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Contar la verdad, desvelar los secretos
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José Emilio Pelayo | 03-06-2016 | 08:01| 2

Confieso que no sé si puedo escribir ni de qué. Creí que era periodista, noble oficio me dijeron, y que lo mío era contar historias, y hasta opinar cuando terciase y mi voluntad lo decidiera. Pero ahora ignoro qué papel me corresponde. ¿Podré revelar la tozuda realidad de que un senador del PP por Cantabria, de apellido Bárcenas, fue un corrupto? ¿Cometeré un acto ilegal si cuento cuántos políticos, de uno y otro signo, están condenados o bajo sospecha e investigados? ¿Tendré que vérmelas con un sesudo fiscal si publico una verdad a pesar de que el poder, cualquiera que sea, no quiere que se sepa? ¿Qué secreto desvelaré si digo que un diputado del PP por Asturias fue sancionado por consumo de cocaína y condenado a cárcel por tráfico de drogas? ¿Cuál es mi misión? ¿Tengo alguna? ¿Para qué escribo? ¿Tendré que pedir permiso a los corruptos, a los malos, para teclear unas líneas?

Es triste que tras casi cuarenta años de oficio descubras que lo tuyo no vale para nada. Genera asco y hastío que te percates de que para los que tienen el poder, y peor para los que a veces lo detentan, lo importante sea el silencio, el secreto, la ignorancia. Siempre ha sido así, claro. Lo grave es cuando vives en una democracia (conquistada entre todos) y compruebas que permanecen vivos todos los estigmas, modos, y comportamientos de los dictadores y los totalitarios; que toma aire aquello de silenciar al mensajero porque el ideal de quien no quiere la verdad siempre es el mismo: que no se sepa, que se censure, que se acalle…

Siempre fue así, tiempos mudos. Con el silencio como cómplice ETA fue más ETA, los corruptos más corruptos, los delincuentes más delincuentes; sin diferencias ideológicas y unidos siempre por un destino para ellos universal cimentado en tratar de mantener su secreto, ocultar la verdad.

Ahora el Partido Popular demuestra por activa y pasiva que hace suyo ese camino de ocultación al amparar a su diputado regional por Asturias, David González, empeñado en una inquisidora cruzada judicial que intenta llevar a la cárcel a dos periodistas de El Comercio cuyo delito fue y es contar la verdad. En 2014 publicaron la realidad y por ello ahora son perseguidos. No se trata de que el afectado niegue que en su juventud traficó con droga ni que hace años, no muchos, fuera multado por consumo. No, eso nadie lo duda ni él lo niega. Lo malo, nos dicen, no es matar, sino que se sepa que he matado. Lo grave no es que lo narrado sea verdad, sino contar la propia verdad. En el extremo de la censura, el chantaje y la locura, el diputado del PP y también la fiscalía arremeten contra el oficio del periodismo, piden cárcel para sus particulares e incómodos proscritos y hasta reclaman que no puedan ejercer su trabajo; negar el pan y la sal. Y no cuestionan verdad o mentira ni el correcto ejercicio de la profesión sino simplemente el hecho de contar lo que alguien siempre ha querido ocultar. ¡Estaría bueno! No conozco a traficante ni a delincuente que quiera publicitar sus fechorías… Y el deber de quien trabaja en pro de la libertad de información, que es bien público y patrimonio de todos los ciudadanos, es precisamente el contrario: destapar lo oculto, revelar los secretos, aportar luz sobre la oscuridad.

La deriva del PP y de la fiscalía tratando de condenar a dos periodistas por decir la verdad supone un insulto a la inteligencia y un ataque directo a la propia esencia del periodismo. Uno y otro buscan la ocultación, el silencio, corderos, cómplices; maniatar al mensajero, al contador de historias. No se trata de que el relato sea cierto… Es mucho peor: se pretende que no haya relato. Solo falta que en una nueva pirueta perversa alguien acuse a los dos plumillas (es bello ser plumilla) de ser cómplices necesarios para que en su día David González traficara con droga…

El pasado forma parte de nuestro ADN, nos acompaña y está menos oculto de lo que pensamos. El de David González era un secreto a voces en Gijón, y no era tampoco un hecho baladí ni un acné juvenil. Eso sí, arrepentidos los quiere el PP, porque el pasado no puede se una losa divina… Lo malo es que el otro pasado, este colectivo, el de la presión, la censura y la persecución de los periodistas, es ahora ‘popular’ y sigue vivo. Que el mal siempre prefiere el silencio.

Confieso que sí sé de qué escribir y de quién. De los corruptos, de los que se esconden, de los que imponen mordazas… Del Mariano fiel al tancredismo y siempre de perfil que mira para otro lado mientras los suyos tratan, desde Asturias, de quebrar la libertad; del Pablo que quiere ser presidente y jefe de espías y olvida amistades peligrosas ávidas de censuras y no recuerda que a uno de sus amigos, uno de los de su casta, casi se le olvida declarar ante el fisco; del Pedro que huye de sus propios, barones ellos, y avista el horizonte para no cruzar la mirada con ‘eres’ que le asaltan… En fin, que escribo de lo que quiero y mezclo: opinión -bendita libertad de expresión- con realidades y verdades -bendita libertad de información-. En una frase: revelo secretos, cuento la verdad, también escribo en ‘El Comercio’ y soy reo y periodista. No hay silencio.

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Caso Almería, aniversario del horror
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José Emilio Pelayo | 12-05-2016 | 09:00| 0

Hay aniversarios que prefieres no celebrar. No hay nada que festejar. Y sumas décadas de recuerdos en esa zona dónde habitan los corazones negros que te devuelven al horror. Recuperas rostros preñados de sufrimiento. Las lágrimas de una madre, hoy ya ausente, Dolores Mier; los lloros de una hermana, y también los de por entonces un niño de 10 años que había hecho la primera comunión casi en silencio porque sus padres y su hermano, de nombre Juan, no llegaron a la ceremonia.

Se cumplen años, para algunos más de media vida. Ocurrió allá por mayo de 1981, el nueve de mayo de 1981, meses después del intento de golpe de Estado, días después de un atentado de ETA en Madrid contra el teniente general Valenzuela. En ese clima de ‘otra España’ nació entre vómitos el ‘caso Almería’, la historia de un error que fue un horror, el asesinato de tres jóvenes (Luis Cobo, Juan Mañas y Luis Montero) que habían partido de Santander hacia Almería para asistir a una primera comunión a la que nunca llegaron… Fueron detenidos por la Guardia Civil, con el teniente coronel Castillo Quero al mando; fueron torturados, acribillados a balazos, quemados… Y en aquella España que balbuceaba la palabra democracia y seguía cargada de miedos, el silencio fue la norma oficial. Se intentó tapar la crueldad. Se pudo solo a medias. La valentía de Darío Fernández, abogado que llevó el caso en nombre de las familias de las víctimas, impidió que el crimen fuera sepultado… Y los autores de la barbarie fueron condenados aunque sus condenas fueron livianas; pocos años de cárcel para tanta atrocidad, la peor de las atrocidades.

