15 Abr 2009

El curioso caso del público que dio un concierto

Cuando llegamos a Valladolid todo parecía indicar que íbamos a dar uno de esos conciertos que se disfrutan como músico. La sala tenía una buena acústica y además nos gustaba su decoración. Un escenario aceptable y con poca altura respecto al público.

Llegábamos de Salamanca donde habíamos dado un buen concierto y la gente lo había pasado genial.

Nos recibió Carlos que se encargaba de la producción y en seguida atendió todas nuestras necesidades. Por último, el equipo de sonido de la sala tenía muy buena pinta.

La prueba de sonido empezó bien. En cuanto Raúl se puso a tocar la batería me quedé relajado disfrutando con lo bien que sonaba todo. Pero poco a poco la cosa se fue complicando. No recuerdo en qué momento empezaron los primeros acoples (esos ruidos agudos que a veces se oyen en los conciertos y que parecen atravesarte el tímpano), pero a partir de ahí no cesaron. Además la corriente eléctrica tenía subidas y bajadas, lo que suponía un riesgo para la vida de nuestros amplis. Lo que era una prueba de sonido idílica se convirtió en "el gran marrón". Para colmo a cinco minutos de abrir puertas, con la gente fuera haciendo cola, el equipo de sonido empezó a hacer un ruido ensordecedor que impedía oír cualquier otra cosa.

Mercuttio Cao: Pude ver la cara de terror que tenías.

Marcos: Qué quieres. En ese momento supimos que aquel concierto iba a ser duro; muy duro. Cuando tuvimos que abandonar la prueba porque ya no teníamos más tiempo lo que oía por mis auriculares era una maraña en la que no entendía ni mi propia voz.

Mercuttio: Bueno, bueno. Tampoco sería para tanto. Has tocado en situaciones mucho peores.

Marcos: claro que si, pero eso no quiere decir que me guste repetir. Además, al alargar tanto la prueba no tuvimos tiempo de pasar por el hotel y así como llegamos teníamos que salir a tocar. Por supuesto, el camerino medía un par de metros cuadrados. Lo mejor para relajarnos...

Mercuttio: Mira Marquitos, me viene a la cabeza el festival de Woodstock en el que Hendrix y compañía dieron unos conciertos históricos sin tener casi ni monitores para oirse. Y no me quiero imaginar cómo serían los camerinos. Lo importante no son esas cosas que a ti te causan tanto terror. Lo importante son las ganas de tocar. Lo que pasa es que tal vez te estés haciendo un poco pijele.

Marcos: Gracias Mercuttio! El caso es que dos minutos antes de salir a tocar estábamos cardiácos por lo que podría sucerder durante el concierto. Nos dijimos a nosotros mismos que ahí afuera había mucha gente que había pagado una entrada para vernos y que eso era lo importante. Había que olvidar cualquier factor técnico y darles toda nuestra energía positiva.

Mercuttio: reconócelo, en el fondo querías escapar de allí.

Marcos: Para nada. Como tu bien dices, hemos tocado en situaciones mucho peores y al final siempre ha salido todo bien.

Mercuttio: Jeje, siempre bien. Aún no sabíais lo que se os venía encima.

Marcos: Pues no. El caso es que apagaron la música y las luces. El corazón empezó a latir otra vez a toda velocidad cuando oímos rugir a todo el público. Pero esta vez no había angustia. Todo el cansancio y el nerviosismo pasó a convertirse en adrenalina pidiendo paso para recorrer todo nuestro cuerpo.

Empezamos con los primeros arpegios de Bipolar y en dos segundos la gente se puso a saltar. Creo que ha sido nuestro record. Increíble! A partir de ahí todo fue sencillo. Aunque mi mente ya estaba más tranquila mi cuerpo no paraba de moverse y de dar saltos. Recuerdo que antes de salir hablamos entre nosotros de mantener la calma por lo que pudiera suceder a nivel técnico. Pero minuto y medio después lo estábamos dando todo. De calma nada. Queríamos disfrutar de la fiesta que aquella gente nos estaba regalando. No siempre te encuentras con un público así y lo queríamos disfrutar al cien por cien.

Y poco a poco el concierto fue desarrollándose sin más incidencias que los famosos acoples. Yo no conseguía oir mi voz y me costaba saber si afinaba o no, pero en ese contexto ya no importaba porque la gente cantaba cada una de las frases y su voz se mezclaba con la mía.

