Algunas cosas
Vive cuando estés soñando y sueña cuando estés viviendo.
Octubre
Deberíamos vivir más
De un tiempo a esta parte, no recuerdo cuanto tiempo y cada vez más, nos vamos acostumbrando a vivir encerrados en nosotros mismos, no ver más allá de un palmo de nuestras narices. A no tener otra vista que la que vemos a través de las ventanas, con una visión escasa de lo que nos podíamos encontrar en el exterior. Va a llegar el tiempo, que nuestro trozo se quedará muy pequeño, infinitamente pequeño de tanto verlo, pero nos dará igual, nos olvidaremos de mirar por la ventana.
Hay épocas en las que salimos de noche y regresamos de noche, con las cortinas cerradas, nos acostumbramos a dejar de ver la luz exterior y yendo más allá, quizás nos olvidemos completamente, que existe un sol y como no, que hay una vida fuera de nuestra habitación, de nuestra casa y nos estamos empezando a olvidar de vivirla. Todo es más que lo nuestro, todo es más, que de lo de los demás, no nos encerremos.
Nada más levantarnos, ya tenemos prisa, sobresaltados con ese despertador, corriendo casi sin tiempo de tomarnos un café, no tenemos tiempo de preparar nuestra comida, la de siempre, la buena la que hacemos al mediodía, sin comentarios. En el trabajo, estamos agobiados, con prisas, sin tiempo para nada y algunas veces malhumorados. Finalmente al finalizar la jornada, más de lo mismo, casa, cena rápida y otra vez la misma rutina, o sea, somos más que máquinas. En términos generales, nos estamos hasta olvidando de vivir.
Hemos perdido la sonrisa, nos hemos acostumbrado a ir por la calle sin que nadie nos vea, porque nosotros tampoco vemos a los demás. Al estar inmersos en una sociedad de consumo y con el trabajo, no nos da para nada, pues trabajamos más, así que la semana, es como si fuese un mes, entre la hipoteca, la familia, el hogar….. la bola cada vez se nos hace más grande, habrá que tener cuidado que no nos aplaste. Cuando llega el fin de semana, el tiempo de descanso, lo dedicamos solamente a eso, descansar, descuidando de alguna manera, nuestras obligaciones familiares, con el consiguiente problema añadido de esposa, hijos, suegra…..
Ni que decir tiene el cambio que le damos a nuestro carácter, nuestro estado de ánimo la mayoría de las veces, ni nos le encontramos, puede que esté en algún sitio, pero nada. Con todos estos desaguisados, las relaciones de amistad, compañerismo, camaradería y otra serie de valores, se desvirtúan, con el consiguiente deterioro de las mismas.
Creo que nos estamos acostumbrando a dejar de vivir nuestra vida, a no consumirla como se debiera, a no disfrutar de ella y entonces lo que estamos haciendo, es perdiéndola poco a poco, casi sin darnos cuenta la estamos gastando, inconscientemente, lo que estamos haciendo es dejar de vivirla. Aunque pensándolo bien, todavía estamos a tiempo, soñemos, echemos a volar nuestra imaginación, sin tapujos, sin tabúes, sin el qué dirán y sintámonos de alguna manera preparados para poder volar.
Alguien dijo (no recuerdo quién). La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja, ¿porque no la vivimos?
No sirve lamentarse, nada es fácil ni nadie regala nada, nuestra vida es esta, lo que tenemos y a pesar de todos los avatares que se nos presenten, tenemos que encontrar ese espacio, para poder compartir esa sonrisa con todos los que nos quieren y de alguna manera no defraudarlos. Tengamos el deseo de aprovechar nuestro tiempo libre todo lo que podamos, sin sobresaltos, haciendo lo que nos gusta y claro está, tenemos que hacer lo que es más importante y eso es vivir.
