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Soy felipista
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Javier Menéndez Llamazares | 29-01-2018 | 12:43| 0

felipeiiNunca lo hubiera pensado, porque siempre he sido alérgico a cualquier adjetivo que acabe en ‘-ista’, pero no me queda más remedio que confesar que últimamente me he descubierto como un ‘felipista’ convencido, militante y además recalcitrante.

¿Que qué es eso del felipismo? No, no se me asusten: nada que ver ni con Felipe González, ni con el izquierdista ‘Felipe’ de la transición. La cosa va más bien de reyes. Pero no carguen las escopetas todavía: no con Felipe VI, ni mucho menos. No, la camiseta ‘republicana’ que ha escogido la ‘real’ federación de fútbol tampoco es el asunto. Quien me trae a mal traer estos días es Felipe II, que me pone ojitos desde un papel de seda que envuelve una de las mayores tentaciones de este mundo.

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Dar la espantada
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Javier Menéndez Llamazares | 06-11-2017 | 07:53| 0

Hasta hace nada, cuando alguien decidía desaparecer sin previo aviso, la frase de despedida solía ser «me voy a por tabaco». Una excusa de lo más socorrida, que casi parecía justificar un viaje a Canarias, o incluso más allá, al mismísimo Caribe. Pero esa expresión, sin embargo, le debía de sonar demasiado españolista al muy honorable president catalán, que un viernes dijo que se iba a dormir a Gerona y a la semana siguiente apareció en el país de Tintín, casi igual de atribulado pero sin repeinarse el flequillo beatle. Total, que dentro de nada, en lugar de decir «despedirse a la francesa» acabará imponiéndose la expresión «hacer un Puigdemont», que para algo los españoles hemos inventado los chistes.

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Tiempo perdido
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Javier Menéndez Llamazares | 10-11-2017 | 10:45| 0
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Mira que hay ingenio desperdiciado por ahí, pero el chiste más salado que esta semana nos ha saturado el móvil ha sido el del cambio horario: «Atención, en la madrugada del sábado al domingo, a las 3:00 horas serán las 2:00. Menos en Cataluña, que será la 1:55». Cinco minutos arriba o abajo, la gran duda es: ¿qué sucede con esa hora, con todas las horas que se pierden año tras año?

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Votar o no votar
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Javier Menéndez Llamazares | 06-11-2017 | 07:34| 0
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Extraña semana esta que comencé en Barcelona escuchando a gente molesta porque no les dejaran votar y termino en Madrid, donde el ayuntamiento intenta motivar a los ciudadanos para que voten. Va a resultar que los españoles somos así, nosotros y nuestras antípodas; que adoramos los extremos porque nuestro hábitat natural son las contradicciones.

Oficialmente, llevamos casi cuarenta años en democracia, pero todavía no conseguimos aplicarla realmente.

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El monotema
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Javier Menéndez Llamazares | 19-10-2017 | 09:59| 0
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O Barcelona no está en Cataluña, o la realidad se parece bastante poco a lo que vemos cada día en los telediarios. Porque estos días me he pateado la ciudad condal –y mira que hay que caminar, aunque aquí sí que tienen un metrobús de verdad y no de exhibición, como en casa– y por ninguna parte he conseguido dar con esas hordas de independentistas que según los noticiarios campan a sus anchas por la ciudad, causando estragos entre las gentes de bien.

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Cápsulas del tiempo
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Javier Menéndez Llamazares | 19-10-2017 | 10:40| 0

solopuenteEn el colegio El Salvador, en Barreda, acaban de enterrar una cápsula del tiempo; esto es: un contenedor de plástico en el que han depositado una quincena de objetos y que se abrirá en 2032, cuando el centro cumpla cincuenta años.

Eso de la nostalgia retro-futurista no deja de tener su encanto, y uno no puede sino imaginar qué habría guardado en una cápsula, de haber podido, en sus años de adolescencia. Si yo encontrase ahora una guardada por mí en los ochenta, está claro lo que contendría: discos de los Ramones, novelas de Boris Vian, camisetas sin mangas, polaroids, gafas de sol rockeras, gomina para la cresta o laca para el tupé –según la época–, cromos de la liga, mis guantes de portero, tebeos de Astérix, chapas y parches para la chupa de cuero, capítulos de los Monster en cintas de vídeo beta, una agenda repleta de teléfonos…

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No hablar de Cataluña
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Javier Menéndez Llamazares | 19-10-2017 | 12:05| 0

Por supuesto, todo esto se veía venir. Tras varias generaciones educadas bajo los preceptos nacionalistas, aquello del «El río Ebro nace en tierras extrañas y desemboca en el Mediterráneo por Cataluña» ha acabado calando hondo entre los catalanes. El discurso victimista del país invadido desde la guerra de Sucesión, la política de ganar para la causa a los emigrantes de segunda generación –cuando se convencieron de que era mucho mejor que llamarles ‘charnegos’; véase si no qué éxito con Rufián y sus clones– o la potenciación del ‘hecho diferencial’ llevan cuatro décadas incubando un sentimiento que en algún momento tenía que explotar.

