He visto recientemente por televisión, un reportaje sobre el diario estadounidense The New York Times, que decía que España se había convertido en el burdel de Europa. Para abundar en el asunto los reporteros de tv pararon a un coche en la zona caliente y les preguntaron a los ocupantes la forma de pasar un fin de semana divertido, su respuesta fué que por 30 euracos se podían zumbar a una colombiana, rumana, brasileña, ucraniana, asiatica, congoleña e incluso a alguna española.
El turismo sexual y de borrachera de los ingleses y alemanes no es nuevo, parece ser que ahora el resto de la Comunidad Económica Europea ha tomado ese mal ejemplo y al olor del dinero barato de la crisis se han animado a “invertir en España”.
No entiendo este divertimento, practicar sexo con alguien a quien le están esclavizando, amenazando de muerte, con constantes palizas y demás brutalidades no entra en mi cabeza.
España es el burdel de Europa, la frasecita me está rebotando en la cabeza desde hace días, pretendía escribir algo sobre fotografía, de hecho este es un blog sobre ello, pero no conseguía centrar el coco.
Tendría que hablar de iluminación, objetivos, luces y sombras, enfoque, velocidad o sensibilidad, pero estoy en blanco, sólo pienso en estos iluminados cuyo único objetivo es venir a España a emborracharse, sin importarles las luces del día o las sombras de la noche, hasta perder el enfoque y zumbarse a todo lo que se menea a la velocidad de la luz, pero seamos sensibles, dejémosles que un par de veces al año vengan a España a estar con sus madres.
Es imposible abstraerse a la necesidad de sacar la cámara fotográfica y plasmar estos días de niebla en Santander, luego miramos los resultados en el ordenador y nos cagamos en sus muelas. Fotos empastadas, carentes de definición, de colorido, de textura, posiblemente unos churros de la leche.
Un detalle importante a tener en cuenta es la utilización de teleobjetivos, lo vemos todo muy bonito pero los resultados no suelen ser los esperados, sobre todo a la hora de publicarlo en prensa. Las tramas utilizadas en la impresión no suelen ser tan pequeñas como las que se usan en revistas, ni la calidad del papel, eso acentúa el “empastamiento” de la imagen.
Si utilizamos un objetivo corto, angular, nos aseguramos los elementos mas cercanos a la toma con definición y algo de tono, dejando que la vista se valla perdiendo en el horizonte y juntándose con la niebla, dando lugar a imágenes fantasmales de personas casi flotando en la lejanía, ( lo cierto es que ese tipo de personas las vemos igual con niebla o sin ella, fantasmas los hay a todas horas).
Los fenómenos atmosféricos me encantan, lluvias torrenciales, temporales de mar, de viento, nieblas, nieve e incluso altas temperaturas. Cada situación tiene sus truquillos y a fuerza de años de experiencia te vas haciendo con ellos.
Hablando de fantasmas, hace años recibí una llamada en el móvil de un famoso escritor, me decía que había llegado a su poder una fotografía tomada por mi en la playa de El Camello, en ella se veía una figura “humanoide” en lo alto de una isla que está situada en la misma playa. Tras el secretismo y las pausas alargadas con las que me hablaba me desveló la situación. Un amigo se la había mandado, indicándole que el “humanoide” de lo alto de la isla podría no ser de este mundo, yo no salía de mi asombro, había fotografiado un extraterrestre y me había quedado tan pancho.
Tras quedar en que le llamaría en cuanto recuperase la foto de mi archivo, me dirigí a casa excitado, con los pelos como escarpias, ( los de los brazos mayormente, en la cabeza poco queda). Localicé la imagen y mi gozo en un pozo, el extraterrestre no era otro que la escultura de Neptuno, obra de Ramón Muriedas, que al utilizar un teleobjetivo grande y tener el foco en el fondo de la imagen, justo en la península de la Magdalena, estaba desenfocado y en un primer termino, con lo cual parecía “flotar” en la isla. Juan José Benítez se quedó sin su extraterrestre, sin su libro y yo con cara de gilipollas al ver la foto. Me encantan los fantasmas.
Los dinosaurios se extinguieron, no pudieron desplegar el paraguas ante la caída de un enorme meteorito, ( esa es la versión que mas me apetece poner aquí) ellos carecían del dedo prensil que distingue a los humanos de otras especies menos evolucionadas y terminaron sucumbiendo, si no queremos seguir siendo unos dinosaurios con ropa de Armani tenemos que cambiar.