Y ahora que se cumplen 35 años de ese horror, que ya las canas llenan mi pelo, mi memoria se carga de cientos de líneas escritas, de vivencias, de conversaciones con las familias, con Darío… Recupero primeras páginas de El Diario Montañés y de pocos periódicos más, porque pocos fueron los que quisieron abrir el cielo para contar el infierno. Y recobro la imagen de una mujer que un 11 de mayo de 1981 me abrió la puerta de su casa de la calle Isabel La Católica en Santander y se me echó a llorar… Era Loli, la madre de Luis Cobo, asesinado en Almería… Y como hoy no quiero escribir, hago que vuelvan a tomar vida líneas escritas en otro aniversario, cuando se cumplían 25 de aquella sinrazón malvada. Hace ahora diez años…

 

 

“Supuestamente había democracia. Supuestamente vivíamos en un Estado de Derecho. Supuestamente vivíamos en libertad… Ninguno de esos supuestos les sirvió a ellos. Detenidos, dijeron que por error, y torturados y ejecutados, con horror, las víctimas de ‘El caso Almería’ fueron los muertos más sonados de la incipiente democracia…

En aquella España de entonces, tratar de averiguar la verdad de lo sucedido fue una tarea difícil, compleja y solitaria. Un trabajo en el que el abogado de la acusación Darío Fernández fue un coloso y en el que algunos periodistas y periódicos, tampoco muchos, lucharon contra el silencio oficial, contra la presión oficial, contra la tapadera oficial.

Aquellos jóvenes fueron «culpables» de emprender un viaje con destino a una primera comunión… Y en aquella España, ese trayecto resultó mortal para ellos. A Cobo, a Montero, a Mañas… les dieron por terroristas, fueron detenidos, encarcelados y prefiero no contar el resto. Fueron otras víctimas, es cierto, del clima de terror que se registraba en España como consecuencia de los atentados de ETA, pero también fueron víctimas de los rescoldos de una dictadura que aún tenía sometida y secuestrada a la Guardia Civil, a muchos estamentos oficiales y, lo peor, a muchas mentes irreductibles, irracionales, crueles y nostálgicas.

Han pasado los años y algunos familiares de los jóvenes asesinados con los que compartí muchos días nos han dejado… Nos queda el recuerdo de un horror. De cómo unos desalmados con uniforme pensaron que podían decidir vidas y muertes, que eran ley y castigo, que podían tapar su crueldad y sus asesinatos. Han pasado los años y recupero para mi memoria el llanto de la madre de Cobo. Han pasado los años y recuerdo a un guardia civil subido a la tapia del muro del cementerio de Ciriego, metralleta en mano, amenazándonos… ¿Su miedo? Que hiciéramos una fotografía, una sencilla fotografía de la exhumación de uno de los cadáveres. No hay consuelo, pero era, por suerte, otra España”.

 

LAS PÁGINAS DE EL DIARIO MONTAÑÉS HACE 35 AÑOS

 

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La suma imposible, la renuncia de la UE, la nada, el museo que siempre espera…
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José Emilio Pelayo | 13-03-2016 | 15:50| 0

No hay silencio, o sí. Decides tomarte tu tiempo para callar, escuchar, hasta lamerte heridas… Son tiempos de silencio y de no llenar líneas. Sí hay silencio. Luego, meses, vuelves. Y no sabes qué contar… Puedes decir que no entiendes lo de ese, que gana unas elecciones, pierde votos por miles, es castigado, está obligado a mover ficha y abdica. No comprendes al otro, derrotado en la historia con fuga en las urnas, que no se va y mueve, él sí, la pieza de su ajedrez para intentar un territorio imposible entre el amor de los ‘ciudadanos’ y la soberbia de los que dicen a coro ‘podemos’, los neos populistas que predican transparencia y mutantes formas cuando en realidad tienen bastante de rancios… Tras ese y el otro, hablo un poco más de los otros, de los que llegan al Congreso y se dicen inventores de la democracia, anuncian vicepresidencias y equipos de Gobierno mientras el ‘otro’, de nombre Pedro, se reúne con el ‘real’. Y los que quieren poder y se dicen ‘podemos’ descubren que sufren -­ terrible casta y añado caspa- por ser partido y ver que lo que eran círculos concéntricos se convierten sin más en geometría imposible en la que revientan al mismo tiempo Madrid, País Vasco, Cantabria… Y esos, ellos, lo que se creían que ‘podemos-podían’, nombran aquí una gestora, en otro lugar echan, allí transitan y cargan las culpas sobre los mensajeros -los de siempre, casta- y sobre el otro; que cualquiera puede ser reo de sus propias debilidades… Y ellos, los otros, te hacen tragar saliva cuando a un terrorista que sale de la cárcel le llaman preso político, cuando deambulan por el Congreso como si hasta ese día no existiera, como si la transición fuera un invento, como si nadie en este país hubiera trabajado por nada, creado nada, renunciado a nada, sufrido nada…

En fin, que con esos mimbres casi prefieres seguir sin escribir, renunciar a las líneas porque para lo que hay… Y hay, o no: un Gobierno que no existe y en funciones; un PP ganador y ausente y un Rajoy de perfil; un Sánchez perdedor, escapista, casi valiente y en busca de salida dicen que utópica; un Ciudadanos buscando tesoro; un Podemos salvapatrias… Si no fuera por la alcaldesa de Madrid, que dice ‘va’ y luego ‘para’, y Bescansa que concilia vida familiar y exhibe y enseña a su niño, desde chiquitín, lo que significa una persona y un voto (con lloro para Izquierda Unida y hastío por el modelo electoral), sería mejor ampararse en la nada. No hablo, no digo, no escribo.

Con ese panorama lleno de estrategias, dudas si escribir. No vaya a ser que mientras lo haces, vomites al comprobar la negación de la Unión Europea, eso que se llama Europa, muy pendiente de una Inglaterra a la fuga -dinero- mientras deja languidecer y fenecer a miles de refugiados. Esos sin rostro que están lejos y se trocan por dinero, miles de millones de euros, para comprar su ausencia; que si la miseria no la ves a lo mejor hasta no existe. Y han pasado meses, muchos, y la guerra en Siria crece y mata, y la fuga de almas prosigue… Europa tiene el remedio, el suyo: miles de millones para Turquía.

En fin, que entre unos y otros, aterrizo en lo patrio y compruebo que la ‘cosa nostra’ (¡horror!, no quiero hablar de corrupción, que no tengo líneas, ni soy compi de nadie ni me entero de lo que pasa en casa ni borro discos duros ni distraigo dineros públicos ni…) está como está. Porque si lo que dicen es verdad, si la plática en el Congreso y extramuros es cierta, ellos -ese, otro y otros- y por sinapsis nosotros, volveremos a ir a las urnas. Lo peor es que dos más dos son cuatro, las matemáticas saben de números, los vasos comunicantes son los que son y volveremos a sumar lo mismo con diferentes sumandos… Aritmética imposible salvo que haya renuncias, pasos atrás y alguien piense en España, es decir, sus gentes.

