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Los acoplados a la Familia Real

2015 May 20
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Aquella mañana de noviembre en la que Letizia cortó en seco a Felipe con un “déjame hablar a mí”, las palabras de la que poco después iba a convertirse en Princesa de Asturias y una década más tarde en Reina de España no fue lo único que desentonó en aquel salón del palacio del Pardo donde se selló el compromiso matrimonial del heredero de la Corona con la periodista asturiana. Y no es cuestión de clasismo, sino de clases. Los españolitos de a pie, la mayoría, como la familia que aquel otoño de 2003 salió del anonimato, no sabemos posar ante una nube de fotógrafos sin poner cara de no saber qué cara poner, ni sabemos sonreír sin artificio si quien está a tu derecha es el mismísimo Rey de España. O la Reina. O una de las infantas (Elena o Cristina) a las que has visto crecer y de las que sabes todo pero no sabrías ni de qué hablar sin tener la sensación de estar diciendo tonterías. Parece que ha quedado buena tarde, y punto. Pues bien, como la mayoría de los españolitos de a pie, entonces, como este miércoles, a los Ortiz-Rocasolano se les vio acoplados, que no integrados, en la foto en la que la princesa Leonor ocupaba lugar preferente tras recibir la Primera Comunión vestida con una sencilla falda gris, chaqueta azul marino y corbata; sí, corbata. Por vestimenta, la infanta Sofía borró a su hermana, la protagonista, de la instantánea, pero el factor sorpresa del atuendo de la Princesa de Asturias ya estaba amortizado. Hacía semanas que se conocía cómo iba a recibir el sacramento de la Comunión. Nada de largo, ni de blanco. Aun así, dijo estar feliz y nerviosa.

La Familia Real al completo, en primer término; al fondo, la familia de la reina Letizia. / Alberto Ferreras

La Familia Real al completo, en primer término; al fondo, la familia de la reina Letizia. / Alberto Ferreras

Nos guste o no, hoy como ayer, se vio que la Familia Real va por un lado y la familia real de la Reina, por otro. Y la foto que ilustra estas líneas, que lleva la firma y sello de Alberto Ferreras, da fe de ello. Paloma Rocasolano, preparada en primera línea, dispuesta a sumarse al cuadro, después de la invitación de Felipe VI y la mirada cómplice de la reina Sofía. Jesús Ortiz, cabeza inclinada, pareciendo preguntarse “¿voy o no voy? Claro que si voy, seguro que Ana (Togores, su segunda mujer, la madrastra de la reina Letizia, no nos olvidemos) no va a poder ir…”. Pero fue. Y si se fijan bien, entre Jesús y Paloma aparece Menchu Álvarez del Valle, la en otro tiempo locutora de radio, abuela paterna de la Reina de España y, sí, pendiente de juicio, al igual que sus dos hijos, el mencionado Jesús y la autoproclamada republicana Henar, por sendos delitos de insolvencia punible por alzameinto de bienes. Que este es otro buen cuadro.

Y ya todos juntos, majestades, altezas reales y don y doñas de andar por casa, sonrisa forzada unos, incluido el rey Juan Carlos, a quien se le vio bastante más cómodo en la corrida de toros de esa tarde en Las Ventas, y complaciente otros. Más de diez años después de la boda real volvían a posar juntas las dos familias. Y sí, ahora puede decirse que doña Letizia es el auténtico nexo de unión entre reyes y plebeyos, porque no desentona ni con unos ni con otros. Y que nadie interprete mal estas últimas palabras, que son un cumplido. Porque una reina, y eso lo aprendió con “el impagable ejemplo” de su suegra, nunca desentona. En la comunión de su primogénita no lo hizo. Y eso que se calzó los zapatos de Cenicienta que a algunos nos hizo temer que pudiera salir corriendo escaleras abajo.

Letizia estrena en Dinamarca la tiara Princesa

2015 April 16

Fue el regalo que don Felipe le hizo a doña Letizia con motivo de su quinto aniversario de boda. De la firma Ansorena, la tiara Princesa ha permanecido oculta en el joyero de la entonces princesa y hoy reina durante casi seis años.

