La semana que cambió al mundo

Permítanme compartir con ustedes el último EDITORIAL publicado en www.infodecom.net, la más leída de las páginas eclesiales de Bolivia, en la que colaboro con crónicas desde Sucre. Creo que su planteamiento coincide con la realidad de otras latitudes.

___________________________

Designar a la Semana Santa como la semana que cambió al mundo -expresión que tanto le gusta a uno de nuestros Prelados- es introducirse en un prudente proceso de reflexión, a propósito de cuanto nos rodea.

Porque necesariamente, desde nuestro ser cristiano católico, destilamos la íntima seguridad de que la Resurrección de Jesucristo -que tuvo como antesala un lamentable proceso lleno de ambigüedades y mentiras y que culminó con su muerte en la Cruz- nos ganó una nueva visión de la vida, un nuevo estilo de afrontar la penosa realidad que, tarde o temprano, nos salpica, nos zarandea y nos complica la existencia.

Pero una gran parte de nuestros contemporáneos, especialmente quienes peor lo están pasando por sus dificultades económicas, o por la enfermedad que llega sin avisar, o por los conflictos familiares de todo tipo, quisieran corregir el título que motiva estas líneas. Dirían además, no sin razón, que el mundo sigue igual de mal que ayer y no tiene intención de mejorar mañana. Que si el siglo XX fue pródigo en guerras y holocaustos malditos, no hubo siglos anteriores que resultaran menos nocivos para la humanidad. Y este siglo XXI transita por similares derroteros.

Dirían, aterrizando en el escenario boliviano, que nuestro entorno no es precisamente un llamado a la tranquilidad. Se suceden las peleas por límites departamentales o tenencia de campos gasíferos. Los profesionales de la medicina mantienen un serio pulso con el Gobierno en reclamo de sus reivindicaciones. La inseguridad ciudadana provoca miedos en la población y gritos enardecidos a favor de ese disparate que es la pena de muerte. El narcotráfico termina con la inocencia de adolescentes y jóvenes, además de destruir familias enteras y afrentar el medio ambiente.

Dirían que se prodiga la división entre hermanos bolivianos. Que se busca más la confrontación que el diálogo y la reconciliación. Que se pasan facturas muy infladas por pensar de maneras distintas. Que nuestros gobernantes entienden -y así lo manifiestan sin reparos- que ya es hora de que la Iglesia asuma sólo el quehacer espiritual y deje de inmiscuirse en urgencias a ras de tierra.

Llegó esta Semana Santa y quizá nos ha sorprendido con el semblante -medio irónico, medio desencantando- de quien piensa que las cosas no pueden ir a mejor. Difícil actitud ésta para entonar salmos de confianza y canticos de esperanza.

Por eso nuestro reto como creyentes católicos se ha convertido en ardua tarea: desenmascarar mentiras e intimidaciones, prevenir futuros comportamientos antisociales y actitudes violentas en la educación de nuestros niños y jóvenes, atender fríos y hambres, acercar a los contrarios, pedir la rehabilitación -más que la condena- de los malos ciudadanos, procurar la salud de tantos…

Hacer todo eso -y más- y vivir por ello, es hacer efectiva la Resurrección del Señor. Es alcanzar la nueva visión de la vida y el nuevo estilo para afrontar la penosa realidad. Es comprometerse, como opción preferencial de la Iglesia, por los más desfavorecidos.

Sabemos que las muchas y variadas ideologías que marcaron los ritmos de las civilizaciones han fracasado. El Papa Benedicto XVI lo ilustró en su pasado viaje a Cuba comentando sobre la inutilidad del marxismo o del capitalismo salvaje. En el mismo saco no podemos meter nuestra Fe cristiana, aunque muchos así lo intenten. Si es verdad que seguimos a una Persona y no a una ideología, debemos tener claro que nuestros afanes de hoy se revestirán de plenitud en el Reino futuro. En el encuentro festivo con la dimensión personal y triunfante del Resucitado.

Es el “ya sí, pero todavía no” que garantiza esos sudores de hoy. Sudores sobrellevados con Fe y Esperanza, y con el bálsamo de la Caridad. A lo largo de la historia  cristiana, sólo las recias virtudes de los grandes hombres y mujeres, les consiguieron el ánimo y la alegría suficientes para poder superar dificultades y fracasos y atreverse a intentarlo una y otra vez.

Y todo ello con la mirada puesta en el cielo y las botas bien clavadas en la tierra. Aunque esto les pese a nuestros gobernantes.

