img
Autor: xavillamazares
Futuro imperfecto
img
Javier Menéndez Llamazares | 20-03-2017 | 8:00| 1

Este jueves visitó Santander Ian Watson, uno de los más destacados novelistas de ciencia-ficción del último medio siglo, y cuando acabamos en el Canela entre cervezas me dio por preguntarle si, como anunciaba en los ochenta Radio Futura, «el futuro ya está aquí», o más bien el futuro ya no es lo que era. Me explicó entonces que los futurólogos no habían dado una, pero que hoy tenemos más tecnología en la palma de la mano que todo el Apollo XII cuando llegó a la luna.

El caso es que cuando uno se pone a rememorar la visión del futuro que tenía hace tres o cuatro décadas, y no se puede decir que este mundo cotidiano se parezca demasiado a lo que esperábamos. Ni ‘Mad Max’, ‘Metrópolis’ ni ‘Brazil’; el futuro guarda muy sospechas similitudes… con el pasado.

De momento, los coches no vuelan, sino que más bien se amontonan por todas partes, ocupando más espacio que los humanos, que dedicamos media vida a conseguir comprarlos y mantenerlos. Tampoco se ha desarrollado el teletransporte ni la telepatía, y tenemos que conformarnos con Ryan Air y sus vuelos a bajo coste –que tienen su gracia, pero no son lo mismo– y el Skype –que tampoco es que lo usemos demasiado, y eso que es una de las escasas predicciones que realmente existen–.

No se ha encontrado la cura del cáncer ni la vacuna del sida, aunque hay que reconocer que la medicina nos ha traído regalos maravillosos como los ansiolíticos y la viagra –si ahora no los valoras, tranquilo… tal vez seas demasiado joven–; y menos mal que los ingenieros nos trajeron los gepeeses, y así ya no andamos tan perdidos por el mundo.

En lugar de dos cadenas, y una blanco y negro, ahora tenemos infinidad de canales, aunque en realidad nunca haya nada interesante que ver, y hayamos abandonado la tele por el facebook o las series descargadas. Cargamos los discos duros de más canciones de las que podríamos escuchar en diez vidas consecutivas, y los libros en nuestras tabletas se cuentas por millares; sin embargo, pasan las décadas y seguimos leyendo libros en papel, disfrutando del olor a tinta fresca al abrir el periódico y sucumbimos al encanto decadente del vinilo y sus chasquidos, tan analógico todo…

Aunque algo sí que ha cambiado, y radicalmente. Y como apuntaba Watson, está en la palma de nuestras manos, permanentemente. La combinación de internet y telefonía móvil nos ha transformado en una especie de ‘homo smartphonicus’ que abusa del whatsapp y peca cibernéticamente, aunque en el fondo coincida con sus abuelos en que «como lo antiguo, no hay».

Al final, por mucha cacharrería que nos rodee, seguimos siendo los mismos. Ciudadanos buenos y benéficos, como en 1812 pero con el móvil en la mano. Buscando la felicidad, aunque sea en Google. Menos mal que el futuro, cuando llegue, será mejor.

Ver Post >
Tortas a treinta euros
img
Javier Menéndez Llamazares | 12-03-2017 | 10:01| 1

Cómo conseguir que te abaniquen la caraHace algunos meses que le partieron la cara al graciosillo aquel que iba llamando ‘caraanchoa’ y tontadas similares a la gente, con intención de grabarlo y difundirlo por la red para que sus seguidores se rieran de los pardillos. Hasta que dio con un tipo –por más señas, repartidor en horas de trabajo– que no le vio la gracia al asunto, y después de intercambiar unas palabritas acabó abanicándole la jeta, como suele suceder cuando le buscas las cosquillas a quien no debes.

Hasta aquí impera la lógica del mundo real, pero en lugar de poner la otra mejilla, el caso del cazador cazado dio un inesperado giro de guión: el provocador –es decir, el youtuber, alias MrGranBomba, aunque en su casa le llaman Sergio desde chiquitín– se sintió víctima y exigió que la dignidad se la restituyera un tribunal, en lugar de plegar velas o, como mucho, dejar a la audiencia internetera que dirimiese el asunto. El chaval, lógicamente, sabía lo que se hacía, que para algo llevaba meses riéndose de cualquier primo; pero ahora el ‘pringao’ era él, y de sobra tenía claro que en la red no hay piedad para los patinazos, por mucho que te hayan aplaudido primero.

