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Javier Menéndez Llamazares

Llamazares en su tinta

Preferiría no ir

Hartos nos tienen ya con tanta moción de censura, con tanto analista sesudo, con tanto misterio sobre el voto del PNV y hasta con el bolso de Soraya, que ha chupado más cámara que en una campaña de complementos y pret-a-porter. Unos que ríen, otros llorarán, que decía aquel premio nobel en 1969. O «C’est la vie», que por escrito y en francés mola un puñado, pero de viva voz pierde toda la gracia.

Lo verdaderamente curioso de los acontecimientos de estos días es que han venido a demostrar que Rajoy, mal que nos pese, estaba donde estuvo porque representa algunos de los valores hispánicos más eternos, por inverosímil que resulte. Valores nuestros, pero en cierto modo universales, porque la actitud de Mariano bien parece que la hubiera planeado Melville, como complemento a su Bartleby.

Y es que mientras todos mirábamos como bobos el televisor, preguntándonos dónde estaría el presidente mientras le despellejaban en el congreso, lo que uno realmente recordaba era aquel chiste infantilón de la madre dándole razones a su hijo de por qué debe levantarse de la cama e ir al colegio: «La primera, porque es día de escuela; la segunda, porque tienes sesenta y tres años, y la tercera, porque eres el director».

Así que eso debió de pasar, que cuando Rajoy soltó aquello de «Hoy no quiero ir al congreso» no estaba allí su madre para darle con la zapatilla. Que hoy día estará prohibidísimo y muy penado, pero cuántos cuadros de escaqueo crónico se habrán resuelto y cuántas carreras frustradas se habrán prevenido gracias a las zapatillas maternas, ese par de azotes a tiempo que es ya, incomprensiblemente, un fantasma del pasado.

Por eso, aunque todo el mundo se preguntaba qué haría el presidente encerrado en un bar mientras la competencia le estaba moviendo la silla, yo entonces caí en la cuenta de que Rajoy es muy español y mucho español. Como yo. Y como usted, si tiene esa suerte o incluso si lo es a su pesar. Uno de esos que preferiría no ir: no ir a aguantar un rapapolvos, no presentarse a un partido que ya sabes que vas a perder, a un juicio donde estás condenado de antemano… Que no nos gusta ni hacer el ridículo ni pasarlo mal, vamos.

Pero es que puestos a no ir, si pudiéramos no iríamos a ningún lado. De haber podido elegir, ¿quién habría ido a la mili? ¿Quién iría al curro? Casi parece un chiste de José Mota, pero es que somos así. Aunque luego también vamos incluso a donde nadie nos llama, pero es que los españoles somos por definición quijotescos y contradictorios. Como Mariano, que de haber sido un artista de vanguardia habría inventado el quietismo, pero que al final, y aunque fuera de mala gana y con un día de retraso, tuvo que ir y poner cara de circunstancias. Pero preferiría no haber ido. Que conste.

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Blog del escritor Javier Menéndez Llamazares en El Diario Montañés

Sobre el autor

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es

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