Así que el Monseñor tiene razón: es la Semana que cambió al mundo. Vivámosla buceando en sus múltiples significados para llenar de sentido nuestra vida.

¡¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN A TODOS NUESTROS LECTORES Y COLABORADORES !!

[poemas-romanticos.info]

Una imagen entrañable

En la pasada inauguración de la Gestión 2012 en el colegio y hogar-internado El Cortijo, allá a principios de Febrero, pude captar una imagen entrañable en el grupo de padres que nos acompañaban. La tienen al pie de estas líneas.

Es costumbre que los bebecitos vayan sobre la espalda de sus mamás dentro del bien conocido aguayo. De origen aimara (procedente de la región del lago Titicaca, entre el Perú y Bolivia), en Argentina y Bolivia es una pieza rectangular de lana de vivos colores, que las mujeres utilizan como complemento de su vestidura, y para llevar a los niños o cargar algunas cosas (Diccionario de la Real Academia Española).

Impresiona ver cómo estas buenas mujeres manejan su aguayo. Lo extienden en el suelo, colocan encima a su pequeño y después, cogiéndolo hábilmente, lo alzan sobre la espalda en un movimiento rápido y seguro. Me da miedo pensar qué pasaría si yo tuviera que hacer esa cabriola en el aire… ¡pobre niño!

Un poco me recuerda al famoso cuévano niñero de nuestras tierras pasiegas cántabras. Allá por San Pedro del Romeral, en mi primer año de párroco, conocí esta ancestral costumbre. Diríase que se dan, en lugares distantes y culturas distintas, parecidas tradiciones.

Lo mismo ocurre con las mochilas sobre la espalda en las que llevamos de todo. Así podemos disponer de libertad en nuestros brazos y manos.

El niño duerme plácidamente. Bajo sus cabellitos revueltos se siente seguro y cálido. El ligero y cuidadoso vaivén de su mamá, al andar por las duras quebradas -que no faltan en estas tierras- se convierte en dulce danza que acuna sueños y dispara sonrisas.

Feliz niño a quien no le falta una mamá… ¡y un aguayo!

¿Pena de muerte?

Asistimos estos días a una grave escalada de marchas, paros y bloqueos de caminos y carreteras en todo el país, motivada por diferentes reivindicaciones sociales. Desde controversias por límites geográficos departamentales hasta requerimientos de los médicos o las víctimas de pasadas dictaduras.

El Gobierno prueba así su propia medicina, pues fueron los bloqueos el medio más utilizado por el actual Presidente, cuando formaba parte de la oposición, para dar a conocer sus constantes reclamaciones.

Pero una de las preocupaciones mayúsculas de la población tiene que ver con la inseguridad ciudadana. En urbes como Santa Cruz, Cochabamba o El Alto, resulta peligroso aventurarse por ciertos barrios debido al miedo a ser asaltado por los antisociales, como aquí se dice. Llevar dinero o un teléfono celular es suficiente razón no sólo para que los roben sino incluso para poner en riesgo la propia vida. Y si el sufrido peatón, sea joven o adulto, no lleva algo de valor, también ello es motivo para jugarse la vida.

No faltan los asaltos a domicilios, tiendas o instituciones. Nada ni nadie se libra de esta plaga. Incluso, en zonas céntricas a mediodía o suficientemente iluminadas de noche.

Es particular el caso de El Alto, la ciudad populosa situada a pocos minutos de la Sede de Gobierno, La Paz. Los taxistas temen a los llamados cogoteros. Asaltan dentro de los vehículos con el agravante de que degüellan a sus víctimas para no dejar testigos.

Tal es la indignación de muchos ante esta situación que se ha impuesto en algunos casos la mal llamada justicia comunitaria. En seguida están adivinando los lectores que se trata de tomarse la justicia por propia mano. Así que en El Alto, los antisociales sorprendidos infraganti bien pueden ser apaleados y hasta quemados vivos. Es como decir: es la hora de la venganza. Y el riesgo está en que suelen morir justos por pecadores. Llevados de instintos primitivos, la violencia sólo engendra más violencia.

Subrayo un caso cercano a Sucre. En Quila Quila, comunidad chuquisaqueña, robaron en su capillita. Los comunarios (vecinos) apresaron a los autores, los maniataron y después de un par de días de desconocer qué paso en dicho lugar, la policía descubrió sus cadáveres, enterrados a la vera del templito. La irritación fue general: está mal robar, pero peor es el vil asesinato.

