Mirando desde la fachada de El Palacio hacia El Puntal , justo antes de que el director gritara “acción”, me recorrieron, desde la planta de los pies hasta los rizos del 1900, un montón de recuerdos de infancia; de largos paseos, de charlas arreglando el mundo con Juan, o con Álvaro de la Hoz, o con Cristina, o con… o con… o también con…….. En fin, con todos los que comparto un trocito de Santander.
Tardo tanto en poder escribir una nueva entrada en mi blog, que los temas desfilan ante mí. Y cuando quiero retomarlo, han pasado tantas cosas que no sé por dónde empezar o, sobre lo que tengo el impulso de escribir, no me parece lo bastante importante por comparación.
Como por algo hay que retomar, ahí va:
Desde pequeña me ha inquietado esa facilidad del ser humano para pasar de víctima a verdugo, y al revés. Hay personas denostadas, con razón, que cuando se les crítica demasiado y se les planta cara, pasan a ser las víctimas de la situación. A mi me pasó en la EGB, con una compañera que se dedicaba al arte del pequeño hurto escolar y al de tocar las narices. El día que decidí pararle los pies, me aplaudieron. Pero cuando permanecí firme en mi “guerra fría”, ella pasó a ser la pobrecita y yo la cabrona. Pues bien, en la vida adulta, ésto se repite una y otra vez, y en las más diversas situaciones.
En una gala, a la que asistí recientemente, el presentador intentó meterse al público en el bolsillo con sus gracietas. Pero ese día el ingenio lo tenía como un colador, y el público sólo soltaba unas pequeñas risas nerviosas ante su batería de chistes, manidos y toscos, sobre la “belleza” de la Merkel.
Uno bien, dos vale (de Sarkozy también bromeaban con su estatura), pero en un alarde de querer ser gamberro, malote y transgresor, se pasó de poco gracioso, quizá, e hizo que los allí sentados sintiéramos que nos importaba poco si iba o no para miss mundo esta señora que nos acababa de rescatar, que es lo que realmente nos preocupa. Y ojo, que yo estoy lejos de ese feminismo exacerbado, sin sentido real de la igualdad ni del humor, por el que algunas se ofenden muchísimo si les abren la puerta y les dejan pasar primero, por ejemplo. Yo considero que aún hay derechos más importantes por los que seguir luchando, sin convertirnos nosotras en los nuevos verdugos de género.
Pero allí sentada, me hartó ese presentador diciendo groserías de una mujer. Me hartó, porque creo que no lo haría jamas de un hombre en la misma situción. No tenían que ver con su política, sólo con su culo y con si era gorda o no…
Y digo yo: ¿Es que esa “señora gorda” tiene que codearse con místers Europa? ¿Es que esa “vieja” dicta lo que hay que hacer a yogurines? ¿Es que a alguien le importa más cómo va vestida que cómo le vamos a devolver la pasta a Alemania o qué va a ser de nuestros ahorros?¿Por qué no se mete, por ejemplo, con lo gangoso que es uno, la barriga que tiene el otro, la calvicie del de más allá… y, sobre todo, con la impunidad con la que roban todos?
Estoy segura de que a muchos les jodería todavía más, que la que tiene la sartén por el mango, la que tiene que rescatar a sus países de sus mierdas de sistemas, fuera una Ángela; pero no con el cuerpo de la Merkel, sino con el de las que desfilan para Victoria Secret…
Resulta paradójico, pero hasta la Merkel, que puede ser el verdugo de nuestra presente y futura calidad de vida, puede ser también víctima de un españolito cualquiera. Aunque sólo sea unos minutos en un escenario…
Jau!
Hacía mucho que no me sentaba a escribir y no me voy a justificar con el poco tiempo que tengo y bla bla… Es cierto que el último año y medio tengo mi tiempo hipotecado a una banda de Bandoleros, pero también me reporta pequeñas grandes satisfacciones.
Hace no mucho, un domingo por Madrid, salí un momento a hacer un recado. Acababa de volver de la gira de teatro, y me paró una familia catalana, muy sorprendida, con una hija adolescente que había ido de fin de semana a Madrid con la ilusión de encontrarse conmigo porque veía el Internado y Bandolera. Se había escrito a rotulador mi nombre en su mano para ver si se cumplía su deseo. Y nos encontramos!!!! y nos hicimos una foto.
