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France Gall y las piruletas de Gainsbourg
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Javier Menéndez Llamazares | 29-01-2018 | 13:48

francegallSe nos ha ido France Gall, las eurovisiva más guapa –sí, quizás también la más cursi–, que fuera capaz de tocar el cielo y el infierno de la fama prácticamente a la vez, allá por los años sesenta.

Bella como una muñeca, su padre letrista la orientó hacia la música gracias a una voz casi infantil que casaba a la perfección con los primeros tiempos del pop en una Francia necesitada de ídolos patrios, frente a la invasión anglosajona. Tenía tanto ángel, que con quince años la fichó la Philips, y antes de los dieciocho ya había ganado Eurovisión, en 1965. ¿El secreto? Las canciones de un genio de la música, pero demasiado feo para los escenarios y, casi, para las portadas de los discos. Se llamaba Serge Gainsbourg.

De talante burlón y espíritu surrealista, le regaló su gran éxito, ‘Poupée de cire, poupée de son’, una pieza que aparentemente hablaba de muñecas de trapo cantarinas, pero que en una segunda lectura escondía una crítica demoledora a las insustanciales cantantes pop de la época. Con ella se llevaría el festival eurovisivo, pero un año más tarde, Gainsbourg quiso ir más allá en la humorada, y escribió para France ‘Les sucettes’ (‘las piruletas’).

Cuando las televisiones de media Europa se hincharon a emitir el vídeo de la jovencita que «adora chupar piruletas», y se sentía en el cielo «cuando el azúcar fluye por su garganta», la temperatura subió varios grados en todo el continente. En el estilo que luego mimetizaría Lazarov, no faltaban las escenas de chicas empleándose a fondo con enormes pirulís.

Gainsbourg, por supuesto, jugaba con el doble sentido, y la jugada le salió redonda porque todo el mundo lo cazó a la primera. Todos, menos al parecer la pobre France, que resultó ser más inocente que sus piruletas de anís. Cuando su familia le explicó el chiste, quiso que la tragase la tierra. Y su manera de desaparecer sería emigrar al Berlín dividido, donde quiso rehacerse cantando canciones de amor asistido por ordenador, su famoso ‘Computer Nº 3’. Sin embargo, la inocencia ya la había perdido. Como el mundo, que entraba entonces en 1968.

 

Desde 2009 escribo en El Diario Montañés sobre literatura, música, cultura digital, el Racing y lo que me dejen... Además, he publicado novelas, libros de cuentos y artículos y un poemario, aparte de cientos de páginas en prensa y revistas. También me ocupé de Flic!, la Feria del Libro Independiente en Cantabria. www.jmll.es