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SORTEO Disney Live! Mickey's Music festival

Puede que los que me lean habitualmente hayan empezado a sospechar que en mi casa somos un poco “disneyadictos”. Yo voy dejando pistas sutiles (como una guía de Disneyland Paris más larga que un día sin pan, por ejemplo, o esas noticias que comparto en el perfil del blog en Facebook sobre los avances del casting de La Bella y La Bestia, ejem). Así que no será una sorpresa si os digo que ya hace un mes que tenemos las entradas para ir a ver el espectáculo Disney Live! Mickey’s Music Festival, que hace parada en Santander durante su gira por la península.

Disney Live! Mickey’s Music Festival es una aventura familiar producida por Feld Entertainment y coproducida por la empresa española Proactiv. A través de distintos estilos musicales (Hip Hop, Pop, Swing, Reggae, Rock y Country) el público podrá disfrutar y cantar las versiones de las canciones más conocidas de La Sirenita, Aladdín y Toy Story. Junto con Mickey y Minnie Mouse, Donald y Goofy, Ariel, Sebastián, Úrsula, Jasmín, Aladdín y el Genio, Woody, Buzz y Jessie los espectadores podrán vibrar recordando con 25 estrellas Disney las mejores historias de todos los tiempos.

 

 

 

El viaje musical empieza de la mano de Mickey Mouse, transportados a un nuevo mundo de movimientos de Hip Hop, acrobacias vertiginosas, alfombras voladoras y transformaciones mágicas con Aladdín, Jasmín y el Genio.

 

 

 

Bajo el agua, el público se encontrará con Ariel, Sebastián y sus amigos acuáticos para bailar a ritmo de Reggae, y moverá el esqueleto mientras Woody, Buzz y Jessie les enseñan a bailar al estilo rodeo. Todos podrán convertirse en uno más de la pandilla mientras caen globos gigantes del techo.

 

 

 

 

Las mejores historias Disney se combinan en este show con algunas de las melodías más reconocibles e inolvidables de sus películas. La música es la base sobre la que se desarrollan las historias que componen este espectáculo.

Viendo las fotos ya me puedo imaginar lo que van a disfrutar mis peques (bueno, y puede que los no tan peques) en el Palacio de Deportes. Y como las diversiones compartidas son mejores, desde Menudeos queremos invitar a diez personas a que vengan a divertirse también.

 

¡Estamos de  SORTEO!

 

 

Sorteamos dos lotes de cinco entradas cada uno, así que habrá dos ganadores y cada uno se llevará cinco entradas. Después de largas y sesudas deliberaciones hemos decidido que no queríamos separar las entradas en más lotes. Como dice mi madre cuando compra lotería… “Si toca, ya que toca… ¡que toque bien!” Que no se queden hijos sin ir, ni padres, o si sobran que puedan ir con su amiguito/primo/vecino… Las entradas son para el espectáculo del 24 de abril en el Palacio de Deportes de Santander, a las 19:00h, y no es posible cambiarlas para otro día o ciudad.

 

¿Cómo participar?  Hay que cumplir tres pasos sencillos:

 

PASO UNO – Hacerse fan de Menudeos en Facebook. O lo que es lo mismo, dar “me gusta” a la página de Menudeos en Facebook

PASO DOS – Dejar un comentario en la entrada sobre el sorteo que habrá en el perfil de Facebook diciendo cuál es el personaje Disney favorito en vuestra casa.

PASO TRES – Compartir esa entrada en Facebook de forma pública. Si se comparte solamente con amigos no podré comprobar que el ganador ha cumplido los requisitos del sorteo.

El sorteo se cerrará a las 23:59 horas del lunes, 20 de abril y publicaremos los ganadores en esta misma entrada el martes, 21 de abril.

 

¡FINALIZADO! EDITO PARA INCLUIR LOS RESULTADOS DEL SORTEO. 

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Las dos afortunadas que recibirán un lote de cinco entradas para el Disney Live! Mickey’s Music Festival son…

SONIA PALOMERA DEL BARRIO

RAQUEL MDLP

¡Enhorabuena! Por favor, contactad conmigo a través de mail menudeos.blog@gmail.com.