En alguna ocasión ha lucido, para cenas de gala, la flor de lis que corona la pieza, pero no fue hasta este miércoles, con motivo del 75 cumpleaños de la reina Margarita de Dinamarca, cuando doña Letizia decidió hacer uso de ella.

Doña Letizia llega al palacio de Christiansborg, en Copenhague, del brazo del rey Felipe VI. / REUTERS

Dicen que don Felipe desembolsó por la tiara 50.000 euros, también que doña Letizia entendía que estrenarla en época de crisis podía resultar de mal gusto… La realidad es que, en su puesta de largo como Reina de España ante el resto de monarquías europeas, en Copenhague, en la misma ciudad en la que hace casi once años debutó como ‘princesa’ (aunque el rango no lo obtendría hasta una semana después, con su “sí, quiero” en la Almudena) con aquel vestido rojo más propio de alfombra de Hollywood, doña Letizia se dijo llegó el momento de coronarse con esta exclusiva pieza de un centenar largo de brillantes y diez grandes perlas.

Como complemento, pendientes también de brillantes y perla. Doña Letizia apostó para la ocasión por un vestido blanco, estampado con grandes flores negras, con tres cortes en forma de blonda, y un mantón de manila negro.

Fabiola, adiós a la reina católica de los belgas

2014 December 10

El plan que había diseñado la reina Victoria Eugenia era perfecto. Aunque solo en su mente. Soñaba con casar a su nieta Pilar con el rey de los belgas, un hombre serio, con fama de triste, que dicen que se hubiera entregado al servicio de Dios si el destino no le asigna un reino. Así que la viuda de Alfonso XIII, en el exilio de Lausane, organizó cena y presentó a los jóvenes. Cuentan que la infanta Pilar se quedó impresionada, para mal, de Balduino. Y también que el monarca se prendó, para la eternidad, de una de las invitadas. Era Fabiola Fernanda de Mora y Aragón, la sexta de los siete hijos del conde de Mora y marqués de Casa Riera. Acababa así la vida casi anónima de esta aristócrata española y comenzaba la de la reina que ayer falleció a los 86 años en el castillo de Stuyvenberg, en Bruselas, donde fijó su residencia tras enviudar en 1993. Pese a fracasar su plan, la reina Victoria Eugenia bendijo la relación entre Balduino y Fabiola.
De pequeña la apodaban la ‘reina’ por sus modos, por sus formas. Y la exquisita educación que recibió hizo el resto. Antes de conocer al que fue –dijo siempre que tuvo ocasión– el amor de su vida, Fabiola ya hablaba cuatro idiomas, gracias a su paso por Suiza, Roma y París. Enfermera de formación, su servicio de entrega a los demás por sus fuertes convicciones religiosas hicieron de ella la mujer perfecta para un rey que solo empezó a sonreír tras casarse con ella. Sus inquietudes culturales la llevaron a componer un vals, a escribir cuentos… Balduino no lo dudó. En apenas unos meses celebraron boda.
Vestida con un impresionante diseño de Balenciaga, que tuvo que confeccionarse a toda prisa al filtrarse días antes los diseños del vestido original, Fabiola se convirtió en reina de los belgas el 15 de diciembre de 1960. Jueves. La ceremonia, celebrada en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas, fue seguida por 150 millones de personas en todo el mundo. España celebró con júbilo la llegada al trono de Bélgica de una compatriota que ejerció de ello hasta que la salud se lo impidió. Inició su luna de miel en Hornachuelos (Córdoba) y raro era el verano, durante los 33 años que duró el matrimonio, que los reyes de los belgas no se dejaban ver por Motril –donde Balduino falleció de un infarto el 31 de julio de 1993– o en las residencias de Zarautz y Getaria propiedad de la familia Mora y Aragón.