Para no cansarme y ahora que vuelvo a las andadas (opinar, decir, juntar palabras…) me quedo con el esparcimiento de ida y vuelta del Museo de Prehistoria. Bienvenido sea el hijo nonato, ese que predicamos que tenemos y al que nunca hemos querido, el niño viejo ambulante, el desterrado. Y es probable que sea mejor no decir nada, aunque metido en la feria tampoco estaría mal aportar otro emplazamiento…, que es época de nubes. Aquí o allá, lejos o cerca, en un solar vacío o en un edificio que languidece; anillo, cubo o estalactita, bastón de no mando… Nunca jamás su historia en piedra ha sido tan querida. Desde el Gobierno, bis PSOE, se está sondeando y explorando, la opción Torrelavega: decisión política para animar a la comarca del Besaya, muchas veces ignorada y maniatada por la crisis; desde Santander, se defienden paternidad y capitalidad. En definitiva, entretenidos, como lo está desde hace años la maqueta de un Mupac futuro que cruzó el charco y acabó en otro museo. Tiempos de ricos, de Moneo y siempre ricos… ¿Quién da más? Muchos posibles en Santander, otros en Santillana, la Lechera (sin cuento) en Torrelavega, Puente Viesgo a la zaga avalado por sus cuevas, y Ramales que también las muestra, y Villaescusa que se revuelve y tiene cerca fieras que defenderán su candidatura… ¡Qué miedo! Conocida la tierra, uno se teme que el infante Museo, el penitente orillado y despreciado, siga como está. Es su sino. ¡Ojalá no! Ojalá las naves en las que se arrumban joyas que son un legado para todos pasen a mejor vida -vivan- y las piezas puedan exhibirse un día… Mientras…, ¿quién da más?

Puestos a proponer, deslizo otra ocurrencia para solaz de los comunes: el Seminario de Corbán. ¿Pólvora ajena? Seguro, que el recinto no es público como tampoco La Porticada, ni Correos ni…; es más, Corbán es noble, está casi vacío y la Iglesia hasta se haría un favor abriendo la mano, quitándose un dinero anual de mantenimiento y llegando a un acuerdo mínimo que redundaría en favor de su actividad social; sí, social y de justicia, esa, la importante. Puestos a decir, me apunto a la carrera. Ahora solo me falta para llegar a la nube un viñeta del genial Ansola de El Diario, ese inventor de la creatividad; y una reflexión de mi compañero periodista Guillermo Balbona, pura clarividencia y de los de al pan, pan. Eso y decir que el ir y venir sin sentido me hastía. Que los tontos suelen ser esféricos: mires por dónde les mires, lo son.

En fin (otra vez). Una opinión más. Seguro que también necia y equivocada.

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Ni mártires ni martirios
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José Emilio Pelayo | 07-10-2015 | 08:38| 2

Lo digo de entrada: no me gustan las beatificaciones, al menos algunas. No porque no crea que la Iglesia está en su derecho y es libre de abrir un proceso, en años, y proclamar que determinadas personas fueron mártires como consecuencia de la sinrazón; tampoco porque rechace que tras un periodo de tránsito y de escudriñar en testigos, personas y escritos, se reconozca que el odio, la nada, el fanatismo (el que está envuelto de religión es, mira por donde, de los peores) se cobraron víctimas inocentes…; y añado, todas lo son. No, no es eso.

No me atraen las beatificaciones porque me perturba, y de qué manera, que alguien pierda su vida por el sinsentido de otra persona, otro ser humano. Por eso no quiero mártires porque el martirio revela que otra mano humana está dispuesta a infligir un castigo inaceptable al ajeno, al diferente. Y para lamento común y demostración de la necedad colectiva y la incapacidad de todos, personas y Estados, la crueldad sigue acampando, la muertos son realidad y la complicidad y la cotidianidad hacen que cada vez nos conturbe menos…

Abomino también no de quien quiere reconocer a los suyos, sino de quienes cuestionan que lo haga. Visualizar a los tuyos, a los que perdieron la vida por defender lo que creían sin haber sido depredadores de nada ni nadie, es más que lógico. Justicia histórica, y da igual azul que roja, blanca o gris porque en todos los casos la barbarie siempre es negra, acaba en negro. Se trata de un ejercicio intimista aunque a veces se haga público. Es íntimo llorar por y a los tuyos…

No me resigno a aceptar que a fecha hoy, pasadas décadas, haya ‘avanzados’ y cultos, así se presentan, que clamen contra los horrores de la guerra civil española pero sigan enmarcándola en colores. ¡Claro que fue un horror, una locura irracional! Y sé que los vencidos defendieron ley y orden, el voto de todos, y que los vencedores subvirtieron la legalidad aprobada, adocenaron y encerraron voluntades, quebrantaron ideas y persiguieron durante años a los derrotados… Y aunque lo respiré en mis adentros y lo reviví con los míos, años de exilio después, aquella atrocidad la tengo aislada en el pasado -no digo olvidada, por aquello de evitar repetirla-, tras gritar contra el dictador que la creo y la alargó.

Se precisa, sí, devolver a la memoria histórica a los que desaparecieron en cunetas víctimas no solo de la confrontación entre bandos, sino de la perversidad de las mentes; como otros también lo hacen con sus propios mártires por la vía de la beatificación. Y es lógico que unos y otros, familias enteras, quieran venerar a los suyos, que sigan pidiendo esa justicia no revanchista pero sí cargada de dolor que hoy se muestra heredado porque muy pocos de los que hacemos el relato padecimos nada de lo que nos narraron. Por eso, reacciono contra el que cree ver en una beatificación o en una exhumación de cadáveres de una zanja nuevas armas de confrontación. Cierto es que los vencidos padecieron más…, siempre. Pero el horror y la sinrazón, nunca serán patrimonio de un solo bando en una contienda; el horror y la sinrazón son axioma de la propia guerra.

Los muertos son memoria pero también esqueleto hiriente y perverso que iguala. Y para recordar a los propios, para no adulterar la historia, para reclamar lo que la memoria no me ha dado, jamás recurriré a la vuelta de tuerca de renegar de los otros, de pervertir otra vez palabras y mentes, de medir y confrontar, de buenos y malos…, aunque rechace los comportamientos sectarios, a los dictadores, extremistas, predicadores, arribistas y hasta a los tontos esféricos.

Porque por suerte para los que hoy vivimos, aquello, la nada, no lo vivimos. Es más, algunos recibimos la lección de perdedores propios que llegados a casa cuarenta años después tendieron la mano cargada de sus historias, sus principios, sus valores, sus creencias y sus vidas, pero libres de odio.

No me gustan las beatificaciones ni las exhumaciones…, pero entiendo la necesidad de dar descanso a las entrañas propias. No me gustan, no, porque repudio que pueda haber martirios. Que la crueldad, en nombre de quien sea, es pura negación.

 

Posdata. Un apunte más mundano… Hay otras cosas que me martirizan. Por ejemplo, una Justicia lenta y otra que distingue… Que es muy edificante comprobar que una secretaria y un testaferro pasan dos noches en los calabozos mientras el jefe de la supuesta tropelía duerme en casa aunque sin pasaporte. Equidistancias. Justicia de a pie para reflexionar un rato.