A las más de mil personas que han participado en el sorteo, ¡mil gracias! Me ha hecho ilusión que tanta gente se haya interesado por el concurso. Si es que al final los clásicos nunca mueren. Ha sido curioso ver que en los comentarios, donde yo esperaba ver Elsas y Anas a tutiplén como personajes Disney favoritos, me he encontrado sobre todo personajes clásicos, con Mickey como rey.

Dejo aquí el vídeo casero del sorteo por si alguien se aburre o quiere ver cómo fue la mecánica para sortear o ambas cosas. Después de la experiencia me planteo una nueva aventura grabando vídeos abriendo huevos kinder, que sé por mi hija que causan furor entre los de infantil. Sed compasivos, lo mío no es hablar en vídeos, por eso me dedico a escribir.

 

Sorteo Disney Live Mickey's Music Festival – Blog Menudeos from Menudeos on Vimeo.

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De mi diógenes emocional y Toy Story

Esta vez lo voy a conseguir. Es uno de los propósitos para el nuevo año y lo voy a cumplir. Igual en lo de dejar el chocolate, hacer más ejercicio, crearme una zona de trabajo decente, mejorar mi inglés, etc, etc, fracaso, pero este sí que sí, lo voy a cumplir. Voy a deshacerme de una vez por todas las cosas que ya no usan los niños, juguetes, ropa, cosas de puericultura, muebles.

 

En julio del año pasado hice una mudanza, y van… he perdido la cuenta. Muchas, demasiadas. Y en esa última mudanza me di cuenta de que no podía seguir cargando con tanto equipaje, ya siento que me pesa en la cabeza y no sólo en los brazos. Poco a poco he aprendido a dejar ir los “porsiacaso”, esas cosas  que guardo por si me sirven en el futuro, esa caja que tendrá el tamaño perfecto para algo en un par de años, ese mueble despiezado con el que haré maravillas cuando me convierta en un genio de la restauración… allá por 2025, cuando milagrosamente tenga tiempo y deje de ser inútil sin remedio con las manualidades. O ese pantalón que volverá a valerme cuando recupere la talla de mi vestido de Primera Comunión.

Esas cosas no me plantean tantos problemas, yo sé que lo mío es una especie de diógenes emocional. Colecciono recuerdos encerrados en objetos, y los recuerdos no ocupan  pero los objetos sí. Cajas de viajes llenas de billetes de tren, guías de viaje, entradas de espectáculos, facturas de restaurantes. Álbumes de fotos de verdad, con fotos impresas y pegadas. La serie de Los Primeros. Las llaves de nuestra primera casa, las primeras ecografías, los primeros patucos, el primer pijama, el primer peluche, el primer regalo del primer día de la madre, el primer dibujo de su mano.

Estas pasadas navidades fui dolorosamente consciente de que a la solución no se llega simplemente deshaciéndose de cosas, tengo que actuar en dos frentes. Necesito un examen a fondo,  un plan vital, para acumular menos. Como esa idea tan de abuelas de que no se trata de limpiar más, sino de ensuciar menos. Lo que pueden ser las navidades en volumen de regalos con dos nietos únicos, bisnietos únicos, sobrinos únicos por ambas partes es demencial, y difícil de controlar cuando todo el mundo quiere regalar, y todo el mundo quiere regalar juguetes.

Con la ropa ya empecé hace unos meses, he vendido, regalado a familia y amigos, he donado en tres sitios distintos y veo la luz al final del tunel. Pero me cuesta, me duele, para mí no es ropa, es ropa de mis hijos asociada a momentos de su vida, es la ropa con la que salieron del hospital, con la que dieron su primer paseo, el pijama que llevaban cuando dieron el primer paso o cuando soplaron la primera vela. Algunas cosas las he guardado, era demasiado, no podía dejarlas ir. Pero pocas, ¿eh?

Dos o tres.

Cajas, digo.

Con los muebles y objetos de puericultura he hecho avances también. Más o menos. Hace 8 meses quité la cuna de mi hijo, la misma que había usado la niña, para cambiarla por una camita. Sabíamos que en una vez desmontada la cuna ya no se podría volver a montar porque tenía puntos cedidos que habíamos arreglado con un apaño. No me quejaba, había pasado por dos niños y tres mudanzas. Pero me mataba de pena. No hace falta ser un genio de la psicología para ver que no era un mueble lo que dejaba ir, sino el concepto de bebé en casa. Cuando mi marido estaba a punto de meter las piezas en el ascensor para llevárselas salí corriendo y rescaté el cabecero y piecero de la cuna, dos piezas gemelas con las que hice un cabecero para la cama.

