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Categoría: Reseñas
Sobre 'Patria', de Fernando Aramburu

Al final siempre gana el olvido

 

‘Patria’ son ciento veintinco fragmentos que podrían funcionar como relatos cortos, pero que en realidad componen el mosaico de un tiempo y un lugar en el que la libertad fue desdibujando su concepto hasta convertirse en una pesadilla de opresión, en el que los juegos de intereses intercambian papeles de víctimas y verdugos y sumen en un manto de fanatismo y violencia cuatro décadas para el olvido.

‘Patria’ es la memoria del miedo y el rencor, de un forzosa socialización en la que única posición posible es la propia, y en la que las actitudes refractarias a lo foráneo, a lo ajeno, acaban conduciendo a una barbarie en la que ni siquiera los supuestos referentes morales, como la Iglesia, consiguen superar un discurso maniqueo, cargado de ‘buenos’ y ‘malos’.

‘Patria’ es un país partido en sus entrañas, es la reflexión de una sociedad que culpabiliza a las víctimas, que consigue imbuir el terror en el interior de las mentes, que no pretende convencer sino hacer uso de la fuerza. Un país que inventa una lengua nueva, para no llamar a las cosas por su nombre.

‘Patria’ es la historia de dos familias en un pueblo que no necesita nombre; de dos ‘amas’ a las que la violencia separa tras décadas de amistad. Miren y Bittori son dos mujeres dominantes a las que un atentado –el asesinato del Txato, marido de Bittori– separará en un abismo fondeado por el aislamiento de un entorno que prefiere refugiarse en el ‘algo habrá hecho’.  Pero es también la historia de Joxe Mari y sus manos manchadas de sangre, cuyo camino conduce al arrepentimiento.

‘Patria’ no tiene una única voz, sino nueve –Miren y Bittori, sus maridos y sus cinco hijos– que se alternan y que forman un caleidoscopio que recoge las múltiples actitudes frente al horror. Aunque al frente de todas está la de un escritor que no rehúye su propia postura, su propia memoria. Se busca identidad y se encuentran personas, cada uno con su propio universo a cuestas.

Y aunque se llega a afirmar que «al final, siempre gana el olvido», la réplica reza que tampoco vamos a hacerle el trabajo.

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El hilarante ‘terrorismo literario’ de Antonio Fernández York en su primer libro de relatos

Escribir sobre escribir

Título: Sobre la imposibilidad de publicar. Autor: Antonio Fernández York. RELATOS BREVES. Ed. del Viento, 2016. 131 pág., 14,50 €.

Un libro que hable de un libro, una novela en cuyo interior se escriba otra novela no resulta ya demasiado novedoso, pues los últimos dos siglos nos han proporcionado tantas obras sobre el acto de la escritura, lo literario y lo libresco que los especialistas hasta acuñaron términos tan técnicos como pomposos para definir esa práctica: autorreferencialidad, metaficción…

Pero en el caso de este libro de relatos, la pirueta va aún más allá: no sólo se convierte al propio libro en un objeto de ficción dentro de uno de los relatos, sino que incluso se muestra gráficamente en la cubierta. El autor fabula con un escritor inédito, Antonio Fernández York, que desesperado por no encontrar editor, empieza a autopublicar sus propios libros, fabricándolos uno a uno de manera artesanal y dejándolos luego en las librerías, sin previo aviso. Y en otro relato posterior, ‘El síndrome York’, el escritor enloquece, no sin antes recorrer todas las librerías españolas preguntando por su inexistente libro.

Pero no terminan aquí las sorpresas: la literatura abandona su habitual reducto libresco y salta a ámbitos hasta ahora vedados para la ficción; por ejemplo, las reseñas de libros. Y es que, a poco que el lector dé rienda suelta a su curiosidad y bucee por internet, se topará con varias reseñas del libro en webs especializadas. Claro que la fecha de estas es muy anterior a su publicación (en este mismo año 2016), e incluso las portadas son diferentes, y hasta los sellos que lo editan –editorial Anglicana o Amalgama, entre otros), lo que nos lleva a la fantástica suposición de que en 2011 el escritor ya andaba haciendo de las suyas no sólo en la imaginación de Casanova, sino en el muy real mundo de la crítica de libros.