Problemas con el fisco
Como reyes, Balduino y Fabiola construyeron el periodo más próspero de la historia de Bélgica. Se volcaron en su pueblo, en causas solidarias y lamentaron en la intimidad de palacio cinco abortos. «Perdí cinco niños, pero he aprendido a vivir con ello», confesó ella misma. Y Balduino, el rey triste reflexionó en otra ocasión: «Nos hemos preguntado por el sentido de este sufrimiento, y poco a poco hemos ido comprendiendo que nuestro corazón estaba así más libre para amar a todos los niños, absolutamente a todos». Formaron un matrimonio ejemplar. En lo familiar, y también en lo institucional. Y colmaron de cariño a los hijos de Alberto y Paola, quienes le sucedieron en el trono. Felipe, el hoy rey, tenía adoración por sus tíos.

La reina Fabiola de los belgas.

La reina Fabiola de los belgas.

Mantuvo el título hasta el final, dándose la paradoja de que los belgas llegaron a tener tres reinas (Fabiola, Paola y Matilde) al tiempo. Y en estas dos décadas de viuda siguió manteniendo agenda propia. Dejó imágenes para el recuerdo, en las que daba muestra de que una aristócrata también ha de ser espontánea. Así, en la boda de los Príncipes de Asturias, alzó su abanico para responder a tanto cariño. Y en el día de la fiesta nacional belga, en 2009, sacó una manzana del bolso. Era su manera de hacer un guiño a Guillermo Tell y de reírse del anónimo que amenazaba con matarla con una ballesta.
Su popularidad se empañó el año pasado cuando trascendieron sus maniobras para escapar de la Hacienda federal: había creado una controvertida fundación para evitar un tajo de hasta el 70% en su herencia. Las críticas arreciaron. No le quedó otra que disolver la entidad y pagar. Estaba ya muy débil. Desde este verano necesitaba asistencia respiratoria. Los últimos años, postrada en una silla de ruedas, han sido de recogimiento, casi de despedida, dentro de los muros de Stuyvenberg, el palacio de las reinas viudas.

Cayetana, Isabel II y el ascensor

2014 November 24

Contó doña Cayetana en sus memorias que su padre, el entonces duque de Alba, el que hacía el número diecisiete, exclamó un “¡todavía hay clases!” cuando se le propuso desde el Pardo que su hija y la de Francisco Franco celebraran juntas la puesta de largo. “¿Pero qué se ha creído?”, dejó escrito la duquesa que dijo en 1942 Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó. La Casa de Alba ni se molestó en contestar a aquella propuesta. También dio la callada por respuesta cuando se les cursó invitación para la presentación en sociedad de la jovencísima Carmen Franco. No eran, por mucho que acapararan el poder en la España de postguerra, de su clase social. Los Alba, que vivían en Londres, se codeaban en otros círculos bien distintos. Una de las amigas de juventud, como es bien sabido, de Cayetana, que este jueves falleció en Sevilla a los 88 años, era la entonces princesa Isabel, elevada al trono de Inglaterra hace más de seis décadas. Juntas pasaban tardes y compartían confidencias en Buckhingham. Se trataban de tú a tú.

Pasaron los años, una comenzó a acaparar títulos tras la muerte de su padre y la otra reinaba con altísimo grado de popularidad en Inglaterra. Y sus vidas comenzaron a distanciarse. Con el paso del tiempo, más después de que Cayetana Fitz-James Stuart apareciera en el libro Guinness de los récords como la mujer del mundo con más títulos nobiliarios, un rumor empezó a extenderse. Sí, el de que la reina Isabel tendría que ceder el paso a la duquesa de Alba.

No puede decirse que a lo largo de sus muy bien exprimidos 88 años de vida, Cayetana no se hubiera prodigado en los medios de comunicación. Era una fija en las revistas del corazón. Pero nunca cortó de raíz esta leyenda. Sí, leyenda. Porque esta monárquica reconocida y convencida era varias veces duquesa, otras tantas condesa, marquesa y varios títulos más de rango menor, pero no era miembro de una familia real. Ni de la escocesa, hoy inexistente, por mucho que en el proceso independentista que vivió Escocia en los últimos meses se diera pábulo a que en el supuesto caso de alcanzarse la independencia e instaurar una monarquía propia sería doña Cayetana la flamante reina de los escoceses.