Me armo de valor, tengo una misión. Le pido al padre de las criaturas que los tenga entretenidos en el salón para que no vean lo que voy a hacer. Con dos bolsones y remangada hasta el codo, esto es un duelo en OK Corral entre las cajas de la serie Trofast de Ikea y yo. Ahí se esconden los juguetes que ya no usan. Empiezo a sacarlos para ver bien el contenido. Cojo la primera víctima, un teléfono que le regalaron a mi hija en su primer cumpleaños. El niño también jugó con él, pero ya no le hace caso, es demasiado “de bebé”. Lo meto en la bolsa. Con el gesto pulso sin querer alguna tecla y se oye esa canción que tengo más oída que La Macarena “Hola-perrito-có-mo-estás-yoes-toy-bien-tú-qué-tal”. El flashback es inmediato, mi hija en su corralito de madera, en una vivienda anterior, jugando. Mi hija arrastrando el teléfono cogido por el auricular como si fuera una carretilla. Mi hija señalando cada dibujo y diciendo los nombres de los animales en su media lengua. Ríete tú de Proust y las magdalenas. Se me pone un nudo en la garganta. Vuelvo a sacar el teléfono de la bolsa.

Ahí están las cámaras de fotos de juguete, también los dos han jugado mucho con ellas. Regalo de su bisabuela, comprada en ese otro lugar de mi infancia que ya se ha ido para siempre, San Carlos. Al año siguiente se olvidó y volvió a regalarle la misma cámara, no fui capaz de decirle nada. Están en perfecto estado, otro niño las disfrutará. Bueno… como son dos puedo quedarme al menos con una, ¿no?. Si me deshago de una ya es algo, ¿no?. Deshacerme del 50% de los juguetes es un buen promedio, ¿no?.

Dos horas después he llenado una de las bolsas. Me siento orgullosa, he sido fuerte, mi mente se siente más ligera de equipaje, ya estoy planeando qué voy a hacer con este espacio recuperado, hombros erguidos, soy imparable, soy la reina del feng shui minimalista. Voy al salón a que me den unas palmaditas en la espalda por mi magnífica labor.

Mi marido le ha puesto a los niños Toy Story 3. Me embobo viendo la escena del incinerador de basura. 

Mierda. Mierda. Mierda.

Hombros hundidos, derrota en la mirada, me vuelvo a revisar la bolsa a ver qué rescato. Woody y Buzz Lightyear se ríen a mis espaldas, los tres sabemos que tampoco voy a deshacerme de nada esta vez.

 

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De los resultados del sorteo de Navidad

¡Ya estamos de vuelta! ¡Feliz 2015 a todos! Me da mucha pena dejar atrás las fiestas, hemos pasado mucho tiempo en familia y volver trabajos, coles y rutinas varias se hace un poco cuesta arriba. Pero también reconozco que hay rutinas que son necesarias y que las cosas excepcionales se aprecian más porque son eso, excepcionales.

Pero ya sé que hoy no estáis aquí para leer sobre mis fiestas, así que vamos a los resultados del sorteo.

 

 

Repaso antes la dinámica: hay una lista de nueve ganadores generados a través de sortea2. Esos ganadores han salido en un orden determinado y en ese orden van a elegir premio. El ganador número 1 elegirá entre todos los premios, el ganador número 2 entre los restantes y así sucesivamente hasta que el ganador 9 se quede con último premio. Es un sistema más complicado que el de asignar ganador y premio a la vez, pero se pretende aumentar así las posibilidades de que la mayoría de los ganadores se lleven un premio que de verdad quieran y puedan recoger, ya que casi todos son para recoger o disfrutar en el establecimiento.

Para que el proceso no se eternice cada ganador tendrá un máximo de 48 horas para elegir su premio desde que me ponga en contacto con él o ella para avisar de que el anterior ha elegido y comunicar los premios que aún quedan. Si no responde en esas 48 horas pasará al último lugar de la lista. Iré contando cómo avanza la asignación de premios a través de Facebook y cuando estén todos asignados editaré este mismo post para poner la lista.