Cuestión de todo
Si, es cuestión de todo (lo queremos todo, ¡ya!), al sonar el despertador ya nos encontramos estresados si es que se puede denominar así. De repente y en un momento, pasa por nuestra mente el día completo. Como lo tenemos memorizado vamos dibujando nuestras cosas sin darnos cuenta que es más rápida nuestra mente que nuestro cuerpo.
A medida de que la jornada avanza, empezamos a encontrarnos más pesados, esa sensación no es debida a nuestro esfuerzo físico, si no a la falta de tiempo para nuestra organización diaria. Ni te cuento como estaremos a las cinco de la tarde. A punto de terminar y todavía nos harían falta unas cuantas horas más.
Esta exposición, no es generalizada (menos mal), si no que está pormenorizada a un montón de personas que les sucede día a día (no es mi caso). Ante estos hechos de muy difícil solución, debido a la competividad en la cual estamos inmersos. Estamos abandonando esos valores que muchas veces nos mantienen con vida (amigos, familia, etc.).
Pensemos por un momento que no se acaba todo en un día, que los días son gratis y que por lo tanto, hay que disfrutarlos en la medida de lo posible. No olvidemos esas pequeñas cosas que casi siempre son muy grandes.
Somos así
Se da el caso que en la mayoría de las veces, el no ser consecuentes produce grandes o no grandes, pero siempre se producen unas consecuencias. Aunque parezca una paradoja u de otra manera algo kafkiano en esas situaciones existe una dualidad que aunque sean “ridículas” o “extrañas”, las acabamos asumiendo y nos parecen de lo más normal.
Se puede aplicar la introducción a los juicios paralelos que existen en nuestra sociedad, lo estamos viendo a diario que sin más, nos erigimos jueces y sin tener ni arte ni parte (como se suele decir), condenamos a nuestro antojo todo aquello que nos viene en gana (arbitristas). En estos juicios con un valor subjetivo enorme, varias veces se da esta dualidad incomprensible por parte de cualquiera que ostenta el poder. Llegando a unas situaciones insostenibles por no haber sido consecuentes con sus actos.
Es muy dado en nuestros políticos esta serie de cosas, apoyados como no, por una prensa mediática en todos los casos con una inclinación de la balanza para donde convenga en ese momento dado. Si a eso añadimos a los ciudadanos de a pie alentando todo lo que se hace, esté como esté realizado, es cuando llegamos a esta situación. Entre unos y los otros, se está creando un clima de enfrentamiento tal, que hacía muchos años que no se vivía esta situación.
Dejemos a un lado nuestro lenguaje “kafkiano”, nuestras “dualidades” y seamos consecuentes con lo que interesa a todos y no con lo que interesa solamente a la mitad. De esa manera, podremos tener unos jóvenes acordes a lo que representa nuestra sociedad. Seamos sus maestros de una vez por todas, siendo sus constructores podremos ver los intereses de todos bien representados.
Fin de la primera parte
Después de unos días de septiembre, ha vuelto a reinar la calma en los lugares que durante los meses álgidos del verano son inundados por gentes ávidas de sol y playa. Llegadas estas fechas y con la “calma chicha” como se diría en términos marineros (soy de costa) reina la tranquilidad. Las gentes parece que recogen sus artes rutinarios para continuar como si nada hubiera pasado. Unos a sus sitios de procedencia y otros a lo de siempre, pensando en poder irse muy pronto a disfrutar a esos lugares que tanto anuncian las agencias con grandes ofertas.
La cruda realidad nos pone a cada uno en su sitio. La vuelta a lo cotidiano, no siempre es fácil y menos en estos tiempos que corren. Con los pies de nuevo en el suelo y lo insidioso de la verdadera situación más grave de lo que parece, es con lo que tenemos que luchar. Paro, hipoteca, niños, colegios y un etcetera más de cúmulos que hace que no sea un otoño muy normal y eso que los otoños siempre han sido idílicos y muy sentimentales por eso de la caída de la hoja. Sin más, que los otoños nos doren la piel y dicho sea de paso que no nos doren demasiado no vaya a ser que nos quememos.