Y abundando en este discurso de la ficción, la propia editorial presenta el libro como un apoyo a los nuevos e ignorados narradores españoles, pero a la vez desmonta esa ‘imposibilidad’ en la que se basa el juego literario de York. Delicioso.

Pero la cuadratura del círculo llega cuando el autor no sólo crea un personaje, recurrente a lo largo de varios relatos del libro, sino que la creación acaba por devorar a su creador, pues el personaje llega a suplantar al autor incluso en el mundo real –si es que podemos marcar alguna diferencia entre ficción y realidad, en este caso–. Veamos: tenemos a un autor real, Ángel Casanova Grima (Madrid, 1975) y al personaje que idea para sus cuentos, Antonio Fernández York. De la existencia de York ya teníamos constancia hace años por la aparición en internet de algunos relatos, que incluso llegaron a ser elogiados por otros escritores como Gabriel Noguera, y un perfil de Facebook muy activo pero que desapareció hace algunos años; de Casanova sabemos que publicó varios artículos en la revista digital Rebelión y que fue finalista de un premio regional de poesía en Murcia a comienzos de siglo. Sin embargo, incluso esos artículos ya no aparecen con su firma, sino con la de su heterónimo York. Así, el autor nos sume en una duda maravillosa: ¿realmente existe Casanova? ¿No será también ficción? Porque apellidándose Casanova Grima, ¿qué sentido tiene buscarse otro pseudónimo?

En cualquier caso, la lectura de este libro de relatos supone una maravillosa experiencia, tanto por la calidad estilística como por el derroche de imaginación de su autor, sea quien sea.

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‘El libro de los espantos’, de Pablo Gallo y Beñat Arginzoniz

Entrañable serie B

 

Título: El libro de los espantos. Autores: Beñat Arginzoniz y Pablo Gallo. MICRORRELATOS. Ed. El Gallo de Oro, 2016. 109 pág., 15 €.

En las dedicatorias de esta obra –para las que Pablo Gallo utiliza tinta blanca, pues las páginas de cortesía aparecen de luto, completamente en negro–, el pintor suele escribir: «Para X, este espantoso libro». Y ciertamente se trata de un libro de espantos, o más bien de personajes espantados, en el que el pintor da rienda suelta a su pasión por la serie B: iconografía del mediados del XX y una temática que oscila entre el misterio y el horror.

Sin prólogos ni preámbulos, el libro da paso a una galería de personajes capturados en el preciso instante del espanto –entre los retratos aparecen incluso un perro, un mono y quién sabe si hasta un editor; quien sí que aparece horrorizado es un lector en pleno acto–, aderezados cada uno con un microrrelato alusivo firmado por Beñat Arginzoniz, cargados de un fuerte simbolismo hasta el punto de que en ocasiones casi parecen prosa poética –«Alguien te habita: un animal extraño vive oculto en el fondo del deseo»–, aunque en su mayoría glosan los personajes que Gallo propone, y que parecen sacados de una película en blanco y negro, con ese estilo tan particular del pintor en el que se combinan pop y expresionismo, apostando un trazo grueso y una estética claramente retro, en este particular homenaje al terror, al susto, a la plasmación gráfica del miedo. Todo, obviamente, desde una atmósfera mucho más irónica que siniestra; y es que abunda el humor negro, como cuando de un muerto con un pastel en la mano se afirma que «murió de la muerte más dulce».

La disposición de texto e ilustración induce a pensar que se trata de un texto ilustrado –las páginas impares, las más destacadas según las teorías de prácticas lectoras, se reservan para la tipografía, mientras que en las en teoría secundarias pares aparecen los dibujos–; sin embargo, hay un detalle que nos lleva a deducir precisamente lo contrario: que se trata de un libro de estampas ‘ilustradas’ por los microrrelatos.