Los ganadores son:

1º – Beatriz Molina Romero
2º – Rosa Prados
3º – Jesús Calleja
4º – Silvia Fernández Sánchez
5º – Jose Luis Arcocha
6º – Natalia Buzón Carbajo
7º – Ana Isabel Pacheco
8º – Cristina López González
9º – Juan Carlos Ceballos Pacheco

 

 

 

Y hago un repaso de los 9 premios (podéis ver la descripción detallada en el post anterior)

1 – Vale para masaje pindas-weda en el Urban Spa de Marisma Welness Center – JOSE LUIS ARCOCHA

2 – Vale para masaje pindas-weda en el Urban Spa de Marisma Wellness Center – ANA ISABEL PACHECO

3 – Sesión fotográfica en Alta Fotografía – NATALIA BUZÓN CARBAJO

4 – Vale de 60 euros para la tienda de moda infantil Princesas y Sapos – ROSA PRADOS

5 – Vale de 60 euros para la tienda de Santander o tienda online de El Lagarto está llorando – BEATRIZ MOLINA

6 – Comida para dos adultos y dos sesiones de cooking kids! para dos niños en el restaurante Deluz – SILVIA FERNÁNDEZ SÁNCHEZ

7 – Tarta decorada para 10 personas de Ponona Cakes – JESÚS CALLEJA

8 – Cesta de juguetes de El Camino de Baldosas Amarillas – JUAN CARLOS CEBALLOS

9 – Vestido premamá y medias de Sabochi Moda Premamá – CRISTINA LÓPEZ GONZÁLEZ

 

En breve me pondré en contacto con los ganadores. ¡Enhorabuena!

 

EDITO PARA UNIR GANADORES Y PREMIOS. Tengo que agradecer a todos los ganadores que hayan sido tan rápidos a la hora de elegir regalos, en menos de una semana estaban todos asignados y todos parecían estar contentos con su suerte.

 

 

 

 

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De libros y dónde comprarlos

Después de publicar el post de la semana pasada sobre los libros que les gustan a mis hijos alguien me sugirió que añadiese enlaces en cada título para ir directamente a esa megatienda online que todos conocemos y facilitar la compra. La idea me escandalizó.

Tengo que soltarlo o reviento: por favor, comprad los libros en librerías. Y si son libros para vuestros hijos, hay librerías especializadas o con secciones infantiles maravillosas. Hoy en día es tal ejercicio de masoquismo abrir y mantener una librería de ese tipo que sólo un apasionado puede ser responsable de tal hazaña, y alguien así puede aportar mucho al futuro lector de vuestros niños. Muchas librerías han mutado por necesidad para convertirse no sólo en un lugar donde comprar esos tesoros que los niños lectores u oyentes recordarán años después, sino en pequeños centros de cultura en sí mismos. Organizan cuentacuentos, charlas, presentaciones, actividades miles. Hacen comunidad lectora. ¡Adoptad un librería e implicad a los niños en las actividades!. Buscad sus perfiles en redes sociales para estar al tanto de su agenda. Además de masoquistas son sus propios community managers y hacen bien su trabajo.

Entre los mejores recuerdos de mi infancia está ese libro al mes que mis padres me compraban. Bueno, más bien me soltaban en un espacio de libros mientras ellos hacían su compra mensual y yo elegía el libro del mes con los rocambolescos criterios de mi mente de 8, 9, 12 años. Ahora sé que probablemente no era el lugar ideal, pero al menos ayudaron a que esa historia de amor con la lectura empezara. Llevad a los niños a la librería, a una donde personas de carne y hueso os hablen si queréis ayuda y sepan de lo que hablan. Cread ese recuerdo antes de que la temperatura alcance los 451 °F y todo sea eso, un recuerdo. Que los niños vean y toquen los libros, que sean parte del proceso de compra, que sientan la emoción de crear su propia biblioteca. Que os vean hacer lo mismo. Que os vean coger el libro y pagarlo. Porque muchas personas han trabajado para que ese libro llegue a vuestras manos entre el librero que lo vende y el escritor que empezó a soñar con él antes de escribirlo.

Ah… el precio. Si me dieran una flor por cada vez que he oído a una señora inclinarse hacia el oído de otra y decirle con aire de conspiración “este lo he visto yo en (hipermercado de centro comercial) muchísimo más barato”, tendría un jardín botánico.