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Cantabria: de ínsulas, vectores y Ave
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José Emilio Pelayo | 30-09-2015 | 07:46| 1

Hete aquí que en la ínsula todos quedaron quietos, plenos de meditado sosiego con aquella nueva. Y no porque se sintieran henchidos en la deleitación del bien anunciado, sino por la complacencia de aceptar un mal menor que viniera a apaciguar sus quebrantos. Habían pasado días desde que su merced, suponían que por boca del amo y señor de las grandes tierras, les dejara dicho lo que en los años, no enumeró cuántos, llegaría.

Digo, pues, que andaban tranquilos en esta la periferia, por nombre Cantabria. Y era así porque el gran señor, sucesor de otros que existieron y que poco les habían legado, dejó prometido que el camino sería andado, que la vía férrea habría de ser trabajada y que los tiempos de demora mudarían, no en vuelo pero sí en reales para engullir segundos y llantos perpetuados desde los ancestros. Palabra de amo, habían predicado, aunque ella, la señora, de apellido Pastor y la encargada de no digo decir sino proferir aquella nueva, había optado por alargar espacios temporales, en un peculiar hacerse de rogar que solo el egoísmo propio entendía.

Pero no era menester fecha, porque el don anunciado se presuponía bálsamo: no habría satisfacción a la justa demanda de un tren que vuele, AVE de nombre, pero vistas las gentes -en número pequeño, y quizá contemplativa-, y los años de pedido, aceptable sería recortar los tiempos de viaje y que la vía de hierro que hoy se transita en mil horas y un día -no se atrevió a pronunciar cifra concreta para no recordar el lamento- se limitara a un chaca-chaca de no mucho más de tres horas. Y así se rubricó la venida, aunque sin firma y no sin recelo de los propios, cántabros de cuna, hastiados ellos de engaños pretéritos y promesas vacuas. “Si no ha de ser AVE -de mucho coste y emolumentos que hemos de pagar todos los que moramos en esta patria, catalanes incluidos para que ellos sean solidarios y por tener años antes lo que todavía aquí nos resta-, es menester que la vía requerida quede reducida en ancho y ampliada en modernez, siempre que la premura de la obra marque buenos tiempos y en esta tierra de la periferia podamos ponerla en haber antes de ayer, casi mañana”.

Aceptados el trueque, la vía de hierro y el tren, y asumida la pérdida por mor de las realidades mundanas y para emplear los dineros en premuras más notables, la periferia quedó otra vez en silencio, actitud muy de la costumbre de un pueblo, otrora guerrero y hoy pausado y lleno de raciocinio y templanza.

Y en esas estaba Cantabria, tierra allende la capital, cuando desde no más allá de unos cientos de kilómetros, cerca y en línea recta a los mares del Cantábrico, otra vez el señor tomó la palabra. Y sus palabras, de las que dicen los sabios que no ha lugar a ignorar, resonaron también en la ínsula, en esta una sola región llamada Cantabria. Y el señor, quizá no percatándose de que las voces siempre tienen eco, proclamó: “El tren AVE que hoy abrimos es un poderoso mensaje que esta nuestra España envía al mundo, para dar muestra de territorio solidario, innovador y vanguardista”. Y dicho el aserto, el amo, elegido y amparado en la suma de quienes así lo decidieron, prosiguió: “La vía que hoy abrimos entre Valladolid, Palencia y León es un nuevo vector de crecimiento y empleo, y estos kilómetros (caminos de hierro nuevo) contribuyen a una España mejor y más vertebrada”.

Digo, pues, que sus palabras resonaron y hubo de cruzarse en el destino del amo la mala o buena suerte de que uno de la periferia, despistado en el camino, escuchara la plática. Y aunque era un tanto necio, de poco saber y educación liviana, acertó a mascullar: “En la periferia también lo queremos. Que no estaría mal ser ejemplo de desarrollo y solidario; que bien es verdad que el vector ese de crecimiento no sé si le entiendo pero lo del empleo bien que nos vendría que ha tiempo que los mozos tienen que dejar casa y caminar leguas para encontrar labor, y otros malviven al perder el quehacer que durante años llevó el pan a sus casas. ¡Y qué voy a decir de nuestra necesidad de tener un tren de esos, de los que vuela cual Ave, porque con ello somos una España mejor y más vertebrada. Así es la palabra de amo”.

El hombre de la periferia acabó su perorata, no se sabe si pensamiento. No volvió a hablar del amo, Rajoy de nombre, pero sí de sus rectas palabras. Transcurridos miles de tiempos llegó a casa, cubiertas millas de chaca-chaca en la vía de hierro y tras parar, nunca supo por qué, cuando la máquina se detuvo en un lugar llamado Hoces, a medias entre Reinosa y Los Corrales. Y llegado al hogar, casi en el quicio de la puerta de su hogar, se detuvo. “Poderoso mensaje…, vector de crecimiento…, empleo,… solidaridad”, repicaron de nuevo en su mente las palabras que hablaban de un tren, de vulgo Ave. Y si aquello era bueno, se preguntó por qué su ínsula no lo tenía, por qué en la tierra de su nacimiento no había lugar a “vectores”. Y se acordó del amo y de los que le precedieron. Y antes de llegar a casa gritó: “Yo también lo quiero… Y que no se me queje el Mas que ha años que tiene lo que aquí solo son lamentos”. Y le vino a la mente algo que había leído…”Sancho amigo, la ínsula que os he prometido no es movible ni fugitiva: raíces tiene tan hondas, echadas en los abismos de la tierra…”. Y ahí se plantó, en abismos, y pensó en eso del Ave y aceptó otros vuelos “que es de justicia que lleguen raudo”. Entonces, solo entonces, se durmió en su ínsula.

 

Posdata: no está mal leer las palabras de Rajoy referidas a la nueva línea de AVE entre Valladolid, Palencia y León inaugurada el martes, 29 de septiembre de 2015. En Cantabria nos quedamos sin palabras.

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GFB, Ecomasa… Los cuentos de la lechera
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José Emilio Pelayo | 29-09-2015 | 11:10| 0