Ni que decir tiene que el público –es decir, todos nosotros–, así tomados de uno en uno, que diría Goytisolo, somos más o menos buena gente, pero hay dos momentos en que dejamos fluir todo el mal que atesora nuestro inconsciente: cuando nos sentimos camuflados entre la muchedumbre –de estar en los Campos de Sport, la grada le hubiera cantado el clásico ‘¡Tonto, tonto!’–, y cuando creemos que nos protege el anonimato, sea en nuestro coche o detrás de un teclado. Este último caso es el arquetípico del ‘homo interneticus’, voraz especie omnívora dedicada al pillaje, el voyeurismo y la maledicencia. Después de meses de explotar nuestra maldad reprimida, tenía bien claro que los internautas, en vez de darle la razón, se iban descascarillar, porque desde el principio de los tiempos las tortas promueven mucho más la risa que la empatía con el abofeteado, así que mejor llamar al primo zumosol o, en su defecto, a la justicia.

Lo que pasa con todo esto de internet es que, al final, siempre llega la realidad a despertarte con una bofetada. Como al listillo del Caraanchoa, que le llenaron la cara de aplausos, y al final ha tenido que pagar él la minuta del juzgado. Y ‘por bobo’, ha venido a decir el tribunal, que ha resuelto la papeleta con una multa de treinta eurazos al agresor y un tirón de orejas y la condena en costas al agredido.

Cierto que se antoja una tremenda injusticia que al pobre repartidor le hayan soplado treinta lereles por culpa del faltón aquel, pero seguro que los da por bien empleados. De hecho, estará pensándose si adelantar otros ciento veinte, y así acabar de despacharse a gusto.

Ver Post >
Héroes sociales
img
Javier Menéndez Llamazares | 01-03-2017 | 12:38| 1

«Ya no hay héroes», cantaban en los ochenta los Stranglers. Y ese vacío aparente ha decidido llenarlo José Luis Bonet, presidente de la Cámara de Comercio de España, que el viernes aseguraba en Santander que debemos ver a los empresarios como ‘héroes sociales’.

No queda claro si en su ánimo está que les coronemos de laureles, les hagamos la ola allá donde aparezcan y hasta les entreguemos a nuestros primogénitos como ofrenda, pero lo que sí parece evidente es que el tal Bonet –presidente, por cierto, de Freixenet– tiene un concepto muy particular del heroísmo.

Un héroe es Juanjo, que es agente del Tedax y cada vez que llega una amenaza de bomba o aparece un explosivo de la guerra se tiene que jugar la vida desactivándola, para que a los demás no nos pase nada.

Un héroe era Cioli, quien acabó perdiendo la cuenta de los bañistas a los que había rescatado en la Bahía.

Un héroe fue Jesús Neira, quien se jugó el tipo para defender a una mujer agredida por su pareja. Con independencia de lo que opinemos de su trayectoria posterior, su acción fue un acto de heroísmo.

Un héroe fue Julián Sánchez, el bombero 148, un madrileño que vino a Santander para ayudar a apagar el gran incendio de 1941 y aquí se dejó la vida.

Un héroe social fue mi bisabuelo Avelino, que después de sobrevivir a una explosión de grisú y salir con un compañero a cuestas, entró de nuevo para intentar rescatar a los que habían quedado atrapados, y ya nunca más volvió a salir de aquel pozo. Por mucho que quiera Bonet, creo que su heroísmo no es modo alguno comparable con el del empresario que explotaba la mina.

Está bien que cada cual defienda su oficio, pero no alcanzo a imaginar qué clase heroísmo puede esconderse en la gestión de una empresa como Freixenet, más allá de devanarse los sesos para evitar los boicots al cava catalán o sobrevivir al tópico anuncio de las burbujitas. Presidir Freixenet podrá ser complejo, agotador, y hasta excitante, y seguro que incluso muy rentable, pero lo que no es en modo alguno es heroico.

Y mucho menos heroísmo hay en parapetarse tras una sicav, cotizar en Andorra o Montecarlo, firmar EREs y todas esas ‘buenas’ prácticas que distinguen a nuestros empresarios. Cierto que hoy día el trabajo más que un derecho constitucional es un milagro, pero lo que buscan no es crear empleo, sino riqueza. Su propia riqueza, naturalmente. No es que sea para ponerles en los altares, desde luego.