La justicia comunitaria es una medida ancestral, practicada sobre todo en el mundo rural. Figura jurídica reglamentada por las leyes que en ningún caso contempla la condena a muerte.

Sin embargo, tal es la rabia de muchos ante asaltos y asesinatos que se han alzado voces pidiendo la pena de muerte. Exigencia ésta absolutamente anticonstitucional. Es curioso: mientras en la mayoría de los países se exige su abolición, por considerarla inhumana e ineficaz, un gran número de ciudadanos la piden a gritos por nuestras calles. Esto da idea del cansancio a que está sometida la población.

La Iglesia ha salido al paso en seguida defendiendo el primer derecho humano, el más básico: la vida. Y reclamando medidas preventivas eficaces. Desde programas extensos de educación en valores en escuelas y colegios hasta una mejor calidad de las cárceles para que sean rehabilitadoras y no nido de futuros y reincidentes delincuentes.

Así están las cosas. Claro que lo que hoy se grita por estos lares, mañana o pasado ya parece que se ha olvidado. Desde luego en esto de la pena de muerte, mejor que mejor. Mejor que se olvide. Al fin y al cabo pienso que la vida siempre se abrirá paso.

¿Qué decir de esa otra condena a muerte, a seres inocentes, que es el flagelo del aborto?

NO y NUNCA a la pena de muerte. A cualquier tipo de pena de muerte.

[Fuente: altoestadodeinconsciencia.blogspot.com]

Una carta que circula por la Red

Hoy traigo a esta ventana uno de esos muchos textos que circulan por la Red. Es fácil que los lectores se hayan topado con él en alguno de los variados Power Points que recibimos diariamente.

No puedo asegurar su veracidad. Pero sí su verdad de fondo. No dudo de que lo que relata su autor es tristemente real.

Se trata de la carta de un sacerdote católico, religioso Salesiano, al periódico americano New York Times, bien conocido por su gran “interés” en airear los pecados de los miembros de la Iglesia Católica. En especial los referidos a los abusos cometidos por el clero.

Ya es lindo leer sus líneas de presentación, su “sentirse feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero”.

El P. Martín -así firma la carta- continúa: “…me da un gran dolor por el profundo mal que personas, que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos…”

“Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo”. No duda, nuestro autor, de que existen presentaciones periodísticas “ponderadas y equilibradas”.

Y añade el gran reto que alimenta su carta: “¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo!…”

“…pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas…”

“…que haya tenido que enterrar decenas de pequeños, fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en México mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años a más de 110.000 niños…”

Me estremece tanto su testimonio, que lo copio literal:

“…no es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU…”

“…no es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina…”

“…que otros sacerdotes, como el P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio…”

Ciertamente, “…no es noticia que más de 60.000, de los 400.000 sacerdotes y religiosos, hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o, sobre todo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar”.

 Y para que quede clara la actitud de los hermanos sacerdotes que trabajan en el ya descristianizado Primer Mundo, añade el P. Martín: “No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías, consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve”.

Termina su escrito indicando algo muy auténtico: “El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir a sus hermanos. Tiene miserias, pobrezas y fragilidades como cada ser humano; y también belleza y bondad como cada criatura…”

Gracias, P. Martín, por su hermoso testimonio. Es tan transparente que cualquier comentario creo que lo estropearía.

“Sólo le pido, amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión”.

 (Fuente: P. Martín Lasarte, sdb)

(Fuente: elmundo.es)

2012, la aventura continúa

Artículo publicado en Correo del Sur, diario de Sucre:

___________________________

- Bueno, chaval, es hora ya de volver a casa con tus padres. Y con tu flamante título de Bachiller.

Estoy seguro de que recuerdas nuestra última y rápida conversación. Terminaba una ajetreada jornada de clausura en el colegio del hogar-internado. Era el siempre difícil momento de la despedida, cuando nos parece que faltan las palabras oportunas.

- Gracias por todo, padre… Le voy a estar llamando siempre.

Así te expresaste. Como queriendo alargar en el tiempo tantas vivencias forjadas al lado de tus educadores a lo largo de este añejo 2011.

Quisiéramos no cortar el hilo telefónico. No interrumpir las mil pláticas, unas serias y otras jocosas, que nos atrevimos a compartir. No frustrar el empeño en correr raudo por la cancha en busca de un gol merecedor de cálidos aplausos. No borrar de la pizarra de clase el frenético baile de números y palabras que nos llenan de conocimientos. No apagar el cirio encendido sobre el altar en la capilla, testimonio vivo del encuentro con el misterio de Papá-Dios que ilumina los rincones sombríos de nuestra existencia.

