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De voyeurismos cibernéticos y amigas en la distancia
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Marta Muñoz | 15-10-2014 | 22:38

Hace muchos años ya que la red forma parte de mi día a día como el comer o el dormir. Es mi medio de trabajo, para conectar con amigos, para comprar o para preparar un viaje, para seguir las novedades del cole o lo que se tercie. Empecé a usar Internet de forma habitual cuando era una rareza en mi entorno, cuando en mi facultad el 95% de mis compañeros usaban el ordenador sólo para “pasar” trabajos… y dejo a un 5% fuera por algunos aún los pasaban a máquina. A máquina, sí, palabrita… Era 1997.

Aparte de los fines académicos, descubrí Internet como herramienta para relacionarme, para conectar con gente con la que compartía aficiones o inquietudes. Cuando empecé a preparar mi boda entré en una famosa red de foros, hoy ya de capa caída, en los que las chicas compartían preparativos, resolvían dudas… Esos foros te daban acceso a un tipo de información a la que hasta entonces no era tan fácil de llegar, los proveedores de boda pasaban de madres a hijas, de vecina a vecina y si tenías mucha suerte, una amiga tuya se acababa de casar y traía información fresca. Y además era divertido compartir preparativos ahí, la resistencia de tus amigas al parloteo sin fin sobre ramos y cuartetos de cuerda tiene sus límites, pero entre iguales la resistencia aumentaba.

Ahí fue cuando empecé a sospechar que algo pasaba con Cantabria.

Cantabria existía, sí, pero no para los foros de internet. Había subforos para cada región para hablar de detalles más locales. De Cantabria… no. Y cuando lo hubo, apenas tenía movimiento. Pero cada palabra que se escribía allí se leía, y se leía muchísimas veces, de eso quedaba constancia numérica.

Pasó la boda, pasaron los años y llegaron los foros sobre embarazo. Volví al mismo sitio que ya conocía, las mil y una dudas de la embarazada primeriza son más llevaderas en compañía de otras que están igual.

En este caso lo normal es que los foros se dividiesen entre chicas que iban a dar a luz más o menos en el mismo mes y chicas de la misma comunidad. Pero no de Cantabria, no había foro para nuestra región. Y cuando lo hubo, el movimiento era mínimo una vez más.

Y entonces lo entendí.

Creo que los cántabros somos… voyeurs cibernéticos.

Lo nuestro es más leer lo que escriben los demás que exponernos, esperar a que otro saque el tema, cuidar las palabras para que el vecino no nos identifique. Somos cautos. Cotillas Amantes del saber como todos, claro está, pero indirectos… nos gusta más enterarnos leyendo que preguntando. Quizá somos tímidos también. Nos cuesta más arrancar, dejar entrar esa familiaridad superficial y rápida que se crea en esos contextos. Un foro dividido por zonas geográficas es un microcosmos en el que esos rasgos de carácter de unos y otros acaban transpirando entre líneas.

El tiempo que tengo para usar foros de internet ha mermado mucho en los últimos cuatro años, en las veces que lo he hecho he notado, obviamente, un desarrollo enorme, hoy en día sería tremendamente raro ver un foro dividido por zonas que no tenga su representación de cada región, Cantabria incluida… pero sigue quedándome la sensación de que participamos menos que otros.

Mi carácter es cántabro de manual, me he hartado de oírlo, pero este rasgo concreto me saltó en el reparto y tengo que alegrarme de ello. Porque gracias a ese riesgo de exponerme un poquito he aprendido mucho y, sobre todo, ha entrado gente en mi vida que no hubiera podido conocer de otra manera.

En aquel foro de embarazo conocí a ocho chicas maravillosas que siguieron conmigo, o yo con ellas, después del parto. Seguimos compartiendo dudas a tutiplén, experiencias de crianza y llegadas a cierto punto, nuestro día a día en general. Para mí fueron una tabla de salvación cuando me mudé de vuelta a Santander y me sentía un poco perdida, sobre todo al quedarme embarazada otra vez poco después. Nuestros nueve niños nacidos en 2010 están cumpliendo los cuatro años ahora, así que ya es mucho lo compartido. Y después de esos nueve han venido seis niños más. Poco a poco nos hemos ido “desvirtualizando” entre vacaciones, viajes de trabajo, casualidades y demás. Pero este verano hemos cumplido POR FIN un plan con el que llevábamos fantaseando mucho tiempo: hacer una gran reunión. En julio siete de las chicas (¡para la próxima estaremos todas, seguro!) con los respectivos siete desconcertados padres de las criaturas y los… esperad… TRECE niños nos juntamos para compartir un fin de semana de los que no se olvidan. Viajaron desde Canarias, Galicia, Asturias, Valencia, Zaragoza, Madrid… no era empresa fácil, pero lo hicimos.

¿En dónde fue? En Liérganes. Porque Cantabria igual no cuenta mucho en los foros pero sí cuando uno piensa en el lugar perfecto para el evento del año. No pudo haber sitio más bonito que Villa Esperanza para alojarnos esos días y en El Ojo del Ábrego nos ayudaron a cuadrar niños, adultos, filias y fobias gastronómicas varias para conseguir una cena de diez. Que te pongan las cosas fáciles cuando estás intentando coordinar un berenjenal así es de agradecer y tuve que dar unas cuantas vueltas antes de encontrar a las personas adecuadas.

¡Gracias por estos casi cinco años, mis octubreras! Sabéis que os tengo en un rinconcito permanente de mi corazón.

Sobre el autor Marta Muñoz
Madre inquieta de dos criaturas aún más inquietas, empresaria, filóloga de formación y antigua librera de profesión. Navegando sin descanso por la red desde el cambio de milenio, en algún momento del crucero esa pasión se convirtió en mi trabajo. Tras la etapa universitaria en Salamanca y una aventura madrileña de ocho años, he vuelto a la tierra con ganas de exprimir a fondo el privilegio de vivir en Cantabria cuando tienes niños. menudeos.blog@gmail.com