En España, al igual que en otros países como Francia, Portugal o Argentina, existe una Ley del Libro. Un Real Decreto obliga a los editores españoles a fijar un precio para sus libros editados o importados. Y las librerías están obligadas a vender esos libros a entre un 95% y un 100% del precio fijado por el editor. Es decir, el descuento máximo que una librería puede aplicar legalmente es de un 5%.

Para un libro de 12€, por ejemplo, el máximo descuento que se puede aplicar es de 60 céntimos, no podrás encontrarlo a menos de 11,40€, sea en un gigante de la venta online o en la librería de tu barrio. Solamente hay un momento del año en el que ese descuento se amplía: en el día o los días alrededor del Día del Libro, el 23 abril. Entonces el descuento llega al 10%.

En 2007 se incluyeron unas pocas excepciones a esa ley, la que nos afecta más en general es la que excluye a los libros de texto de esa norma. Las demás excepciones son para casos muy, muy puntuales. Si ves una exposición de “ofertones”, “saldos”, “precios especiales” en una librería será porque la editorial y no la librería ha bajado el precio de ese libro y cualquier otra librería lo puede tener al mismo precio si vende esa referencia.

Obviamente yo ni puedo ni quiero meterme en la economía de cada casa, pero para en la mía 60 céntimos no suponen suficiente ahorro para renunciar a la experiencia de compra en una librería. Y a veces ni siquiera existe esa pequeña diferencia, muchas librerías tienen sus tarjetas de fidelidad con las que aplican ese 5% de descuento también.

Si alguien quiere compartir información sobre las librerías donde compra normalmente estaría encantada de ampliar mi lista de sitios a visitar por la región. También podéis comentar en el nuevo perfil de Facebook de Menudeos.

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De la habitación de la niña (parte II)

Como os contaba la semana pasada, había una cosa sobre la habitación de mi hija que estaba más clara que ninguna: iba a ser drosa y morara. Si en el fondo es absurdo imitar a los nórdicos y sus paredes blancas, oigan, que ellos las usan por necesidad, igual que en lo de vestir a los niños como arcoiris. Cuando en tu pueblo se hace de noche a las tres de la tarde buscas luz hasta debajo de las piedras, pintar las paredes de blanco es una cuestión práctica. Y cuando llevas a tu pequeño en un carrito con ruedas que ya quisieran en motocross y a tu mayor hundiéndose en la nieve hasta la rodilla a cada paso que da, vestirles con abriguitos de punto en color nude o gris topo es un poco absurdo.

Aclarado el tema del color, me fui con mi media langosta a comprar pintura. Después de volverme loca con la carta de colores decidí que necesitaba llevar más de un botecito pequeño para hacer pruebas con varios colores, así que compré cinco muestras. Mi marido no acababa de entender tanta indecisión cromática. Mientras la chica prepararaba las mezclas con la máquina y yo miraba cosas alrededor oigo que ella le dice a mi marido “Sabéis que los colores que lleváis son casi iguales, ¿verdad?” ¡Traidora! ¡Esquirola de género! ¡Poco profesional! ¡El cliente siempre tiene razón! Todo el camino de vuelta a casa aguantando estoicamente el cachondeo silencioso. Me sentí vengada cuando al poner la muestras juntas en la pared hasta él reconoció que eran distintas.

Me puse a repasar algunos puntos claves / tendencias en decoración infantil, que estaba yo un poco perdida, y encontré cosas que me gustaron, cosas que no y cosas que ni siquiera entendí. OJO: esto pasó hace año y medio, probablemente la mitad de esas tendencias serían hoy descartadas por los gurús del tema.

Las luces quitamiedos

Los niños de ahora deben de ser muy miedosos o tener más pesadillas que los de antes, porque la lucecita nocturna se ha instalado como objeto casi imprescindible en un dormitorio infantil. En mis tiempos como mucho negociabas que te dejaran la luz del pasillo un rato. Vi una lámpara en forma de seta que me entusiasmó, la metí en el tablero de Pinterest y todo. Después de mirar muchas habitaciones y ver tantas setas como para alojar al casting completo de David el Gnomo cien veces ya me cansó y la cambié por una princesa rana. O un príncipe sapo, a saber, nunca he tenido ojo para sexar anfibios.