Los jóvenes bachilleres no habéis tenido reparo en proclamar a los cuatro vientos, en las últimas semanas del curso, vuestro deseo de prolongar, dilatar sin término, tanta amistad. Esos nombres curiosos que elegís para vuestras promociones nos hablan de la pasión por estar siempre juntos en busca de un sinfín de sueños. Pero, como os he dicho alguna vez, la vida se encargará de zarandearnos, de complicarnos, de alejarnos, de interesarnos por otras personas y otras realidades. Entonces, los más valientes, los más enteros, sabrán seguir construyendo lazos en la distancia.

- Quizá sólo me queda decirte: ¡adelante!… la aventura continúa.

Nunca he sido diestro para las despedidas. Mientras te alejabas en busca de tu familia pensé en tantas cosas que quisiera haberte dicho. Todo eso que es en nosotros, educadores, digno patrimonio para compartir con las chicas y los chicos.

Es cierto. La aventura continúa, ahora en el fino y atento cuidado de tus relaciones familiares. Más allá de las frustraciones vividas estos años, de las deserciones que te hicieron sufrir, siéntete constructor y protagonista de sanos encuentros con los tuyos. Aprendiste con nosotros a trenzar sinceros deseos de ayuda y reconciliación.

La aventura continúa, también ahora en otros ambientes y con otros compañeros y compañeras de estudio o trabajo. Aventura abierta a nuevos conocimientos y habilidades. A nuevos proyectos y afectos. Aprendiste con nosotros el valor del esfuerzo y la disciplina. Del delicado equilibrio que teje saludables amistades y fecundos enamoramientos.

La aventura continúa, ahora en la guarda amorosa de cuanto nos rodea. En tu natural inclinación por la bondad y la belleza, encontrarás habilidades para conservar y mejorar este lindo planeta azul que has heredado. Aprendiste con nosotros gestos tan sencillos y comprometedores como el de no botar basura al suelo.

La aventura continúa, sobre todo en tu mirada serena y solidaria a este mundo que sufre penurias y calamidades sin cuento. Que tu preparación profesional te facilite el proteger y cuidar a tanto excluido y desheredado que habitan en nuestro entorno y más allá de nuestras fronteras. Incluso, dedicando algunos años de tu vida a ir a su encuentro. Aprendiste con nosotros el arte de la generosidad y del desprendimiento.

La aventura continúa, también ahora enriqueciendo los resortes del espíritu. Que no se agote tu camino en lo material e inmediato. Llevas dentro de ti un gran tesoro que quiere emerger a tu consciencia: pensamientos, reflexiones, intuiciones, que te harán descubrir nuevos horizontes apenas transitados por los indolentes y conformistas. Aprendiste con nosotros los rudimentos de la Fe, el lenguaje de la oración, el deber de la caridad y la cercanía al Dios-Amor que habita en tu corazón.

La aventura continúa, de igual forma para los educadores, en la gozosa y humilde  aceptación de seguir creciendo junto a nuestros adolescentes, tal y como subrayó algún artículo anterior de esta columna.

Permíteme, querido chaval, una última consideración: el nuevo año es una desafiante promesa para tu juventud, recién estrenada. Aprovéchala al máximo. Sé honesto y sencillo. Amigo y confidente. Tolerante y pacífico. Respetuoso con la vida y con toda vida. Forjador de sueños y sonrisas.

2012 es tu aventura. La aventura que continúa.

[Fuente: portugal.pordescubrir.com]

JUVENAL

Permítanme que comience el año con un nombre propio. Aparecen de vez en cuando en estas páginas, aspectos significativos de la vida de personas concretas. Permítanme también que, por respeto a esas personas, utilice a veces nombres ficticios.

Las personas son lo más importante. Un blog se puede alimentar con opiniones propias sobre lo divino y lo humano, con estadísticas engorrosas, con cuestiones relativas a la crisis económica y subida de impuestos, con portentosas gestas o virulentos fracasos habidos en el mundo del deporte, con ofertas mil para mejorar nuestra salud o belleza, con chascarrillos… Y todo eso interesa sólo en la medida en que afecta a personas, y personas concretas con nombre y apellidos.

Sí, las personas son lo más importante.