La duquesa de Alba hace la reverencia a la reina Isabel, en octubre de 1988, en Madrid. / EFE

La duquesa de Alba hace la reverencia a la reina Isabel, en octubre de 1988, en Madrid. / EFE

Y son los miembros de las familias reales, y bien lo saben los nobles, quienes tienen preferencia de paso y tratamiento por encima de duques, condes y marqueses. E Isabel, por muy amiga de la juventud que fuera, era reina. Y Cayetana, duquesa. Los documentos gráficos de encuentros entre ambas casi brillan por su ausencia. Pero alguna fotografía existe. Por ejemplo, en 1988, la duquesa de Alba fue una de las invitadas por la reina de Inglaterra a la recepción que ofreció en el palacio del Pardo con motivo de su visita de Estado a España. Y a esta llamada sí acudió, junto a su segundo marido, Jesús Aguirre. Isabel II vestía de blanco, Cayetana de azul. Frente a frente, genuflexión de la duquesa ante le reina. Como también se le ha visto hacerla ante los miembros de la Familia Real española en numerosas ocasiones; una de las últimas, con la visita de Carlos de Inglaterra y Camila a España. En la cena de gala que los reyes Juan Carlos y Sofía ofrecieron en el Palacio Real, la duquesa de Alba rindió pleitesía a los Reyes, a los Príncipes de Asturias, al heredero al trono británico e, incluso, a la esposa de este, que no hay que olvidar que, pese a no utilizarlo por respeto a la memoria de Diana, es princesa consorte de Gales. Y, como diría el XVII duque de Alba, “¡todavía hay clases!”.

Dicho lo cual, Cayetana sólo tendría preferencia de paso ante la reina Isabel si ambas hubieran ido a subirse a un ascensor. Lo indica el protocolo, aunque bien es cierto que es ya una regla en desuso que tenía su razón de ser en la seguridad que ofrecían años atrás estos aparatos. Las personas de menor rango entraban antes para asegurarse de que el ascensor era seguro. Cuestión de formas. Y de clases.

Froilán ya no sale en la foto

2014 July 30
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-Con la llegada al trono de Felipe VI, los hijos de las infantas Elena y Cristina ya no son niños de la Familia Real y su imagen carece, se entiende, de interés público

Froilán tiene 16 años. La edad mínima con la que en España se permite trabajar. También emanciparse. No puede, en cambio, beber o fumar. Para eso aún le faltan dos años. Puede mantener relaciones sexuales. Desde los 13 años, para ser exactos, según recoge la legislación de nuestro país. Y puede disponer de móvil y hablar por él, incluso dentro de los muros del Palacio Real, que para eso es nieto de Rey y sobrino de Rey. Pero una aclaración: aquella instantánea del primogénito de la infanta Elena, con gesto de aburrimiento mirando por la ventana, mientras sus tíos y sus primas eran aclamados por la multitud en la plaza de Oriente, es muy probable que no se repita. Y no porque no exista la posibilidad de que Felipe Juan Froilán de Todos los Santos (Pipe en la familia y Froilán para el pueblo) repita ese gesto, sino porque el recordman de suspensos de la realeza europea ya no es, desde el 19 de junio, un niño de la Familia Real española, sino de la Familia del Rey. ¿Y qué implica esto? Pues que su imagen ya no es bien de interés público. Ni la suya, ni la de su hermana Victoria Federica, ni siquiera la de sus primeros Juan Valentín, Pablo Nicolás, Miguel “a secas” (como lo presentó su padre, Iñaki Urdangarin, el día que llegó a este mundo) e Irene. No podrán ser fotografiados si no aparecen en el mismo plano que un adulto de la Familia. O sí, se entiende, si se les oculta el rostro.