El lector de diarios y los propios medios están adquiriendo el papel de Tyranosaurus Rex, se están transformando en una especie en extinción. Cada día hay menos personas que adquieren el compromiso de realizar el esfuerzo de gastarse un euraco y pico y para mas inri forzar la vista y leer papel impreso. Nos dejamos llevar por la comodidad de poner la oreja ante las emisoras de radio, los ojos y el 45% de nuestra atención frente a la tv, mientras tenemos en nuestras manos el Iphone, la tablet, el pc o el ultimo calendario de Pirelli, en este ultimo caso posiblemente solo una mano y el 0% de atención en cualquier otra cosa.
Los diarios tienen que apostar por el desarrollo de las noticias, en cuanto a la inmediatez la batalla está perdida, ganan por goleada las ya no tan nuevas tecnologías , diarios digitales, páginas web, las redes sociales Twitter, Facebook etc. donde un montón de blogueros invierten esfuerzo, dedos y ojos en repartir a diestro y siniestro oleadas de información sucinta y concreta, real o ficticia y hacen obsoleto un manojo de papel que al día siguiente de la noticia, cuando ya sabes el nombre del político imputado, del accidentado en la S-20 o del 5-0 del Barcelona, lo ves en los kioscos y te preguntas ¿ merece la pena gastarse un euraco y pico, el esfuerzo de achinar los ojos para ver las lineas y la fatiga de juntar las letras en nuestro cerebro para formar frases?.
Los dinosaurios se extinguieron por no tener un dedo prensil y no poder abrir el paraguas ante lo que les caía del cielo, nosotros tenemos ese dedo, no seamos dinosaurios.
Las reglas se hicieron para romperlas. Esa frase la llevamos escuchando desde los tiempos de Maricastaña. No es que me tenga por transgresor pero siempre me gustó “tocar un poco las pelotas” a todo lo establecido, en materia fotográfica también se puede hacer, es mas, se debe hacer.
Hoy en día la fotografía que vemos en los museos, exposiciones y revistas suele ser de ese tipo, de la que casi no entendemos, pero no por ello debemos dejarla a un lado. A todos nos ha salido una imagen movida, subexpuesta o desenfocada, la diferencia es que unos la borran y otros la sacan partido diciendo que es arte, que lo será, no lo pongo en duda, solo que yo…suelo ser de los que la borran.
Me gusta entender las cosas, y pongo empeño en ello, solo pido que me lo expliquen, y cuando la explicación es tan peregrina que necesita de movimientos de brazos, manos crispadas y encorvamiento de columna vertebral….malo.
Las reglas en fotografía son mínimas, exposición, enfoque, encuadre y poco más, teniendo en cuenta que cada individuo interpreta a su libre albedrío todo esto y que las cámaras digitales hacen maravillas en manos de simios, mucho mas en manos de humanos, erguidos por completo y sin pieles de mamut lanudo cubriendo sus cuerpos, cambiadas éstas por ropas de Armani o del Zara mismamente
La interpretación de las reglas en general es algo a lo que debemos aferrarnos, eso si, sin descuidar las de educación y el respeto a todo el mundo, incluso a los que pensamos que una fotografía desenfocada es eso, la realidad vista a través de unos ojos que necesitarían gafas
Por cierto, he cambiado de gafas este verano, pero sigo enfocando lo mismo.

En la época que nos está tocando vivir, donde cada cual se busca las alubias como puede, el intrusismo laboral está a la orden del día, se puede llegar a entender pero no a admitir. Las jornadas políticas que estamos sufriendo, digo bien, sufriendo, llegan a convocar un número creciente de personas humanas, con dedo prensil gracias a la evolución de las especies, no por otra cosa, que más que trabajar incordian a la hora de realizar una labor profesional tan encomiable como es la de redactor gráfico. Personas humanas que ante los nervios propios del donde me coloco, del que objetivo uso, o del me están jodiendo la foto, solo saben pulular delante de los demás “compañeros” de los medios. Creo que me estoy metiendo en un charco. Todos hemos escuchado la frase de…-me pongo delante pero me agacho-, y justo en el momento crucial de la foto ves un flash en el campo de visión de tu encuadre, un objetivo asomando por un lado, notas un movimiento en tus codos o un desplazamiento propio de un torneo de rugby. Eramos pocos y parió la abuela, la proliferación de páginas web, de revistas de limitada perdurabilidad en el tiempo y presupuesto aun más escaso, gabinetes de prensa acostumbrados a trabajar solos, acompañando al político de turno al monte donde Cristo dio las tres voces o a la carretera comarcal de Villa Tomando por el culo, donde no llegan los medios de comunicación tradicionales por el escaso aporte informativo del asunto, mas el revoloteo de polillas en busca de una luz que sea su tabla de salvación a base del peloteo ( al rededor de la clase política esto lo peta ), todo ello junto hace que el trabajar dignamente y de una manera “sosegada” sea una moneda de limitada circulación en estos días. Nunca he sido de discusiones, de peleas por sitio o de incordiar por incordiar, se nota cuando coincides con profesionales cualificados, con compañeros bregados en prensa e incluso con amigos, eso es otra historia. Tampoco somos demasiados los medios que día a día estamos dejando un poco de historia impresa en papel, en imágenes para tv o en cualquier otro formato al uso. El agua me llega a las rodillas. Nadie queremos perdernos la foto, solo debemos tener en cuenta que “la foto” solo es una, y un día la tienes tú y otro día la tengo yo, pero hoy estaremos juntos cubriendo una noticia, mañana también y posiblemente el mes que viene, pero la profesionalidad hay que tenerla todos los días y si lo que quieres son problemas, conmigo no cuentes, yo solo vengo a trabajar lo mejor posible y a tratar de entregar en mi periódico unas imágenes que informen al ciudadano, que sean veraces y jamás distorsionen la realidad, la diferencia entre tú y yo que la dicten los lectores.