Juvenal acude a nuestro hogar-internado El Cortijo, ya bien conocido por los lectores. En 2012 cursará su segundo año de Bachiller o sexto de Secundaria, según la nomenclatura utilizada en la actual Ley Educativa boliviana. Natural de un importante centro minero del Departamento de Potosí (recuerden esa expresión tan española de: vale más que un potosí…), ha cumplido ya dos gestiones en este colegio.

Por cierto, en Bolivia distinguimos bien lo de “escuela” y “colegio”. El primer término corresponde a la Primaria y el segundo a la Secundaria. Ambos abarcan 6 cursos o gestiones.

Antes de llegar al Cortijo, Juvenal flirteó con el mundo de las pandillas. Es el mundo de los adolescentes y jóvenes, chicos y chicas -a veces también niños-, que deciden vivir agrupados, de manera ocasional o permanente, en situación de marginación y delincuencia. Detrás de cada uno de estos muchachos y muchachas se dibuja siempre toda una complicada historia de desestructura familiar, penuria económica, abusos de todo tipo, hiriente soledad…

Sobre todo en el varón existe una fuerte inclinación a formar parte de pandillas, por aquello del riesgo, de la aventura, del probar todo y nada. La violencia, en sus diversas manifestaciones, desde la pelea callejera hasta el asalto a mano armada, debe excitar, seguro, algún químico del cuerpo que transforme a la persona en un ser distinto, atrevido, desinhibido, sin límites ni fronteras. Si a esto añadimos el uso y abuso de alcohol y estupefacientes, tendremos un panorama, a la postre, desolador.

Recuerdo cómo algún otro chico, que ya nos dejó, me relataba lo que aprendió en una pandilla de Sucre y, a pesar de los buenos consejos de su papá y de haber abandonado ciertas prácticas nada aconsejables, manifestaba sin reparo su necesidad ¿compulsiva? de volver a ellas.

Me parece un tema interesante para que un experto profesional nos explicara estos complicados mecanismos de nuestra sicología.

Juvenal encontró en nosotros un mundo distinto. Otro camino. Y el relato de sus aventurillas nos hizo ver que sólo tuvo un cierto apego, a veces fuerte, a esta realidad que comentamos de los violentos. Nos hizo pensar que, aún habiendo detrás una familia acogedora, con las limitaciones propias de todo grupo humano, la incitación por los lances pandilleros es grande. Incitación en la que muchos muchachos pueden sucumbir en momentos de debilidad, esos que tanto abundan en nuestros adolescentes.

No faltan, ustedes saben, ocasiones en que la incomprensión, los complejos, la excesiva responsabilidad, los desprecios, hacen mella en los jóvenes. Y el resultado puede ser explosivo.

Parece que el orden, la disciplina, la normalidad de un hogar, tal y como se procura vivir en el internado, afectó en positivo al carácter de Juvenal. El ambiente distendido y alegre que se intenta prodigar -no siempre es fácil- hizo reflexivo y paciente a este muchacho. Apenas surgieron quejas u observaciones por parte de los docentes del colegio o de los responsables del centro.

Como sacerdote, debo decir que asumió como valor importante su dimensión religiosa, aprendida en los años de infancia. Necesitó con frecuencia dialogar su experiencia en el Sacramento de la Penitencia y solicitó celebrar su Primera Comunión.

Ya conocen los lectores mi insistencia en el diálogo y la escucha. En ellos encuentro las mejores  herramientas para educar. Lamento siempre el “miedo” o la “indiferencia” de muchos ante ese gesto dialogante que es la confesión sacramental católica. No experimento un remedio mejor para muchas angustias, para muchos interrogantes, para muchas deserciones… El Sacramento de la Penitencia es el cálido acompañamiento que Dios ha querido. Acompañamiento al que también nos acercamos los pastores. Acompañamiento que se convierte en caricia de Él para quienes nos sentimos, en tantas ocasiones, inclinados a las propias limitaciones e incoherencias.

Han sido varias las oportunidades en que Juvenal me ha manifestado su intención vocacional hacia el sacerdocio. No he dudado en invitarle al cursillo vocacional que tendremos a finales de Enero en el Seminario San Cristóbal de Sucre.

¿Qué será de este chaval? ¿Cuál será el futuro de Juvenal y de tantos chicos que se acercan a nuestra realidad de educadores? ¿Qué hará la vida con los muchachos más implicados en el desorden y la violencia de las pandillas?