La reina Sofía, junto a la infanta Elena y sus seis nietos mayores. / Jaime Reina / AFP

La reina Sofía, junto a la infanta Elena y sus seis nietos mayores. / Jaime Reina / AFP

La protección de los menores de las casas reales europeas es algo que, con la nueva hornada, preocupa. Aunque el nivel de preocupación va por barrios, por palacios. En Holanda son estrictos, donde más. Aquí, en España, don Felipe y doña Letizia, cuando eran príncipes, se ponían ante el objetivo junto a sus hijas en tres o cuatro ocasiones al año. Pese al cambio de rol, la intención de los Reyes de España es seguir manteniendo esos posados (contados), aunque es evidente que la presencia de la princesa Leonor y la infanta Sofía en algunos actos públicos conllevará que su imagen sea cada vez más frecuente en los medios de comunicación. Cosa distinta ocurre con los hijos de las infantas Elena y Cristina. Ellos también han cambiado de estatus dentro de la Familia Real. Vamos, en realidad han salido de ella. La duquesa de Lugo, según avanzó este lunes Casa Real, quizás sea requerida por Felipe VI para representar a la Corona en algún acto, pero solo quizás. A la de Palma no se le quiere ni ver cerca. ¿Y los niños? Pues que esos posados como el que anteayer inmortalizaron ya no son de obligado cumplimiento. No veremos este verano, a diferencia del anterior, a Froilán (por poner un ejemplo) solo en su velero. Sí, quizás, del brazo de su madre. O de su abuela. Una foto de los cuatro hijos de los Urdangarin-Borbón es impensable. Mejor dicho, impublicable. Son menores. Punto y final. Ahora sí, la infanta Cristina, obsesionada por proteger la imagen de sus cuatro vástagos a raíz del estallido del ‘caso Nóos’, podrá protegerlos. Ya no son niños de la Familia Real, le recordaron este lunes en Mallorca a los medios gráficos miembros de Zarzuela. Los seis nietos mayores de don Juan Carlos y doña Sofía no son ya el foco de atención. Ahora el objetivo son ellas, Leonor y Sofía, que están a punto, a punto, de protagonizar su primer posado como hijas de los Reyes de España.

Alejandra Romero, duquesa de Suárez

2014 March 27
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Defiende Adolfo Suárez Illana que su padre siempre pensó en él, solo en él, como heredero natural del ducado que don Juan Carlos le otorgó el 25 de febrero de 1981 “como prueba de Mi afecto y para premiar la lealtad, espíritu de servicio, patriotismo y muestras de sacrificio”. Quizás eso fue lo que le llevó a invocar leyes del Medievo para solicitar al Rey, en 2009, que tuviera a bien atender los deseos del primer presidente de la democracia. Que una orden de su Majestad hiciera prevalecer ahora, como antaño, el derecho del varón sobre la mujer. Zarzuela dio la callada por la respuesta a esta petición, aderezada de testimonios con idéntico argumentario. Supondría abrir una espita difícil luego de reconducir. A Suárez Illana le atiende la razón. Su padre nunca se planteó que otra persona que no fuera su hijo mayor se convirtiera en cabeza del ducado de Suárez con tratamiento de Grande de España tras su marcha. Su desmemoria, su última década en el olvido, le privó de conocer la nueva realidad. Nunca pudo Adolfo Suárez imaginar que la primogénita de su primogénita pudiera llegar a convertirse en duquesa de Suárez. Las últimas leyes que él alcanzó a recordar no lo contemplaban. La mujer estaba condenada, por el simple hecho de ser mujer, a ceder los privilegios al varón. Hasta el 30 de octubre de 2006. Al fin, por fin, a partir de ese año, se reconocen idénticos derechos a mujeres y hombres en la sucesión de dignidades nobiliarias.

¿Y cuál hubiera sido el deseo del padre de la Transición? Eso a estas alturas quizás es lo de menos. Por un lado, por supuesto que a Suárez le hubiera gustado que su hijo homónimo defendiera el ducado. Por otro, nadie puede dar por descontado que le colmaría de felicidad que Alejandra Romero Suárez, hija de su primogénita Mariam Suárez Illana, fallecida en marzo de 2004, se convirtiera en la nueva duquesa de Suárez. Era su nieta mayor, a la que cuidó y mimó cuando el cáncer se interpuso en el camino de la familia Romero-Suárez. Mariam se vio obligada a pasar largas temporadas al otro lado del Atlántico tratándose contra la adversidad. Mientras, aquí, en España, Amparo y Adolfo, los abuelos, se quedaron al cuidado de los pequeños Alejandra y Fernando.