Uno de los momentos más divertidos del show fue cuando ibamos a tocar Luces de Neón y yo se la dediqué a todo el mundo por el buen rollazo que nos estaban dando. Entonces la gente enloqueció y no pararon de gritar y aplaudir durante más de un minuto. Aproveché para presentar a la banda y ver si así se desfogaban y se calmaban, pues Luces de Neón tiene un comienzo muy suave e íntimo y necesitaba algo de silencio. Pero nada, con cada uno de los nombres gritaban más y más. Sin bajar la intensidad empezaron a saltar y a gritar: "mucho y bueno!!! mucho y bueno!!! mucho y bueno!!!" A mi me entraba la risa y miraba a Diego, a Victor y a Raúl para disfrutarlo desde nuestra complicidad porque ya debían de llevar cinco minutos. Todo iba sobre ruedas. Nunca habíamos tenido un público tán eufórico.

El caso es que llegamos a la recta final del concierto tocando felices y sin gota de cansancio. Tocábamos "Libres" sabiendo que al final de la canción se iba a liar gorda con la parte que no aparece en el disco porque es muy bailable y la gente ya estaba desmadrada. Cuando sin avisar aparece el estruendo ensordecedor que no dejaba oir nada más y nos quedamos helados. Parecía que la sala iba a explotar. Pero la gente en vez de quedarse callada y sentir verguenza ajena por nosotros empezó a aplaudir para darnos ánimos. No flaqueaban ni a la de tres. Viéndonos salvados por el público sentimos que el ruidaco infernal cesó y sin más seguimos tocando donde lo habíamos dejado con el consiguiente desparrame final. Terminó el show.

Teníamos claro que no podíamos salir a tocar los bisses pues no estaba garantizado que el equipo de sonido aguantara. Pero en ese momento la gente se puso a cantar "Euforia" para provocar nuestra salida. Y ante tal reclamo decidimos intentarlo.

Allí estábamos de nuevo. Antes de despedirnos con Euforia intentamos tocar una canción de nuestro primer disco pero fue imposible porque el zumbido gigante volvió a envolvernos a todos. Nos volvimos a ir al camerino pero la gente seguía animándonos a que siguiéramos tocando. Había que intentar acabar con "Euforia", aquellos locos se lo merecían.

Y allí estábamos de nuevo. Me entra la risa de recordarlo, porque en ese momento el amplificador de Victor dejó de sonar. La cosa iba a peor. Decidí darle mi guitarra y aprovechar para cantar más libre. Cuando sonaron los primeros acordes llegó el gran subidón. La olla a presión estalló y yo me dejaba llevar...

Pero cuando entra Diego con el bajo, éste tampoco suena. "Joder" pensé, "esto es insuperable". Pero al volverme hacia el público la gente parecía ajena a todo aquello y bailaba y cantaba a gritos sin importarles que sólo sonara la batería y una guitarra. El bajo volvía a sonar pero en seguida desparecía de nuevo.Era el infierno convertido en paraiso por esa gente que me miraba desencajada gritando: "me inunda el corazooón de euforia!!!" Y pensé: " a tomar por culo, yo me apunto a la fiesta". Pero como no podía ser de otra forma: El Zumbido Infernal se apoderó de nosotros por última vez. Ya no sonaba ni siquiera la guitarra ni la batería. El Zumbido pudo con nosotros. Lo intentamos. Varias veces! Pero no podía ser. El Zumbido ganaba la partida aquella noche.

Todo ocurrío en un instante. Al ver que ya no sonaba nada excepto el Zumbido la gente enloqueció más aún y se pusieron a cantar más y más fuerte toda la canción. Terminaron ellos el concierto, bailando y cantando llenos de Euforia.

El enfado que teníamos por los problemas técnicos nos impidió ser conscientes de que habíamos sido unos afortunados. Porque muy pocos tienen la suerte de ver cómo el público termina dando un concierto al grupo.

Mercuttio: Lo más mágico es que coincidiera con una canción como Eufória.

Marcos: Así es. Por eso este post de hoy sólo lo escribo para dar las gracias a la gente de Valladolid por ese cable que nos echásteis. Desde que publicamos Bipolar cada concierto ha sido inolvidable. Y hemos notado un gran cambio en nuestro público. Parece que disfrutan tanto como lo hacemos ahora nosotros. Pero nunca imaginamos que algún día pudiéramos ser parte de...

..."El curioso caso del público que dio un concierto"...