Le pido a Dios que les vaya mostrando otros caminos…

[Fuente: Alejandro Machuca]

En el corazón de la Navidad, hoy es un día especial…

…y en este día especial retomo la andadura del blog. Han pasado varias semanas de silencio, cosa típica en este bloguero (¿se dice así?) que en los últimos tiempos escribe de vez en cuando. Como siempre prometo (y nunca cumplo), intentaré corregirme.

¿Por qué es un día especial? La liturgia católica de este tiempo de Navidad, recuerda a los Santos Inocentes, mártires. Y no me refiero a las bromas o inocentadas que hayamos podido provocar o sufrir en esta jornada. Por cierto, que apenas he sido testigo de alguna… ¿seré tan inocente que no me haya dado cuenta?

Es un día especial porque aquellos pobres bebecitos que ordenó matar el reyezuelo Herodes, bien bellaco y cobarde él, para deshacerse del bebé Jesús, prometido en el Antiguo Testamento como Rey de los judíos, son hoy imagen nítida de tantos niños y niñas condenados a sufrir la violencia o la muerte de este complicado mundo.

No es cosa que no sepamos. No es cosa de la que no seamos testigos en muchas sobremesas delante de los informativos de televisión. Y no es cosa de la que podamos sentirnos indiferentes.

En Bolivia lo tenemos más cerca de lo que nos pueda ofrecer la televisión. Pongo sólo un ejemplo, bien significativo. Fíjense ustedes: en el pasado Noviembre nos sorprendió la noticia tremenda de que en sólo tres meses, entre Julio y Septiembre del presente año, 75 menores de edad fueron reportados como desaparecidos en Sucre. De ellos sólo 38 aparecieron y del resto no se sabe su paradero. Lo que motiva a imaginar posibles víctimas de trata y tráfico de personas.

¿Qué será de estos niños y niñas, menores de 16 años? ¿Bajo qué garras de los actuales Herodes habrán sucumbido?

Y es cierto que por nuestras calles y carreteras van y vienen hartos menores, sin compañía de algún familiar, y lo más fácil es engañarles para raptarles y conseguir viles fines que preferimos no imaginar.

Ya sé que habrá lectores que se pregunten qué podemos hacer. Entiendo que en la desarrollada España (y digo desarrollada a pesar de la galopante crisis que sufre) es más difícil vivir cerca estas cosas. Bien, pensemos, por ejemplo, qué importancia, qué trato, damos a nuestra infancia. Porque es el mayor y mejor tesoro que tenemos. Me refiero a esos niños que viven a nuestro lado: hijos, nietos, sobrinos, vecinos, …

Nuestros pequeños necesitan atención y cariño. No sobreprotección que les impida un crecimiento normal. No se trata de darles todos los caprichos. Quizá lo más importante, como pasa con los adultos, sería “escucharles”… Y cuando nos cuenten su batallita (eso ocurre también con los abuelos), estemos atentos a ella como si fuera lo más importante del mundo. Y es que lo es.

Bueno, ya seguiremos con todo esto y más. Les dejo la tarjeta de felicitación para esta Navidad y para el año nuevo. Tiene que ver con lo comentado en este post.

FELIZ NAVIDAD Y VENTUROSO AÑO 2012.

País de “angelitos”

Antes de que termine Noviembre, permítanme hacer referencia a ese recuerdo anual que tenemos por nuestros difuntos en estas fechas.

Ya sé que muchos de ustedes habrán ido al cementerio en los primeros días del mes y allí, con harto cariño, se han afanado en limpiar las lápidas, poner bonitas flores y rezar una oración. Estoy seguro de que han sido jornadas en que nos hemos sentido más creyentes… La muerte, queramos o no, es siempre aleccionadora.

Si desean mis lectores recordar o informarse sobre las curiosas costumbres que tenemos en Bolivia, en este recuerdo de los familiares y amigos difuntos, les invito a leer los artículos publicados en 2009: concretamente en fechas 10 y 30 de Noviembre.

La creencia fundamental está en el retorno de las almitas. Es decir, los difuntos nos visitan para compartir con nosotros, incluso, la comida y bebida que más les satisfizo en vida. Creencia ésta teñida, dirán ustedes, de fantasía y superstición. De fe demasiado infantil. Pero cuando un pueblo vive de tradiciones ancestrales, heredadas desde mucho antes de la colonización española, y esas costumbres han modelado caracteres y orientado a generaciones, será mejor que las cubramos con un paño de respeto y consideración.