Además, Alejandra Romero Suárez, 24 años, abogada, es miembro de la Asociación para la Defensa de la Transición, una nueva prueba inequívoca de la unión que mantenía con su abuelo materno. Fue, además, la nieta que más lo trató, junto a su hermano. Sus primos, hijos de Adolfo Suárez Illana, por edad, apenas alcanzan a recordar una conversación en la que el padre de la democracia supieran quiénes eran. Y eso que el primogénito de su hijo también se llama Adolfo, otro motivo, dígase de paso, de las pretensiones de Suárez Illana de retener el ducado en la rama de los varones, para asegurar que, al menos, durante décadas, se perpetúe el apellido.

La transmisión del título nobiliario no es automática y corre a cargo del Ministerio de Justicia. Desde el día de la muerte de Adolfo Suárez se abre un periodo de un año para que los pretendientes reclamen el título. “Ocurrida la vacante de una de estas mercedes, el que se considere como inmediato sucesor podrá solicitarla del Ministerio de Justicia en el término de un año; si nadie lo hiciese en tal concepto se concede otro plazo, también de un año, para que lo verifique el que le siga en orden de preferencia y, si tampoco en ese tiempo hubiere ninguna solicitud, se abrirá un nuevo término de tres años durante el cual puede reclamar cualquiera que se considere con derecho a la sucesión”, reza la norma escrita. Se da por hecho que antes del 23 de marzo de 2015, Alejandra Romero ya ostente el título de duquesa de Suárez. Si, por las circunstancias que fueran, ella renunciara, sería su hermano Fernando quien se convertiría en cabeza del ducado. Y si éste a su vez siguiera los pasos de su hermana, el tercero de la lista, ya sí, sería Adolfo Suárez Illana.

Decreto con la concesión del título en el BOE.

Decreto con la concesión del título en el BOE.

El ducado de Suárez fue concedido por el Rey en 1981. Entonces, en el BOE, aparte de destacar los motivos que hacían al primer presidente de la democracia, a juicio de don Juan Carlos, merecedor del título, se avanzaba que el ducado sería “para sí, sus hijos y sucesores legítimos por el orden regular de sucesión y con carácter perpetuo”. Además, el título “se otorga con exención de derechos fiscales en su creación y en la primera transmisión”. Es decir, Alejandra Romero disfrutará de tal privilegio desde el momento en que se convierta en duquesa de Suárez.

Inocente, inocente

2014 January 21

No seré yo quien ponga en tela de juicio la presunción de inocencia que asiste a la infanta Cristina. No tiraré yo la primera piedra. Que para eso ya están otros. Y no uno, ni dos. La hija del Rey tiene incondicionales. Lógico. Entiendo y comprendo y comparto que sus padres, pese a ser Reyes, confíen ciegamente en su inocencia. Y si lo hacen ellos por qué no lo van a hacer otros. La diferencia entre sus progenitores y estos otros, es que don Juan Carlos y doña Sofía han encontrado en el Libro de las Lamentaciones del Antiguo Testamento, en ese “bueno es esperar en silencio la salvación del Señor”, la fórmula a seguir. A otros les da por hablar y ya se sabe que hay voces que hacen subir el pan. Y entiéndase pan como presunción de culpabilidad. Que Dios me perdone por lo que voy a decir, pero el cable que Mariano Rajoy le echó a la infanta Cristina en su anunciadísima entrevista en Antena 3 le fue directo al cuello. Con todos mis respetos, ¿qué sabe el presidente del Gobierno, por muy presidente del Gobierno que sea, de la inocencia o no de la duquesa de Palma? Pero bueno, bien que mal, tiene un pase decir eso de que “estoy convencido de su inocencia”. Lo que no puede ni debe decir es “a la infanta le irá bien”. Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Por ser la hija del Rey?

