El Defensor del Pueblo y la Pastoral de Movilidad Humana, revelan que en los últimos años ascendió a cerca de tres millones el número de migrantes bolivianos, de los cuales el 70 por ciento tiene rostro femenino, causando la transnacionalización de la familia.
Para el 2005 el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estimó que las cifras de remesas a América Latina ascenderían a 55 millones de dólares, 10 mil millones más que durante el 2004 y casi el doble que el 2002. En el caso específico de Bolivia las remesas aumentaron, entre el 2001 y el 2006, en 103 a 880 millones de dólares.
En los últimos cinco años se registró un incremento considerable en el número de migrantes latinoamericanos y caribeños. Cerca de 25 millones de personas han emigrado de sus países de origen en América Latina.
España ha ocupado siempre el primer lugar en cuanto a los destinos preferidos por los bolivianos. Le sigue Brasil, Argentina, México, Estados Unidos, Italia y el resto de Europa.
Las dos instituciones antes señaladas se esfuerzan en cumplir su compromiso de trabajar de manera conjunta y aunar esfuerzos para la protección de migrantes, refugiados y víctimas de trata y tráfico de personas. Están preocupadas por la situación de los migrantes que dejan sus lugares de origen, desplazándose dentro y fuera del país en busca de mejores oportunidades con el riesgo de ser víctimas de abusos y maltratos.
El Defensor del Pueblo indica que en los últimos años se feminizó la migración alcanzando un grado que debe preocupar a las autoridades nacionales. Del total de migrantes -casi tres millones de bolivianos- el 70 por ciento son mujeres, madres de familia, que abandonan su país y dejan a sus hijos con los familiares, acrecentando la desintegración de la familia.
Mientras la madre está en Madrid, Barcelona, Roma, Buenos Aires o Río de Janeiro, trabajando como empleada doméstica, el padre está en Santa Cruz y los hijos en otras ciudades.
En ese contexto los migrantes bolivianos enfrentan una serie de dificultades derivadas del racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia que se expresan en gestos de discriminación de diverso cuño, así como también en abusos, violencia y engaños en el caso de la trata de personas, y en amenazas a la integridad física.
Estos hechos se combinan y entrecruzan según el sexo, el origen étnico, la nacionalidad, la edad, la inserción laboral, los medios empleados para migrar o la situación jurídica de los migrantes.
La migración de bolivianos y bolivianas hacia otros países genera múltiples y diversas consecuencias tanto en la familia (desintegración) como en la sociedad y resulta muy difícil decidir si el balance total es positivo o negativo, enfatizó el Defensor del Pueblo.
(Fuente: Diario Correo del Sur)
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