Y es que en la página 19, tras la imagen de un hombre que mira –con espanto, como no podía ser menos– un pequeño papel, Arginzoniz nos dice que «la muerte por un cheque sin fondos podría ser el título de este dibujo». Así pues, parece claro que la génesis de la obra se produjo en ese orden: primero Gallo plasmaba sus dibujos, y después el escritor ideaba un texto ad-hoc. Lo que, además, da sentido, aparte del cronológico, a la ordenación de imagen y texto.

Aunque el libro esconde innumerables detalles, juegos y guiños que, además de reflejar el deleite de los autores con su trabajo, construyen un nexo muy especial de complicidad con el lector. Por ejemplo, en las páginas 34 y 35. En la impar, el texto habla de la sed en el desierto, con la única solución de ‘besar’ un cactus. Y se alude a un «Pablo en el desierto», que sufre de ensoñaciones artísticas, «como el Gallo (sic)». El juego de metarreferencias se completa, obviamente, con un autorretrato del pintor, de quien asegura Arginzoniz que su «arte sigue girando entre la profecía y la alucinación».

Sorprende, eso sí, la visión de sí mismo que nos traslada Pablo Gallo, mientras sujeta un cactus con las manos sangrantes. Se diría que el espanto, como la tele, engorda.

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El reto del principiante

El comisario Llaneza rememora su primer caso, el español que liberó París de los nazis

 

Título: La muerte abrió la leyenda. Autor: Alejandro M. Gallo. NOVELA. Ed. Reino de Cordelia, 2016. 264 pág., 18,95 €.

Pese a lo estricto que suele ser el género negro, Alejandro Gallo sabe que las convenciones están para romperlas. Así que, del mismo modo que el detective Llaneza es un policía atípico –o, al menos, poco vocacional, si es que no resulta bastante pintoresco el interés por el bando republicano en un comisario de la época por mucho que se sitúe en los últimos coletazos del franquismo–, para ‘La muerte abrió la leyenda’ no elige un arranque al uso: en lugar de con un asesinato, todo arranca con una entrevista radiofónica. Y no entraremos en si algunas formas de periodismo pueden ser o no un crimen, pero lo cierto es que en el programa ‘Black friday night’ descubren que, en lugar del suero de la verdad, la mejor forma de soltar la lengua del comisario es ofrecerle chorizo de León. Picante, en concreto.

Una vez avivada la nostalgia por el pimentón y los sabores de la infancia, el locutor David Panadero conseguirá sonsacar al policía los pormenores de su único caso sin resolver, que fuera precisamente el primero.

Así, la acción se retrotrae a la primavera de 1972, con un bisoño subinspector Llaneza recién instalado en su primer destino, una comisaría de Castellón en la que campa a sus anchas la temible brigada político-social, el cuerpo de represión de la dictadura. Falta, claro, el cadáver. Será un ingeniero chileno, tras cuya muerte descubren que, tras su falsa identidad se ocultaba un tal Amado Granell, nada menos que el combatiente español que, en uno de los tanques de la resistencia, encabezaría la entrada en París de las fuerzas aliadas. Condecorado por la República Francesa, su fallecimiento ocurre precisamente cuando se dirige a la embajada para tramitar una pensión. Así, un mero trámite derivará en una investigación compleja y molesta, que acabará por destapar los más turbios asuntos de la aparentemente idílica provincia.

Por supuesto, la novela no va a defraudar a los seguidores de Gallo; no falla en su habitual estilo, de toma y daca, con diálogos trepidantes y un impagable deje de irónico desencanto. Narrado en primera persona, el uso del presente en varios pasajes confiere al relato un ritmo vertiginoso, incluso en las escenas más pausadas. Además, la estructura temporal resulta muy atractiva, pues se narra desde el presente, con sucesivos flashbacks hasta cerrar la retrospectiva con un final sorpresivo, de vuelta ya a nuestros días pero que conecta historia y futuro.

Hay, además, una interesante relación entre la trama y algunas canciones que aparecen en el relato; desde el ‘This land is your land’ de Woody Guthrie hasta el ‘My man’, de Diana Ross. Y toda una serie de referencia culturales, reflejo del universo personal del autor –no olvidemos que es licenciado, entre otras cosas, en filosofía–, que alude a Aristóteles o a Guillermo de Ockham y su ‘navaja’, aparte de a la Alicia de Carroll o a Max Aub.