Los verdaderos héroes sociales resultan mucho más cotidianos: son los millones de jubilados españoles que hacen malabarismos para mantener a sus hijos y nietos con pensiones de miseria, y a los que debemos que en la última década no se haya producido una revolución social. Son los ciudadanos que auxilian a esos emigrantes que nadie quiere, los que trabajan en los refugios y comedores sociales, los que reparten lo poco que tienen para ayudar a los demás.

Ver Post >
Eduardo Mendoza, un escritor a contracorriente
img
Javier Menéndez Llamazares | 01-12-2016 | 6:51| 1

El problema de Mendoza siempre ha sido que le gusta ir a la contra. Que se le entendiera, cuando estaba de moda oscurecer el discurso y perderse en alardes estilísticos y otros fuegos de artificio. Recurrir al humor cuando todo el mundo quiere ponerse trascendente. Recuperar el realismo mientras los demás se pierden en experimentos vamos. Hablar de la realidad política en un momento en que ya nadie se atrevía a hacerlo. Inventar la novela negra histórica y ser capaz de rescatar dos géneros entonces marginales. Escribir en castellano pese a la presión asfixiante de las instituciones de su ciudad. O aguar la fiesta de una ciudad olímpica removiendo un pasado no tan luminoso.

A los manuales de literatura pasaría por una de sus primeras novelas, ‘La verdad sobre el caso Savolta’, de 1975, que inaugura la narrativa actual española y cierra el ciclo de la posguerra. Y el gran público se rendiría a sus encantos en 1983 con ‘La ciudad de los prodigios’, la gran novela de la Barcelona modernista. Una ciudad que, junto a Juan Marsé y Manuel Vázquez Montalbán, convirtió en todo un tema literario.

Para los lectores de mi generación, sin embargo, el libro iniciático sería ‘Sin noticias de Gurb’. Hasta en sus obras más serias, Mendoza no reprime guiños cómplices e ironía de alto voltaje, pero con Gurb dio rienda suelta a su espíritu lúdico y a una visión crítica con la que radiografía toda una sociedad a punto de sufrir su particular metamorfosis hacia la modernidad. Si Madrid había tenido su ‘movida’, Barcelona iba a ser el centro del mundo con sus juegos olímpicos, y allí estaba para contarlo su extraterrestre con propensión a la disidencia.

El Cervantes de Eduardo Mendoza premia también a una forma de entender la literatura como un espacio de libertad creativa, en la que la accesibilidad no está reñido con el largo alcance y la capacidad de análisis.

Ver Post >
La fe del racinguista
img
Javier Menéndez Llamazares | 01-12-2016 | 7:31| 1

Aseguraba Ramiro Pinilla en su magistral novela ‘Aquella edad inolvidable’, que el Athletic, más que un equipo de fútbol, es una religión. De hecho, hasta pusieron su estadio bajo la advocación divina de San Mamés, y si se le conoce como ‘La Catedral’ no es precisamente por los pináculos y arbotantes de su arquitectura.

Y está muy bien eso de la libertad de culto, sí, pero todo el mundo sabe que religión verdadera sólo hay una: y en este caso no puede ser otra que la racinguista. Creer, lo que se dice creer en un equipo, es algo que no está al alcance de los grandes clubes, sino de aquellos condenados a sufrir hasta en los momentos más dulces.

Lo del Racing sí que es realmente una profesión de fe, una forma de trascendencia más allá de la lógica, de la historia y hasta de las leyes de la naturaleza. Poco importan las decepciones, esa insistencia en la adversidad de un club que ha hecho de la ‘paparda’ su santo y seña; si se hiciera una encuesta a las puertas del Sardinero con los pronósticos para la eliminatoria comprobaríamos que la afición aún cree en aquel Racing matagigantes, capaz de las mayores gestas, en el momento más inesperado.

Esta noche, los ‘leones’ afrontarán el partido con confianza, lo que tampoco es que tenga demasiado mérito; son el pez grande y confían en ganar aunque sólo sea por la diferencia de categoría. Los verdiblancos, en cambio, lo que tenemos es un fe absoluta en un hombre, nuestro Aquino, que en el pasado no habrá sido un santo pero desde que pisó suelo cántabro parece que está bendito.

Puede que algunos sólo crean en lo que ven, pero esta noche, para el partido del año en los Campos de Sport lo que se espera es una auténtica comunión. Un equipo en trance y una grada en éxtasis, que tras cinco años de travesía por el desierto vuelve a tocar el cielo de este deporte. Luego ya pasará lo que tenga que pasar, pero la fe en los milagros no nos la va a quitar nadie.

Ver Post >
Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es