Gracias, Cruzadas Evangélicas, por ser buenas

Se me echa la Navidad encima y tengo muchas cosas que contar a los lectores. Espero que en el final de 2010 y en el comienzo de 2011 este blog sea algo más pródigo en artículos.

Por de pronto, compartir las últimas celebraciones que hemos vivido en Yotala y en Sucre con motivo de cumplirse los 50 años de dilatado itinerario del Instituto Secular Cruzada Evangélica Católica (ISCE) en tierras bolivianas.

Ya en alguna otra crónica me he referido a aquellas cinco jovencitas misioneras españolas que llegaron a la localidad chuquisaqueña de Yotala un 16 de Diciembre de 1960. El buen sacerdote soriano -afincado en la Diócesis de Santander- D. Doroteo Hernández Vera, fue el alma y motor de este nuevo Instituto femenino católico, cuya misión ha sido, y sigue siendo, la promoción humana y la evangelización de los más necesitados.

Toda la aventura del ISCE en España comenzó en la posguerra del siglo pasado cuando las calles de Santander estaban repletas de tanta miseria y pobreza. D. Doroteo supo ver los signos de los tiempos y, con la firmeza y el coraje de un gran apóstol, puso en marcha a un puñado de voluntarias que supieron hacer realidad un sueño: llenar el estómago, la mente y el corazón de muchos.

Aquel ejército de mujeres inteligentes y emprendedoras traspasó las fronteras de Santander y de España para hacerse presente en Bolivia, Lima, República Democrática del Congo y Zambia.

Les copio a continuación un artículo publicado el pasado día 16 en el Correo del Sur, diario de Sucre. Sigue la tónica ya conocida por los lectores: son escritos dirigidos a los chicos de El Cortijo, que desvelan aspectos de la situación actual -complicada ella- de este hermoso y querido país andino.

Como siempre escribo, espero que les guste…

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- …y gracias, padrecito, por ser bueno conmigo.

Con estas bonitas palabras terminaba tu mensaje por celular que recibí hace pocos días. Me hiciste sonreír y, como tantas otras veces, me ayudaste a cavilar.

Te confieso que algún que otro lector de estos artículos me pregunta a qué hogar-internado me refiero en ellos. Entienden los lectores que esos niños o adolescentes, esos “chavales” -palabra bien cariñosa en lenguaje españolísimo-, con quienes comparto inquietudes y reflexiones, deben ser personas concretas que viven en algún lugar específico. Es cierto. Simplemente ocurre que esos jóvenes reales, en ese hogar-internado real, representan a otros muchos chicos que, en cualquier otra institución similar, se sientan acogidos con respeto, afecto y dedicación.

Aún así, permíteme que en las presentes líneas descubra este ingenuo secreto y, con tu venia, me dirija hoy a unas valientes mujeres que desde hace cincuenta años hacen posibles vuestros sueños, y los de quienes con confianza se han acercado a ellas.

Sí. En este día, 16 de Diciembre, recordamos la llegada de cinco jovencitas, misioneras españolas, a la linda localidad de Yotala. Felipa, Gabriela, Josefina, María Juliana y María Antonia fueron recibidas por las familias yotaleñas y a la cabeza, el Padre Paco, párroco entonces de la localidad. Aquel día del año 1960 comenzaba en Bolivia la gran aventura, el dilatado itinerario, del Instituto Secular Cruzada Evangélica Católica.

El tesón y la voluntad pastoral de un sacerdote entregado, de un hombre bueno, el padre Doroteo Hernández Vera, hizo posible el nacimiento del Instituto en la lejana ciudad española de Santander, a la sombra de una advocación mariana singular: la Inmaculada Concepción. Quiso la Providencia que esta obra no se encasillara en su país de origen y atravesara pronto otras fronteras y otras culturas, llegando también a Perú (Lima y Tarapoto), a la República Democrática del Congo (Lubumbasi y Likasi) y a Zambia (Kitwe).

Y fue así, queridas Cruzadas -como familiarmente se os llama-, que desde entonces estáis con nosotros. Poco a poco, y desde Yotala, fuisteis trabajando el empeño de la promoción humana y de la evangelización de costumbres y conciencias. Urgían las necesidades por aquí y por allá. Y vuestra respuesta no se dejaba esperar: el Complejo Educativo Santa Rosa en Yotala; el apoyo a las familias en la Parroquia de Yamparáez, con la fundación de un internado para chicas campesinas; la Residencia Universitaria San José en Sucre, hoy convertida en flamante Escuela de Auxiliares de Enfermería; otra Residencia femenina en calle Loa, de esta capital.

No faltan más Centros abiertos en Santa Cruz de la Sierra, concretamente en la Villa Primero de Mayo: el moderno y bien equipado Hospital Hernández Vera, la Guardería infantil El Ángel, el Comedor popular El Lucerito y la coordinación del gran Colegio de Fe y Alegría. Además, en el centro de la ciudad, la Residencia femenina 21 de Septiembre.

Y en la Parroquia de La Portada, en La Paz, la colaboración en las variadas tareas pastorales encargadas por el párroco de esta populosa zona: Comedor popular infantil, Catequesis de Primera Comunión y Confirmación, liturgia dominical, talleres de costura para las mamás y lo que tercie.

El hogar-internado, para chicos del área rural, está ubicado en la comunidad El Cortijo, cercana a Yotala. Se trata del Centro de Formación Integral Rural Vera, donde viven los casi doscientos chavales protagonistas de esta columna, llegados de las provincias de Chuquisaca, Potosí, Oruro, Tarija, Santa Cruz… Aquí reciben formación en la Rama Humanística y en la, ahora tan apreciada, Rama Técnica o Alternativa.

Por eso, éste es un día especial para vosotras, aunque sé que no queréis mayores homenajes ni consideraciones. Me atrevo a pediros que hoy y siempre os dejéis querer por quienes apreciamos y agradecemos los desvelos de estos cincuenta años. En realidad, hoy representáis a todos aquéllos, hombres y mujeres de buena voluntad, bolivianos y extranjeros que, también con errores y limitaciones, están empeñados en transmitir otros sueños, los de Dios, a quienes desde su libertad quieran aceptarlos y vivirlos.

Mi amiguito, el del mensaje en el celular, me hizo pensar que sólo hay una fuerza, divina y humana, para alcanzar grandes y humildes metas: la bondad. Aunque sea hoy una palabra sospechosa. De ella nacen la honradez, la sensatez, la integridad, el buen humor…

- Gracias, Cruzadas Evangélicas, por ser buenas.

María Juliana, Felipa, Gabriela y Josefina

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El Diario Montañes

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