Flaco favor le ha hecho el presidente del Gobierno, al igual que la semana pasada el ministro de Justicia pidiendo a la Justicia, precisamente, que libre a doña Cristina de hacer el paseíllo porque supondría para ella una pena añadida. Y, claro, se abrió el debate. A mí me han enseñado, supongo que eran otros tiempos, que los jueces son los que dictaban si uno era culpable o inocente. Ahora los juicios y las sentencias parece que salen de los platós de televisión. Así nos va. Boquiabierto me dejó la declaración formal ante cámara del abogado defensor de la hija del Rey en la línea de que “la fe y el amor” en Iñaki Urdangarin es lo que ha llevado a la infanta Cristina hasta esta situación. Anonadado lo de Gallardón y atónito lo de Rajoy. Y así, de tanto proclamar lo de inocente, inocente, vamos a acabar tomándonos la citación de la duquesa de Palma como una farsa. Porque tampoco se quedan atrás el juez y el fiscal, cuyo enfrentamiento personal está ensombreciendo un caso de por sí ya bastante oscuro.

En fin, que Dios haga Justicia divina, porque aquí, en el terrenal mundo, la infanta Cristina ya está juzgada y condenada. Para bien y para mal, ojo.

Pd: no puedo evitar recordar que Mariano Rajoy también proclamó a los cuatro vientos la inocencia de Luis Bárcenas. El extesorero aún no está juzgado, recuerden. Pero el presidente del Gobierno, en sede parlamentaria, lo sentenció: “Di crédito al señor Bárcenas, creí en su inocencia y me equivoqué”. Para él ya es culpable.

A Felipe le espera un trono, a Urdangarin un banquillo

2013 December 17

Y por fin otra Navidad. Y el correo electrónico que poco a poco, cada día con más insistencia, escupe algún buen deseo de gentes que en muchos casos ni conoces. Es que es Navidad. No hay que buscar otro motivo. Y a todas estas, claro, Diego Torres, en otro tiempo intimísimo de Iñaki Urdangarin y hoy enemigo declarado número uno, nos regala decenas de mails que tienen un único fin (y con perdón): echar mierda. Y ahora a quien quiere emborronar (por no decir enmierdar) es a don Felipe. Es que es el Príncipe. No hay que buscar otro motivo. No tengo ni idea si la relación entre el heredero de la Corona y el duque de Palma es buena, mala o regular. Es más, no sé si algún día llegó a ser buena, si en otro tiempo era regular o si nunca se han tragado. Teniendo en cuenta que fue Urdangarin quien se encargó de comprar (no pagar) el anillo de compromiso (el más feo a mi gusto, dígase de paso, de todos cuantos se han colocado en manos de princesas en la última década) con que obsequió don Felipe a Letizia Ortiz, lo que se entiende es que la complicidad entre uno y otro era máxima. Pero yo hoy dudo. Bueno, ya lo hice ayer, en cuanto vi el correíto que Iñaki le envía a Felipe. Y por la sencilla razón de que yo jamás he recibido un correo de una persona cercana con ese encabezamiento tan de compromiso, ni se me ha ocurrido enviarlo. Si un amigo te envía un correo que comienza así “que tal, como te trata la vida… yo aquí ganándome el jornal” desconfía de él. Primero, porque no sabe escribir. Y, segundo, porque un amigo va directo, no se esconde en una chorrada de presentación para luego intentar metértela doblada. Pero bueno, seré yo que soy muy desconfiado.

El caso es parece que el cuñado no se salió con la suya, que no engatusó a Príncipe, que en esa época, en junio de 2003, se supone que se estaba rompiendo la cabeza para compatibilizar sus obligaciones como heredero de la Corona y atender a la que era su novia en secreto. Cinco meses después, no hay que olvidarlo, se hizo oficial el compromiso entre el príncipe y la periodista. Y sí, don Felipe supo, sabe y sabrá que puede elegir a sus amigos, hasta a la mujer con la que quiso casarse, pero… No a la familia. Tampoco tengo ni idea si don Felipe se llevaba bien Marichalar, pero desde luego cada día que pasa Urdangarin está haciendo mejor al exduque de Lugo. Y claro, del mismo modo que tú no puedes elegir a tu familia, poco puedes hacer si tu cuñado y un amigo de la familia llamado Pedro López-Quesada deciden organizarte una despedida de soltero que tú has anunciado que no celebrarás. Y sí, esto es un alegato a favor de los Príncipes.