La encaré y la dije, -métase dentro de la bañera, ahora colocaré las flores al rededor de usted, asome la pierna izquierda por el borde, eche la cabeza hacia atrás, la mano izquierda colgando hacia afuera y cierre los ojos-. Más tarde, la siguiente foto era en una manifestación, cerca de cinco mil personas abarrotaban la avenida principal de Santander. Llamé al timbre de un quinto piso y un señor me franqueó la entrada muy amablemente. La foto desde su ventana era espectacular. Una columna multicolor sembraba el asfalto del Paseo de Pereda.
Se acercaban las cinco de la tarde, la rueda de prensa en la cual presentaban un libro sobre la clase política congregó a varios medios de comunicación. Los destellos a diestro y siniestro de los fotógrafos iluminaban la estancia en un importante hotel de la ciudad. Cuando todo se calmó un poco llegó mi turno. Le planteo al escritor una fotografía con una gaviota al hombro, oliendo una rosa roja. La foto vertical, luz natural de ventana y relleno lateral con un panel de corcho blanco. Ni se inmuta y accede. Clic, clic y a por la siguiente.
Ocho de la tarde y el aparcamiento del Palacio de Festivales estaba a rebosar de vehículos, salvo un hueco reservado para mí. La diva hace su aparición en el escenario, lo llena con su presencia y sus kilos. La orquesta a sus pies se da prisa en afinar los instrumentos. Me coloco en el centro, a escasos 10 metros del escenario y nadie me dice nada. Comienza la ópera y sale la estrella. Disparo con el motor a tope. Aquello sonaba como una ametralladora en Vietnam, pero el público impasible. Termino mi jornada con la sensación de haber realizado un buen trabajo.
Riiiiinng…¡Maldito despertador! Cenar mucho siempre causa pesadillas.

Como dice la canción, tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor. Sin dinero desaparecen los amigos, sobran los bolsillos en los pantalones y entras a formar parte de ese grupo de invisibles ante la sociedad. Sin amor la cosa también se pone chunga, los remiendos del corazón van comiendo espacio al músculo y solamente queriéndonos el doble o alquilando por horas a cincuenta euros el completo el cariño de alguien del otro lado del charco o de algún país del Este, según las preferencias de cada uno, lograremos paliar la carencia afectiva aunque después nos sintamos basura y mas pobres. En cambio, la salud lo es todo. Dos piernas para correr hacia tí, dos brazos para rodearte con ellos, dos oídos para escuchar tus susurros, dos ojos para poder verte y un cerebro para no olvidarte
Ya sé que estáis pensando que al Andresito se le fue la pinza otra vez, es posible, hoy mi cabeza suma dos y dos y la salen tres.
La vida del fotógrafo es un compendio de todo eso, de salud, dinero y amor, como la de todo el mundo. Sin muchas grietas en las costillas,en el cerebro y en el corazón, se puede trabajar.
La motivación es un tanto por ciento importante a la hora de crear una imagen, con un cuerpo sano, un corazón bien remendado y un cerebro que sume dos y dos y le salgan cuatro, no tenemos ninguna excusa para demostrarle al mundo lo que valemos. Muchas personas con alguna de esas carencias lo hacen cada día, yo intento no ser menos, pero estos últimos días mi cabeza suma dos y dos y la salen tres.

El copiar se va a acabar, voy a hablar claro y conciso, tomaré el toro por los cuernos, no andaré con medias tintas ni con ambages, al pan pan y al vino vino, estoy cansado de la poca iniciativa en el mundo de la fotografía, del copia y pega, del te miro y te imito.
