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Hablemos de antitaurinos, dignidad, animalistas, matarifes y otras especies. Me horrorizan los toros 'embolaos' y el Toro de la Vega
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Nieves Bolado | 13-08-2015 | 22:26

Negar que soy taurina, sería una estupidez más que una evidencia. Hasta ahí, de acuerdo. Comienzan las precisiones cuando se trata de distinguir los diversos tipos de taurinos que existen. Como en casi todos los aspectos de la vida, en esto tampoco hay uniformidad. ¿Significa ser taurio tragar con todo lo que tenga un toro por medio? Pues, mire, no; ni mucho menos. Vamos a poner en orden algunas ideas.
Soy taurina por vocación, herencia y querencia y me HORRORIZA cualquier espectáculo ajeno a una lid entre iguales dentro de un coso taurino. Detesto que al toro se le use como un muñeco del ‘pin, pan, pum’, que se rían de él, que le denigren, que le tiren de la cola o que sirva para chanza, incluso, rechazo aquel espectáculo del ‘Bombero torero’ que a alguno, que luego fue figura o casi figura, le dio la primera oportunidad para entrar en los cosos taurinos -sin ir más lejos, Morenito de Aranda-.

¡Mira qué valientes! Me horroriza.

Quien ama al toro, le respeta y respeto no significa sobreprotección o maniqueísmo. El toro, como todo ser, nace para morir. También se muere en la guerra, en un matadero o en la mesa desvencijada de una partera de mal tono. El toro tiene, sobre todo, dignidad, algo que se echa de menos en el mundo animal y humano, y como SER VIVO digno, ha de morir como tal, defendiéndose, igualando los poderes, con admiración, miedo o locura, pero con final digno, ese mismo que todos los serves vivos reclamamos.
¿Es digno para un toro que le pongan dos teas en la cornamenta? ¿Es digno que se le tire de la cola? ¿Es digno que se juegue con él? ¿Es digno que se le acose? Definitivamente, NO. Por eso no me gusta -es más, me horrorizan- los espectáculos tan habituales en el Mediterráneo -Valencia, Cataluña y Castellón especialmente- con escenas para mí insultantes, como los ‘bous al carrer’, donde al toro se le hace perder la dignidad y se le convierte en un mero juguete en las manos de amenazantes individuos solo capaces de demostrar su valentía desde detrás de las vallas.
También me horroriza el Toro-torneo de la Vega en Tordesillas. Ya sé que es un espectáculo de origen medieval, pero no vale ese argumento: también medivales eran las hogueras de la Inquisición y no por ello vamos a ir quemando a defensores de anatemas. ¡Ah! Por cierto, más me horroriza Jorge Javier Vázquez y su basura mediática, al que se ha convertido en adalid en contra de esta nefanda costumbre, sin pararse a pesar en el alimento trasgénico con el que el ¿periodista? catalán trasmite en cada ¿programa? televisivo. ¿No hay antijaviervázquez? Regalo la idea.

El Fandi, denigrando a un toro. Es tonto.

El toro, más que ningún otro animal, se convierte en protagonista indiscutible en una plaza de toros, teniendo frente a sí a un torero armado con un trapo -no se olvide este detalle- sin más arma que la valentía, y frente a ella, la bravura y el peligro de una animal concebido para matar -tampoco se olvide esto otro- . Y en esa lucha desigual -a favor del toro- se enfrentan dos seres vivos; uno dotado de inteligencia y arte, y el otro de fuerza y bravura. Ambos pueden morir en la plaza. Ya sé que siempre caerá en el ruedo el toro pero se encontrará al otro lado de su vida, no con un cazador armado de rifle, mira telescópica y escopeta de cañones recortados, sino con un hombre que al entrar a matar puede quedar ensartado en sus astas. ¿Hay alguna forma de matar a un animal de manera tan favorable para él? Pocas o ninguna, de verdad.

¿Hablamos de cómo matar?
La semana pasada leía en El Correo un interesante reportaje sobre los mataderos. Se detallaba cómo se acababa con los animales que terminarán en forma de entrecot, chuletón o finos escalopines -vulgares albóndigas o salchichas- en el plato de muchos antitaurinos y animalistas. Hasta tal punto se sabe que esto es una masacre -una verdadera orgía de sangre- que el periódico evitaba las fotos en color y las publicaba en blanco y negro. ¿Quien muere de forma más noble? Reflexionen sin histerismos.

