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Mi madre

¿Has visto ‘Love Actually’? Pues esto, del suplemento del sábado, es “un cagarro de oro puro”.

 

 

En Navidad comparto mandil con mi madre. Es una señora muy guapa y muy formal. No le gusta cocinar y cocina de maravilla, la jodía. Se asoma a los cazos como quien mira un baño sucio en un bar, desconfiando de sí misma, como si lo que burbujeara adentro fuera irremediablemente a cuajar mal, pero a la vez no tuviera nada que ver con ella, porque a la par es una señora muy digna. Mi madre, que aunque no venga a cuento he de decir también que ha desarrollado una portentosa habilidad para acertarme de lleno y de forma vertiginosa las collejas que me calza por los motivos más diversos (siempre justificados, eso sí), mi madre, decía, esa mujer que convierte el guantazo de pescuezo en un arte malabar, es en sí misma la propia Navidad: nos alimenta, nos contempla, y nos templa cuando se nos va la mano con los brindis, no tanto por amainar la atávica propensión a la alcoholemia que contamina a todos los ejemplares masculinos de mi familia, como porque no le jodas otra copa de la vajilla buena. Pero nos cuida, que de eso tratan estas fechas.

 

La Navidad es una madre guisando en mi casa y en todas, o lo ha sido de tradicional, pues los paisanos solo han pisado la cocina para probar a escondidas, para ser servidos, para gobernar la parrilla dominical los más chulicos, o para refugiarse la jubilación con un entretenimiento manual menos exigente que el endemoniado bricolaje (en ese otro campo, por cierto, mi padre es lo inverso de mi madre con el manotazo cervical. Un terrorista de la broca con propensión a autolesionarse). Decía, pues, que me disperso, que cuando llega esta semana final me calzo uno de sus delantales, uno de flores con volantes que de tan enano he de atarme bajo los sobacos, para con esa minifalda de faralaes descargar a mi creadora en la sucesión de menús pantagruélicos. Y mientras elaboro mis modestos platos, mi madre me mira desconfiando de sí misma, como si ese tiparraco fuera irremediablemente a cuajar mal, pero a la vez no tuviera nada que ver con ella.

 

Por fortuna, tiene un don asombroso para cocinar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Temas

Brian Wilson, Love Actually, Madre, Peanuts, The Beach Boys

PINCHOS Y CHATOS SERVIDOS SIN ORDEN NI CONCIERTO PARA ALIMENTARTE ALGUNOS RATOS SUELTOS

Sobre el autor

Hay más Remartini (en formato largo) aquí: http://blog.elcomercio.es/remartini/

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