Es genial, esa persona va a creer en la magia de las pequeñas cosas de la vida. Algo en lo que yo creo firmemente; y no es que sea devota de Libros como El Secreto o los de Paulo Cohelo y sus teorías de que “cuando deseas algo, el universo se confabula para que lo consigas”. Imagínate que lío si esto es así para todo el mundo, con la de intereses encontrados que hay y la cantidad de veces que opositamos para una plaza única en la vida…
En lo que sí creo es en esas pequeñas psicomagias (como las define Jodorowsky) que mantienen viva la ilusión mientras estás trabajando y apostando fuerte por lo que quieres ser y conseguir en tu vida. No sé si seran casualidades o ‘causalidades’, pero son algo a lo que agarrarse cuando pesa en demasía la realidad.
También, gracias a mi último trabajo, he conocido a un grupo de chicas maravillosas, las de La Cueva, que me cuidan muy bien la vida 2.0 y es muy grato encontrarse con ellas a la salida del teatro. En casos como éste, creo que las redes sociales si acercan a personas que, de otro modo, no conocerías y no nos aislan de un trato realmente personal. Gracias a tod@s los que me ayudáis a difundir por la red mis trabajos y logros profesionales.
Y en otro orden de cosas, rematar este reencuentro en Marte con la ilusión que me hizo ayer que a la salida de la fiesta Harper´s Bazaar, una señora de ojos verdes se me acercara diciendo : “Ay la Bandolera, que me encanta y me tiene enganchá…” y resultara ser Martirio, la que tantas veces de pequeña vi cantar en programas de TV, con sus gafas oscuras y sus famosas peinetas. Me encantó su modestia al presentarse, que alabara mi evolución en la serie y que supiera mi nombre! Y pensar que yo muchas mañanas me he levantado para ir a grabar recordando una canción suya que decía: “son las cinco menos cuartoooo, me tengo que levantaaar…”
Sí, son momentos que ilusionan, como compartir una promo con Matías Prats, trabajar con Otto el piloto, las lágrimas y las carcajadas de los patios de butacas, los autográfos que piden algun@s personas, los dibujos que están tras la puerta de mi camerino, o que una niña se gaste su dinero en regalarme un cuento, o que un buen autor quiera escribir textos para mí, y tantas y tantas situaciones que no caben en un post. Unas por cantidad, otras por pudor y otras por evitar el autobombo del que es díficil escapar en momentos de felicidad (hoy no he madrugado). Todo ello me transporta a cuando aún vivía en Santander, hace unos años. Yo entonces hubiera firmado por vivir lo que estoy viviendo, aunque luego tuviera que volver como la rubia platino de una canción de Sabina…
Ahora no lo quiero firmar, claro, quiero más. Quiero más, sin olvidarme de todo lo bueno de lo que voy aprendiendo a rodearme. Y sin dejar de ilusionarme con esas pequeñas sorpresas no tan cotidianas.
Ya estoy aquí! Me ha costado escribir en el blog porque la entrada se convierte en un laberinto cada cierto tiempo, y con el tiempo ultimamente el reloj es tacaño, por suerte considero, conmigo… pero ya estoy aquí!
Os diré que volví de las vacaciones con las energías renovadas y esas dudillas vitales que llaman a mi cabeza los septiembres bastante resueltas ( mi año comienza ahí desde el colegio). Cuando paré del trabajo, este año vinieron a mí todas las inseguridades del mundo que cabían en esa isla del Egeo; pero me vinieron bien los miedos tontos que a una le entran cuando tiene de pronto todo el tiempo del mundo para no hacer nada y darle vueltas a la cabeza. Afortunadamente a mi me pasó a pie de piscina bajo un sombrero y con un chapuzón ahogué cualquier atisbo de boicot de mi cerebro a mis ansiadas vacaciones.
