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Categoría: Sotileza
Nuevo eterno retorno

Mondadori celebra con una reedición las dos décadas de ‘La broma infinita’, novela de culto de David Foster Wallace

Título: La broma infinita. Autor: La broma infinita David Foster Wallace. Traducción: Marcelo Covián. NOVELA. 1216 pág. 23,90 € (ebook: 9,99 €). Publicación: 6 de octubre de 2016.

Cuando los editores de Little, Brown and Company estaban a punto de publicar la segunda novela de un joven autor no demasiado conocido, sabían que estaba a punto de entrar en su catálogo una obra especial, uno de esos libros que pueden cambiar no ya el rumbo de un escritor o una editorial, sino de las generaciones posteriores. De modo que decidieron convertir la publicación en todo un acontecimiento; o, al menos, crear la expectación suficiente como para que ‘La broma infinita’ armase todo el revuelo posible. Tras compilar una lista de cuatro mil direcciones de libreros, periodistas, críticos, profesores y otros agentes culturales, diseñaron una serie de seis postales en las que anunciaban la inminente edición de una nueva novela, cuyo título y autor no desvelaban, pero de la que prometían que les daría «un placer infinito», con su «estilo infinito».

Corría el año 1996 e internet aún no era poco más que un experimento, pero el marketing, incluso el editorial, era ya una disciplina de lo más madura. Y eficaz: David Foster Wallace, que hasta entonces sólo había publicado una novela, un libro de relatos y un par de ensayos, inició lo que llamaron su ‘gira triunfal’ por todos los Estados Unidos, en medio de una atención mediática tan inusitada, que hasta la revista Rolling Stone, por primera vez en dos décadas, decidió cubrir una ‘tournée’ literaria. Y para ello enviaron a David Lipsky, uno de sus más destacados reporteros, quien compartió una semana con el excéntrico escritor. Aquel viaje debió resultar memorable, pues el novelista se empeñó en ‘seducir’ al periodista –« Me gustaría moldear la impresión de mí que vas a transmitir. Todavía no sé si me agradas y estoy deseoso por agradarte», le espetó–. Aunque los lectores de la Rolling Stone nunca llegarían a leer ese reportaje, la aventura dio lugar a algo mucho más extenso: una crónica en forma de libro titulada ‘Aunque por supuesto acabarás llegando a ser tú mismo: Un viaje con David Foster Wallace’, que en 2010 le supondría el National Magazine Award, algo similar a los premios nacionales que se estilan en Europa. Un lustro más tarde, su viaje llegaría incluso a la gran pantalla, con el largometraje ‘The end of the tour’, en el que Jesse Eisenberg interpreta al reportero y Jason Segel a DFW.

Otro recurso promocional del que hicieron uso en Little, Brown fue la crítica literaria, una maquinaria cuyos engranajes sabían accionar a la perfección. Voces reputadas como las de Sven Birkerts le coronarían como el sucesor de Pynchon; Michiko Kakutani le presentaría en el New York Times como «uno de los mayores talentos de su generación» y Tom LeClair le halagaría en el American Book Review comparándole con William Gaddis y sus ‘Reconocimientos’.

Claro que aún faltaba la siempre impredecible respuesta del público, que en este caso resultó claramente polarizada entre la adoración y el rechazo absoluto. Incluso otros autores, como Bret Easton Ellis, llegarían a afirmar que se trataba de una obra injustamente sobrevalorada, aunque en su opinión tal vez pesara el duelo que en las listas de ventas mantenía con su novela ‘American Psycho’. Y es que, pese a que la obra de Wallace no encaja precisamente con la etiqueta de ‘bestseller’, en las últimas décadas se ha convertido en un auténtico superventas, con más de un millón de ejemplares comprados en todo el mundo.

A nuestro país llegaría con un notable retraso: en 2002, Mondadori daría a la prensa una versión al castellano firmada por Marcelo Covián. La crítica nacional la recibiría con cierta condescendencia, paliada por la buena recepción de los lectores, que acabarían por convertir a Wallace en un autor fetiche. Alguno de ellos, como José Luis Amores, incluso llegaría a fundar una editorial a la medida del ídolo: Pálido Fuego.

Y es que veinte años después de su primera edición, la novela se encuentra tan viva que incluso puede encontrarse por internet todo tipo de material de apoyo paraa su lectura: esquemas de sus personajes, mapas de los escenarios o un diagrama de flujo con todas las interrelaciones que se establecen en la trama de una de las obras más complejas del cambio de siglo.

 

 

El legado

 

Pero, ¿qué hizo, qué hace tan especial a ‘La broma infinita’? Porque no sólo se trata de una obra espectacularmente extensa –más de mil doscientas páginas tiene la edición española–, sino que además resulta compleja en su lectura, sobre todo en relación con el resto de su obra, mucho más accesible. Aunque para muchos lectores ese hándicap más bien pudo suponer un reto, que no haría sino aumentar su atractivo.

Aunque su publicación no sólo supuso la consagración literaria de Wallace, sino una pequeña revolución en la narrativa contemporánea. En las dos décadas posteriores, escritores de todo el mundo reivindicarían su herencia, en parte mimetizando su estética posmoderna, pero también adaptándola a las realidades concretas regionales. En España, la llamada ‘literatura nocilla’ es clara deudora de sus postulados, así como los movimiento ‘after’.

En clave aún más cercana, podemos encontrar ecos de ‘La broma infinita’ en autores cántabros como Alberto Santamaría, en especial en su novela ‘B’. Según declararía tras su publicación, los terroristas minusválidos de Wallace le servirían de inspiración para la idea inicial de la novela, que giraba alrededor de un grupo terrorista que realizaría atentados aleatorios.

En cualquier caso, ‘La broma’ fue un éxito instantáneo, un hito de la literatura del cambio de siglo, cuya importancia resulta innegable y a la que sólo falta el refrendo del tiempo, comprobar cómo soporta su paso, para convertirse en un auténtico clásico. Así que la prueba de fuego será la reedición conmemorativa de Mondadori, veinte años después, que además llega con la revisión del texto por parte de uno de los más destacados traductores de Wallace, el también novelista Javier Calvo.

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Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es