Y ya metida en luces, mi alma de verbena recordó aquellas bolitas de luz que vi en el blog de una chica finlandesa al que estoy enganchada hace años (trabajadora en el puerto de Helsinki de día y artista de burlesque de noche, Flash Dance a la finesa, totalmente adictivo) Me creía yo muy original, las encargué a la tienda francesa y todo, pero ahora mismo su uso está tan extendido que lo mismo cambian la iluminación navideña por bolitas de La case du Cousin Paul. Sólo las recomiendo para poner en sitios fuera del alcance de los niños, fuera de zonas de paso o de cualquier lugar donde se las pueda rozar mínimamente.

Compré también un juego para el salón y a mi hijo le entusiasmaban cuando tenía unos pocos meses, ponía su trona debajo y se pasaba las horas muertas mirándolas.


Los juguetes con aire retro, a ser posible de madera, cartón u hojalalata

A ver, todos sabemos que casi todas las niñas van a tener sus cositas de Disney, sus muñecas de Frozen, su castillo de Pinypon, sus megablocks de colorines… porque les gusta. Vale, todos tenemos pecadillos y los abuelos no se enteran de que eso no es material de Pinterest y van y se lo compran. Si tienen que jugar con esas cosas que jueguen, pero para las fotos se esconden en el armario y se ponen los cubos laberinto de madera (esto lo venden en la tienda sueca, así que aunque pasen de ello como de comer coles de Bruselas, no es una gran inversión), el ábaco Soroban y unos coches y robots de hojalata. Podemos hacer excepciones y dejar entrar la factoría Famosa en el dormitorio si se trata de un juguete vintage. Es decir, si tuviste la gran suerte de que tu madre te guardase la noria de las Barriguitas, puedes usarla. También son aceptables los juguetes de esa cadena tan moderna para padres que pueden decir “estimular la motricidad fina” con un polvorón en la boca. Aunque a mí me parece un poco pasada de moda cuando se cascan publicidades como estas, la verdad.

Para hacerlo más gráfico vamos a ver unos ejemplos de qué juguetes se llevan y cuáles no cuando se trata de decoración de habitaciones infantiles.

ASÍ SÍ. En general todo lo que esté hecho de materiales “naturales” y / o suene a retro nos vale.



ASÍ NO. Lo que lleve plástico, pilas o pertenezca a una franquicia de series de TV o películas, a no ser que éstas sean de los 80 o anteriores, no. Es como las televisiones en las revistas de decoración, sabemos que toda casa tiene una, pero no las enseñan.

Esta tendencia la sigo yo estupendamente, no entrarán juguetes inadecuados en el dormitorio de mis hijos… PORQUE LOS TENGO TODOS EN EL SALÓN, que es donde juegan al final. Los de madera, los de plástico, los de Disney, los de pilas con las pilas siempre gastadas, los recuperados del trastero de mis padres…

Los peluches a modo de trofeo de caza

No voy a hacer el experimento, pero me pregunto qué pensarían mis hijos exactamente al ver un peluche descabezado colgado de su pared. Con ese pragmatismo aplastante con el que a veces me sorprenden lo más probable es que me preguntasen  por el resto del peluche. Descartado. Lo curioso es que esto lo veo en las habitaciones decoradas por la misma gente que mandaría a exorcizar a quien regalase a sus hijos un rifle de juguete. El caso es que los peluches ni siquiera me gustan mucho, así que compré sólo uno, un cisne que se llama Sophie.


Rincón de arte

O sea, su mesa con su sillita para pintarrajear a gusto. Mi hija siempre fue aficionada a la pintura vertical, así que la mesa la puse en el salón para controlar sus arranques artísticos en las paredes, aunque al final el reino de las manualidades acabó en la zona de cocina. La decoración fluye con las necesidades. En la habitación puse un tocador con su “espejo mágico”, recordemos que la cosa iba de princesas.

Algunos osados llevan más allá el rincón de arte y pintan una pared con chalk paint, o sea, con pintura que convierte una superficie cualquiera en pizarra. Me suena fenomenal en concepto y en foto, pero con esa, ejem, pequeña dificultad que tenía mi hija para distinguir las superficies que se pueden pintar de las que no, no veía cómo explicarle que una pared se puede pintar pero la siguiente cinco centímetros más allá, no. Aparte de todo el polvo y demás que iba a generar.