Mercuttio: Muchas gracias Eufóric@s!!!

31 Mar 2009

ALGO ESTÁ CAMBIANDO...


El pasado 25 de marzo se celebró en Madrid el 2º concierto "Dale la vuelta al mundo" organizado por Intermón Oxfam para recaudar fondos en favor de la gestión que el impacto del cambio climático está causando en países como Etiopía, donde la sequía está perjudicando los cultivos con consecuencias importantísimas para su población. El objetivo era sensibilizar sobre el cambio climático y presionar a los gobiernos con el fin de llegar a acuerdos firmes y más justos. Junto con mi banda "La sonrisa de Julia" tuve la suerte de compartir escenario con grupos como Lory Meyers, Russian Red, Vetusta Morla, Catpeople, Second o Mclan, entre otros. La experiencia me sirvió, además de para pasarlo en grande esa noche y compartir con la gente de Intermón Oxfam un objetivo común, para ser testigo de algo que desde hace tiempo nos ronda por la cabeza a todos: la industria discográfica ha cambiado.

Para empezar, aquella noche hubo un nivel musical (y por supuesto humano) que ya no tiene mucho que envidiar al de otros paises. He de decir que personalmente no siempre he tenido esa sensación. Me quedé especialmente impresionado con los vocalistas. Lo más interesante es que pasaron por el escenario de la Joy Eslava grupos que representan distintas situaciones o vinculaciones con la industria: bandas que trabajan con multinacionales, grupos bajo sellos independientes y otros que han creado su propio sello para publicar sus discos. Hace unos años hubiera sido fácil identificar cuál de ellos trabajaba junto a una multinacional y cuál de ellos junto a un sello independiente. Lo mejor del panorama actual es que, al menos a nivel artístico, ese criterio se ha vuelto ineficaz.

Nunca me han gustado, en ningún aspecto de la vida, las clasificaciones rígidas que definen la realidad enfrentando sus partes teóricamente opuestas. La realidad siempre es mucho más compleja y rica, y casi siempre está llena de matices y sorpresas que no responden a estereotipos formulados a priori. Y mucho menos en la música. Lo que más me gustó de la otra noche fue comprobar que el panorama musical nacional lo forman bandas tan interesantes desde posiciones tan distintas.

Es fácil verificar hoy en día cómo grupos apoyados por una multinacional y una ingente promoción en medios al estilo tradicional se estrellan con las ventas de sus discos. La otra cara de la moneda son artistas como Russian Red que, avalados por buenas canciones, mucha imaginación promocional y la herramienta de internet, llegan a mucho más público, y lo que es más importante, crean su propio público.

En mi caso, no puedo más que celebrar la situación que describo. Aunque mi grupo se encuentre entre las bandas que trabajan junto a una multinacional, todo el esfuerzo que ha hecho, por ejemplo, la gente de Vetusta Morla, no hace más que beneficiarnos. Para empezar, porque ha quedado demostrado que el viejo sueño de la autoedición es una realidad. Y una realidad exitosa. Hasta que Vetusta Morla publicó su disco, todo intento de autopublicar parecía inevitablemente destinado a ser en buena medida ignorado por los grandes medios de comunicación, con la dificultad que representa esta falta de apoyo para llegar al gran público. Parecía difícil asociar en este país un gran talento musical con un gran éxito. Por eso, lo que está ocurriendo en estos momentos no solo nos da un chute de moral a muchos, sino que además deja a las viejas fórmulas de la industria en una más que cuestionable posición...

La consecuencia inmediata es que las multinacionales (y el dinero que aún les queda) están empezando a mirar en una dirección que hasta hace poco ignoraban como posibilidad: la dirección que marca el trabajo artístico, la imaginación, la duda y la incertidumbre, la dirección que dictan los grupos que tienen algo que contar antes de cuantificar ventas, las bandas capaces de autoproducirse un disco, la dirección de lo alternativo como valor. Se que a muchos cada vez les resulta más tedioso trabajar con la vieja ornada de superestrellas (preocupadas más por los ceros que aparecen en sus contratos que por la calidad de sus canciones) y que poco a poco comienzan a mirar con los ojos más abiertos (y más respetuosos) a esas bandas que sin gastar grandes sumas en las producciones de sus discos ni en los respectivos lanzamientos discográficos no han visto como sus ventas descienden estrepitósamente. Algunos ya se han dado cuenta de que el viejo sistema no es la única opción.

