la Agencia Colpisa. Ha trabajado en todos los soportes (internet, prensa, radio y televisión) siendo referencia en el sector de las redes sociales. Ha cubierto información de todos los equipos españoles de fútbol en competición continental, selección española, finales europeas entre otros grandes acontecimientos. Si bien se ha centrado en información de fútbol es un apasionado de todos los deportes, aunque siente una pasión especial por el ciclismo.

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