Orgía de sangre para terminar en un plato como entrecot.

Cambiemos de escenario y subámonos a un barco. Estamos asistiendo a exitosas y abundantes pescatas de bonito, sí ese mismo que innumerables animalistas y antitaurinos se comerán encebollado, con tomate o también en albóndigas. Miles y miles de peces mueren asfixiados literalmente sobre las cubiertas de los barcos reorciéndose para ser pasto de una marmita al lado de la playa.

¿Qué hacemos?
¿Y las aves? Viven amalgamadas por miles en irrespirables gallineros industriales, obligadas a comer un pienso desnaturalizado, esclavos de sus dueños, que solo quieren de ellas su peso para venderlo, ¿dejarán de comer huevos, pollo agriculce o al chilindrón? No lo creo. ¡A ver si es que ahora somos todos veganos!
¿Y el cotizado foie? ¿Reflexionamos sobre cómo les obligan a comer a las ocas ingentes cantidades de alimento, metidos en sus buches con un embudo, solo para que su hígado de agrande hasta límites ‘inhumanos’ e inverosímiles para al final terminar extendido sobre una tostada caliente?

¿Nunca has comido un poquito de foie?

Esto va dirigido a los ‘perrunos’ -a los que me declaro que soy conversa- Me he documentado con ayuda de ‘San Google’ y les voy a poner algunos ejemplos. Los chinos fueron los primeros en domesticar al perro, sin embargo, esto no fue un impedimento para que lo incluyan entre sus platos de comida.
La carne de perro es una de las más populares en las ciudades de Vietnam.
Uno de los platos más controvertidos de la gastronomía internacional es el bosintang, una sopa tradicional coreana que se elabora con carne de perro.
Las leyes de Manila, capital de Filipinas, prohíben el asesinato y venta de perros con fines alimenticios. Sin embargo, como es frecuente en muchos países, en el comercio ilegal esta actividad se mantiene vigente.
Uno de los platos más tradicionales de la cultura Batak Toba es el “saksang”, (Indonesia) un guiso de carne de perro.
En Suiza, en el año 1996, el diario ‘Rheintaler Bote’ puso en evidencia que en los cantones rurales de Appenzell y St. Gallen se consume carne de perro curada al aire y en salchichas.
Los perros de trineo son animales muy queridos en Siberia, Alaska, el norte de Canadá y Groenlandia; sin embargo, cuando no hay otro alimento, la carne de estos animales también es consumida por las personas.

¿Nos manifestamos ante la Embajada China?

En Taiwán se considera que la carne de perro, especialmente la de las razas de color negro, ayuda a retener el calor corporal. Por ello, su consumo se incrementa durante los meses del invierno.
En 1769, año del primer contacto con la civilización europea, la carne de perro era un alimento muy común en Tahití y en otras islas de la Polinesia. ¿Nos vamos de excursión animalista y les montamos un pollo a las embajadas de estos países? ¿Nos vamos a algunos pueblos de Cantabria donde es costumbre -o era- comer gato?

Epilogo poético
Sectorializar las cosas no es bueno. Y lo mismo que hay omnivoros antitaurinos hay taurinos ‘pata negra’ que respetan al toro por encima de todo. No nos histericemos. Que como nos pongamos así terminaremos cantando con Quitalapayún aquello de “¿Qué culpa tiene el tomate/que está tranquilo en su mata/ y viene un tío malaje/ y lo mete en una lata/ y lo manda ‘pa’ Caracas”

Hasta la próxima.

Sobre el autor Nieves Bolado
Nieves Bolado Argüello nació en Torrelavega en 1955 y es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y doctora en el área de Historia del Periodismo. En 1982 comenzó a ejercer su profesión de periodista. Fue responsable de la delegación de El Diario Montañés en Torrelavega. En 2010 fue nombrada redactora jefe de El Diario Montañés integrándose en la redacción central. Ha escrito varios libros, entre ellos, uno dedicado a la historia taurina de Torrelavega.