Y es que cuando todo va muy bien te agobias porque no quieres que nada cambie, no quieres perder lo que tienes y te empeñas en buscar fisuras en lo que hiciste o futuribles cataclismos que pueden llegar. Temes la tormenta después de la calma. Te puedes poner hipocondríaca por si se te cae la salúd de un bolsillo, nostálgica por lo poco que has visto a los tuyos este año, que trece son pocos años de media para que viva tu perro, que desatiendes a los amigos, que… miedos miedos miedos, que no puedes poner en voz alta porque dichos así muchos suenan rídiculos, ni puedes compartir con nadie, salvo si los intercalas en tono de risa a media coversación, porque no te reconocerías en ese tipo de persona insegurona. Y si una sabe que es rídiculo, por qué se siente ese pellizquito que te hace sentir pequeñita debajo del sombrero mientras te churruscas con protección del 50 al sol?
Las malditas cabecitas que malas pasadas juegan… a veces te pueden convertir en un agorero pesimista cuando lo tienes todo para ser feliz. Menos mal que no me dejo porque yo soy muy de pensar estupideces del tipo:
¿Cómo hago para dormirme por las noches; en qué momento desconecto y cómo lo hago con tanta facilidad? Y hála! esa noche despierta hasta las mil
¿Cómo hago para memorizar los textos, cómo pasa del papel a mi cabeza? Y venga!esa tarde imposible dar pie con bola con los guiones
¿Y si hoy me quedo en blanco en la función?Y ole, a improvisar un trocito toca por esa maldita décima de segundo que me paro a pensar que fijaté que faena si no me acuerdó de la siguiente réplica .
¿Y como hace mi cerebro para enviar la orden de, por ejemplo, pestañear? Y por supuesto, se me pone el tic un ratito de necesitar abrir y cerrar los ojos locamente (ésto afortunadamente no suele ni a menudo, ni en grandes momentos, ejem, no sé porque lo he recordado ahora…)
¿Y yo por qué gustaré a mi chico?¿Por qué el amor siempre me dura tres años y se me gasta? Y entonces me levanto el sombrero un poco, le miro de reojillo mientras lee, él me sonrie, le sonrió yo y se me pasa todo.
Gran verdad esa de Fito que dice: “Sé que soy mucho más guapo cuando no me siento feo” Pues eso… así con todo.
Nos pasamos toda la infancia intentando ser iguales a los demás. Es horrible para un niño que su madre se equivoque de día, (le pasó al compañero de un amigo) le lleve al colegio disfrazado de ratita y lejos de llevarle de vuelta a casa, le deje todo el día en clase de esa guisa y sus compañeros vestidos normales. No gusta llevar un parche en las gafas, ser demasiado alta, demasiado baja, tener mucho pecho o estar plana en la ESO. Yo a mis padres les di a elegir entre ponerme gafas o aparato en los dientes, todo junto ¡NO! que era ser rara, así que la míopia ganó la partida y los piños ya los arreglaría en otra vida.
Y en cambio, durante el resto de la vida uno quiere ser diferente, especial, desmarcarse y destacar por lo menos en algo… hay que hacerse de una tribu urbana, tatuarse, no tener lo que tienen todos y lejos de sentirse raro uno se considera original; pero todos hacemos las mismas tonterías cuando nos enamoramos, nos emocionan o disgustan las mismas cosas en líneas generales o seguimos las mismas tendencias. De ahí que Shakespeare nunca pase de moda y muchos monólogos que rídiculizan al ser humano, en determinadas situaciones, levanten la carcajada general.
Por ejemplo, en pandilla siempre se deja para el final cuando te estas despidiendo con dos besos al que te gusta (en el caso que lo haya), me reí observándolo el otro día desde una terraza; todos conocemos los besos comisura y lo que los diferencia de los besos “push, push” de ni rozarse las mejillas. A todos nos hacen gracia las caídas, los pedos sonoros ajenos en público y tosemos para disimular, o si nos llaman por teléfono y estamos dormidos siempre lo negamos.
Y yo, aunque me encante mi trabajo y viva una etapa muy feliz ansío vacaciones como todo quisqui, escapar del calor de Madrid, desconectar, ser durante una quincena más rato al día Marta Hazas que Sara Reeves, aunque yo este más mortalmente corriente escrita.