La historia siempre se repite. Se tropieza, se puede, dos veces en singulares piedras, aunque sean distintas. Y ocurre sin solución de continuidad, da igual el Gobierno que gestione la cosa pública y su color… En tiempos de bonanza, alguien, un Ejecutivo, creyó próspero y benéfico que una empresa de Costa Rica se instalara en Cantabria. Generaría empleo, se dijeron. Y arroparon en su seno a un supuesto inversor que pasados los tiempos degeneró en la nada, salvo para sí mismo. Es más, ante la desidia de algunos de los gestores del dinero público invertido, dilapidó lo ajeno y generó un agujero negro que todavía hoy se está penando, y lo que resta. Y hablo de GFB, empresa de cartón pluma y trampantojo, un esperpento no de idea pero sí de gestión, control, socios, vergüenzas y algún sinvergüenza. El dinero público, el de entonces, que es de todos, se diluyó y una sociedad pública se quedó con un 30% de acciones de deuda. Fallido, fracaso… Y la historia se repite. Nuevo escenario. Años después manda otro Gobierno de diferente color, y una crisis económica nos consume, fortalecida por un austericidio que nos suicida. Y se presupone que con la misma buena intención un Ejecutivo ve en otro proyecto una ‘neoinversión’ y una fórmula salvífica que recolocaría a 88 trabajadores despedidos. Trueque y cambio de trabajo, y de dineros porque los despedidos mutaron/compraron euros por tajo nuevo. Y lo que el poder dijo que no se haría –entrar en el accionariado de empresas privadas–, se hizo; otra piedra, dos tropiezos. Se ayuda a la empresa, esta de nombre Ecomasa, con dinero público. Y se repite la rienda suelta, hasta los 18 millones. Y el empresario, supuesto, ya no es de Costa Rica aunque puede que quiera, intente, ser rico; loable, seguro. Y el proyecto explota, los trabajadores se van a la calle y el dinero de todos ­–también el de los currantes–, de los de siempre, se escapa, se diluye, se va por el mismo sitio… Y es seguro que las buenas intenciones fueran eso, hasta buenas. Crear empleo, atraer negocio… Y, tristemente, fracaso. Otro trampantojo que en esta ocasión adormila al calor de las estufas. Pero habrá que seguir las pistas de unos y otros. De los que se llevaron, o no, lo de todos, y del dinero engullido. Queda, claro, ayudar a las víctimas, dos: a los trabajadores, que cambiaron indemnizaciones por un irreal puesto trabajo, y a los cántabros, hastiados de regalar el dinero que no nos sobra. Y mientras la Justicia hace los deberes, bueno será aprender la lección.. El cuento de la lechera es eso, cuento. Y responder a preguntas: ¿Siempre nos equivocamos? ¿Quién supervisa? ¿Quién vigila? ¿Con qué criterios se conceden avales y créditos? ¿Con un papel, con dos, con mil, con qué plan de negocio? ¿Quién analiza los proyectos? ¿Siempre son buenos y fallan o es que nos engañan con facilidad? Seguro que si fuera el analista no habría atinado… Pero, ¿ningún experto acierta?

La historia se repite. Me gustaría que llegara una nueva empresa que remede el mal de GFB, que destiña el negro de Ecomosa, que… ¡ Por Dios, pie en pared! Mejor que los dos dedos de frente que me quedan se utilicen para mirar y remirar, para ayudar a las empresas cántabras que han mostrado su solvencia durante tiempo, las que se transforman, las que investigan… El maná llegado del cielo es otra cosa. A veces, nada. Y ahora, el fin, claro: el único destino del que defrauda y roba es la cárcel, y hablo de rateros del guante que quieran… Pongan nombres. Pujol, Bárcenas, empresarios a y b, políticos c y d, ciudadanos, e y f… De todos hay.

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Plebiscito fallido y fractura real
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José Emilio Pelayo | 29-09-2015 | 10:45| 0

Nadie gana, todos perdemos. Las supuestas elecciones autonómicas celebradas el domingo en Cataluña dibujan un escenario tan esperado como complejo e inestable. No ya por la fractura conocida de la sociedad catalana –dividida casi por mitades entre los partidarios del secesionismo y aquellos que se consideran españoles–, sino porque en el día después la sensación es que la huída hacia delante de Mas, sea cual sea la posición del Gobierno de Mariano Rajoy, constituye una pesada losa que puede llegar a aplastar cualquier intento de raciocinio y diálogo.

Aunque la realidad indique que Juntos por el Sí (Junts pel Sí), esa sopa de siglas e ideologías tan dispares como ‘enemigas’, ha fracasado en su plebiscito soberanista al conseguir el 48% de los votos frente a una mayoría catalana, un 52%, que ha dicho no, quedarse solo en esos porcentajes sería un peligroso reduccionismo basado en la torpeza de negar la evidencia de que Cataluña y España –también Cataluña– tienen un grave problema. Y no nuevo, porque el independentismo de hoy y su fuerza no es flor de un día ni la resultante de una generación espontánea. Es la demostración de un fracaso colectivo producto de muchas variables. Consecuencia de agravios inventados y supuestos maltratos derivados de una financiación autonómica sin resolver; de una balanza fiscal que muchos catalanes juzgan nociva olvidando criterios de reparto básicos como la equidad, la solidaridad y el equilibrio territorial; de una desmemoria evidente que silencia lo que ha invertido el Estado (todos) en Cataluña, de…, y producto pernicioso de delirios pero también de una educación, impartida y recibida, que hace que muchas generaciones de catalanes no se sientan españoles. Lo han mamado a base de heredar una historia tan reinterpretada como torticera donde Cataluña siempre está perseguida, el idioma catalán y la singularidad proscritos y encima son estafados porque aportan más de lo que reciben… Con esos mimbres es más sencillo juntar voluntades. Es más, es triste pensar que la campaña de las hipotéticas elecciones autonómicas –esas que no han existido– haya servido únicamente para confrontar independencia sí o no, olvidando e ignorando lo que en realidad importa: la sanidad catalana, la educación, la innovación, la industria, la corrupción de la que ‘pujoles’ y compañía tanto saben… El nacionalismo trampeó la crisis –caldo de cultivo– para hacer lo que siempre es más sencillo: buscar un enemigo exterior para unir espíritus, todos. Ser víctima siempre funciona. Lo hizo en nuestra ‘prehistoria’ un dictador llamado Franco y los nacionalismos imitadores y limitadores también lo utilizan. ¡Unidad ante la agresión exterior! ¡Madrid nos maltrata! Pan y circo, para tapar las vergüenzas propias.

En el día después de la victoria, en escaños que no en votos, gestionar el futuro puede ser un ejercicio imposible para Mas. Porque necesita el apoyo de la CUP que predicó mil y un veces que no lo haría y ayer lo repitió. Porque por mucho que la lectura del líder de Convergencia sea mentirosa y sesgada, ha perdido apoyos y votos y su plebiscito no ha funcionado (la CUP lo reconoció ayer). Eso sí, ha servido para radicalizar posturas, para que los independentistas lo sean más y en una demostración de su legalidad futura promuevan la desobediencia a las leyes; y ha servido para que el hastío acampe entre los otros, nosotros, los que entendemos que una Constitución que es un activo puede ser modificada entre todos, mutada porque el tiempo transcurrido lo demanda.

Lo peor es que su sentimiento antiespañol es directamente proporcional al anticatalán. Y aunque en broma, son ya cientos los que dicen «que se vayan» y en el territorio de la anécdota y el chascarrillo propugnen un referéndum no para que se marchen sino para «echarles». Mal negocio bromear con ‘las cosas de comer’; peor todavía el de hacer votos diarios para que la sima entre unos y otros se amplíe.

¿Maltrato a Cataluña? Ya, ya sé que han sido los últimos en tener AVE, que tuvieron que adelantar dinero para tener un gran puerto y un aeropuerto, que ninguna gran infraestructura la hemos pagado entre todos, que el dinero público del Estado jamás les ha tenido en cuenta… ¡Qué diríamos los cántabros! Claro, que somos pocos y hasta complacientes. Mas callados, que diría otro.