Me ha llamado la atención ver sillas y mesas así en alguna habitación, sí que nos estamos tomando en serio esto del “old school retro”, sí. Verlas e imaginarme chicles pegados debajo y “María x Pedro” dentro de un corazón es todo uno. Yo creo que la mitad de los niños más “de andar por casa”, incluidos los míos, tienen esto:

Rincón de lectura

No hay librero generalista que no sepa que la sección infantil es EL INFIERNO. Incluso sin ser sábado por la tarde o día no lectivo, incluso sin niños. Colocar todos esos formatos caprichosos, libros con periféricos y regalitos adosados con un blister, libros de tela… y muchos juguetes disfrazados de libros sin serlo. Así que la tendencia de decorar con estanterías para colocar los libros con la portada me parece un acierto al 80%. Los niños pueden elegir mejor, las portadas de muchos libros infantiles son auténticas obras de arte que decoran más que ningún objeto. El otro 20% es la pega, necesitaría 300 m2 de pared para ordenar de frente todos los libros de mi hija, así que la única solución sensata para habitaciones de tamaño estándar es combinar la estantería tradicional con este sistema.

Cojines y más cojines

¿Que tienes que pasarte media hora cada noche retirando cojines? Pues te aguantas, estar a la moda es lo que tiene, nadie dijo que fuera cómodo. Y la moda dice cojines, muchos, en forma de estrellas, nubes, corazones, casas, animales, de varios tamaños, tejidos con alpaca peruana… Si tu hija mide 100 cm y la cama 200 la tarea de guardar cojines de noche se simplifica mucho. Yo compré unos monísimos de una marca francesa y luego vi una tienda española que lo hacía iguales, también compré. Los primeros están intactos, los segundos despeluchados y han perdido relleno. Mal, mal… ya que vas a copiar, al menos intentar mejorar el original.

Vinilos para la pared

Madre, madre, no sé si tenéis idea de la cantidad de vinilos para dormitorios infantiles que hay, y creo que yo los vi todos. Pero un día me tropecé con algo que ya había visto antes, concretamente cinco años antes, cuando empezaba a darle vueltas a la idea de ser madre. Era un árbol de la casa danesa Inke, los hacen con papel de pared de los 70 y la primera vez que los vi pensé “cuando tenga un hijo pondré esto en su habitación”. Lo había olvidado por completo, pero al verlo otra vez decidí seguir aquella primera corazonada. Después añadí este vinilo minicuento de Chispúm con let
ras doradas.

Camas de hierro forjado

La verdad es que este tipo de camitas tan pequeñas, tan ligeras visualmente, tan monas, me encantan. Pero siendo realistas y con viviendas de tamaño a la española, empiezas a pensar en alargar la vida de uso, en cuando vengan amiguitos a dormir, en si hay que usar el dormitorio para visitas… y acabas con… estoy segura de lo que lo sabéis sin ver la foto…



Estanterías tipo caja, cuadradas, rectangulares, en forma de casita.

Cajas de formas limpias o cajas de almacenaje antiguas reconvertidas.Yo encargué un par de las primeras y cuando me llegaron venían con un monigote de “inoceenteee” pegado en la factura. Cinco tablitas mal puestas a precio de oro. Si lo sé me voy al mercado de la Esperanza y mendigo al frutero para que me deje unas cajas.

Banderines, tipis indios, pompones… Tendencias e ideas había muchas más, pero metros cuadrados no así que me planté ahí, y esto es una muestra de lo que resultó.



Mi hija quedó encantada con su habitación princesil, y ahí duerme cada noche abrazada a su peluche… su peluche de… ¿el cisne Sophie? No. De Super Mario. Es que a ella las tendencias se la traen al pairo.

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De la habitación de la niña (Parte I)

Cuando me quedé embarazada de mi hija yo estaba en ese grupo de las que opinaban que no hacía falta vestir a las niñas de rosa, meterlas en camas de princesas y rodearlas de muñecas. Lo decía muy convencida, ¿eh? No era una postura para marcarme contracorriente, lo pensaba de verdad de la buena.

