Las flores y pajaritos del TIPNIS

Remito a mis lectores al post del pasado 29 de Septiembre, a propósito del conflicto del TIPNIS (Territorio Indígena del Parque Natural Isiboro Sécure)

Después de un sinfín de peripecias vividas desde que los indígenas partieron de Trinidad, capital del Departamento del Beni, allá a mediados de Agosto, por fin arribaron a la Sede de Gobierno, La Paz, el día miércoles, 19 de Octubre.

Por el camino quedaron fríos y calores, hambres y fiebres, ampollas y mil picaduras de insectos. Lo peor que quedó por el camino fue la carga policial del 25 de Septiembre: la que se llevó por delante esa dignidad que tenemos las personas cuando no se respetan los derechos humanos, de los que tantos políticos hablan como si les fuera la vida en ello.

Los indígenas del TIPNIS entraron en La Paz como héroes. Fue grande el recibimiento de la población paceña. En la Plaza San Francisco, en el mismo corazón de la ciudad, se organizó una gran bienvenida. También una solemne Eucaristía oficiada por los obispos de La Paz y El Alto. Y es que no puede faltar por estas tierras la dimensión religiosa para todo: para la fiesta y para el cementerio…

Mientras, el Palacio de Gobierno, con las puertas cerradas, negó su propia bienvenida a los cansados marchistas. Fueron necesarias horas y hasta una gasificación de la policía a los indígenas que “osaron” aposentarse en Plaza Murillo, frente al Palacio, para ser recibidos por el Presidente.

Por fin, este pasado día lunes los periódicos anunciaban el acuerdo entre indígenas y Gobierno: la Ley del TIPNIS, como se ha llamado, asegura que ninguna carretera se construirá en el Parque. Curiosamente, esta Ley establece que el territorio TIPNIS es “intangible” (según el Diccionario, que no debe o no puede tocarse)

No falta ahora más polémica. ¿Qué supone en la práctica esta denominación de intangible? ¿Qué consecuencias traerá para la economía de la zona? Además, los movimientos sociales favorables al Gobierno, en especial las federaciones de cocaleros, denuncian el contenido de la Ley y promoverán acciones para llegar a construir la dichosa carretera. O sea, la porfía sigue servida.

La Ley del TIPNIS fue recibida por los indígenas de la marcha con fundadas suspicacias. Tienen la sensación de que el Presidente dio el brazo a torcer, en contra de su auténtica voluntad y presionado por las circunstancias. A partir de ahora, todo es posible.

Definitivamente, este Gobierno no ha sabido administrar un buen trato, el mejor, con los suyos, con los indígenas. Ellos fueron quienes le alzaron al poder. Durante las semanas de cansina marcha, pidieron repetidamente la presencia de D. Evo. La respuesta, siempre fría, supuso un culpabilizar a los dirigentes como aliados de poderes foráneos, o sea, norteamericanos. El Imperio es la gran obsesión del Presidente.

Meses atrás, artículos atrás, eché en falta un Presidente que supiera ponerse a la altura del pueblo y de sus necesidades. Dialogador… y sonriente. Desenfadado… y cariñoso. Cercano. Al estilo de ese tipo de personas con las que uno está a gusto. Imagino que de haber tenido tal bonito talante, hasta es posible que hubiera convencido a todo el TIPNIS, incluidos flores y pajaritos, de la necesidad de esa carretera.

¿Habrá sido ésta otra oportunidad perdida para acercar posturas y crear entendimiento y diálogo? Bolivia sigue siendo un país dividido y polarizado.

¿Quién -ecuánime, prudente y simpático- será capaz de hermanar realmente a este acogedor y noble pueblo?

(Imágenes: Galería de Mery Condori Charca)

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El Diario Montañes

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