En definitiva, estamos ante una novela con el inequívoco ‘sello Gallo’, que supone además una ‘precuela’ de otras obras del comisario Llaneza, y que profundiza en el habitual interés del autor por la memoria histórica.

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Los bajos fondos de Bilbao en ‘La capital del mundo’, de Gonzalo Garrido

La parte oculta de la vida

 

Título: La capital del mundo. Autor: Gonzalo Garrido. NOVELA. Ed. Alrevés, 2016. 288 pág., 17 €.

Que el crimen no es monopolio del inframundo, que existe hasta en las más aparentemente armoniosas sociedades lo vino a poner de manifiesto la novela negra escandinava y el boom editorial que experimentó en la última década. Y hasta en la era Zapatero, en la época del ‘buenismo’ oficial y oficioso, hay quien consigue destapar turbios secretos y bajos fondos; aunque sea en Bilbao, como nos propone Gonzalo Garrido en su tercera novela, ‘La capital del mundo’.

Uno de los ingredientes fundamentales de toda novela negra es dar con un personaje memorable; en este caso, Garrido nos propone a Ricardo Malpartida, un antiguo taxista, aburrido de su oficio, que decide dejar de subir y bajar bandera para reconvertirse en detective privado, tras leer un reportaje el ‘El Correo’ que magnificaba las peripecias de un investigador local, bajo el lema vital «entre la miseria, con la miseria, por la miseria», y cuyo hábitat va a ser Bilbao la Vieja, «una mala imitación del Bronx de los años setenta».

El investigador, desde luego, encaja en los cánones del antihéroe: primario en sus instintos, sus pretensiones vitales se limitan al mínimo esfuerzo y en sus razonamientos no muestra tampoco gran agudeza, como cuando relaciona el apetito sexual de los norteamericanos con sus tendencias republicanas, a través de la Asociación Nacional del Rifle, o cuando opina que «todo el mundo debería ser asesino por un día, para conocerse mejor».

Obviamente, el punto fuerte de la novela es el humorístico; para empezar, con la socarrona elección de nombres para los personajes –el periodista Calamar, el muerto Mato, el juez Lapena–, aunque ese tono irónico y mordaz se va envenenando a medida que avanza la novela, que se va ensombreciendo cada vez más, incluso en el lenguaje. Un viaje del desengaño a la desilusión, que le sirve para desmantelar todo un entramado de aparente sociedad modélica, bajo el que se oculta un mundo mucho menos idílico, con políticos megalómanos de planes secretos, de buenas familias que evaden impuestos, de empresas corruptoras y en el que hasta en la caja de ahorros de tu barrio te «engañan sin escrúpulos».

Además, claro, de despacharse a gusto con los cantantes de éxito –«el hortera de Bisbal»–, los políticos –del alcalde de la ciudad destaca «su habitual altanería»– y con la prensa –«No hay más que conocer algo de lo que escriben los periodistas para darte cuenta de que jamás coinciden los hechos descritos con la realidad. ¡Cuánto cuentista frustrado!»– y hasta con los escritores –«un escritor inteligente» es «una ironía de la naturaleza»–. No se ahorra tampoco calificativos sobre Bilbao: «ciudad sin pulso», «básica», «repleta de mujeres que se creen modelos».

El contrapunto dramático, rayano con la crítica social, aparece en una especie de codas, en cursiva, entre capítulos alternos; en ellas se transcriben unas anotaciones –cuya autoría no debemos revelar, para mantener el secreto de sumario que toda novela de intriga exige– que, entre reflexiones de muy diverso calado, esconden las claves para la resolución de la trama.

Garrido ofrece, en definitiva, una muy canónica obra de género, que no sólo cumple a la perfección con el difícil reto de una lectura ágil y amena, sino que hará las delicias de aquellos que entienden la novela negra como una forma de denuncia.

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Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es