En este año me correspondió celebrar una Eucaristía en el cementerio de Yotala el pasado día 2. Localidad ésta ya bien conocida por los lectores del blog. La costumbre es nombrar, uno a uno, a un montón de difuntos. Prácticamente a todos los que reposan en el camposanto. Pueden imaginarse unas cuantas páginas rebosantes de nombres y más nombres. El celebrante solicita la ayuda de varios jóvenes y entre todos se reparten la lectura de tan ardua lista.

Recuerdo que en la homilía insistí en la idea de que los nombres de esas mujeres y hombres, esos niños y ancianos, esos jóvenes, que aparecen en el papel, están inscritos sobre todo en el corazón de Dios. Porque ése es su auténtico destino.

Al terminar la celebración unos vecinos me mostraban las pequeñas tumbas de los niños. Hartas hay en un país donde la mortalidad infantil ha sido, y sigue siendo, considerable. A estos pequeños se les llama angelitos. Me pareció una muy acertada denominación.

Acompaño imágenes de algunas tumbas de angelitos y de un curioso pabellón de nichos.

En los días que restan de Noviembre, no dejemos de seguir rezando cariñosamente por nuestros difuntos.

Se busca papá

Artículo publicado en Correo del Sur, diario de Sucre:

______________________________

Es curioso: uno puede vivir durante varios meses cerca de alguien y es al cabo de ese tiempo cuando llega a conocer sus verdaderas circunstancias.

Algo parecido me ha pasado contigo. Lamento mi torpeza. Sé que, como educador, mi tarea primordial es conocer los hilos que forman el entramado de vuestra vida. Lo contrario es caer en el desinterés y la trivialidad.

Eres uno de los chicos más jóvenes del Centro -eres todavía un niño- y llegaste a nosotros en el comienzo de esta gestión. En seguida captamos tu cándida y risueña mirada. Llevas contigo todo lo que hace noble tu edad: la fragilidad de quien no tiene poder, la perplejidad de quien descubre cada día los tesoros de la vida, la inocencia de quien nunca ve maldad a su alrededor.

Los responsables del internado me contaron hace poco tu historia. Una de esas muchas historias que nos interrogan y que nos fuerzan a descubrir, en medio de sinsabores y penalidades, el sentido más profundo del pasado para así poder organizar el futuro.

Mamá murió al poco tiempo de tu nacimiento. Una dura enfermedad se cebó con ella. Pasados unos meses, papá decidió emigrar a otro país en busca de mejor suerte. Fue una tía mayor, fuerte y generosa, quien accedió a cuidarte y protegerte. Lo ha hecho hasta el día de hoy en que, por su edad y sus dificultades económicas, tomó la decisión de solicitar nuestra ayuda e ingresarte en el internado. Muy de vez en cuando, en fin de semana, puedes viajar a tu distante comunidad. Esa buena mujer, tu única familia, se las arregla como puede para que no te falte tu ropita y unos pocos pesitos: para el pasaje, para tu recreo diario, para…

Estamos a la espera de que nuestro programa de padrinos nos facilite alguien generoso que quiera hacerse cargo del pago de la pensión mensual. Lo mismo esperamos para muchos de tus compañeros.

De papá nada sabes. Tu último y añejo recuerdo se remonta a tiempo atrás. Alguna carta sin remite y un par de fotos de él son toda tu memoria. Después, la indiferencia. Cualquier pista, cualquier suposición, se pierden en el silencio de la distancia. ¿A quién acudir? ¿A quién preguntar?

Soy incapaz de imaginar con certeza qué extraña incertidumbre, qué sentimiento de abandono, habita tu corazón sorprendido de niño. Sólo el cariño y las atenciones diarias de quienes hoy te acompañamos, aquí y en tu comunidad, pueden compensar un poquito la carencia de unos padres solícitos, entregados a la causa de forjar un futuro para ti.

Tampoco entiendo qué lenguaje albergarán las entrañas de quien abandona a un hijo. A un niño como tú. Triste suerte padecerá quien se niegue a compartir tus juegos, a responder a tus preguntas, a corregirte paciente cuando te equivoques, a contarte un cuento en noches estrelladas… A rezar contigo y enseñarte las palabras de Papá-Dios.

Tu experiencia, tu dura realidad, me interroga sobre a dónde camina una sociedad, una cultura, cuando hacen agua los primeros cimientos. Cuando la familia, esa célula fundamental y necesaria para el progreso de la persona, se rompe, se resquebraja. Cuando el cariño de papá se torna en alejamiento y mudez.