Para quien no entienda, explico. Entre los correos que Torres ha hecho públicos, hay uno en el que se habla de la despedida de soltero de Felipe y Letizia. Y como no da puntada sin hilo, el exsocio de Urdangarin acompaña el mail con el recordatorio de que el Príncipe había decidido suspender este acto en solidaridad con las víctimas de los atentados del 11-M. Lo siento, pero creo más en la buena palabra de don Felipe que en las sucias intenciones del duque de Palma y ahora hasta de López-Quesada. Si la despedida la organizaron estos dos sujetos, que respondan ellos, no que se deje en entredicho al Príncipe. Pero, bueno, el tiempo pone a cada uno en su sitio. A don Felipe le espera un trono, a Iñaki Urdangarin un banquillo.

Akihito se prepara para morir

2013 November 26

Cumplirá 80 años en diciembre. Y parece que Akihito ha entrado en tiempo de descuento. O que es muy previsor. Porque el emperador de Japón ya ha expresado su última voluntad. La que no tiene marcha atrás. Prepara su último adiós. Y el de su compañera de viaje, la emperatriz Michiko. Y, de paso, también el de sus herederos. Rompe con la tradición o recupera tradiciones, según se mire, sobre el rito mortuorio de los emperadores.

El emperador Akihito

El emperador Akihito

Akihito, en su despedida, será incinerado. Ese es su deseo. No como hasta ahora, que venían inhumándose. Desde el siglo XVII hasta ahora, nada menos. Acaba el actual emperador con 350 años de tradición. O desentierra las de la historia más lejana, dado que, se sabe, siglos atrás la Casa Imperial japonesa incineraba a sus emperadores. De los 124 con los que cuentan, 41 se convirtieron en cenizas, pasto del fuego.

Pues bien, el deseo está lanzado. Y como sus deseos son órdenes para el Gobierno, todo está ya dispuesto. Sus restos descansarán, eso sí, en el Cementerio Imperial, una extensión de 460.000 metros cuadrados en los que se suceden suntuosos panteones de tamaño descomunal. Pero la tumba de Akihito será discreta. Sirva como ejemplo que ocupará menos de la mitad que la de sus padres, los emperadores Showa y Kojun.

Las estrecheces no se quedan solo en lo físico, también en lo económico. Porque, del mismo modo, consciente de que la situación económico no es boyante y que los gastos de un entierro de estado recae en las arcas del Gobierno, Akihito ha pedido una despedida sencilla, alejada de toda pompa y boato. No costará menos que varias decenas de millones, pero una cifra muy por debajo de los 125 millones de dólares que se gastaron para despedir en 1989 al emperador Showa. Con esto, el actual emperador pretende que su muerte tenga el menor impacto, social y económico, en la vida cotidiana de la sociedad japonesa que, por cierto, también se decanta mayoritariamente por la incineración a la hora del adiós.

Un mazacote en el bautizo

2013 October 24

Era de esperar: crónicas y crónicas pastelosas de lo bonito que fue el bautizo del hijo de los duques de Cambridge, de lo bien que se portó el pequeños Jorge Alejandro Luis, de lo guapo que es el bisnieto de la reina Isabel II, de lo acertado de los modelitos de Catalina y su envidiosa hermana Pippa, de… ¡Oh, my God! ¡¡¡Que el convite consistió en un té y en un pedazo de tarta. Pero no de una tarta cualquiera. De la tarta nupcial de los que están llamado a convertirse en reyes de Inglaterra. Que sí, que se casaron en abril de 2011. Hace más de dos años. Y yo de cocina no sé mucho, pero sí sé fisgonear por Google. Y el señor Google me dice que los expertos recomiendan que no se congelen tartas y pasteles porque las texturas se echan a perder. Vaya. Pero hay más. En caso de que se haga, que la tarta en cuestión no se consuma pasados seis meses. ¡Seis meses! Vamos, que en el bautizo debieron ponerles un buen mazacote de tarta. Por el bien de la monarquía británica, solo espero que no todos hayan probado la tartita en cuestión, un pastel de frutos secos (y tan secos), glaseado y decorado con flores de azúcar. ¡Qué Dios salve a la Reina!