Un post nada original, muy pre-vacacional
Nos pasamos toda la infancia intentando ser iguales a los demás. Es horrible para un niño que su madre se equivoque de día, (le pasó al compañero de un amigo) le lleve al colegio disfrazado de ratita y lejos de llevarle de vuelta a casa, le deje todo el día en clase de esa guisa y sus compañeros vestidos normales. No gusta llevar un parche en las gafas, ser demasiado alta, demasiado baja, tener mucho pecho o estar plana en la ESO. Yo a mis padres les di a elegir entre ponerme gafas o aparato en los dientes, todo junto ¡NO! que era ser rara, así que la míopia ganó la partida y los piños ya los arreglaría en otra vida.
Y en cambio, durante el resto de la vida uno quiere ser diferente, especial, desmarcarse y destacar por lo menos en algo… hay que hacerse de una tribu urbana, tatuarse, no tener lo que tienen todos y lejos de sentirse raro uno se considera original; pero todos hacemos las mismas tonterías cuando nos enamoramos, nos emocionan o disgustan las mismas cosas en líneas generales o seguimos las mismas tendencias. De ahí que Shakespeare nunca pase de moda y muchos monólogos que rídiculizan al ser humano, en determinadas situaciones, levanten la carcajada general.
Por ejemplo, en pandilla siempre se deja para el final cuando te estas despidiendo con dos besos al que te gusta (en el caso que lo haya), me reí observándolo el otro día desde una terraza; todos conocemos los besos comisura y lo que los diferencia de los besos “push, push” de ni rozarse las mejillas. A todos nos hacen gracia las caídas, los pedos sonoros ajenos en público y tosemos para disimular, o si nos llaman por teléfono y estamos dormidos siempre lo negamos.
Y yo, aunque me encante mi trabajo y viva una etapa muy feliz ansío vacaciones como todo quisqui, escapar del calor de Madrid, desconectar, ser durante una quincena más rato al día Marta Hazas que Sara Reeves, aunque yo este más mortalmente corriente escrita.
Así que hasta la vuelta!!!!!!!!!!!
Gracias por todos vuestros comentarios