Será difícil que vosotros, niños heridos por el desamor, podáis desplegar en la edad adulta todas las capacidades que nos hacen humanos: alegría, responsabilidad y esfuerzo para desarrollar el entorno, diálogo amable, donación… Es triste pensar que quizá repitáis los mismos errores de vuestros padres.

Sí, se busca papá. Un papá que aún está a tiempo para cumplir su insigne misión. Un papá que, aunque no lo crea, será recibido con los brazos abiertos por alguien que todavía es un niño.

Y usted, amigo lector, ayúdenos a buscar a este papá.

[Fuente imagen: mentecuantica.com]

Las flores y pajaritos del TIPNIS

Remito a mis lectores al post del pasado 29 de Septiembre, a propósito del conflicto del TIPNIS (Territorio Indígena del Parque Natural Isiboro Sécure)

Después de un sinfín de peripecias vividas desde que los indígenas partieron de Trinidad, capital del Departamento del Beni, allá a mediados de Agosto, por fin arribaron a la Sede de Gobierno, La Paz, el día miércoles, 19 de Octubre.

Por el camino quedaron fríos y calores, hambres y fiebres, ampollas y mil picaduras de insectos. Lo peor que quedó por el camino fue la carga policial del 25 de Septiembre: la que se llevó por delante esa dignidad que tenemos las personas cuando no se respetan los derechos humanos, de los que tantos políticos hablan como si les fuera la vida en ello.

Los indígenas del TIPNIS entraron en La Paz como héroes. Fue grande el recibimiento de la población paceña. En la Plaza San Francisco, en el mismo corazón de la ciudad, se organizó una gran bienvenida. También una solemne Eucaristía oficiada por los obispos de La Paz y El Alto. Y es que no puede faltar por estas tierras la dimensión religiosa para todo: para la fiesta y para el cementerio…

Mientras, el Palacio de Gobierno, con las puertas cerradas, negó su propia bienvenida a los cansados marchistas. Fueron necesarias horas y hasta una gasificación de la policía a los indígenas que “osaron” aposentarse en Plaza Murillo, frente al Palacio, para ser recibidos por el Presidente.

Por fin, este pasado día lunes los periódicos anunciaban el acuerdo entre indígenas y Gobierno: la Ley del TIPNIS, como se ha llamado, asegura que ninguna carretera se construirá en el Parque. Curiosamente, esta Ley establece que el territorio TIPNIS es “intangible” (según el Diccionario, que no debe o no puede tocarse)

No falta ahora más polémica. ¿Qué supone en la práctica esta denominación de intangible? ¿Qué consecuencias traerá para la economía de la zona? Además, los movimientos sociales favorables al Gobierno, en especial las federaciones de cocaleros, denuncian el contenido de la Ley y promoverán acciones para llegar a construir la dichosa carretera. O sea, la porfía sigue servida.

La Ley del TIPNIS fue recibida por los indígenas de la marcha con fundadas suspicacias. Tienen la sensación de que el Presidente dio el brazo a torcer, en contra de su auténtica voluntad y presionado por las circunstancias. A partir de ahora, todo es posible.

Definitivamente, este Gobierno no ha sabido administrar un buen trato, el mejor, con los suyos, con los indígenas. Ellos fueron quienes le alzaron al poder. Durante las semanas de cansina marcha, pidieron repetidamente la presencia de D. Evo. La respuesta, siempre fría, supuso un culpabilizar a los dirigentes como aliados de poderes foráneos, o sea, norteamericanos. El Imperio es la gran obsesión del Presidente.

Meses atrás, artículos atrás, eché en falta un Presidente que supiera ponerse a la altura del pueblo y de sus necesidades. Dialogador… y sonriente. Desenfadado… y cariñoso. Cercano. Al estilo de ese tipo de personas con las que uno está a gusto. Imagino que de haber tenido tal bonito talante, hasta es posible que hubiera convencido a todo el TIPNIS, incluidos flores y pajaritos, de la necesidad de esa carretera.

¿Habrá sido ésta otra oportunidad perdida para acercar posturas y crear entendimiento y diálogo? Bolivia sigue siendo un país dividido y polarizado.

¿Quién -ecuánime, prudente y simpático- será capaz de hermanar realmente a este acogedor y noble pueblo?

(Imágenes: Galería de Mery Condori Charca)

El Diario Montañes

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.