Por todo, hay que dar las gracias a grupos como Vetusta Morla, a los que tuve la suerte de ver en directo por primera vez en el 2003 en el escenario de la sala Sol durante una de las semifinales del Rock Villa de Madrid. Y con los que tuvimos el placer de compartir escenario en Ritmo y Compás cuando ninguno de nosotros teníamos disco publicado. Entonces ya me hacían sentir como un aficionado después de escucharles. Nuestros caminos fueron muy distintos. Ellos no pasaron de la semifinal del Rock Villa y nosotros ganamos aquel concurso. Ellos siguieron tocando en salas y nosotros publicamos un disco que tuvo bastante éxito mediático y que nos permitió hacer una gran gira y ganar dinero. Ellos siguieron tocando por salas, puliendo su sonido y sus ideales y buscando su lugar, nosotros publicamos nuestro segundo disco con una multinacional... Justo cuando estábamos terminando de autoproducir nuestro tercer disco "Bipolar", y precisamente en el primer concierto "Dale la vuelta al mundo" de Intermon Oxfam, me volví a encontrar, después de mucho tiempo, con ellos. Me alegraron la noche con la noticia de que habían decidido crear su propio sello para publicar su primer disco. Días después escuché cómo Angels Barceló abría su programa "Hora Veinticinco" presentando el primer disco de una banda que había tardado nueve años en publicarlo. Olé, pense. El resto de la historia ya la conocemos: llenan cada una de las salas en las que tocan y han conseguido la extraña comunión entre crítica y éxito. Las discográficas que hace menos de año y medio les ofrecían contratos insultantes llaman ahora a su puerta explicándoles lo bueno que es su disco y su directo y lo productivo que sería trabajar juntos...

Nó se qué camino recorrerán Vetusta Morla ni con quién. En todo caso, da lo mismo. Seguirán trabajando de la misma manera sólos o con alguien que les aligere de marrones logísticos. Iván Ferreiro lleva más de una década en Warner y ninguno tiene dudas sobre la estimulante aportación que nos ha hecho a quienes estamos en el camino.

Así que sólo nos queda celebrar y disfrutar que ante nosotros se estén abriendo un sin fin de posibilidades que esperan ser transitadas: hoy en día, lo que valen son las ideas y las decisiones que tomemos, y esto es lo que somos. Las grandes verdades de la industria discográfica ya no son más que ridículos slóganes en boca de gente que perdió hace tiempo la imaginación y el entusiasmo.

MERCUTTIO CAO: Bueno, bueno... Todo esto está muy bien Marcos pero sigue sonándome un poco raro viniendo de un tipo que tiene contrato en vigor con una multinacional...

MARCOS CASAL: En ningún momento aspiro a que todo el poder de la industria salte por los aires y se derrumbe mientras yo lo contemplo con una sonrisa en la boca. Aspiro a vivir en una época en la que haya espacio y oportunidad para grupos que a mi me parecen interesantes. Aspiro a trabajar en un tablero de juego en el que el poder esté más repartido y menos concentrado. Y tengo la sensación de que es éso precisamente lo que poco a poco está pasando. Y aspiro, de momento, a que mientras sigan existiendo grandes empresas alrededor de la música, esas empresas miren con interés y respeto el trabajo de artistas con fórmulas alernativas.

MERCUTTIO: Ya, y de paso, puede que tampoco estuviera nada mal que esas empresas desaparecieran para dar paso a una nueva situación...

MARCOS: Depende de lo que las sustituya. En muchas ocasiones cambios prometedores de poder terminaron en algo mucho más opresor y oscuro que aquello que intentaban sustituir. Me conformo, repito, con que las entidades con capacidad para invertir en música prefieran apoyar a artistas que se toman más en serio sus canciones que sus cuentas bancarias. Si esto ocurre, tenga el poder quien lo tenga, en cualquier situación nueva la atención estará puesta en los artistas que intentan hacer cosas interesantes. De momento, lo que está ocurriendo es que dentro del tablero de juego tradicional hay un nuevo factor: la publicidad viral. Un factor con un poder infinito y que además parece difícil de controlar para los poderes tradicionales de la industria. Yo celebro que cualquier idea pueda llegar a todo el mundo sin pasar (de momento) por el filtro de quien tiene el dinero. Y prefiero centrarme en lo constructivo y no en lo destructivo.

MERCUTTIO: Lógico, si formas parte de lo que se podría destruir, jeje.