Si monto un 300 milímetros tú también lo haces, si meto el angular…mas de lo mismo, disparo la cámara y siempre estás a mi lado, hacer posturas extrañas o arriesgar el físico no funciona, no te cortas ni afeitándote.
Estoy empezando a cansarme de no decirte nada, el día menos pensado tendremos un problema y podemos llegar a las manos, ya sabes…el que quede en pié gana la partida. Son muchos años de aguantarte y no decir ni esta boca es mía, no captas mis indirectas, haces oídos sordos a mis comentarios, tú a lo tuyo, a ser el rey de la imitación.
En contadas ocasiones, me libro de tu acoso y es entonces cuando puedo dar rienda suelta a mi imaginación sin temor a tu presencia, disfrutando como un cachorrillo con un hueso de ternera, pero la cruda realidad se hace patente al día siguiente, o al posterior, vuelves a estar a mi lado.
¡ Maldita sombra, cuando llegará el invierno !.

Se va acercando el buen tiempo. Es la hora de las prisas en cuidarse el cuerpo, de apuntarse al gimnasio para eliminar ese flotador cervecero, que se nos ha pegado durante el invierno a la zona inferior del abdomen y nos impide vernos cosillas a la hora de ir al baño, o los centímetros de más que nos traumatizan de una manera absurda al querer meter el body en una talla 36. Ir pillando bronce en la playa se antoja complicado, pero se puede hacer. Las luces van estirándose a lo largo de los días. El sol nos abraza durante más tiempo y eso nos hace cosquillitas en la barriga.
Pronto veremos atardeceres mezclados con la luna saliendo por el Este y tiñéndola de un rojo intenso. Se me saltan las lagrimas, me estoy poniendo tierno y eso puede acabar con mi reputación de tipo duro. Antes de seguir divagando y que esto me cueste un disgusto hablemos de fotografía. A mas horas de luz, más contentos nos ponemos y las ganas de hacer fotos se disparan directamente proporcional a lo que se acortan las faldas de algunas chicas.
Es hora de que bajemos la sensibilidad de nuestras cámaras, ganaremos en calidad de imagen. Es tiempo de paseos y excursiones al aire libre, no es ninguna tontería que llevéis el flash al monte, las luces están mezcladas con la sombras de los arboles y hay veces que en las fotos parece que estamos camuflados como Rambo, ¡Dios mío no siento las piernas!. El problema es que también amanece antes, y si alguno me pregunta sobre amaneceres me mete en un compromiso, no soy de madrugar por gusto, el recuerdo del invierno se instala en mi memoria y eso condiciona mi existencia. Mis pocos amaneceres siempre han sido por obligación. Si alguno de vosotros es de levantarse temprano todos los días que me mande un e-mail y me cuente sus experiencias, prometo enmendarme, pero hoy no…mañana.

Cuando pasamos la mano por el cuerpo de nuestro ser amado, miles de protuberancias comienzan a erguirse como señal de excitación, ( la cosa comienza fuertecilla hoy) el bello se eriza, el corazón se acelera, el rubor hace acto de presencia, las glándulas sudoríparas comienzan a hacer su función y miles de diminutas gotas afloran en señal de exaltación, eso es la textura.
Imaginemos que el sol es nuestra mano, y que el ser amado son el resto de las personas, animales o cosas que nos rodean, la inclinación del astro rey es la que nos dará un tipo de sombra capaz de resaltar esa imagen que queremos tomar. Estamos demasiado acostumbrados a disparar con el sol de plano, me harto de escribir que hay algo más, siempre lo hay, no seamos uno más de la manada y dejémonos llevar por lo diferente, juguemos a las luces laterales, esas sombras realzarán el motivo y le darán vida, trasformarán una fotografía correcta en una gran imagen, eso es lo que marca la distancia entre un…-si, muy maja la foto-, y un… -¡joeeeee, que foto mas chula!-.
Haced varias tomas con diferentes velocidades y diafragmas, todos utilizáis digitales, que os conozco, no me seáis vagos y darle calor al dedo, un buen ejercicio de prueba es darse un paseo por el muelle, el sol siempre se proyecta de la bahía hacia el Paseo de Pereda, sale por Somo, achicharra por Peña Cabarga y se oculta por la Catedral, a groso modo, madrugad un día y comenzar a hacer fotos con el amanecer, después al mediodía y continuar en el ocaso, haced la misma imagen y desde el mismo sitio, veréis que la textura hace maravillas con tomas que creíamos muy manidas.
Por la noche, cuando veáis las fotos en el pc, después de darme la razón, pasad la mano por el cuerpo de vuestra pareja, y cuando notéis protuberancias por algún sitio…ojalá no escuches lo de….me duele la cabeza.