Así que hasta la vuelta!!!!!!!!!!!
Gracias por todos vuestros comentarios
Tengo mil borradores inacabados escritos en papel de estos meses que se iban quedando obsoletos en mi escritorio a falta de un ordenador en casa (el mío pereció definitivamente), y de tiempo material para sentarme a escribir o incluso vivir experencias al margen de Sara Reeves que poderos contar.
Hoy sentada en la oficina del plató de Bandolera mientras espero a entrar en mi siguiente secuencia he decidido por lo menos sentarme a pediros disculpas por la ausencia y así obligarme a comprar el ordenador este fin de semana para poder seguir “viajando a Marte” en el Diario mínimo de forma mensual.
Os quise escribir en Nochevieja haciendo balance del 2010, ante el estreno de la serie Bandolera en prime time, sobre la alegría posterior de lo bien que está funcionando, de los Goya de este año que vi en un hotel de Mallorca finiquitando la gira de El Mercader de Venecia… Lo que he aprendido con esa función de teatro, de actores, del ser humano, de Shakespeare y de la VIDA!!!! Grandes Fernando Conde y su mujer/productora Eva a los que tengo que agradecer este regalo de personaje que ha sido Porcia y lo que me han arropado cuando se apagan las candilejas y te llevas sorpresas un poco feas.
Os he querido agradecer vuestros comentarios que me llegan a través del blog, comentar la poca actualidad que me llega a “Arazana”, añorar un poco hasta que se me pueda estropear la catenaria camino de Santander…
Hay mucho de nuevo en este 2011 para mí, estoy feliz de haber tomado riesgos, de la suerte que he tenido con cruzarme con este personaje, de conocer (oh, oh, vienen a por mí para grabar)…de….”voy!” es la 1:10 de la tarde y voy a por la cuarta secuencia del día a discutir un poquito con el Chato y luego a aclarar dudas al Teniente Romero…
Hasta pronto!!!!!!
Cuando haces inventario de los libros que tienes por razones de mudanza, reforma o sábado lluvioso con ataque organizativo redescubres las palabras que, un día, varios alguien que pasaron por tu vida, en distintas calidades, pensaron para ti. Son libros que no se prestan.
Intentas acordarte de las que escribiste tú y te das cuenta de la diferente persona que puedes ser a los ojos de según quien…eres una para los amigos que siguen a tu lado, para los que quedaron el camino, otra para amores que pudieron ser o los que lo fueron, para los que lo son, para los compañeros de un trabajo, de la escuela, de un curso, para un autor…para los que regalan por compromiso en forma de libro impersonal.
Me encantan las librerías de segunda mano en las que encuentras ediciones, por ejemplo, con tapas de piel e iniciales grabadas con dedicatorias que te hacen inventarte historias sobre las vueltas que ha dado ese libro antes de quedarse huerfano y la vida de sus propietarios. Antes encontraba muchos en el rastrillo que ponen en el túnel o en la feria del libro de los Jardines de Pereda que marca el final del verano.
Una de las frases que más me han emocionado de una película es cuando en “La vida de los otros” el nazi que realizaba las escuchas va a la librería y compra un libro que cuenta su historia y lee la dedicatoria, mientras el dependiente le pregunta si es para regalo, y el responde de una manera que te rompe:”No, es para mí…”
Mi año desde siempre comienza en septiembre. El otoño es para mi la estación de los cambios, de empezar…
Es una sensación de vértigo ante lo nuevo, de melancolía despues de los días largos del verano, de energia renovada, de hacer planes, en definitiva de nuevas aventuras y desventuras.
Ahora preparando un nuevo proyecto de televisión tengo la misma sensación de cuando forraba los libros del colegio, me compraba la mochila, y recogia los horarios. Solo falta que llueva fuera…
Tenía un poco abandonado el blog pero es que en mi lista de planes para este “curso” el primero es comprarme un ordenador, que ya no tengo, y no quería dejar de comentar lo estupenda que es la función “Todos eran mis hijos” de Arthur Miller, dirigida por Claudio Tolcachir, que se representa en Madrid en el Teatro Español. Es muy actual el tema que trata, los actores estan estupendos (Carlos Hipólito, Gloria Muñoz, Fran Perea, Manuela Velasco…) y no perdais de vista a este director cuyos trabajos con el elenco es hilar fino con la verdad dramática, hacer un teatro cercano, que emociona, ojalá pasen por Santander.