Toca contar hasta cien. Pensar que la España de hoy tiene bastantes más problemas que la independencia de Cataluña, aunque tendremos que dedicarle mucho tiempo, política y sentido común, ese que no empleamos en atender quebrantos sociales, en luchar contra la exclusión, en decir no al austericidio… ¡Menos mal que CiU siempre ha sido un referente en la reivindicación social con mayúsculas y con un programa político cercano!

Cataluña podrá quejarse lo que quiera. Es un derecho, como el de los cántabros arrumbados, hartos de viajar siempre en el furgón de cola. Y a ellos, con idioma catalán, les asiste, dicen, la historia, sus derechos… A los demás, con o sin historias, no nos atiende nadie o casi nadie.

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Políticos, sueldos, complementos, injusticias…
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José Emilio Pelayo | 24-06-2015 | 08:28| 5

En sus pecados, múltiples, llevan la penitencia. La clase política -casta que decía Podemos aunque ahora ya formen parte del atrezo- es rea de sus propias miserias, de sus muchas desvergüenzas y de sus variopintos desmanes. Por eso a fecha de hoy quienes se ocupan de la cosa pública siguen teniendo como asignatura pendiente hablar en público de sus emolumentos. Es un tema tabú, salvo cuando se predica una rebaja de salarios. Entonces el populismo hace carrera y desde la plebe asistimos a los anuncios continuados de las bajadas de dineros de nuestro servidores públicos. Hay quienes renuncian al sueldo -porque cobran una pensión, como el nuevo alcalde de Castro- y quienes como primera proclama explican que menguarán de nuevo su sueldo, caso del alcalde de Santander (otro 8% menos, aunque no ha desvelado si cobrará las dietas del Parlamento).

Es, dicen, lo que toca. Cuando la sociedad sufre el quebranto del paro, cuando los cierres de empresas ya no son noticia por su frecuencia, cuando los recortes se cebaron con casi todos, cuando hay cientos de miles de españoles en riesgo de exclusión social…, es lógico que los políticos de turno, sean del partido que sean, se aprieten el cinturón y tengan mucho cuidado de no encolerizar más al personal. Es, dicen, el sentido común. No hay otro horizonte… En ese escenario nadie se atreverá a decir que ‘está mal pagado’ ni a cuestionar que un alcalde de un municipio de miles de habitantes renuncie al peculio… ¿Nadie? De los afectados nadie, porque quien esto suscribe vuelve a reclamar un sueldo justo para los políticos: en base a su trabajo, a su dedicación, a su responsabilidad. No se trata de cuánto -cantidad- si no de cuánto les cueste ganarlo: a algunos su soldada puede ser una ofensa (perciben menos de lo que en puridad se ganan) y para otros un regalo (cobran más de lo que se merecen).

Y aunque sea remar a la contra, pagar 59.500 euros o similar al presidente de Cantabria no es de recibo. Es poco, sí o sí, aunque quienes carecen de sueldo puedan considerar, desde su lógica y sufrimiento real, esta reflexión como un insulto… Pero la realidad es terca: no es aceptable que determinados funcionarios sobrepasen con mucho el dinero que recibe el presidente; ni que el sueldo del máximo dirigente público de la región sea muy inferior al de cualquier alto/mediano cargo de una empresa privada ni que…, y así sucesivamente.

Los políticos siempre han tenido aversión a hablar de lo que cobran pese a que la transparencia exige que se sepa euro a euro lo que perciben. No ha sido así. Es más, ningún político de ningún partido ha sido capaz de proponer en alto un debate sosegado sobre la realidad de los salarios que se perciben, si son o no los adecuados y si son dignos en base a la responsabilidad que se ejerce y al trabajo que se realiza. Y no lo hacen porque son reos de miserias, heredadas y actuales, y otros porque prefieren eludir una auditoría de su trabajo/necesidad… Llevan la penitencia del pecado mortal cometido por algunos de los suyos, corruptos y delincuentes, y por muchos de ellos que miraron para otro lado, no reconocieron su cómplice silencio, y reaccionaron tibiamente, en diferido; unos y otros, de todas las siglas…. Conviven con la penitencia de otros pecados, veniales dirían algunos (igual de mortales, decimos otros), de quienes ejercieron de vagos impenitentes, de quienes cometieron desmanes con el dinero público, sinvergüenzas y desvergonzados que tiraron de tarjeta oro pública en su propio beneficio. Trapacería, chanchullos, cara dura…, reos de cárcel y de devolver lo dilapidado cuando no lo robado… En el recuerdo quedan consejeros del Gobierno que desayunaban cada mañana café y jamón con cargo al erario público…. ¿Poco? Todo.

Con esos lodos, no es extraño que nadie quiera abrir el debate sobre si lo políticos están mal o bien pagados. Es, creen, una causa perdida porque los ciudadanos han sentenciado hace años que la clase política es una privilegiada y se lo lleva tieso. Es más, como la demagogia acampó entre nosotros, la desinformación también y la generalización perniciosa es compañera de vida, los políticos están condenados. Da igual qué hagan, cuánto trabajen, cuánto cobren… Y el ciudadano da por cierto, por ejemplo, que un concejal de a pie de la oposición cobra un gran sueldo, sí o sí; y jamás aceptará que le expliques que solo percibe dietas. Ni te cree ni se lo cree ni mirará el presupuesto para cerciorarse de su error o de su acierto.

¿Se lo han ganado a pulso? Fijo. Pero esconder la cabeza debajo del ala no ayudará a dignificar a la clase política ni rebajará el grado desafección entre ciudadanos y políticos. Y en estas estamos cuando ahora brota otra buena nueva: dos consejeros y un director general del Gobierno de Cantabria saliente han reclamado el dinero que han dejado de percibir durante cuatro años por dedicarse a la política. Su reflexión es fácil de colegir: cobraban más fuera de la política que en el ejercicio del cargo. Nos dicen que han perdido dinero y es verdad. Y nos explican que por ley, y porque son funcionarios, debieron percibir la diferencia y no lo hicieron. Nadie hasta hoy se había dado cuenta de que se les coartaba ese derecho; y nadie hasta hoy nos había dicho que esa compensación existiera desde 1999. Es ley, como lo es que altos cargos y políticos reciban mes a mes como complemento los trienios de su antigüedad como funcionarios, un plus también ignorado por los comunes. Eso sí, dos de los reclamantes, el consejero de Educación y el director de Justicia, han retirado su petición, mientras la consejera de Presidencia la mantiene. Vamos que para ese viaje con marcha atrás se podrían haber evitado el sonrojo de que se conocieran sus planes, aunque quizá el arrepentimiento tenga todo que ver con el hecho de que sus aviesas intenciones se hicieran públicas… Que en el silencio, no hay gritos. Por cierto: la ley de marras es del 99, aprobada por PP y PRC, y buscaba atraer a funcionarios de alto nivel que no querían venir a Cantabria porque perdía dinero…

Y su petición es legal, que otra cosa son la ética y la estética. Norma, eso sí, solo para ellos, claro. Para los que sean funcionarios, porque para el resto, para los que llegan a la política desde el sector privado, no hay esas dádivas ni esas contraprestaciones… En este segundo caso, cobran lo que cobran aunque la dedicación al servicio público suponga que pierden dinero. Eso, su pérdida, es menos pérdida; sus dineros que dejan de recibir no son los del funcionario. Para unos compensación, para los otros nada. Y es que el sistema está montado así: si eres funcionario y alto cargo, cuando dejes la plaza habrás consolidado un alto nivel en la escala funcionarial (al que por carrera y tiempo quizá no habrías llegado) y cobrarás por encima de lo que percibías antes de la expedición en la cosa pública…. Ventaja y privilegio y de por vida. Todo parece establecido para que los cargos políticos estén ocupados por funcionarios o por aquellos a los que por el momento no se les conocen ni oficio ni beneficio. Unos y otros ganan, el resto pierde… Y es así, casta y caspa. Para unos es aplicable lo de ‘nadie les ha obligado’, para otros lo obligado es compensarles. Dos velocidades, dos salarios, desigualdad manifiesta. Injusticia.

