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'Ojalá esta tarde te mate un toro'
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Nieves Bolado | 08-07-2015 | 11:58

El 15 de mayo de 1920, por San Isidro, el mejor torero de la historia, el prodigio de la Tauromaquia, no tuvo una buena tarde en Las Ventas. De hecho, le cayó un almohadillazo en la cara tras un decepcionante mano a mano con Belmonte. Una mujer vestida de blanco ­–dicen que desde el tendido 10– le maldijo: “Ojalá mañana te mate un toro en Talavera”. De ello fue testigo José María Cossío, autor de la obra magna de este arte. 24 horas después –el 16 de mayo de 1920–, José Gómez Ortega, Gallito III, El Gallo, y para siempre Joselito, moría en el coso ‘La Caprichosa’. Se la leyenda a este gitano sevillano.encontraba con La Parca después de que ‘Bailador’ ­–y eso que dicen que no hay quinto malo– un burriciego pequeño y cegatón de la ganadería Viuda de Ortega, le sacara literamente las tripas de una cornada poniendo fin a su vida ­–”Me ha matado” dicen que dijo–, abriéndole así las puertas de la gloria.

Sin querer emular a mi compañero Aser Falagán, que lenta pero inexorablemente va tejiendo un particular ‘quinto milenio’ , voy a recordar una historia trufada de leyendas. A ese provocador deseo de la dama de blanco de que a Joselito le matara un toro como respuesta a una mala tarde le dio carta de naturaleza José Manuel Cossío, gran amigo ­­–casi reverencial adorador– del torero sevillano que nos dejó en su Casona de Tudanca alguno de los recuerdos de su amigo muerto, entre ellos, una imagen de la Virgen Macarena, vestida con telas de capote de paseo, a la que El Gallo rezaba antes de cada fanea; también la tremenda foto de Mejías contemplando su rostro muerto.Hay otra versión de la misma maldición que da otro relato a esta historia. Dicen que cuando Joselito viajaba desde Madrid a Talavera, a medio camino, paró el coche en una venta para comprar pan. Solo quedaba una pieza que su hermano José disputó a otro comprador, imponiendo su voluntad al grito de “¡Es para Joselito’”. Enzarzados en la riña por el pan, medió el propio torero que logró hacerse con la disputada pieza, recibiendo como respuesta a su triunfo la maldición legendaria de “Ojalá esta tarde te mate un toro en Talavera”. Fuera como fuere, lo cierto es que, para ahondar en el malaje, llegando a la plaza toledana, se les cayó el botijo, rompiéndose justamente por la parte donde estaba escrito su nombre.

Viene esto a cuento por la inveterada costumbre de los aficionados taurinos –y españoles e general– de matar a sus ídolos. Suelen muchos los aficionados que acuden a la plaza ya en sobre aviso de que van a pitar al torero más importante del momento en cuanto entre en el ruedo. Suele ocurrir especialmente cuando el torero es importante, un figurón, y coincidiendo curiosamente cuando el espectador ha pagado más dinero que nunca para verle torear. Pasaba con Curro Romero, pasó con Manolete, y pasa ahora con Morante de la Puebla o José Tomás, sin ir más lejos.

Los aficionados taurinos son en ocasiones histriones que azuzan a las figuras, a veces, hasta antes de hacer el paseíllo para después, mesarse cuando el pitón entra en la femoral, o incluso, vistiendo de luto a la Virgen de la Esperanza Macarena, como ocurrió por primera vez en la historia de este icono sevillano el día de la muerte de Joselito. Así le ocurrió a Manolete en la lid a la que le sometieron los aficionados en sus encuentros con Dominguín y dicen que por eso se arriesgó más, encontrando la muerte.

Seguramente quienes vayan a ver toros al Coso de Cuatro Caminos el día 25 de julio comprobarán cómo Morante –fulgurante estrella del cartel santiaguero– será silbado desde antes de coger la muleta, y posiblemente, otro tanto le ocurrirá a Manzanares. Sus personalidades fuera del ruedo, ayudan a ello.

Y los españoles, tan dados a ensalzar en el velatorio a quienes en vida ‘matamos’, cantaban en romancillo popular: «La maldición se cumplió de aquel desgraciado hombre, y en Talavera murió el rey de los matadores». 95 años después de su fallecimiento, cada 16 de mayo, en cualquier ruedo del mundo donde se luzcan alamares, se guarda un riguroso minuto de silencio en recuerdo de El Gallo.

 

Sobre el autor Nieves Bolado
Nieves Bolado Argüello nació en Torrelavega en 1955 y es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y doctora en el área de Historia del Periodismo. En 1982 comenzó a ejercer su profesión de periodista. Fue responsable de la delegación de El Diario Montañés en Torrelavega. En 2010 fue nombrada redactora jefe de El Diario Montañés integrándose en la redacción central. Ha escrito varios libros, entre ellos, uno dedicado a la historia taurina de Torrelavega.