Mi segunda recomendación para el ocio otoñal es el musical “Avenue Q”, muy divertido incluso para los poco amantes de los musicales. Es ácido, mordaz, con gran sentido del humor y a pesar de usar muñecos, que recuerdan a los de Barrio Sésamo, desde luego no es para niños.
Ahí van dos ideas de ocio para vuestras agendas otoñales… y se me está ocurriendo que debería organizarme una Nochevieja los 31 de agosto…
“La vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes“, dijo sabiamente John Lennon. Qué razón tenía…
Iba a conocer Menorca y la VIDA decidió con una llamada a las 6:00 a.m que las vacaciones iban a durar 20 horas, que había que volver a Madrid porque ella, por su cuenta, había reservado un regalo de cumpleaños que ponía fin a una dura espera para alguien cercano. Él no planeó un agosto de hospital y paradojas de la vida, en algún lugar del país, alguien tampoco tenía planeado “dejar de ser” para convertirse en esperanza para otro, dejar de existir para ser donante. Son esas cosas, jodidamente irónicas de la vida cuya magnitud se me escapa, me impresiona… Es tan grande el tema que se merece un post entero que ahora me siento incapaz de escribir.
Cuando hay que modificar el itinerario del camino es cuando descubres la grandeza de las personas, de aquellos cuyo proyecto de vida es su familia, de la fuerza de determinados Pilares, de lo que las personas son capaces de hacer por sus seres queridos. De ahí nacen situaciones peliculeras, pero tan reales a la vez, como llegar al aeropuerto y decir: “Deme un billete para el próximo avión que salga a Madrid”.
Y entonces una aprende, admira y aprende. Son oportunidades que te brinda la vida para decidir de que pasta se quiere estar hecho…
En la cara B del asunto está lo de menos, lo menos importante pero que por comparación resulta flagrante y es lo tiburones que se vuelven determinados empresarios dedicados al ocio estival en agosto. Dejan de ser personas para convertirse en maquinas registradoras.
Me da la gana decir, que si vas a Menorca que sepas que en el Hotel Biniarroca, un sitio caro, de aparentes prestaciones, si tienes que anular tu reserva por una causa muy muy gorda y justificada como ésta, aunque avises dos días antes, te cobran la estancia completa!! (habiendo reservado semana y media antes). Haciendo honor a la verdad debo añadir que cuando les mandé un mail, bastante encendido puesto que por teléfono no atendían a razones, explicando los motivos de mi anulación redujeron su usura a cobrarme una noche completa de las dos concertadas (260 eurazos). Este hotel no lo conocimos (pero si pagado) ni ganas de hacerlo nunca.
Teníamos un hotel mucho más normalito reservado para los primeros cuatro días en el que nos han demostrado que en la calidad del trato humano está el verdadero lujo. En el hotel Sa Barrera han ganado dos clientes. Entendieron a la primera el problema y solo pagamos la noche que utilizamos, a pesar de ser un hotel más modesto y les hacíamos más faena por la inmediatez de la anulación y el número de noches.
Y en alquiler de coches Autos Valls, te obligan a pagar por adelantado, no tienen oficina en el aeropuerto, te hacen esperar para darte el coche y no devuelven el dinero aunque hayas usado el coche 10 horas de los 6 días contratados por causas de fuerza mayor. Les llevo una semana escribiendo mails huérfanos de respuesta.
Advertido ésto añadir que lo importante es lo importante y contenta porque van las cosas bien. Para todo lo demás lo del anuncio: master card y peor para los que el dinero no les deje ver más allá.
Así que nada, a seguir haciendo planes, a jugar al cuento de la lechera, a pensar los próximos tres movimientos para hacer tu jaque al destino y a intentar tomar las riendas, que si está por desbocarse tu vida en algun momento va a pasar igual…Eso sí, hay que reconocer que complicarse la vida haciendo planes, aunque planees improvisar, es lo divertido y produce cierto placer.