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Pagar o sufrir
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Javier Menéndez Llamazares | 19-10-2017 | 12:05| 0

Pensábamos que eso de ‘pagar por protección’ era cosa de películas, del cine negro en que la mafia o incluso los matones del barrio ofrecían a los negocios sus servicios, para protegerles, en concreto, de ellos mismos. Pero esta semana hemos podido comprobar que lo de la extorsión, el ‘dame para que no te pegue’, no sólo pasaba en ‘El Equipo A’, sino que exactamente así se plantean nuestros gobernantes las políticas sociales.

Y el desliz lo tuvo nada menos que el mandamás local, un Miguel Ángel Revilla que, visto desde lejos, podría parecer cabeza de ratón, pero queramos o no, aquí en la tierruca todos le tenemos que mirar desde abajo . Al final, él tiene las llaves de la caja de caudales del dinero público, de modo que todo lo piense, o exprese en voz alta, nos acaba importando a todos. Aunque a veces se le caliente la boca y diga aquello que nunca se debería decir; como esta semana, por ejemplo.

Hablando sobre la renta social básica, al presidente de Cantabria sólo se le ocurrió decir que ese dinero que se da a personas sin ingresos sirve para evitar que se conviertan en «potenciales delincuentes». Una tremenda falta de tacto que sorprende en un político con sus espolones, y que ha levantado ampollas en los sectores más sensibles de la sociedad. Porque los primeros en sentirse aludidos han sido los partidos de izquierda, que todavía no se han enterado de que los ‘obreros’, en paro o no, hace ya muchos años que pasan de ellos.

En política, como en todos los órdenes de la vida, hay cosas que no se dicen, por mucho que se piensen. Y es que, en ese juego de dobles lenguajes y de no llamar a las cosas por su nombre, acabamos hablando cada uno de cosas distintas, sin posibilidad de llegar a entendernos.

Desde luego, la renta social básica no es, no debería ser jamás el pago de un chantaje. Para empezar, es una aspiración para muchos ciudadanos cargados de idealismo, que busca una justicia universal que no existe en ese sistema económico que ya no nos gusta llamar capitalismo. Sin embargo, esos sistemas de garantías sociales no sirven en realidad para ayudar a aquellas personas desfavorecidas, que por uno u otro motivo no consiguen salir de la pobreza. Permítanme un ejemplo: cuando mi amiga María José se presentó en los servicios sociales para pedir una vivienda protegida, le hicieron varias preguntas: «¿Pertenece a una etnia minoritaria? ¿Es drogodependiente? ¿Le ha maltratado su pareja?». «No», respondió ella. «Simplemente, con mi sueldo no me alcanza para un piso». «Entonces, olvídese de ayudas. ¡Si encima tiene usted trabajo!» le respondieron.

Así que ya no vamos a escandalizarnos: no se trata de romper los círculos de pobreza, sólo se trata de evitar que molesten. Aunque para ello haya que comprar la paz.

 

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Independizarse
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Javier Menéndez Llamazares | 19-10-2017 | 10:07| 0

En los últimos tiempos, lo único que nos libra de estar hasta la barretina del asunto de Cataluña es que no la usamos; de hecho, ya ni boina se gasta por estas tierras, por mucho que a más de uno este verano le hubiera venido para protegerse de las insolaciones que parecen afectar a los exaltados de uno y otro mando, cada cual con el gatillo más rápido y el dedo apuntando al botón de autodestrucción. Pero saturados del asunto, lo que se dice hartos, estamos ahí mismo. No sabemos cómo acabará todo, pero que acabe ya, por favor.

