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Categoría: Recetas
De Francia, Cyrano y una receta de crêpes.

Cuando tenía 15 años puse un pie fuera de nuestras fronteras por primera vez, concretamente en Francia. Un instituto de secundaria de Le Mans (sí, la Le Mans del circuito) organizaba su semana internacional e invitaba a alumnos de diferentes países a pasar unos días mezclándose con sus estudiantes, alojándose con sus familias y demás. En esos días supongo que estaba demasiado ocupada y emocionada para fijarme mucho en la comida, sólo recuerdo la paella más espantosa de mi vida servida en el comedor del instituto. Qué exótico me parecía entonces eso de comer en el instituto… También recuerdo pasar un poco de vergüenza el día en que los alumnos invitados cantaban en un escenario el himno de su país, a mi yo adulta le da mucha pena que no haya un vídeo de ese cruce entre el himno y el “La, la, la” que nos marcamos. Pero eso no tiene que ver con la comida.

Rodaje de Cyrano de Bergerac (1990) en Le Mans.

La familia con la que me alojé entonces me llamó unos meses después para invitarme a pasar unos días en verano, Elody y yo habíamos congeniado enseguida. Y a mí, que ya me gustaba lo de viajar más que a un tonto un lápiz, no me pudo hacer más ilusión la idea. Ahí ya iba con más calma y pude fijarme más en las diferencias de usos y costumbres… y en las protestas de mi estómago. Porque a pesar de la cacareada excelencia gastronómica del país vecino, casi morí de hambre en esos días. No eran tacaños, no, no me mataban de hambre por gusto, no estaba siguiendo la dieta South Beach ni nada por el estilo, simplemente, su concepto de comer bien y el mío no cuadraban. En honor a la verdad diré que vengo de una casa en la que se come… al estilo del norte. Ya me entendéis: primero, segundo, unas cosillas para picotear en común, postre, café, puro y tejas. Y eso es difícil de igualar.

Una tarde fuimos a merendar a casa de la abuela. Yo la miraba moviéndose por la cocina con los ojos empañados de lágrimas de agradecimiento, nos servía crêpes y más crêpes que los otros chicos comían con yogur de fresa, salsa de chocolate y plátanos. Charlie entrando en la fábrica de Willy Wonka, Hansel y Gretel descubriendo la casita de chocolate, Carpanta tropezando con un pollo asado… no, nada era comparable a mi felicidad en ese momento.

Volví con aquella maravillosa ciudad grabada en la retina, unos kilos menos y recitando de memoria pasajes enteros de Cyrano de Bergerac. Y, sobre todo, con una fijación por las crêpes con yogur de fresa que dura ya casi veinte años.

En casa somos muy de compartir (virus estomacales, cama de 1,50 para cuatro y el perro, fijaciones culinarias…) así que estoy trabajando para pasársela a mis hijos ofreciéndoles las crêpes como cena. Ya veo a alguien arqueando una ceja. ¿Cena? Sí, cena. ¡Pero si es dulce! Bueno, sí. Pero al final no deja de ser una mezcla de huevo, leche, algo de materia grasa, harina. Vamos, que si le ponemos cuatro tacos de jamón son unas croquetas. ¿Por qué nos suena tan raro usarlo como comida principal y no como merienda?

RECETA BÁSICA DE CRÊPES.

 

Con estas cantidades salen unas 12 crêpes, según lo finas que os gusten y el diámetro de vuestra sartén. La que uso para esto tiene 24 cm.

  • 250 ml de leche entera
  • 200 gramos de harina de todo uso
  • 3 huevos medianos
  • 75 gramos de mantequilla o 3 cucharadas de aceite suave.
  • Un pellizco de sal
  • 2 cucharadas de azúcar (opcional)

 

Si se va a usar mantequilla para la masa, derretirla en la sartén hasta que coja un poco de color y dejar que enfríe.
Con un batidor de varillas batir los huevos, el aceite o mantequilla y la harina hasta que quede una masa fina. Si se usa azúcar hay que incorporarlo aquí. Yo no uso porque prefiero que el sabor quede más neutro y dependa del relleno. Incorporar la leche poco a poco y seguir batiendo hasta que no queden grumos. Dejar reposar una hora a temperatura ambiente, este paso es imprescindible para que las crêpes queden elásticas y no se rompan. La masa espesará algo en ese tiempo.

Calentar la sartén a temperatura media y engrasarla con un poco de mantequilla o aceite, yo uso un pincel de silicona para esto. Echar masa en el centro de la sartén y rápidamente hacer un movimiento circular para que se reparta la masa por todo el fondo. Puedes usar un rastrillo de madera para crêpes, pero si la masa tiene el punto más o menos adecuado será fácil hacerlo sin accesorios. Lo que sí me ayuda una cuchara de bolas de helado para calcular la cantidad de masa, me resulta más cómoda que un cucharón y tiene la medida exacta de masa que necesita mi sartén. Cuando los bordes se despegan y cogen un poco de color, dar la vuelta.

Ya sólo queda poner el acompañamiento que queráis y comerlas antes de que se enfríen. Y antes de que los niños os dejen sin ellas, qué sé de lo que hablo…

Un mes después le tocó a Elody visitarme, sus padres la trajeron a Santander en coche después de unas vacaciones en Salou. Mis padres, por supuesto, les agasajaron a estilo del norte, y después de la segunda comida en mi casa la madre de Elody tuvo una revelación: “Marta ha debido de pasar mucha hambre en mi casa”. Mientras, Jean Paul comía anchoas con pimientos como si no hubiera mañana y repetía una y otra vez “esto está demasiado bueno, esto está demasiado bueno”.

Elody volvió a Francia con mi preciosa ciudad grabada en su retina, unos pocos kilos más y cantando la Macarena en perfecto castellano.

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Sobre el autor Marta Muñoz
Madre inquieta de dos criaturas aún más inquietas, empresaria, filóloga de formación y antigua librera de profesión. Navegando sin descanso por la red desde el cambio de milenio, en algún momento del crucero esa pasión se convirtió en mi trabajo. Tras la etapa universitaria en Salamanca y una aventura madrileña de ocho años, he vuelto a la tierra con ganas de exprimir a fondo el privilegio de vivir en Cantabria cuando tienes niños. menudeos.blog@gmail.com