Y pese a todo, alzo la voz para defender que los políticos cobren y bien. Que su sueldo esté cargado de luz y transparencia. Conocer hasta el último euro que perciben… Y a partir de ahí la exigencia, sin aceptar, por ejemplo, que los diputados se tiren unos cuantos meses al año dedicados a la vida un tanto contemplativa porque no hay periodo de sesiones… A cada uno según su trabajo. Y con sueldos racionales, lógicos, medidos, equiparables a los de otros con responsabilidades similares. Y pese a cuestionar y criticar la moralidad y la estética de la reclamación que ahora hacen tres altos cargos, en su propia petición se comprueba el fracaso del sistema… ¿Es lógico que cobre más cuando ejerzo como jurídica que cuando soy la jefa, consejera de Presidencia, de los jurídicos? ¿Es coherente que cobre más como vicerrector que cuando soy consejero de Educación y determino el contrato programa de la Universidad con el que se paga al vicerrector? Dilema y dislate de un sistema que precisa revisión, rigor, claridad y raciocinio. Sentido común pese a la náusea que pueda generar la petición extemporánea en tiempos de vacas flacas, incluso en cualquier tiempo.

¿Buenos sueldos? ¿Contra corriente? Seguro. Pero la demagogia es siempre mala compañera e injusta. Incluso cuando dices que te bajas el sueldo pero ocultas que lo ganas por otro lado; o cuando algunos añaden aditamentos espurios para engordar su nómina. ¡Horror, la tentación! Esa ante la que siempre sucumben los delincuentes.

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Racing: lecciones, ninguna
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José Emilio Pelayo | 03-03-2015 | 19:37| 3

Ahora algunos se rasgarán las vestiduras. Proclamarán que el Racing toca fondo, aunque la realidad –maldita– es que el fango llegó hace muchos años, tantos como décadas en las que, una vez sí y otra también, los Gobiernos de turno tuvieron que acudir al rescate del club cántabro por los errores de una gestión errática y obscena, la locura de un deporte que se creyó impermeable a la vergüenza (deudas, sueldos inmorales, mezquindades, intermediarios, apaños…) y de unos espectadores que sintiendo los colores nunca mostraron el color, solo es hipótesis, de sus carteras.

Ahora volvemos a pedir el rescate y a falta de accionistas –no lo soy– que ingresan (otros dirían tiran) sus euros, la mirada se dirige hacia los dineros públicos. Esos que por decenas se han puesto en la misma entidad, léase Racing; y de forma cíclica, con independencia del apellido del partido gobernante. Porque la historia está llena de momentos de presión y de circunstancias en las que quienes gobernaban o no aguantaron el tirón público y mediático o conjugaron el verbo ‘utilizar’ políticamente –al menos en el intento– a la hora de ‘salvar’ al club cántabro. Esa es la intrahistoria del Racing, el nuestro, el de la grada de madera, siempre sobre la línea roja, dirigido (ya sé que no) por gente de toda condición (no quiero poner pelaje) que se llevó lo que pudo, puso algo/mucho (hasta el ‘indio’ lo hizo) y siempre recibió una buenas dosis de dinero del tesoro público. Cantur, en pleito ya tan retorcido como cansino, sigue teniendo su haber/debe/incobrable en el club, aunque llegado el momento, hoy, hay quien siga creyendo que la tabla de salvación solo pasa por la ayuda de todos, es decir esa que cuesta pero no vemos, que sale de los impuestos pero no se carga mañana en la cuenta corriente privada. Otra vez, y mejor ahora que es tiempo de ‘caza política’ ante la inminencia electoral; la presión es la lógica ante la penuria.

¿Dinero para el Racing? ¿Más? ¿Otra vez? ¿Y van? Es difícil conciliar un espíritu, un deseo y un sentimiento con el sentido común, con el rigor, con el austericidio ejercido, con la seriedad requerida y multiplicada en tiempos de crisis. ¿Otra vez? El cuerpo pide no; el cerebro se negó hace años, el corazón… Es casi un insulto seguir enterrando dinero en un club cuya gestión ha sido calamitosa cuando no ilegal. Lo peor –la peor parte, paganos– son ellos: jugadores que sintiendo o no los colores trabajan y no cobran. Y encima, como todos somos sabios y listos y como además para crear coro nos inventamos ‘nadas’ con nombres, echaremos tierra sobre el entrenador. Algunos solo viven en eso, en la conspiración recreada, inventada, soñada… Tratando de medrar sobre la base del insulto, la soflama, la verborrea inculta.

Paco, don Francisco aunque le pusimos nombre próximo, es al parecer el culpable de muchos males y su cuota de responsabilidad es cierta. Es reo de los resultados nefastos encadenados, de la mala suerte, de las alineaciones que no gustan y cualquiera lo haríamos mejor (todos otra vez entrenadores)… Tiene la culpa, seguro, de no cobrar sueldo alguno desde julio y justificarse, supongo, en su casa mes a mes; tiene la culpa –alguna, supongo– de ascender al equipo, de un plante digno, de ilusionar a jugadores que tampoco cobraban/cobran, de formar y mantener al equipo, de evitar fugas lógicas; y tiene la culpa de equivocarse, y yo todos los días. Da igual. Está a tiro. Le toca. A él y al que pase por la esquina. Y lo dirán los que dicen que saben y los que se llenan la boca de amor al Racing aunque los dineros, da igual uno que ciento, no hayan llegado a la entidad en la ampliación del no capital. Claro que en un club evangélico, de ver para creer, los silencios y las oscuridades de quienes dirigen la entidad –sin restarles un ápice de mérito, indudable– no dan para muchos apegos. Peor, explicar que no han hecho un ejercicio de transparencia solo puede ser entendido por ellos como la resultante de una confabulación permanente. Y al pobre Racing le pasa eso. Está enmarañado entre los que curran y no cobran, los que chutan y no la meten, los que entrenan (tampoco cobran) aunque todos ‘saben más’, los que predican y vociferan y siempre tienen razón, los que lo intentan y chocan contra muros, los que aman los colores, los que pregonan y no se ponen colorados cuando no ponen un euro, los que exigen y no dan, los que hacen la estatua, los que hicieron ‘vida’ en la entidad (y ahora quieren manejar, sin estar y sin arriesgar), los que lo intentan y no pueden, los que lo pelean y no saben…

Queda tiempo (?) para la ampliación: ampliar la vida de un club centenario; ampliar el crédito de quien arriesga pan, fama y entrena gratis; ampliar el apoyo a los que se visten de corto; ampliar el futuro a la cantera que es más que presente y vital; ampliar la alabanza a la afición que nunca se encoge… ¿Dinero público? GFB, Nestor Martin, en su día la empresa de residuos… Ahora tocan colores. ¿Otra vez? Para sonrojo de quienes durante décadas han sentenciado al Racing. Ese que tristemente juega y no percibe nada a cambio y cuyo hálito de vida y crédito depende, también, de una maldita pelota que no entra. Eso sí: entrenadores somos todos. Casi, que yo me apeo. Desde fuera, lecciones ninguna.