Fue salir de la ecografía de las 20 semanas sabiendo que mi bebé era una niña (algún día contaré por qué hasta ese momento pensábamos que era un niño…) y algo me hizo clic en la cabeza, alguna hormona provocó de repente un desequilibrio químico, o quizá la ecógrafa era en realidad sacerdotisa de un extraño culto que adoraba el rosa y usaba el momento de la ecografía para insertar cosas rosas en nuestro cerebro a lo Naranja Mecánica. El caso es que yo ya sólo veía rosa. Entraba a una tienda de ropa y como un personaje de dibujo animado siguiendo por el olfato el rastro aéreo hasta el muslo de pollo llegaba yo a la ropa rosa. La cajonera de la habitación que estaba montando para ella empezó a llenarse de una marea de lana, algodón, piqué, perlé, bodoques, picunilla, nidos de abeja, muselinas…. rosa, todo rosa, marea rosa. A día de hoy no me explico qué pasó. Estaba enferma, necesitaba ayuda, pero no me daba cuenta.

Muy coherente yo, acabé decorando la habitación al tono con un papel con motivos rosas, con sus muñecas y todo. Y me encantó durante el tiempo que la usé, pero me prometí a mí misma que cuando dejase atrás la habitación de bebé me moderaría y haría algo más neutro.

No me juzguéis, en 2010 aún se llevaban los frisos a media pared.

Dos años después estaba esperando a mi segundo hijo, mi niño: era el momento de reservar los muebles de bebé para él y pasar a mi niña a una habitación “de mayor” con su camita y todo. En ese momento ya toda marca que se preciase tenía su web, el mundo materno-bloggeril estaba más desarrollado y existía ese maravilloso monstruo devorador de horas de sueño y trabajo llamado Pinterest, era mucho más fácil buscar inspiración. Y sobrecargarse de inspiración. Y volverse loca por tener demasiadas opciones. Y ser consumida por la indecisión. Pero lo tenía clarísimo… ese estilo nórdico que tanto “se llevaba”, esas paredes blancas dejando que los colores de lo demás se lleven el protagonismo, esos colores empolvados que nada tenían que ver con los primarios de Caillou, esos estampados geométricos, esos animalicos de los bosques escandinavos. Y aunque ya estaba más visto que el TBO, ese árbol de Inke del que me enamoré cuando mi hija era sólo una ilusión en mi cabeza.

En un momento de cordura (o enajenación, ahora ya no sé qué pensar) recordé que esta vez mi hija ya pensaba, hablaba, tenía preferencias (que normalmente dejaba claras de una forma muy poco delicada) y quizá estaría bien hablar con ella a ver qué me contaba.

“- Cariño, ¿sabes que vas a tener una habitación de mayor? Y una cama. Y vamos a pintar y a comprar cojines y cositas, y una estantería para los libros y…”

“- Sí, mami. Yo quiero una habitación drosa”

Horror. Lo estaba enfocando todo mal. Desde cuándo una niña de dos años y medio tiene derecho a opinión, ¿eh? ¿Eh? En qué estaría yo pensando. Pero ya le había dejado expresarse, no podía echarme atrás. Tenía que reconducir esa preferencia YA.

“- Cariño, pero las paredes las vamos a dejar blancas, porque luego…”

“- Drosa y moraro, mami. Son mis colores favoritos, drosa y moraro.”

Mal, mal, mal. ¿Esa niña no había oído hablar del furor mint o qué? ¿Un rosa viejo al menos? Empolvado. Antiguo. Iba a llevarla a mi terreno echando leches. Yo veía grietas en su resistencia.

“- Drosa y de princesa” – sentenció.

Eso me pasa por dejar que mi madre le ponga el Disney Channel. Adiós, Trine Andersen, adiós, Camilla Lundsten, adiós, otros diseñadores nórdicos con grafías de catálogo de Ikea que no sé reproducir. Fue bonito mientras duró. Seguro que para cuando toque redecorar en unos años ya odia el rosa con toda su alma de preadolescente atormentada.

Continuará…

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Sobre el autor Marta Muñoz
Madre inquieta de dos criaturas aún más inquietas, empresaria, filóloga de formación y antigua librera de profesión. Navegando sin descanso por la red desde el cambio de milenio, en algún momento del crucero esa pasión se convirtió en mi trabajo. Tras la etapa universitaria en Salamanca y una aventura madrileña de ocho años, he vuelto a la tierra con ganas de exprimir a fondo el privilegio de vivir en Cantabria cuando tienes niños. menudeos.blog@gmail.com