MARCOS: Puede ser.

MERCUTTIO: Ya que me has dejado un hueco en tu blog me gustaría aprovechar para dar las gracias a muchos sonrientes que estuvieron en el concierto de la Joy Slava. Porque tú, Marcos, te pones a divagar sobre los "poderes" y te olvidas de quiénes son los que realmente os han apoyado siempre. Muy típico de ti.

MARCOS: Es cierto... Cuando salimos al escenario a tocar fue un subidón ver la sala llena pero más aún lo fue ver tantas caras conocidas por allí.

MERCUTTIO: Y dime, Maquitos (esto se lo preguntarán muchos), ¿cómo es que todos los grupos tocaron tres canciones y La Sonrisa de Julia solo dos? Resultó muy curioso...

MARCOS: Simplemente tocamos el tiempo que nos dijeron que se podía tocar.

MERCUTTIO: Ya. Tu siempre tan diplomático. Y, ¿cuánto tiempo era ese?

MARCOS: Doce minutos. La organización puso muchísimo interés en que ningún artista se pasara del tiempo establecido. Nosotros decidimos tocar dos canciones en las que pudiéramos improvisar un poco antes que tocar tres demasiado cortas.

MERCUTTIO: Pues, desde el público fue evidente que alguna banda tocó mucho más de doce minutos y que el vuestro fue el concierto más corto. Parece que una vez más os habéis portado demasiado bien. A ver si vais cogiendo algo de picardía que ya lleváis unos cuantos años en esto.

MARCOS: Tienes razón. Pero yo estaba apoyando un concierto benéfico y simplemente pensé que no era el momento de pensar en mis propios intereses...

MERCUTTIO: Eso no te lo crees ni tú. Te aseguro que hay una parte de ti a la que le entra la risa al oirte decir eso...

19 Mar 2009

Bienvenidos!

Bienvenidos!

Mi nombre es Marcos Casal Cao. Soy de Santander, nací en el 77 y podría decirse que soy músico ya que, de momento, me gano la vida haciendo discos y dando conciertos con mi grupo La sonrisa de julia. 
A través de este espacio iré dando mi opinión acerca de temas relacionados principalmente con la música, aunque no necesariamente tenga que ser así. Digamos que me guardo el derecho de escribir de lo que me apetezca en cada momento, si bien, intentaré utilizar mi experiencia dentro de la industria discográfica para compartir datos y anécdotas que podrían resultar interesantes a los demás.
El título del blog es "Bipolarismos" (el juego malabarista de batirse con uno mismo).
No es casualidad que tenga bastante que ver con el título de mi último disco "Bipolar". Y es que llevo un tiempo profundizando en la idea de que dentro de cada uno de nosotros no existe una personalidad única y coherente sino que todos albergamos siempre una dualidad. Todos tenemos algo de generosos y de egoístas. Todos llevamos algo de valentía de dentro y también de cobardía. Todos estamos a veces tristes y a veces alegres. Lo que nos va definiendo es el historial de decisiones que hemos tomado a lo largo de nuestra vida. Alguien a quien definimos como triste es aquel que habitualmente cada uno de los días se comporta como tal. Siempre tendrá la oportunidad de empezar a comportarse como alguien alegre a dar la vuelta a la tortilla. Prefiero intentar mantener esta perspectiva antes de caer en el fatalismo de considerar que alguien "es" de tal o cual manera. Porque el verbo "ser" implica una eternidad que yo prefiero no asumir. Yo prefiero darme y dar siempre la oportunidad de cambiar. De ahí Bipolar. No es más que la reivindicación del cambio como parte de mi personalidad y la de los demás.
Toda esta introducción es para explicar que en este blog escribirá habitualmente Marcos Casal, pero su opinión será completada y muchas veces criticada por Mercuttio Cao, que es la parte de mi que a veces no está de acuerdo conmigo mismo. Además creo que es un juego saludable el de buscar argumentos contra la opinión de uno mismo, porque me he visto infinidad de veces cegado por mi propia ideología. Infinidad de veces... si. Mis santos amigos pueden atestiguar esto. Por eso cuando detecte que me pongo un poquito vehemente (que no es infrecuente en mi) tiraré de Mercuttio para equilibrar la balanza de mi discurso.
Nada más amigos. Mercuttio y yo os damos la bienvenida a nuestro pequeño espacio....  Relájense y disfruten, o no.

Sobre este blog

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):