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Mamma mía
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José Emilio Pelayo | 24-02-2015 | 16:46| 0

Sus hijos transitan por la vida con una mano delante y otra detrás. Como muchos de los millones de españoles que sienten sobre sus carnes y sus cerebros el riesgo de exclusión, la línea roja de convivir con la pobreza. La diferencia de los últimos con los primeros -Pujol de primer apellido, Ferrusola de segundo- es que ellos pueden comprar vehículos de lujo, que eran chatarra, y a fuerza de aplicar sus cualidades (son manitas, claro) reconvertirlos en piezas de ostentación y pompa. Y ella, la reina de la saga, dice que Cataluña no se merece esto. Y tiene razón. No se merece que un expresident se tome a guasa una nueva comparecencia en el Parlament y provoque con quitarse el audífono para no escuchar, se supone que sandeces. Cataluña tampoco se merece que una madre altiva diga que sus hijos son pobres de solemnidad, ni tampoco ha hecho nada Cataluña para sufrir y padecer que el hijo -de la madre guerrera, del padre del audífono que heredó en el silencio- nos explique que las cuentas ocultas y evadidas en los perdidos mares del Sur, léase paraísos fiscales, son responsabilidad de los bancos que hacen con sus ingresos lo que les viene en gana.

Si no fuera porque la comparecencia del clan Pujol en el Parlament era un acto reglado y creo que hasta serio, sería lógico pensar que hemos asistido a un sainete perfecto, a una ópera bufa y a una mascarada del carnaval ya acabado. La misma escenografía que la de una Justicia que pierde el sumario de las grabaciones de Bárcenas, idéntica escena cómica -­si no fuera por la efervescente irritación- de quien cobra 425.000 euros por dos años de supuesto curro -­pongamos que es verdad- y trata de pagar menos con una suerte de Sicav, montada ad hoc, que siempre ha criticado…

En el país de nunca/siempre jamás, el hastío retorna. En el país de nunca jamás proliferan los que no sabían nada… El PP ni supo ni conocía a Bárcenas, senador votado pero fantasma, por mucho que sean varios los tesoreros que barajaban la cartas del dinero; ni sabían los jueces madrileños de sus cobros por asesorar a empresas privadas… Y tampoco eran conscientes los chicos de las tarjetas ‘negras’ de Bankia, ni sabía Monedero de pagar al fisco a tiempo para no precisar de urgencia una complementaria; ni saben nada de nada los Pujol, que los mi pobres viven con una mano delante y otra detrás y no tienen un céntimo según proclama su madre coraje. Son, vienen a decir, gentes de renta social básica para sonrojo e irritación de quienes sí saben de penuria y miseria. Bromear con la falta de pan no es solo una estulticia, sino la peor de las ofensas, habla de mezquindad de mezquindades… Que alguien así nos haya gobernado -en España, léase también Cataluña- quebranta y asquea, aunque cierto es que si hago caso de un compañero de trabajo -noble y directo en lo que piensa/dice- la mamma de los chicos, Marta Ferrusola, dijo la verdad con lo de las manos: “eran en posición de egipcio”, grita mi amigo, ambas abiertas siempre para llevar y recoger, asir y afanar; dos manos pero con dorsos al suelo, que de lo contrario ahí no entra nada.

En fin, que el país de nunca jamás sigue sin enmienda y dicen algunos que da igual para dónde mires, aunque no es así. Nunca jamás seremos iguales. Unos se creen Cataluña, otros pasean por Andorra, otros (por suerte) ya están en la cárcel, otros ignoran lo que hablan, otros cacarean, otros prometen y creen que gobernarán de chiripa, otros llevan monedero y otros billetero, otros crecen en el fango, otros predican sin trigo, otros atesoran dinero propio e impropio, otros roban, otros no dicen verdad alguna, otros no cumplen lo que dicen, otros no saben lo que proclaman, otros creen que el país ya está maduro para el cambio y que el resto son estirpe rancia… Así nos llueve. Por eso a veces prefiero no escribir. Cansa seguir tecleando siempre lo mismo y sacudirte cada semana con un nuevo sobresalto ocasionado por un ruin que robó lo de todos, por un tonto, por un necio…. Seguro – siempre lo digo- que el primero de los lerdos soy yo, con la diferencia de que digo lo que pienso, cobro en nómina por cuenta ajena lo que creo que me gano, y no aspiro a refugiarme en el manido ‘Cataluña no se merece esto’.

Por cierto, los pueblos tienen lo que se ganan y lo que eligen. Y no hablo de ciudadanía, que empiezo a estar harto del vocablo esgrimido por todos y que suena a coartada universal también para todo. Me quedo con las personas. Esas que saben, y denunciaron, que hace treinta años ya había financiación ilegal de partidos con empresas que ponían huevos en todas las cestas (también en Cantabria y ‘tri’), que ya conocen de antaño, y lo dijeron, los reformados de obras que encarecían las mismas mientras pagábamos todos, que ratifican que ya existían corruptos (unos denunciados y otros no), que ya había esféricos (así llamo a los tontos, se los mire por dónde se los mire), malvados, buenos, regulares…. Siempre personas y propósito de la enmienda. Es el país de nunca jamás, de despidos en diferido, de expulsiones de imputados en diferido, de adjudicaciones a un hermano en diferido, de coches de chatarra en diferido, de subsidios que atan (en directo y en diferido), de ‘Eres que te Eres’, gürteles, pokémon… Por eso te cansas a veces de escribir. Rebobinas, miras décadas atrás… ¡Horror, siempre digo lo mismo! ‘Cataluña no se merece esto! Menos mal que hay gente ­-pongamos, ahora sí, ciudadanía que queda progre- buena, políticos -­sí, digo políticos- incluidos. De lo contrario, no habría ni paisano ni sociedad ni trabajador ni parado ni Ferrusola ni Justicia que lo aguante. ¡Mamma mía!

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Sobre el autor José Emilio Pelayo
Santander (1958). Iniciado en el mundo del periodismo cuando apenas contaba quince años, desde su ingreso en la plantilla del decano de la prensa cántabra su labor profesional ha transitado por todas las secciones del periódico, donde en la actualidad es director adjunto. Compatibilizó su trabajo en El Diario con la corresponsalía de Diario 16 y de la revista Tiempo. Está en posesión del Premio Estrañi de periodismo que le concedió en 2004 la Asociación de la Prensa de Cantabria.

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