Y es que la independencia es importante, pero la de las personas. La libertad de opinión, la autonomía personal y, sobre todo, la independencia económica. Que está muy bien que cada nación quiera su país y cada maestrillo su librillo, pero en el fondo de lo que debería ir todo esto no es de respetar leyes –que por cierto ya hemos visto hace bien poco que a poco que los políticos se empeñen hasta las constituciones se modifican de la noche al día, por no decir con nocturnidad y alevosía–, sino de algo mucho más trascendental, que es la búsqueda de la felicidad, por usar la expresión del siglo XVIII que sigue siendo la más bella de la historia para definir el sentido de la vida.

Y es que más que los países, los que de verdad necesitan independizarse son por ejemplo los más de cincuenta mil jóvenes que hace unos días nos contaba Nacho Ucelay que siguen viviendo en casa de sus padres. Y en la mayoría de los casos no porque no quieran, sino porque, sencillamente, no pueden. Se nos llena la boca con los derechos históricos de las naciones, o con su carácter sagrado, pero luego nos da exactamente igual cómo de moradas las están pasando su ciudadanos. Seremos la cuarta economía de Europa, los campeones de la Champions o los reyes del mambo, pero la realidad dice otra cosa muy distinta, con un par de generaciones condenadas al éxodo y víctimas de la precariedad. Jóvenes que coleccionan títulos universitarios para luego tener que soportar que les excluyan de ofertas de empleo por sobrecualificación. Trabajos que penden de un hilo, que nunca dejarán de ser temporales. Salarios que hay que mirar con lupa, o casi con microscopio, y precios que parecen en pesetas, de cuando los alquileres costaban miles y miles.

¿De verdad que se celebre o no un referéndum va a cambiar algo? En lugar de tanto jugar a las triquiñuelas legales y de órdagos a grande y a chica, nuestros políticos deberían preocuparse de que todos podamos ser independientes. Y entonces tal vez cumpliríamos todos aquel mandato de la constitución de Cádiz que decía que «El amor de la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles y, asimismo, el ser justos y benéficos».

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Dalí y la vidente
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Javier Menéndez Llamazares | 19-10-2017 | 10:08| 0

Lo sabemos por CSI, que según mi vecina Paqui es la mejor fuente de información práctica para aspirantes a cualquier delito: las pruebas no engañan. Y en este caso no era la del algodón, sino la del ADN, que aunque no sea fiable al cien por cien, la damos por buena porque las milésimas de porcentaje no se ven ni con el microscopio de Los Morancos.

Al final, resultó que la supuesta hija de Dalí no era ni presunta. De hecho, desde que hace unos días se supo que las pruebas genéticas dijeron que nanay, ya no es ni la señora Pilar Abel, sino simplemente, la pitonisa. Porque ya tendría recochineo llamarla ‘adivina’ después de no haber previsto lo mal que acabaría todo este asunto de su reclamación de paternidad. Conocer el futuro sigue siendo una ciencia bastante inexacta, así que sigue siendo más sencillo falsear el pasado, como se ha hecho toda la vida.

La resolución en negativo de la demanda ha terminado siendo una buena noticia para todos, y no tanto porque no haya que hacer partijas de la herencia, sino por el sencillo motivo de que el sistema ha protegido a todas las partes: quien clamaba por reparar una injusticia ha sido atendida –aunque el resultado no le satisfaga, precisamente–, y la verdad finalmente ha prevalecido. Es una buena noticia tanto para los que reclaman un apellido como para los que se niegan a reconocerlo.

Incluso ha sido buena para Pilar Abel, que al menos ya sabe que no puede fiarse de lo que su madre le contó, y que ya puede ir dejando de soñar con una biografía de épicas desdichas: su vida es tan anodina como la de todos.

Lo peor, con todo, de esta historia, tiene que ser el tremendo batacazo emocional de la pobre Abel. Porque cierto aire hay que reconocer que se daba al pintor, y aunque no está tan claro si ella de verdad se creía la historia o no, hay una capacidad de adelantar el futuro que todos tenemos y es la de figurarnos cómo será todo cuando se cumplan nuestros sueños.

Me imagino a la mujer fabulando con que se quedaba con la enorme fortuna de Dalí, que de la noche a la mañana era más noble que el duque de Alba y Tita Cervera, que era suya la casona esa de Figueras y que si quería podía hasta cascar los huevos gigantes que tanto admiran a los turistas.

No está claro si con esto iba a arruinar al reino de España o a la futura república de Cataluña, pero desde luego que era todo un sueño de princesas digno de la mejor infancia, que se ha ido al traste por una puñetera prueba. No me digan que no es como para odiar la biología…

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Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es